| Sede Otras columnas 041211 Carpe Diem ¿Caballo de Troya? Luis Figueroa La democracia ficticia en Guatemala es el nombre de una columna que el escritor estadounidense-guatemalteco, Francisco Goldman, escribió en The New York Times, en noviembre de 2003. En ella señalaba que en Guatemala “los mafiosos encontraron en la democracia el caballo de Troya perfecto para preservar su poder en un estado secuestrado". Goldman advirtió que el FRG y Ríos Montt habrían creado una estructura para servirse de ella. Talvez por eso es que no es extraño que Enrique Ríos ande risa y risa, que la muerte de Raúl Cerna sea un misterio, y que el mismísimo General y su entenado Alfonso Portillo no estén tras las rejas. Pero este no es el tema de esta columna; esto fue sólo mi terapia mensual. El tema de hoy es la democracia. Leo que, en el contexto de las candidaturas para dirigir la Organización de Estados Americanos, el presidente de El Salvador, Antonio Saca, dijo: “Como en toda democracia, la mayoría se impuso”. Leo, con demasiada frecuencia, que la democracia no resuelve el desempleo, que la democracia no pone más libros al alcance de la gente, que la democracia no hace iguales a los hombres y a las mujeres, y así podría seguir enumerando cosas que la democracia no hace para los chapines. ¿Es, la democracia, un caballo de Troya? Si la mayoría puede imponerse, ¿es eso democracia? ¿Qué se le puede pedir a la democracia, para no terminar decepcionado de ella? Hace años me gustaba una frase de Tomás Mazaryk, citada por Vaclav Havel, que decía que “la democracia es una discusión. Siempre es una discusión de acuerdo y consenso, lo cual implica un compromiso…y movilizar los instintos para determinar qué tipo de compromiso es aceptable y cuál no lo es”. Me gustaba porque, como estudiante de Ciencias Políticas, veía que era un contrapunto útil para reforzar la definición clásica de democracia como un método pacífico para elegir autoridades y tomar decisiones, por medio del voto y de la integración de mayorías. Ahora bien. Si admitimos que la mayoría puede imponerse sobre minoría, y que todo está sujeto a acuerdos y compromisos, ¿qué ventajas tiene la democracia sobre otras opciones? Si la democracia es un sistema social en el que la vida, la propiedad, y los frutos del trabajo y del intelecto de cada uno están a merced de cualquiera que obtenga el voto de la mayoría, entonces vemos claramente por qué es que puede convertirse en un caballo de Troya. Aquí viene lo útil de la cita de Mazaryk: en democracia, es preciso fijar cuáles compromisos son aceptables y cuáles no. Para comenzar, la democracia sin estado de derecho es inconcebible. Pero, ¿qué es el estado de derecho? Es un sistema en el que el ejercicio del poder (incluido el de la mayoría) está sujeto a las limitaciones señaladas por la Constitución y las leyes; y en el que el imperio de la ley se extiende por igual a todas las personas (sin importa su etnia, su género, o su clase). Es uno en el que la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la felicidad son derechos de todos; y uno en el que estos derechos no pueden ser violados por los intereses de nadie (por más mayoría que lo apoye y por más compromisos que haga). En una democracia que no sea caballo de Troya, la ley sirve para proteger aquellos derechos y para garantizar el cumplimiento de los contratos. La ley no puede ser utilizada para violar los derechos, ni para violar los contratos, aunque aquello sea del interés de muchos. La ley, entonces, sólo puede ser igual para todos, sólo puede ser general y sólo puede ser abstracta. La ley no debe crear privilegios de ninguna clase. La ley no debe decirle qué hacer, sólo puede decirle qué no hacer. Si no ha de decepcionarnos, si no ha de ser caballo de Troya y si no ha de servir para que unos se impongan sobre otros, la democracia –por la vía del estado de derecho– no sólo debe ser una forma pacífica de tomar decisiones, sino proteger los derechos de todos; y especialmente los de la mayoría más pequeña de todas, que es el individuo. Por eso es que el mejor Congreso no es el que más legisla, sino el que al hacerlo, regula menos. Sede |