| Sede Otras columnas 040108 Carpe Diem Los increíbles Luis Figueroa ¡Finalmente! Luego de una larga racha de películas colectivistas y ecohistéricas como Dragonfly, John Q, o The Day After Tomorrow (que son las peores), el cine convencional nos trajo algo extraordinario: Los increíbles. Como es de caricaturas no faltará quien la menosprecie; pero no hay que dejarse engañar. No estamos frente a La vaca y el pollito, ni frente a Happy Tree Friends; la de Los increíbles es una historia familiar, acerca de padres e hijos que luchan contra la mediocridad y triunfan al alcanzar la excelencia. En dos platos, aquí va la historia. Mr. Incredible y Elastigirl eran dos superhéroes que, igual que otros personajes con poderes superiores, hacían los suyo; principalmente combatir el mal y el crimen. En un momento sus rescatados (con la ayuda de abogados especializados) desatan una ola de demandas judiciales por “daños” y “perjuicios” durante los rescates. Esto obliga a los superhéroes a pasar al anonimato y fundirse en la masa de personas comunes. Los protagonistas se casan y fundan una familia como cualquiera: Bob, Helen, Dash, Violet y Jack-Jack Parr. Sumidos en el mundo gris del igualitarismo, los Parr trabajan, van a la escuela y pasan la vida. De vez en cuando y en secreto, Bob y su amigo Lucius (antes Frozone) salen a combatir el crimen. A estas alturas de la peli, es evidente que los Parr la van pasando; pero que han perdido la alegría de vivir que tenían cuando podían ejercer todo su potencial y su vocación. Sin preocuparse porque la gente los viera con desconfianza y resentimiento, por ser mejores. La tristeza de los Parr se nota en diálogos como el que ocurre cuando el joven Dash (que corre a una velocidad supersónica) se queja de no poder participar en las carreras de su escuela. Dash le dice a su madre: “Papá dice que somos especiales”; y Helen le contesta: “Todo el mundo es especial, Dash”. Y Dash murmura: “Esa es sólo otra forma de decir que nadie lo es”. Dash, que es un niño, sabe lo que muchos ignoran. Que el igualitarismo es absurdo, que crea incentivos perversos y que es antinatural. Otro diálogo que me gustó mucho, porque ilustra muy bien hasta dónde bajan los estándares en las sociedades igualitaristas y políticamente correctas es el siguiente. Bob no puede ir a la “graduación” de Dash y le dice a Helen: “No es una graduación. El pasa de cuarto a quinto grado”. Y Helen le contesta: “Es una ceremonia”. A lo que Bob responde: ¡Es de locos! Siempre están tratando de crear nuevas formas de celebrar la mediocridad”. Dígame usted si no. A diferencia de las películas que vemos por montones, esta es una en la que valores como el talento, la excelencia y los logros individuales no están mal vistos; sino que son objeto de admiración y respeto. Cosas que no ocurren cuando pasa el rasero del igualitarismo. Esta es una película en la que la victimización es la villana. Y dígame usted si no; ¡La sociedad igualitaria celebra la mediocridad! Fui a ver Los increíbles acompañado de un grupo de amigos; pero tuve la suerte de que en la fila de enfrente había una familia muy querida. Eso me motivó a pensar que esta es una película para ver en familia; porque es un filme sobre valores que deberíamos apreciar. Principios tales como la excelencia, el talento, el individualismo, el placer de hacer lo que a uno le gusta y el gozo de hacer el bien. Eso sí, para poner las cosas en una dimensión justa, la película tiene dos estereotipos que lamentablemente chocan con las conclusiones anteriores. Uno es el del empresario abusador (el de la compañía de seguros) y el otro es el del genio malvado (Syndrome, el villano). A mi me habría gustado que esas dos imágenes hubieran sido sustituidas por la del emprendedor y por la del genio inventor. Pero así es la vida, nada es perfecto. Aunque mucho es mejorable, sobre todo, uno. Sede |