| Sede Otras columnas 050129 Carpe Diem Radiografía Luis Figueroa En 1996 fue una irresponsabilidad darle a la guerrilla un status democrático; como si su propósito, de siempre, no hubiera sido la imposición de una dictadura totalitaria. Irresponsabilidad, digo, porque el único mérito de aquel grupo de terroristas era el de contar con el apoyo de los socialistas en todas partes del mundo. Como grupo, aquí en Guatemala no eran nadie (como no lo son ahora). No habían ganado la guerra, ni tenían posibilidades de ganarla. Pero eso sí, sembraban el miedo mediante secuestros, asesinatos, bombazos y otros actos de intimidación y violencia. Eso sí, estaban en todo, porque individualmente muchos de sus miembros y amigos estaban bien posicionados. La paz -en el marco del fin del imperio soviético y de una mala lectura de The End of History and the Last Man- les dio a muchos la falsa sensación de que las aspiraciones de los ex guerrilleros y sus simpatizantes se habían perdido en un callejón oscuro de la historia. Aquí en Guatemala, el ejército (que se había corrompido durante el ejercicio del poder) dejó de ser percibido como el bastión contra el asalto totalitario. Plagada de oficiales venales y ensuciada por la propaganda del Remhi y del Informe de la Comisión de la Verdad, la institución armada se hizo presa fácil para ser desarmada e inutilizada. La iglesia católica, cuyo clero se había debatido entre conservadores y simpatizantes de la teología de la liberación, y de la guerrilla, no escapó a la ola. Los obispos, ahora, opinan sobre desarrollo agrario y creen saber de minería. Eso sí, si a uno se le muere una amiga a las 23:00 horas no hay cura que quiera ir a darle la unción de los enfermos; pero el obispo local talvez esté ocupado organizando un bloqueo de carreteras. La oligarquía conservadora -en sus organizaciones políticas y gremiales- perdió la perspectiva global y realista que “la había distraído” durante la guerra fría y se concentró en sus intereses particulares. Con habilidad y determinación, la izquierda intelectual y moderada (con el apoyo de los socialistas del norte y de Europa) estableció las condiciones del diálogo nacional y consiguió que la elite económica del país se sintiera incómoda si no participaba de aquellas condiciones. En 2000 llegó a la presidencia Alfonso Portillo. Un ex simpatizante de la guerrilla, exiliado en México y prófugo de la justicia de allá. Su administración fue enormemente corrupta, pero eso no fue lo peor. Su obra más duradera fue que dejó minadas las instituciones del país, como el Congreso, la Corte Suprema y la Corte de Constitucionalidad, así como importantes ministerios como el de Educación. El 2005 cogió a Guatemala sin una elite económica unida por principios comunes, con un ejército impedido y con una iglesia católica dedicada al activismo. La agarró, también, con una ex guerrilla perfectamente posicionada en el los tres organismos del Estado y en docenas de importantes puestos clave en materia de derechos humanos, inteligencia y acceso a recursos de todo tipo. Enero de 2005 concluye con actos de violencia organizada y coordinada descaradamente en fincas, carreteras y poblaciones. Hay rifles AK-47 en muchos de aquellos actos. Ya lo comenté antes, pero en la casa que ahora ocupa la Academia de Lenguas Mayas hay una pinta que dice: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”. Este mes termina con el secuestro y el asalto de numerosos turistas en carreteras, en poblaciones y en hoteles (¡pero no nos angustiemos, que el Inguat ya tiene nuevo logo!). No es raro, entonces, que la efigie del Ché Guevara y la retórica de los manifiestos guerrilleros de los 80 adornen las convocatorias a manifestaciones, como la del jueves pasado. Un día de estos les cuento de cómo hay jueces que sobreseen procesos penales, “porque un sistema paralelo de resolución de conflictos ya vapuleó a los supuestos responsables del delito”. Las semillas del nihilismo están plantadas en tierra fértil y mi impresión es que la administración está perdiendo el control. Un día de estos amaneceremos en la anarquía nihilista y no va a faltar quién pregunte, ¿cómo caímos hasta aquí? Sede |