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040619


Carpe Diem

Intereses y derechos
Luis Figueroa

Armada de taladros y barrenos, una banda de jóvenes perforó la chapa de la puerta de una casa, ingresó en ella, la ocupó y ahora tiene la absurda pretensión de negociar con los propietarios.  ¿Qué hubiera hecho usted, si el inmueble fuera suyo?

Bueno. No importa que hubiera hecho; porque de nada le hubiera servido.  Los invasores, que dicen ser activistas de los derechos humanos y artistas (hagame el favor) se están convirtiendo en estrellas de la prensa
progre; pero usted, un simple propietario, no es más que eso y sus derechos han dejado de tener significado.

Determinados a “tomar un espacio que el sistema les ha negado”, los invasores creen que tienen derecho a organizar veladas culturales, proyectar documentales revolucionarios y bailar, en propiedad ajena.  Todo porque dicen que “la gente necesita el espacio, lo quiere”.  La casa que no les pertenece ha sido puesta, por ellos, “a disposición de quien llegue a ella, buscando un espacio para expresarse”. ¡Hágame usted el favor!

Algo así debe haber pasado con la primera invasión de finca.  Porque hubo una primera invasión de finca, así como ahora hay una primera invasión de casa.

Alguien llegó y ocupó por la fuerza una finca que no le pertenecía.  Adujo motivos que le atrajeran simpatías.  Intimidó a los dueños. Obtuvo apoyo entre los grupos
progres…y de ahí en adelante fue imparable la violación constante del derecho de propiedad de cientos de guatemaltecos.

El mismo Estado carente de autoridad moral para detener aquellas violaciones, es el que hoy enfrenta un fenómeno similar; sólo que en la ciudad de Guatemala.  Un grupo de personas con intereses específicos (y a veces innombrables) está prevaleciendo, por la fuerza, sobre los derechos de otras personas.  Esto es inadmisible no sólo porque es ilegal, sino porque es antietico.

Empero, en estos casos, el que el artículo 42 del Código Penal tipifique el delito de usurpación y sea clarísimo en que “corresponde el inmediato desalojo” es irrelevante; porque lo que es un secreto a voces es que el Estado de Guatemala, dedicado a aplacar las demandas de los más variados grupos de interés, ha perdido la capacidad de proteger los derechos de sus habitantes y carece de autoridad moral alguna para cumplir con su principal obligación constitucional.

Por eso es que hay ingobernabilidad.  No porque no haya aplanadora, ni porque la administración no tenga con quién negociar (porque los partidos políticos son de papel); y tampoco porque sea incapaz de lidiar con las docenas de grupos de presión que sustituyen a los partidos (ONG, delegaciones internacionales, exguerrilleros, cámaras, y otros).  Hay ingobernabilidad no sólo  porque los principios han sido moneda corriente; sino porque ya no hay principios.  ¡No es posible gobernar, porque no hay autoridad moral para hacerlo!

La administración (en los tres poderes del Estado) parece no tener claro que la cooperación social pacífica, y el desarrollo, son imposibles donde los intereses de unos prevalecen sobre los derechos de otros. 

Hace poco algunos de aquellos grupos de presión organizaron un bloqueo general de calles y carreteras para protestar contra los legítimos desalojos de fincas invadidas.  ¿Cuánto tiempo pasará antes de que acciones similares sean organizadas para oponerse a los legítimos desalojos de casas, bodegas, fábricas, edificios y predios usurpados?  ¿Qué administración va a tener autoridad para aplicar el artículo 42 del Código Penal?

Hace unas semanas un amigo que se dedica a los bienes raíces en los Estados Unidos me preguntó si en Guatemala era seguro el derecho de propiedad.  Yo le dije que no, y le di algunos recortes relacionados con las invasiones de fincas y las protestas contra los desalojos.   Y el me dijo que mejor se iría a Belice.  

Ojalá que lo haga, porque si invierte aquí no sólo estarán en peligro sus tierras (quién sabe donde), sino que también lo estará su casa en la ciudad.  Del mismo modo en que ahora lo está la del lector.

Tres cosas buenas: El pequeño concierto de Alphorns presentado por Markus Schneider y sus amigos en Los Alpes, hoy hace ocho;  el ceviche mixto de Zona Deportiva, frente a las canchas de básquetbol en la zona 5; y el pato con mole de doña Lucy de Contreras.

La maldición: Al sujeto que se robó mis zapatos tenis y mis anteojos, en el World Gym, el martes pasado, le deseo que sufra de eyaculación prematura durante el resto de su vida miserable. 

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