| Sede Otras columnas 040911 Carpe Diem Cosas del fútbol Luis Figueroa Todo el que me conoce bien sabe que mi idea de ejercicio es levantarme con energía, darme un baño y sentarme a desayunar como romano. A veces hago cardio y nado un poco; pero con mesura. Eso no quiere decir que, de cuando en cuando, no me contagie de alguna fiebre deportiva. Veo un par de juegos del mundial de fútbol, aguanto dos que tres competencias olímpicas, y me conmueve ver a los chapines enloquecidos por un juego de balompié. Esto último fue especialmente manifiesto la noche del sábado 4, antes del partido en el que la selección guatemalteca derrotó a la oncena tica. Resulta que como vivo a un costado del hotel en el que se hospedó el equipo visitante, tuve que soplarme la serenata que le llevó la hinchada azul y blanco. De repente se empezó a llenar la calle. Los automovilistas tocaban sus bocinas. Otros aficionados llegaron con tambores, sirenas, cohetes y otros artefactos ruidosos. La gente gritaba. ¿Y cuál era el objetivo de tanto alboroto? No dejar dormir a la selección de Costa Rica. Y de paso, no dormimos los vecinos. Pero ese es uno de los casos en los que cuando no puedes contra el enemigo, mejor te unes a él. Así que me puse una chaqueta abrigada -y bebidas en mano- con un cuate salimos al balcón a observar los eventos. Arriba, en el hotel, los ticos agitaban su bandera; y abajo los chapines hacían ruido con lo que podían. Brincaban y gritaban: ¡El que no salte es tico hueco! Pero también gritaban obscenidades. ¡Ticos hijos de puta! y otras cosas parecidas. Y me imagino que los ticos contestaban en iguales términos. Una de las partes más divertidas de todo ese relajo fue cuando un grupo de patojos llegó y se dedicó al acto de hacerle moonings a la oncena visitante…y después a cualquiera que estuviera en la calle. Ese acto terminó cuando un escuadrón de policía lo rodeó y lo conminó a cesar y desistir de aquel espectáculo. Si un extraterrestre hubiera bajado en aquellas circunstancias, posiblemente hubiera pensado que no hay patriotismo chapín sin cerveza, sin patanadas y sin un ruido infernal. Especialmente cuando la hinchada detenía los carros de las mujeres que circulaban por ahí y al grito aterrador de ¡Que salga, que salga!, lo sacudían y lo llenaban de cerveza. Talvez actos como ese fueron los que motivaron que llegaran refuerzos policíacos. En un momento el número de agentes se multiplicó y por breves momentos parecía que iba a ocurrir un enfrentamiento. Gracias a Dios que la cosa no pasó a más; pero el toque de hooliganism y la superficial vulgaridad del fútbol se complementaban muy bien con los policías. La multitud se dispersó como a la 1:30 a.m. del domingo; pero a eso de las 5:00 horas ya había otro grupo que sonaba como una banda marcial. Espectáculo aparte yo me preguntaba ¿qué tan deportivo es no dejar dormir al equipo visitante? ¿Es legítima una victoria alcanzada mediante el truco de desvelar al equipo contrario? En esas andaba cuando un cuate británico me comentó que aquello es práctica común. Y la palabra hooligan regresó a mi mente. Cuando yo estaba como en quinto, o sexto grado de primaria, tenía un profesor de física que en vano intentaba interesarme en aquella actividad. El sostenía que las olimpiadas y el deporte en general era el último reducto de la caballerosidad, de la justicia y de otras virtudes. Y yo, que sólo veía sudor por todas partes, nunca le creí. Aquellos pensamientos vinieron a mi mente cuando, durante los juegos en Atenas, un maratonista brasileño perdió una posible medalla de oro por la violenta intervención de un miembro del público. En esa ocasión, ¿deberían haber suspendido la competencia? ¿Será que los jueces siquiera consideraron si deberían haber entregado los premios como lo hicieron? Si el perjudicado no hubiera sido brasileño, sino estadounidense, alemán, o chino, ¿hubieran actuado tan cómodamente las autoridades olímpicas? Felicitaciones: Un fuerte aplauso a Chepe Zarco y al equipo de colaboradores que hizo posible El cuarto poder. La primera serie de televisión guatemalteca amenaza con ser entretenida e ingeniosa. Con una trama atractiva, personajes creíbles (especialmente el fotógrafo de prensa) y una buena producción, tiene posibilidades de alcanzar un lugar distinguido en la nueva televisión latinoamericana. Sede |