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050205

Carpe Diem

Opera magna
Luis Figueroa

I. Mi primer contacto con el género musical llamado ópera, fue cuando tenía unos 6 años.  Mi tía abuela, La Mamita, y mi abuelita Juanita me cantaban
La donna é mobile/ Qual piuma al vento/ Muta d´accento –e di pensier.  Y luego, a modo de travesura, cambiábamos la letra por algo así como Doña Panchéfira/ se cortó el défiro/ con el cuchífero/ del zapatéfiro. 

Una iniciación poco ortodoxa, herética y profana, claro; pero así es como fue la cosa y no de otro modo.  Con los años aprendí que “en las operas la clave y la base estética están en la música,  y que los libretos sólo sirven para proveerlas de un contexto emocional apropiado, o para dotarlas de una línea integral”.  Además imagínese, yo que a duras penas soy un virtuoso del triángulo, me volví llorón de opera. 

Mi abuela, Frances, me regaló mi favorita, que es Lucia di Lammermoor, interpretada por María Callas y Ferruccio Tagliavini, grabada en el Kingsway Hall, de Londres.  Esa fue la primera opera que vi en video, gracias a Mario David García.  Y no importa cuantas veces la escuche, siempre se me pone la piel de gallina cuando oigo a Edgardo cantar
Chi mi frena in tal momento?/ Chi troncó dell´ira il corso?, para luego entrar en un sexteto poderoso y arrebatador.

El sexteto, por cierto, es precedido por la impresionante maldición de Edgardo que exclama:
Hai tradito il Cielo e amor/ Maledetto sia l´instante/ Che di te mi rese amante/ Stirpe inicua, abominata/ Io dovea da te fungir!

¡Vamos!, ¿y cómo no conmoverse cuando en el cementerio de Ravenswood entra Lucía, vestida de blanco, pálida de muerte y mirada perdida con sonrisa amarga y desquiciada, para cantar el aria de la locura: 
Il dolce suono/ mi colpí di sua voce!

La única opera que he visto en vivo es Madama Butterfly; que gracias a mi abuela recibí interpretada por María Callas y Nicolai Gedda, grabada en La Scala y con la orquesta dirigida por von Karajan.  

Es imposible no emocionarse cuando Cio-Cio-San entona
Un bel dí vedremo/ levarse un fil di fumo/ sull´estremo confin del mare.  O más aún, llegar hasta las lagrimas, cuando cuchillo en mano, a punto de cometer suicidio, Butterfly abraza a su hijo y canta Tu? Tu? Tu? Piccolo Iddio! Amore, amore mio.

Y hablando de estremecerse, ¿qué padre puede permanecer indiferente cuando Rigoletto le reclama al Duque de Mantua; 
Sí la mia figlia –d´una tal vittoria./  Ché? Adesso non ridete?/ Ella é lá –vogl´io– la renderete

Tito Gobi, como el bufón jorobado y María Callas, como Gilda, su hija, hacen una interpretación buenísima en la grabación de 1956 que, adivinen quién me obsequió. 

Por cierto que, junto con aquellas grabaciones, venía el Knoch´s Opera Guide
c. 1930, en el que yo disfrutaba mucho leyendo resúmenes de los libretos y la biografía de la soprano Lena Geyer, por Marcia Davenport.

¿Por qué me puse operático?  Pues en parte para escapar de los camotes de todos los días, y en parte para compartir con usted el gozo de la opera. 

También porque el sábado pasado tuve la dicha de ser invitado a la magnífica Villa Helena, en La Antigua, para un recital de opera organizado por Luis Felipe Girón May.  Esa no sólo fue una oportunidad para escuchar arias de La bohéme, La forza del destino,  La traviata, Manon Lescaut, Mefistofele y Andrea Chenier, entre otras mencionadas arriba; sino para rendirle un homenaje a Renata Tebaldi,  festejo que fue generosamente aderezado, por Girón May, con una biografía de la diva.

Como una coincidencia afortunada pronto podremos escuchar a Mario Cavaradossi, en Tosca, entonar las notas de
E lucevan le stelle, un aria emotiva que concluye con la frase E non ho amato mai tanto la vita!, que quiere decir Y nunca he amado tanto la vida!

II. El 2 de febrero pasado fue el centenario de la filósofa y novelista Ayn Rand; efemérides en la cual me parece oportuno recordar que ella escribió: “Mi filosofía, en esencia, es el concepto del hombre como un ser heroico, cuyo propósito moral en la vida es su propia felicidad, para quien la realización productiva es su más noble actividad y la razón su única guía.”


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