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041023

Carpe Diem

¿Captas?, CAFTA
Luis Figueroa

Creo que el mejor acuerdo de libre comercio posible es uno verdaderamente libre, en el cual se les devuelva, a los individuos, la facultad para intercambiar bienes y servicios sin coerción alguna, ni privilegios.  Facultad que los gobiernos han detentado, en parte porque la intervención en el comercio es una fuente de poder y de ingresos; y en parte en respuesta al miedo que algunos sectores influyentes le tienen a la competencia.

La intervención del comercio es una fuente de poder porque cuando un gobierno se convierte en dispensador de privilegios para comerciar, aquello le facilita negociar voluntades.  Es fuente de ingresos porque mediante el encarecimiento del intercambio de bienes y servicios, por medio de los aranceles, los gobiernos obtienen dinero para seguir administrando privilegios en otras áreas.

¿Qué sectores le tienen miedo a la competencia? Pues muchos. Los mismos que le tienen miedo a la libertad. Tanto algunos de los que integran el “gobierno de los empresarios”, como muchos de los que forman parte del Movimiento Nacional Indígena, Campesino, Sindical y Popular, y de la Mesa Global. Pero nadie sabe para quién trabaja…

Veo que el Movimiento se está organizando para enfrentar lo que sus dirigentes llaman “el gobierno de los empresarios”; y que durante la marcha que conmemoró el cuartelazo del 20 de octubre, miembros de la Mesa (que se opone al CAFTA) se dedicaron a reunir firmas con el propósito de tratar de evitar que sea ratificada la negociación del tratado.  Así mismo, el jueves pasado en The Breakfast Show, tuve la oportunidad de ver como Alfonso Bauer Paiz agitaba vehementemente su dedo contra el citado acuerdo.

“Si el CAFTA es aprobado establecerá el libre comercio con países que juntos constituyen el décimo tercer socio comercial más grande de los Estados Unidos y el segundo mercado de exportaciones en América Latina, superado sólo por México. Cuando sea puesto en vigencia, bienes en un 98 % de las categorías de productos que los países del CAFTA podrán exportar a los Estados Unidos lo harán sin pagar aranceles”, explica el estudio denominado
The Case for CAFTA, Consolidating Central Americas Freedom Revolution; por Daniel Griswold y Daniel Ikenson del Cato Institute.

“Hay, sin embargo, dos excepciones que destacan: el azúcar y la ropa.  El CAFTA expande de mala gana la cuota de azúcar que los Estados Unidos importan de la región; y con ello les niega a los estadounidenses los beneficios de precios más bajos.  Además la regulación del comercio de ropa incluye reglas de origen que requieren el uso de textiles gringos; lo que le añade costos a la producción en la región y en el largo plazo mina la demanda de materias primas de los Estados Unidos”, añade el documento.

“El CAFTA ayuda a alcanzar objetivos importantes para la política exterior gringa, tales como promover la libertad y la democracia”, dice.  Pero yo digo que esto es sólo supuestamente, porque la guerra contra las drogas, la promoción de las CICIACS, las presiones en procesos judiciales, y otras actitudes, evidentemente contradicen cualquier buen propósito.

El Tratado, además, ha impuesto estándares ambientales y laborales que han hecho más inflexible la libre contratación de trabajadores. En consecuencia, hará más difícil dar y conseguir trabajo; pero aún así, aquellos estándares son muy promovidos en el seno de la Organización Internacional del Trabajo y en el Tratado.

El miedo altera las percepciones sobre el Acuerdo; y por eso es que cuando el Movimiento y la Mesa se oponen al mismo, sirven más a los intereses de los sindicatos gringos (que también se oponen al Tratado), que a sus propios intereses muy mal tutelados.

Curiosidades. Si el gobierno elimina los impuestos que le carga a los combustibles; y si el Banco de Guatemala deja de comprar dólares para mantener su precio artificialmente alto, ¿serían más baratos el diesel y la gasolina?

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