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041120

Carpe Diem


¿Siempre pobres?
Luis Figueroa

Cada tanto los guatemaltecos tenemos la oportunidad de decidir entre seguir en lo mismo, o cambiar la historia.  Así fue cuando tuvimos la opción de no abrir el mercado de las telecomunicaciones y quedarnos sin líneas y pagando mordidas para conseguirlas, o abrirlo y dirigirnos hacia donde estamos (donde el problema no es conseguir línea sino evitar que nos llamen por dos a la vez).

Una de esas preciosas ocasiones está frente a nosotros y no estoy seguro de si la estamos viendo, o no.  Me refiero a la mina de oro en San Marcos. 

Hace poco conocí a Christopher Phillips, organizador de los Sócrates Café; en los que, según la revista Time, las discusiones no se limitan a problemas de actualidad, sino que llevan a temas filosóficos amplios.  “En vez de discutir si los Estados Unidos y sus aliados deberían haber invadido Irak, un grupo preguntó ¿Qué es una guerra justa?”.  Este es el caso de Marlin.  El problema no es si en Guatemala debería haber minas, sino en qué condiciones debe haberlas.

Es que no podemos condenar a la gente de lugares como San Miguel Ixtahuacán y Sipapaca a pellizcar centavos con el cultivo de melocotones, o la crianza de peces, si el capital y la tecnología que demanda la explotación minera puede abrirles puertas nunca imaginadas por ellos…ni  por nosotros.

Digo esto porque el área en cuestión es tan alta que los bosques son ralos y la tierra es tan mala que sólo produce pinos esmirriados.

La explotación minera, en cambio, exige mano de obra calificada.  Requiere de inmensas inversiones para la explotación misma y para la prestación de servicios adyacentes.  Ofrece proyectos de desarrollo comunitario para los años en que la mina será aprovechada y para que las familias puedan seguir viviendo bien cuando la mina haya sido cerrada.

Contra la explotación minera hay dos objeciones principales.  La seria es la del uso de cianuro.  Empero, si bien es cierto que ha habido operaciones irresponsables en otros países y en otros tiempos,  el proyecto Marlin cuenta con tanques cerrados de procesamiento y con tecnología de lo más moderna y avanzada para destruir aquel componente.  Aunque no lo crean los que se oponen a la mina, las industrias contaminan menos ahora, que hace 25, o 100 años.  Y esto es debido a la tecnología en la que se invierten grandes cantidades de recursos.

La segunda objeción, la absurda, es la que se queja de que el proyecto dejará sólo 1% de regalías.  Cifra engañosa porque no toma en cuenta ni el inmenso riesgo, ni la millonaria inversión que requiere una aventura como Marlin; y porque no toma en consideración que el porcentaje es sobre ventas, no sobre ganancias. 

Pasa por alto (¿con qué fin?) que cientos de familias mejoran su nivel de vida como consecuencia de la operación. Ignora que la autoestima del trabajador de una empresa como aquella es más alta, que la de un campesino condenado a arañar la tierra, o a implorar la caridad de las agencias de cooperación internacional.

El inicio de la explotación minera, en un país tradicionalmente hostil a  la posibilidad de convertir en riqueza sus recursos naturales, es un salto cualitativo en nuestra lucha por salir de la pobreza. Ojalá, ¡de verdad!, que hubiera más proyectos de tales magnitudes. 

Hasta ahora lo que puedo ver en los diarios, es que la oposición a la explotación minera está estrechamente vinculada a cierta dirigencia que, o lo hace porque ignora los procesos de seguridad industrial modernos, o actúa con objetivos políticos.

Si aquellos criterios son tomados enserio, acomodémonos y acostumbrémonos a ser eternamente pobres; pero si prevalecen la visión y el buen juicio, agarrémonos porque a los chapines no hay quien nos pare.  Esto fue lo que me vino a la mente cuando vi a Elma Zacarías manejando, orgullosamente, un camión de 100 toneladas en la mina;  en vez de verla sentada, bajo el sol, vendiendo tomates enjutos en el mercado de San Miguel.

¡Dólares! En todo el mundo y en todos los mercados el precio del dólar se desliza para abajo.  Sólo en Guatemala lo mantiene artificialmente alto la Junta Monetaria. ¿Lacaya de quiénes?.

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