| Sede Otras columnas 050312 Carpe Diem Racismo Luis Figueroa En Guatemala, otra vez, est�n en primera plana aquellas cuestiones del racismo y del multiculturalismo. �Este �ltimo puede ser definido como el punto de vista seg�n el cual todas las culturas (desde aquellas tribus que adoran a los esp�ritus, hasta las civilizaciones industrializadas m�s avanzadas) son de igual valor�. Usted sabe que no todas las culturas son de igual valor. Especialmente si comparte la idea de que el aprecio a la vida humana debe ser el est�ndar seg�n el cual pueda ser evaluada una cultura. �Cu�l es el prop�sito del multiculturalismo? Yo creo que es el de bajar el est�ndar. El multiculturalismo mina el valor de la civilizaci�n libre e industrializada, mediante el truco de hacernos creer que esta no es mejor que el tribalismo primitivo. En aquel tipo de pensamiento igualitarista �yace el objetivo de incapacitarnos para distinguir entre el bien y el mal; y de distinguir entre aquello que es propicio para la prosperidad de la vida, de aquello que la niega�. Yo estoy de acuerdo con aquellos que piensan que aquella doctrina es destructiva; y que el juicio moral es una condici�n necesaria para la vida en sociedad. Las ideas y los valores que hacen posible una cultura pueden y deben ser juzgados objetivamente. Una cultura que valora la libertad, el progreso, la raz�n y la ciencia, por ejemplo, es buena; en tanto que valora la opresi�n, el misticismo, el estancamiento y la ignorancia, no lo es. Ahora que hay procesos penales por racismo, hay que tener cuidado de no caer en la trampa. No vaya a ser que un d�a amanezcamos convencidos de que el bien y el mal son relativos, y de que por miedo a la persecuci�n racista no nos animemos a defender los valores que han hecho posible la libertad y la prosperidad en Occidente. Claro que Guatemala no es el �nico escenario de la labor des-constructiva del multiculturalismo. En la guerra contra el terrorismo, muchos creen que �La incertidumbre moral est� dividiendo a los Estados Unidos en dos. Unos mortificados por la oposici�n mundial quieren desmilitarizar el tema y garantizarle a todo asesino musulm�n un d�a en la corte. Y otros, que saben que parte de la soluci�n es militar, se truenan los dedos cada vez que una de sus balas perdidas descascara el domo dorado de una mezquita�. T. A. Bowden. En los sistemas de educaci�n, �Los ideales, los logros y la historia de Occidente en general son hechos a un lado por el multiculturalismo. El que la Revoluci�n Industrial y la Era de la Informaci�n hayan nacido y florecido en pa�ses occidentales, y el que la mayor�a de galardonados con Premios Nobel en Ciencias hayan sido otorgados a personas que viven en pa�ses occidentales, son hechos que pasan inadvertidos.� E. Journo. En ese mismo campo �El presidente de Texas A&M, anunci� que lo �tnico no volver� a ser un factor a considerar en las solicitudes de admisi�n; y que, los estudiantes, ser�n admitidos como individuos, atendiendo a m�ritos personales. Lo que se necesita ahora, de �l y de otros, es que reten el concepto de diversidad. Deber�an declarar su oposici�n inequ�voca al racismo; y en consecuencia, repudiar toda pol�tica de diversidad que es, simplemente, una forma insidiosa de racismo. Aquellas pol�ticas suponen que la etnia de uno determina el contenido de la mente de uno. �Qu� puede ser m�s repugnantemente racista que eso?� P. Schwartz. Acerca de la miseria en Africa y en otros lugares. �La p�rdida de confianza moral que sufre Occidente est� codificada en la doctrina de la izquierda acad�mica. Los mismos sujetos que nos dieron el posmodernismo y el multiculturalismo nos han dejado otra variaci�n del mismo tema: el poscolonialismo. En ese lenguaje codificado pos, realmente quiere decir anti. Poscolonialismo es la hip�tesis de que todo el mal del mundo es causado porque Occidente trata de tomar el control del resto del mundo. En el fondo, los poscolonialistas condenan todo intento de Occidente por defender sus ideales (nociones como las de los derechos individuales o el r�gimen de derecho) frente a formas primitivas de vida�. R. Tracinsky. Sede |