| Sede Otras columnas 041106 Carpe Diem Abarca mucho y aprieta poco Luis Figueroa Los guatemaltecos tenemos un problema de inseguridad. De inseguridad ciudadana y de inseguridad jurídica. Aquí uno puede no regresar vivo a su casa, o hacerlo con un puñal en el riñón. Aquí no hay quien vele por el cumplimiento de los contratos; y las leyes se multiplican como cuyos. Aquí cualquier grupo de ex guerrilleros organiza la usurpación de una finca y luego se cree con derecho a recibir una indemnización. Cualquier grupo ex PAC organiza bochinches y extorsiona a la administración. Y toda aquella inseguridad y desmadre tienen un costo. A veces el precio es en quetzales, otras es en oportunidades, otras en empleos, y muchas es en vidas. Eso sí, la administración no cree que el asunto sea grave. El Presidente cree que haciendo chinche con la Orden del Quetzal, es como se atraen inversionistas. El buen hombre cree que puede salir como agente viajero, y regresar con capital suficiente como para mejorar las ofertas de trabajo y los salarios. Su equipo cree que Guatemala tiene un problema de gerencia y de mercadeo. Y está muy equivocado. ¡Guatemala tiene un problema de inseguridad jurídica! En el campo de la inseguridad ciudadana la historia es parecida. La administración cree que el problema es de imagen y de percepciones. Por eso es que la Brigada de Protección Vial se verá galana, y por eso es que hay una Policía de Turismo, una Policía Municipal de Tránsito y una Policía Nacional Civil. Lo cierto, empero, es que ni las policías, ni el Organismo Judicial, ni el Ministerio Público cuentan con suficientes recursos humanos y monetarios, apoyo político y capacitación para cumplir con sus tareas en el marco de un estado de derecho. Y en consecuencia, como cualquier habitante del país, los inversionistas y los turistas son presas fáciles de los delincuentes. El 3 de noviembre de 2004 Reuters circuló la noticia de que cientos de ex paramilitares habían bloqueado las carreteras, el acceso al aeropuerto La Aurora, y el Puerto Quetzal. En consecuencia, y seguramente hay otros casos iguales, 4 visitantes importantes, que acudirían a una de las empresas con las cuales trabajo, cancelaron su viaje a Guatemala. ¿Quién quiere venir a un lugar como el descrito arriba? Hace poco estuve en Vieux-Québec y en 4 días no vi un sólo policía. ¡Ni uno sólo! Aquellas realidades me pusieron a pensar en que si la seguridad es importante para un país rico, lo es más para uno pobre; porque sin cuentos, ni el capital ni los cheques de viajero van a donde es peligroso ir. ¿Notó usted que en vez de decir gobierno digo administración? Esto es porque la principal función de un gobierno es garantizar la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Y por eso es que la seguridad debería ser una prioridad ineludible para cualquier gobierno responsable. Sin embargo, una administración que está de rodillas frente a la delincuencia de cualquier clase y que desperdicia recursos y tiempo valiosos en repartir y procurar privilegios para los grupos de interés, es más una administración, que un gobierno. Pensemos en esto: si bien es cierto que las percepciones son importantes, es más importante la realidad; y si un gobierno es incapaz de proteger los derechos mínimos de sus habitantes y sus visitantes, ¿es, realmente, un gobierno? Los guatemaltecos tenemos un problema de inseguridad. No sólo porque cada vez que salimos de casa (o nos quedamos en ella) podemos ser asaltados, baleados, o golpeados; sino porque la delincuencia y la falta de tribunales de justicia confiables (o la proliferación de la legislación) son repelentes del capital. Y ya sabemos que sin capital no hay más ni mejores empleos. Ojalá que la administración se diera cuenta de que la seguridad es más importante que las otras miles de cosas irrelevantes en las que ocupa su tiempo y desperdicia nuestros impuestos. Sede |