| Sede Otras columnas 050625 Carpe Diem Liberalismo Luis Figueroa I. Qui�n sabe cu�ndo, ni donde, a alguien se le ocurri� llamar neoliberales a los liberales cl�sicos. Creo que fue una estrategia de desinformaci�n. Me parece que siendo imposible negar que la �nica forma de acabar con la pobreza es crear riqueza, como acertadamente los se�ala Mario Roberto Morales, a alguien se le ocurri� ningunear a la tradici�n liberal, ponerle el mote de neoliberal y hacer que la gente sencilla la confundiera con el mercantilismo. Aquella larga tradici�n liberal que pasa por el pensamiento de Arist�teles, Locke, Hume, Smith, Mises, Hayek, Rand y Nozick entre otros, no es principalmente de car�cter econ�mico, como creen unos. El liberalismo tiene su punto de partida en conceptos �ticos como la libertad y la dignidad de las personas. En el reconocimiento de que somos due�os de nosotros mismos. En la vida. Si uno es consistente, puede derivar de ah� toda la teor�a �tica, jur�dica y econ�mica del pensamiento liberal cl�sico; que en algunos casos puede llamarse libertario y hasta neoliberal; pero que nunca puede ser conservador y menos mercantilista. Veamos ejemplos. Los conservadores, en todas partes, se oponen a la libertad de migraci�n y a los procesos de globalizaci�n. En cambio los liberales cl�sicos y los libertarios no. Los conservadores, como los mercantilistas buscan preservar sus privilegios dentro de una econom�a mixta que les permita prosperar. Con los conservadores, los liberales cl�sicos o libertarios tenemos cosas en com�n. Por ejemplo vemos que el impuesto sobre la renta es un obst�culo para el desarrollo, que el sindicalismo obligatorio es una violaci�n a la libertad, y que los salarios m�nimos empobrecen a la clase trabajadora. Pero nos separan abismalmente hechos como el que los liberales cl�sicos nos oponemos a las leyes protectoras de la industria, a las aduanas y a los tratados de comercio dirigido (esos que ahora se llaman de libre comercio). Aquellos son instrumentos mercantilistas. Los libertarios y liberales cl�sicos creemos que las tradiciones y las costumbres tienen una importancia fundamental en la conformaci�n de las normas de conducta social; pero a diferencia de los conservadores y de muchos mercantilistas no creemos que aquellas normas deban ser objeto de legislaci�n compulsiva y no confundimos al Estado con la sociedad. Desde otra perspectiva, una vez le� y ahora no me acuerdo de en donde, que si la lucha del liberalismo en sus primeros tiempos hab�a sido contra los privilegios de la monarqu�a y de la aristocracia, en los siglos XX y XXI es contra los privilegios de las oligarqu�as y los mercantilistas. Por eso es injusto que a los liberales cl�sicos, a los libertarios y hasta a los neoliberales, se nos acuse de los defectos y de los males que ocasionan los mercantilistas, o los conservadores. El liberalismo se opone a otras propuestas porque no es colectivista; porque conf�a m�s en el gobierno de las leyes, que en el de los hombres; porque le da m�s importancia a la libertad, que a la igualdad. El pensador liberal cuenta con que la realidad existe. Para �l los medios de la acci�n humana son m�s importantes que los fines. Por eso no impone objetivos, sino reglas de conducta justa, generales y abstractas. Dicho todo aquello, me declaro liberal cl�sico, libertario y hasta neoliberal si tanta es la cosa; pero �nunca mercantilista o conservador! II. Con respecto a su berrinche del 22 de junio en el diario Prensa Libre, �no se esponje, don Manolo Gallardo!; pero creo que el que fum� de la mala, o no lee bien es usted. Lo que yo critiqu� en mi art�culo titulado �cosas veredes�, del 11 de junio, es a un �wannabe� suyo; o sea, a un mal imitador suyo. La palabra �wannabe�, por cierto, viene de �want to be�. Los cuadros a los que hago referencia son los de un personaje que pinta parecido a usted, no a las obras suyas, que sin ser yo culto, ni conocedor, me gustan. Ya ve, si hubiera averiguado antes, o si hubiera le�do bien, no habr�a derramado bilis innecesariamente. Sede |