| Sede Otras columnas 050319 Carpe Diem Mal ejemplo Luis Figueroa I. Yo no se a usted, pero a mí me da mucha desconfianza la dirigencia popular. Esa que encabeza movimientos como los que vimos durante la semana que está concluyendo. Me da desconfianza esa dirigencia que opina con consignas y que arría a las masas, a sabiendas de que actúa de forma ideológica, contra la razón. ¿Se acuerdan ustedes cuando estaba por ser regulada la telefonía? ¿Qué decía la dirigencia popular? Pues decía que las líneas telefónicas iban a triplicar su costo, que los teléfonos iban a estar fuera del alcance de los pobres, y cosas así. ¿Y qué pasó en realidad? Que las líneas no subieron de precio y que ahora hasta los más pobres tienen móvil al cinto. Los hay en el basurero municipal, los hay en el mercado de Chichicastenango, los hay entre los chicleros de la capital y los hay entre los lancheros de Panajachel. ¡Lo cierto es que la desregulación democratizó la telefonía! ¿Qué decía la dirigencia popular cuando fue desregulada la tenencia y contratación en divisas? Pues decía que se perdía la soberanía nacional, que era para dolarizar, y otras cosas parecidas. ¿Y qué pasó en realidad? Pasó que la gente siguió confiando en el quetzal; y ahora, hasta lo aprecia más que al dólar. Se ve que la dirigencia popular actúa por consignas, que actúa por ideología y que poco le importa, en realidad, si los pobres tienen teléfonos, o si pueden proteger sus ahorros. Esto no es nuevo. Yo vi de muy cerca la formación de la Instancia Nacional de Consenso durante el serranazo. Vi, también, que en tanto que aquella instancia buscaba una salida constitucional al problema, el Foro Multisectorial Social (integrado por la dirigencia que ya sabemos) se aferraba a las prácticas del desorden callejero, del panfleto revolucionario y de la oposición irracional a los acuerdos dentro del marco del estado de derecho. Rachel Mc Cleary, en Imponiendo la democracia: las elites guatemaltecas y el fin del conflicto armado, plantea la hipótesis de que, durante el serranazo, la dirigencia popular procuraban alcanzar objetivos comunes con la guerrilla, que entonces estaba activa militarmente. Y yo creo que eso era cierto entonces y es cierto ahora. Claro que ahora la exguerrilla sólo admite estar activa políticamente; pero si no fuera cierta la hipótesis citada, ¿cómo explica, usted, el modus operandi? ¿Cómo explica tanta irracionalidad? En esta semana oí a dos amigos que conocen del tema. La cuestión era, ¿de dónde sale el dinero para financiar la violencia y el desorden que promueven los dirigentes populares? Los tres coincidimos en que hay dinero chavista; pero ellos (que se mueven en el medio) añadieron tres fuentes más: una importante agencia cooperante del sistema y las representaciones diplomáticas de un par de países escandinavos. Las mismas que emplean a exguerrilleros y excolaboradores de la guerrilla, y las mismas que impulsan programas de “fortalecimiento de la sociedad civil”. ¿Será fortalecimiento por medio de la violencia? En ese sentido, la dirigencia popular es más mal ejemplo que modelo a seguir. Porque está visto que es capaz de intimidar, que es capaz de hacer que corra la sangre, y que es capaz de generar caos, pero no de aportar soluciones creativas. Parafraseando lo que le dijo Unamuno a Millan Astráy : remotamente podrán vencer, pero nunca convencer. Porque convencer significa persuadir; y para persuadir necesitan algo que les falta: razón y derecho. II. La vicepresidenta Lu Hsiu-lien, en representación del pueblo taiwanés, vino de visita a Guatemala. Su país y el nuestro tienen una larga tradición de cooperación, basada en intereses mutuos, que estoy seguro que superará cualquier escollo que se presente y se cimentará en términos de confianza y de transparencia. El pueblo de Taiwán enfrenta, ahora, la amenaza de la Ley Antisecesión decretada por la China Continental; y ojala que nosotros, los chapines, no olvidemos que “la verdadera amistad es como la fosforescencia, que brilla cuando todo lo demás está oscuro alrededor”. ¡Saludos, señora Lu! Sede |