| Sede Otras columnas 040612 Carpe Diem Ronald Reagan Luis Figueroa Yo admiro a Ronald Reagan porque era un hombre de principios y un caballero; un campeón de la libertad que probó que se puede ser líder de talla mundial y político local efectivo, sin necesidad de ser veleta, ni de transigir valores. El amaba a su país, que recibió asfixiado por la inflación y el desempleo, además de humillado por la guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate y la crisis de los rehenes en Irán; y así de malas como estaban las cosas, hizo que los Estados Unidos de América creyeran sí mismos, otra vez. “El gobierno no es la solución para nuestros problemas. El gobierno es el problema”, dijo una vez; y procedió en consecuencia. Sabía que la economía del imperio soviético colapsaría y presionó a la URSS hasta que hizo que se desplomara. Confiaba en sus conocimientos y acudió a la fuerza, para asegurar la paz. Los jóvenes que recién llegan a la mayoría de edad no habían nacido cuando Reagan asumió la presidencia en los Estados Unidos por primera vez. No recuerdan la Guerra Fría. No crecieron con el temor a la bomba atómica, el miedo al totalitarismo, ni al derrumbe de los valores occidentales. Aquellas amenazas no eran realidades que ocurrían en un mundo raro, sino que nos pasaban aquí en la casa. Carter le había entregado Nicaragua a la dictadura totalitaria, El Salvador estaba por caer y Guatemala resistía como podía. Por eso es que un grupo de jóvenes chapines le dirigimos una carta a Reagan, pidiéndole que no nos abandonara como lo había hecho su predecesor. Los terroristas mantenían atemorizada a la población y al sistema productivo. Los asesinatos y los secuestros estaban a la orden del día. Reagan cambió el panorama, y por eso no es extraño que la exguerrilla y sus amigos tengan un mal recuerdo de él. Algunos quieren hacer creer que las cosas no cambiaron y que la inseguridad que vivimos ahora a causa de los fundamentalistas islámicos se parece a la que generaban los soviéticos; pero no es así y si quieren un día les cuento por qué. A otros les gusta recordar el caso Irán-Contras, como para decir que Reagan no era perfecto (y como si alguien lo fuera). Pero olvidan que cuando Oliver North le preguntó al Presidente que qué debería contestar cuando fuera interpelado, Reagan le contestó: La verdad. Olvidan que un escándalo que hubiera sido encubierto por cualquier otro gobierno, en cualquier otra latitud del globo, en los Estados Unidos fue ventilado hasta la saciedad y pasó por todos los debidos procesos políticos, políticos y judiciales del caso. Este, por cierto, fue el primer evento de importancia que cubrí como productor de Internacionales, en Aquí el Mundo. Reagan rescató a Occidente, le devolvió la dignidad a su país, y de colada evitó que mi generación, en este rincón del mundo, creciera en una dictadura totalitaria; y estoy seguro de que fue porque creía en sus principios, y los sostenía firmemente. Sus políticas respondían a sus principios, en lugar de que sus valores cambiaran de acuerdo con la política. Claro que las ideas que él compartía, relacionadas con la filosofía de la libertad, ya habían estado circulando y eran crecientemente aceptadas tanto por algunas elites como por los ciudadanos de a pié. Pero él supo comunicarlas y hacerlas realidad. A estas alturas no puedo decir nada de Reagan que no se haya dicho ya; sin embargo, como guatemalteco y amigo de la libertad, no esta de más que me una a todos aquellos que le tienen gratitud y aprecio. La pieza. A Portillo le pidieron la pieza que ocupaba en la zona 14. ¿Será que nunca perteneció ahí? Otra vez CICIACS. ¿Qué tiene de vergonzoso, de impresentable y de maquiavélico el nuevo proyecto de la CICIACS, que sus promotores se niegan a enseñarlo y discutirlo de forma transparente? ¿Es broma? Sólo Berger en su inocencia (digámosle así) y los sectores sociales en su trabe ideológico pueden creer que los teléfonos móviles son artículos gravables por ser “de lujo”. ¿Es qué no han visto a los lancheros de Atitlán, o a las locatarias, o a los sacerdotes de Iximché trabajando con celulares al cinto? Ni en broma. El Presidente dice que ya llegó a acuerdos con la cúpula empresarial para que el CACIF no interponga recursos de inconstitucionalidad contra su impuesto temporal (¿Se acuerda que el IEMA también empezó como temporal?). Tal acuerdo sería una mofa al Estado de Derecho, porque si un tributo es inconstitucional, ¡lo es y lo sigue siendo! aunque el gobierno y los grupos de interés pacten en que no. Sede |