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050723


Carpe Diem

¡Aguas!
Luis Figueroa

Azuzados por la
quimiofobia que los ecohistéricos y los socialistas alientan en Europa y en los Estados Unidos, los peruanos redujeron la cantidad de cloro en su agua en 1990.  Para enero de 1991 se declaró una epidemia de cólera que costó más de 300 mil vidas y que se propagó por 14 países hasta convertirse en la séptima pandemia más letal del siglo XX.

Evidencias de que la frecuencia de los huracanes ha aumentado por el calentamiento global son absolutamente inexistentes; y el único cambio detectable en los huracanes atlánticos es un declive en el promedio de velocidad máxima del viento.  Christopher Landsea, científico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos denunció que el estudio de la ONU, al respecto, “siendo motivado por propósitos preconcebidos y está siendo científicamente defectuoso”.

En 1914, se predijo el petróleo duraría 10 años. En 1939, se dijo que sólo quedaban 13 años de producción petrolera en Estados Unidos. Así y todo, en 1990 el mundo tenía reservas petroleras de 1.500.000.000.000 barriles. “El mundo es bastante más grande que lo que la gente cree, los depósitos no explotados son enormes, y las tecnologías para encontrarlo y extraerlo son cada vez mejores”, acaban de explicar Huber y Mills en The Wall Street Journal.

Los ecohistéricos y los socialistas nos bombardean con informaciones falsas a cada momento.  Y algo así pasa con el agua.  Sobre el falso supuesto de que el agua se acaba, y con la acostumbrada manía de legislarlo todo, impulsan, en el Congreso guatemalteco una peligrosa ley de aguas, con su consabido y más perjudicial ente regulador.

Según datos de la Oficina del Observatorio del Agua, ahora y dentro de veinte años la oferta y la disponibilidad de agua, en Guatemala, superan y superarán por mucho a la demanda.  De hecho se estima que cada guatemalteco puede disponer de 71% más de agua, que un estadounidense. 

Eso sí.  Hay un problema, o dos.  Y estos son que el agua no está
donde la queremos, ni cuando la queremos.  Pero en realidad esos son problemas menores porque se solucionan con creatividad y con la debida inversión de capital. Nada del otro mundo.

Ahora bien, la experiencia nos dice que las personas no van a conservar el agua, ni a invertir en llevarla a dónde es necesaria, cuando sea necesario, si no tienen incentivos para ello.  Y aquí es donde se encuentra la perversión de la pretendida ley de aguas y de su engendro, el Inagua.

El proyecto de ley y el ente citados centralizarán la administración del agua y la harán discrecional; recetas seguras para la corrupción.  Deroga las normas vigentes en el Código Civil y cierra toda posibilidad para que el agua pueda ser administrada de forma privada, talvez como lo es el espectro radioeléctrico.  Y en esas condiciones, son eliminados de tajo los incentivos para llevar el agua que abunda, a donde es necesaria.

Todo el que quiere tiene teléfono celular porque la administración del espectro radioeléctrico es lo más cercano posible a un sistema de propiedad privada.  Y sólo los privilegiados tendrán agua el día en que su administración se aleje de aquel esquema y se aproxime a la colectivización y centralización que promueve el proyecto de ley de aguas.

Hace poco me encontré con un amigo que me dijo.  “Pobres los socialistas, deben vivir muy frustrados porque creen que con leyes lo pueden resolver todo”.  Y este es uno de esos casos.  No hace falta una nueva ley porque el tema ya está regulado en la constitución, y por el Código Civil, en la ley de transformación agraria y en otras en docenas de reglamentos municipales, así como en resoluciones de la Corte de Constitucionalidad y en decretos varios.  En todo caso, una ley que unifique todas aquellas regulaciones, pero no una que cree un ente burocrático nefasto y menos una que le cierre las puertas a los incentivos necesarios para llevar el agua a donde se la necesita.

¡Por favor, diputados, no eliminen los incentivos para la conservación y la disponibilidad del agua! 


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