| Sede Otras columnas 050702 Carpe Diem Socialismo Luis Figueroa En el supuesto de que el problema b�sico en cuanto a la elecci�n de principios �ticos, jur�dicos, econ�micos y pol�ticos est� en escoger entre el individualismo y el colectivismo; resulta obvio por qu� es imposible la existencia de un sistema mixto que combine ambos principios incompatibles. S�lo hay de dos sabores: o los derechos individuales de todos son plenamente respetados en una sociedad, o no lo son. Del mismo modo en que una se�ora no puede estar medio embarazada, en una sociedad los derechos individuales no pueden estar reconocidos a medias. Lo que si puede pasar es que como ciudadanos (y luego que como sociedad) no tengamos las agallas de ser consecuentes y coherentes con los principios que decimos sostener; y que, por lo tanto, los apliquemos, o no seg�n nuestra conveniencia circunstancial. Si no gozamos de libertad ni de derechos, porque algunas �libertades� y derechos nos son negados. Entonces, en realidad, no somos libres porque estamos sujetos a actos de coacci�n arbitraria por medio de los cuales nuestros derechos est�n a merced de los intereses de otros. Aquel es el origen del sistema social que conocemos como mixto pero que, en realidad, es una forma de colectivismo o socialismo. Aqu� en Guatemala, por ejemplo, vivimos en un sistema colectivista en el cual los principios de aquella corriente han sido expresados en pol�ticas socialistas que nos han mantenido en la pobreza y nos llevan por el camino de la servidumbre. El impuesto sobre la renta progresivo, dise�ado para redistribuir la riqueza (y no para garantizar ingresos al fisco de modo que el gobierno pueda cumplir con sus obligaciones fundamentales), es un ejemplo de una de aquellas pol�ticas. Un c�digo laboral r�gido y sindicatos protegidos mediante el monopolio de la negociaci�n colectiva son ejemplos de de pol�ticas socialistas. De igual forma lo es el monopolio del Seguro Social, tambi�n dise�ado para redistribuir, en vez de que sirva para garantizarles una vejez digna a sus afiliados. En La Antigua Guatemala y en el Centro Hist�rico de la ciudad de Guatemala, ha sido abolida la propiedad privada. Lo cual no debe extra�arnos en el contexto de que, en una sociedad socialista la existencia de los derechos individuales es precaria. El hecho de que algunos gobiernos de la historia moderna de Guatemala hayan sido anticomunistas, no los hace menos colectivistas o socialistas. De hecho, algunos eran medianamente fascistas (y el nacionalsocialismo era fascista); en tanto que otros, como el de Arana, multiplicaron las empresas estatales, que es una pol�tica inconfundiblemente socialista. Incluso en administraciones conservadoras, como las de Arz� y Berger, est�n presentes la arrogancia socialista de querer componerlo todo con leyes, y la insensatez de creer que es posible la cooperaci�n social pac�fica y permitir, al mismo tiempo, que los intereses de unos prevalezcan sobre los derechos de todos. El socialismo que ha dominado la escena guatemalteca nos ha hecho miserables en muchos aspectos. En el campo econ�mico, al no permitir la existencia de precios (como transmisores de informaci�n), nos ha empobrecido mediante la imposibilidad del c�lculo econ�mico. Ha obstaculizado la formaci�n de capital y ha criado a un sector empresarial acomplejado. En el campo jur�dico ha destruido el concepto b�sico de igualdad de todos ante la ley y ha corrompido el de estado de derecho. En el campo pol�tico ha incubado al populismo. Pero el peor da�o es en el campo �tico. En esa �rea, el socialismo ha creado legiones de grupos de inter�s que no ven mal el hecho de vivir a costillas de otros y ha relativizado los principios. Y eso que s�lo me he referido al socialismo democr�tico. Imag�nese el da�o que hubieran causado los socialistas que secuestraban y volaban puentes, si hubieran logrado implantar la dictadura que quer�an.. Sede |