| Sede Otras columnas 050618 Carpe Diem Piñata y requiem Luis Figueroa I. Mi tía abuela, La Mamita, me contaba que cuando era niña las piñatas eran ollas de barro cubiertas con papel de china. Las piñatas eran llenadas con frutas. Puede usted imaginarse a los niños arrastrándose en el suelo, embarrados de frutas y lastimados con las piezas de barro rotas luego de que la piñata había sido destrozada. Contaba, La Mamita, que en una ocasión su hermano vio cuando su padrino ponía dinero en un apéndice de su piñata. Y listo que era, no esperó a que los otros niños hicieran estallar la olla. El se tiró sobre la piñata, le arrancó el bulto de papel que otros creían que era sólo un adorno y se fue corriendo. Para asombro de los inocentes. Ese es el tipo de piñata en el que se ha convertido la Comisión Nacional de Resarcimiento. Un grupo de dirigentes y ejecutivos se dio cuenta de que ahí había un bulto de pisto, y a la vista de todos se ha gastado Q33 millones. Y uno dirá que, bueno, que seguramente eso es lo que cuesta echar a andar semejante Comisión. Claro, si hay que dotar de sueldo y computadora a ¡trece comisionados! y si hay que ser generoso con los de la foto. La cosa, claro, es no ser excluyentes; es decir, que todos tengan acceso a la piñata. Estoy bien consciente de que estoy siendo políticamente incorrecto en estas líneas; porque la Comisión es conducida por la crema y nata de la dirigencia indígena y porque aquí, en Guatemala, a la dirigencia indígena no se le critica. Independientemente de la irresponsabilidad administrativa en la que incurre la Comisión, al alcahuetearse a sí misma, una vez más se ponen en evidencia los barrancos que dividen a la dirigencia popular. Más entre aquellos dirigentes que dicen tener representación étnica. Las mismas razones que en los años 60 ó 70 impidieron la formación del Partido Indígena son las que impiden que los indígenas del siglo XXI se pongan de acuerdo entre sí. Esto es que hay tantas diferencias (de valores y de objetivos) entre los diferentes grupos mayenses como estrellas en el cielo, y que en todas partes se cuecen habas. En medio de la decepción que la Comisión les debe causar a las mujeres que esperan sus centavos y ven cómo su dirigencia se embolsa sueldos de Q20 mil, talvez alguna de ellas se pregunte: ¿Hay diferencia entre las piñatas del IGSS, del Estado Mayor Presidencial, del CHN, y la piñata de la CNR? II. No hay nada como morirse, para que hablen bien de uno. ¿O no? Prueba de ello es que Rodrigo Asturias es descrito como un hombre de diálogo y de consensos; pero yo tengo otra propuesta. Asturias era uno de los 4 dirigentes que durante 36 años emprendieron una guerra en Guatemala para imponer la dictadura del proletariado, al estilo de los regímenes marxistas leninistas que esclavizaron y asesinaron a millones de personas en todo el mundo. Era el dirigente de una banda de terroristas que secuestraba, extorsionaba, amenazaba y asesinaba. Como escribió Alan Charles Kors, “jamás ninguna causa en la historia de la humanidad ha producido tantos tiranos de sangre fría, tantos inocentes eliminados y tantos huérfanos como el socialismo con poder”. Yo sentiría algún respeto por Asturias si en algún momento de su carrera impune hubiera pedido perdón por la guerra, por haber querido imponer una dictadura totalitaria y si no hubiera sido tan inconsistente como para haber vivido como burgués con piscina en su casa y todo. Por eso es que Asturias se fue debiendo la cuenta. El y sus pares, de todo el orbe, les deben un mea culpa y un acto de contrición a los muertos, a las viudas y a los huérfanos que dejó su intento por tomar el poder. Dice Kors, con razón, que en el caso del nazismo se persigue a ancianos de 90 años porque “los huesos” de los muertos reclaman justicia. Pero en el caso del comunismo se insiste en que no habrá cacería de brujas: que los muertos entierren a los vivos. Pero sucede que los muertos no pueden enterrar a nadie, y que aquél es un doble estándar. Sede |