| Sede Otras columnas 041016 Carpe Diem ¡Aaaachú! Luis Figueroa El cura del pueblo de un amigo tenía un remedio muy particular para la gripe. “Cuando me da la gripe”, decía, “pongo una botella de cognac en la mesa de noche y un sombrero en los pies de la cama. Luego empiezo a tomar; y cuando veo dos sombreros...estoy curado”. Mi remedio, bien Figueroa, va por ahí; porque hace ratos descubrí que si hago gárgaras de vodka cuando me empieza la infección de garganta, puedo mantener los bichos a raya. En más de una ocasión mi remedio ha resultado inmejorable. Cuento todo esto porque ya llevo quince días con gripe. Con todo y lo propenso que soy, a las enfermedades respiratorias, esta es la peor gripe que he tenido en toda mi vida. Debido a aquella propensión y a la manía de automedicarme, soy un experto en gripes. Por cierto que lo de la automedicación puede ser genético. Mi bisabuela tenía un botiquín que parecía farmacia ambulante. Era un enorme necessaire mexicano, de cuero, en el que cabía cualquier cosa. ¡Incluso tenía una gran botella de linimento para cuando se lastimaban los caballos! Yo no se si lo usaba, o no; pero de que estaba en el botiquín, estaba. Experto en gripes, que soy, ya se que lo mejor es quedarse tres días en cama (algo casi imposible) y tomar litros de limonada al tiempo (¡Yuk!). Si no hay dolor de garganta basta con un antigripal cada 8 horas; pero si duele la garganta la cosa se complica. Esto es porque entonces entran en el acto los antibióticos. Uno cada doce horas, por un mínimo de 6 días. Cuando todo ha pasado queda la tos; y entonces hay que tomar un buen antitusivo. Hombre, ya se que no debería de hacerlo; pero en mi baño tengo un letrero que dice: Old enough to know better; young enough to do it anyway. Yo extraño los días en que me daba gripe cuando era niño. Si la cosa era seria yo paraba en cama y en la noche llegaba Juan José, mi pediatra. Juan José se sentaba en la cama y lo auscultaba a uno. Con cuidado y con precisión. Pero si la cosa no estaba insoportable mi mamá me llevaba a su clínica y ahí La Maruca hacía el cultivo. Lo bueno de los médicos de antes es que lo veían a uno, le recetaban algo y lo curaban. No había tales de andar probando y lo que le dieran a uno era remedio de verdad. No como ahora, que uno tiene la impresión de que es algún tipo de conejillo de indias, o de que el médico está tanteando, a ver si en una de tantas le atina. Mis padres tenían un disco del genial cómico Verdaguer (y vea usted si el mundo no es pequeño porque su hija y su yerno son queridísimos amigos míos). Pues bien, Verdaguer tenía un chiste que a mí me caía muy en gracia. Decía él que su médico era de los buenos. No de esos que si lo tratan a uno del corazón, uno se muere del hígado. “Si mi médico te trata del corazón, ¡te mueres del corazón!”, decía. Digo que extraño las gripes de niño porque esas eran algunas de las ocasiones inequívocas en las que sabía que contaba con el amor de mis padres. Los míos, por ejemplo, eran capaces de levantarse a las 3 de la mañana para darme la dosis de antibiótico puntal. Yo digo que esa es una prueba de amor; porque si yo tuviera hijos ¿me levantaría a las 3 de la mañana para darles su medicina? A saber. A lo mejor yo correría el horario para que las dosis fueran a las 8 de la mañana y a las 8 de la noche. Mis padres ya no me dan medicinas, ni me traen revistas y dulces cuando tengo gripe. Y yo me autoreceto a discreción; pero, ¿qué pasará cuando sea viejito? Mi bisabuela tiene dos anécdotas que me dan alguna pista. Ella tomaba leche de magnesia (aquella del frasco azul), pues una vez se equivocó y en vez de la botella azul de leche de magnesia, bebió de la botella azul de Nivea Milk. En otra ocasión tenía un barro en la nariz; y el barro no cedía, a pesar de que el médico ya la había visto y le había dado una pomada. Así que llamó al doctor y le contó que el asunto no mejoraba. Y le enseñó el medicamento que estaba usando. Y resultó que en vez de la pomada recetada, estaba usando una para las hemorroides. “¡Ay, doña Adela”, le dijo el doctor. “Se equivocó por un metro”. Sede |