| Sede Otras columnas 040705 Carpe Diem ¡Peligro! ¡Peligro! Luis Figueroa A ver, ¿quién no recuerda al robot de Perdidos en el espacio? ¡Peligro! ¡Peligro, Will Robinson!, gritaba aquel mecano cuando algo espeluznante amenazaba a su joven amigo. Algo espeluznante nos amenaza ahora; y es de amigos y de ciudadanos responsables alertar el peligro. Se trata del colapso de los sistemas de previsión social, que ya empezaron a mostrar las grietas que hace años están creciendo y creciendo. La previsión social es muy importante para uno porque su objetivo es proveer fondos para el momento en el que uno ya no puede generarlos por sí mismo. ¿Y cuándo es ese momento? Pues cuando uno ya está muy viejito, cuando queda inválido, o cuando se le muere el cónyuge. Usted necesita sus ahorros previsionales en los momentos más dramáticos de su vida. Pero claro, que si uno no ahorra durante su vida productiva, quedará desamparado en el otoño de la misma. O peor aún, la familia de uno queda desamparada en caso de invalidez, o muerte. Y uno, o su familia, terminan siendo una carga para los demás. El problema de la seguridad social es de carácter humano; pero también lo es de orden económico-financiero; lo que no quiere decir que sea rocket science. Recientemente nos acabamos de enterar que “los trabajadores de la universidad estatal, aunque hayan aportado fondos para el Plan de Prestaciones, y cumplido el tiempo requerido, no pueden jubilarse a menos que el Consejo Superior Universitario lo apruebe, porque existe un desequilibrio financiero”. Es decir que aquellos trabajadores, aunque se hayan privado de gustos y necesidades en el corto plazo, para ahorrar para el largo plazo; y aunque hayan cumplido con sus obligaciones, ahora dependen de una decisión política, sobre el hecho de si pueden gozar de aquellos ahorros, o no. El problema aquel no es exclusivo del fondo de pensiones de la Carolina; porque ese desequilibrio también existe en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Y en ambos sistemas, la sombra de la corrupción y de los malos manejos, es como de aquí a Pinula. De hecho hay gente presa y perseguida por la podredumbre en el IGSS. Los sistemas previsionales citados, aparte de problemas de corrupción, sufren de un defecto de fábrica muy grave: son como una pila que tiene el desagüe más grande que el chorro de llenado. Cualquier ama de casa sabe que una pila así termina por vaciarse irremediablemente. Cualquier ama de casa, pero no cualquier economista, ni cualquier mago de las finanzas…y menos cualquier político; porque los intereses creados bloquean cualquier cambio sustancial. Tenemos sistemas previsionales en los que todo es de todos (y por consiguiente, nada es de nadie). Sistemas en los que por mucho que usted aporte, no puede saber a dónde va a parar su dinero, qué hacen con él y ni siquiera si todavía está ahí. Usted aporta, aporta y aporta, pero el día que necesite sus ahorros devuelta (¡SUS AHORROS!), puede que ya no estén. Sin embargo existen otras opciones. Unas que, como su cuenta de ahorros, le permiten a usted ver exactamente cuánto dinero lleva ahorrado, dónde está y qué está pasando con él. Y sobre todo, lo más humano de todo, es que cuando usted necesita sus ahorros, ahí están. Ese es un sistema para personas libres, dignas y responsables. Yo no se cuántos viejitos, viudas e inválidos se quedarán sin pensiones cuando colapse el sistema provisional. Pero, ¿no sería genial si pudiéramos cambiar ahora ese inhumano futuro? Como dijo José Piñera, el arquitecto de la exitosa reforma provisional chilena, “es bueno atenerse a la calidad intrínseca de las ideas y de las soluciones. Si son malas no las apliquemos…si a la inversa, son buenas, llevémoslas a cabo”. El sistema provisional actual es un peligro para todos. ¿Por qué no cambiamos a uno que no traiga defecto de fábrica y que garantice los fondos para cuándo más los necesitemos? Digamos, en vez de hacer chapuces. Shrek: Pero como no todo es malo y siempre hay una posibilidad de pasarla bien, le recomiendo que vea Shrek 2, una película divertidísima, con un humor negro fuera de lo común. Sede |