| Sede Otra columnas 040814 Carpe Diem Carnivàle Luis Figueroa Carnivále es una serie de televisión que estuve viendo durante los últimos tres meses. Es una historia oscura y entretenida, que trata de la lucha del bien y del mal, en el contexto de una feria ambulante y en el de las tormentas de arena y polvo que azotaron el oeste de los Estados Unidos de América durante los años 30. Eran los años de la Gran Depresión. Años de miseria, de ignorancia, de suciedad y de mucho sufrimiento. Coincidentemente, Sylvia Gereda contó, en su columna del jueves pasado, que estaba leyendo Las uvas de la ira, de John Steinbeck; una crudelísima novela que se desarrolla alrededor de los mismos hechos en los que se enmarca Carnivàle. Como una curiosa alineación de planetas, un amigo me envió un artículo de la Universidad de California en Los Angeles, que comenta las investigaciones de dos economistas de aquella casa de estudios, con respecto a la Gran Depresión. Harold Cole y Lee Ohanian concluyeron en que Franklin D. Roosevelt y el New Deal retrasaron la reactivación económica durante 7 años; y que en consecuencia la Gran Depresión duró el doble de lo que hubiera durado sin aquellos dos elementos. En un artículo publicado en el Journal of Political Economy, ambos economistas explicaron que Roosevelt creía que la competencia excesiva era responsable de la depresión porque reducía los precios y los salarios, y que por extensión reducía el empleo y la demanda de bienes y servicios. La solución que se le ocurrió fue un paquete de recuperación económica que les permitía a los empresarios acartelarse sin tener que enfrentar la legislación antimonopolios; y a los trabajadores les permitía exigir salarios que estaban 25% arriba de lo que hubiera fijado el mercado. En esas condiciones, la economía que se encaminaba a la recuperación se vio estancada por aquellas políticas erradas. Cole y Ohanian documentan muy bien sus conclusiones y aportan nuevas evidencias a la idea de que la intervención gubernamental agravó la Gran Depresión. Idea que no es nueva. Hilary Arathoon escribió, en 1982, que “el New Deal no curó el desempleo. Por el contrario, éste se agravó en el invierno 1937/38, aumentando en otros dos millones de hombres desocupados.” Por cierto que mientras escribía esta columna tuve que hacer una visita; y en la antesala, ¿qué cree usted que me esperaba? Un viejo informe de Detmar Dörong, titulado Viernes Negro. ¿Y qué cree usted que decía? Que la National Recovery Act y la Wagner Act (ambas parte del New Deal) habían empeorado la Gran Depresión. Dígame usted si tamañas coincidencias no son dignas de Carnivàle. Sobre todo porque fue en esta semana que la administración Berger presentó su Plan de Reactivación. La noche de la presentación me encontré con un cuate que ocupa un alto puesto en la dirección económica del país; y me preguntó si lo había visto. Como le dije que no, me contestó: “Es de lo mismo de siempre. Creen que van a recuperar la economía a fuerza de inversión pública”. Y luego me explicó algunos detalles. Cuando opiné que el Plan no daría resultado porque perdía de vista lo importante, y que escribiría al respecto, me comentó: “Hay que decírselos; pero no públicamente porque se friegan las percepciones”. “¡Ah, chispas!”, me dije. Y aquí estoy escribiendo sobre eso. ¿Qué es lo importante? Aprender de las lecciones que nos comentan Dörong, Arathoon, Cole y Ohanian. Pero sobre todo reconocer que no es la inversión pública la que crea riqueza y saca de la pobreza; sino que es la inversión privada. Y reconocer que no habrá inversión privada alguna en tanto Guatemala sea un país inseguro. Tanto en términos de inseguridad ciudadana, como de inseguridad jurídica. Hace años lo advirtió el inversionista de Silicon Valley, T.J. Rogers: Hasta que Guatemala no desaparezca por un buen tiempo de las páginas de malas noticias, no será un destino apetecible para el capital y las inversiones. Ergo, el megaproyecto de Guatemala debería ser la seguridad ciudadana. Yo de verdad quisiera ser optimista como muchos de los que han comentado el Plan de Reactivación. Pero tengo claro que hay políticas buenas para salir de la pobreza y políticas malas para salir de ella. Veo claramente que este plan, no está entre las primeras. Y no se imaginan ustedes cuanto lo siento. Sede |