| Sede Otras columnas 040717 Carpe Diem El fracaso del Estado de Guatemala Luis Figueroa �La propia defensa es el �nico fin que autoriza a la humanidad, ya sea individual o colectivamente, a intervenir en la libertad de acci�n de cualquiera de sus miembros�el poder s�lo puede ejercerse con todo derecho contra la voluntad de cualquier miembro de una comunidad civilizada, cuando se trata de evitar da�os a otros�. Estas palabras sabias son de John Stuart Mill, en su obra Sobre la Libertad, de 1859. Estas fueron las palabras que vinieron a mi mente cuando me enter�, por El Peri�dico, de que 8,760 carros son robados al a�o; 200 camionetas son asaltadas cada d�a, 55 por ciento de los hogares guatemaltecos ha sido v�ctima de hechos violentos en los �ltimos 12 meses, que 1 persona muere cada 3 horas por causa de un arma de fuego y que cerca de 350 personas son heridas con arma blanca cada 30 d�as. Todo esto, entre otro mont�n de estad�sticas aterradoras. Con esos n�meros es evidente que el Estado de Guatemala est� fracasando miserablemente en el cumplimiento de su raz�n de ser, que seg�n la Constituci�n es �proteger a la persona�. Pero peor a�n, el Estado de Guatemala fracasa, no s�lo en su objetivo particular (que podr�a ser arbitrario y disparatado), sino con el principio tradicional y universal que se�ala Mill. �Somos una comunidad civilizada? A lo mejor lo somos menos de lo que creemos. Porque aqu�, en nuestra sociedad, nadie se cuestiona si tiene derecho, o no, de utilizar el poder en su propio beneficio (y contra la voluntad de otros); y desatendemos el ��nico fin� leg�timo del Estado, que es �la propia defensa�. No tenemos una polic�a confiable, carecemos de tribunales de justicia efectivos y en la fiscal�a se acumulan los expedientes. Nadie garantiza el cumplimiento de los contratos; y casi nadie, en Guatemala, est� seguro de que al final del d�a no va a terminar con una bala en el cr�neo, o un cuchillo en el ri��n. Sin embargo, el Estado desperdicia los valiosos y escasos recursos de los contribuyentes en aventuras demag�gicas (como los Congresitos); en campa�as de maquillaje (como la del Inguat); en satisfacer a los grupos de inter�s (como los exPAC, los maestros, las ONG, y docenas m�s); en estupideces (como la campa�a de despistolizaci�n porque los criminales prefieren v�ctimas desarmadas); en megaproyectos (que dan escalofr�os); y en cientos de actividades m�s que consumen lo que deber�a invertirse en seguridad y justicia para poder trabajar en paz. Francamente de nada sirve que Oscar Berger sea un encanto y que se abrace con cualquiera que se le ponga enfrente; y de nada sirve que la elite econ�mica del pa�s (en sociedad con la exguerrilla) controle la administraci�n. A la larga, si este gobierno es incapaz de fundar un Estado de Derecho, en el que se sean posibles la libertad, la paz, la cooperaci�n social y el bienestar, todas sus dem�s pretensiones est�n de m�s.. Sin seguridad, ni justicia, de nada sirve que el gobierno ande prometiendo pan y circo. �Aaay se nos van a iiiiiiiir! Dijo un diputado, en la radio, que sus colegas tienen muchos gastos y que algunos de ellos han dejado ocupaciones m�s lucrativas para estar en el Congreso, y que en sus distritos tienen muchos gastos. Es por eso que necesitan un aumento de sueldo, explic�. Y uno que no es baboso piensa que en primer lugar, cuando decidieron ser candidatos ya sab�a cu�nto era el sueldo; de modo que es ah� cuando debieron haber evaluado si prefer�an ser diputados, o seguirse dedicando a sus asuntos. Luego, uno que sabe, piensa que en realidad el trabajo de diputado (aqu� y en todas partes) es de medio tiempo; y que los diputados no tienen por que hacer obra en sus distritos; de modo que el sueldo que reciben est� muy bien. Un cuate me dijo: �Si los diputados trabajaran medio tiempo, como debe ser, har�an la mitad del da�o�. Y una amiga, que oy� lo de la radio me coment� con iron�a: �Mira que pena, si no se les sube el sueldo, se nos van a iiiiiiiir�. Yo digo que si no les gustan el chance y el sueldo, que mejor regresen por donde vinieron. Sede |