| Sede Otras columnas 040508 Carpe Diem Hubris Luis Figueroa La palabra hubris o hybris de origen griego, significa orgullo, presunci�n o arrogancia; pero no cualquier arrogancia, sino una desmedida hasta tal punto que desaf�a a los dioses y a la naturaleza de las cosas. Yo recuerdo la voz de trueno de mi maestro de literatura, el doctor Salvador Aguado-Andreut cuando anunciaba que alg�n h�roe tr�gico griego hab�a traspasado la hubris. ��Ha traspasado la hubris!�, dec�a; y era entonces cuando sobreven�an desgracias terribles. Aqu� y ahora, un ejemplo claro de aquel tipo de arrogancia es el que cometen las autoridades monetarias cuando, en ejercicio del poder que tienen sobre vidas y haciendas, disponen que el precio del d�lar suba o baje a su antojo y en perjuicio de terceros inocentes. Leo un titular: El Banguat sale al rescate del d�lar. Pero antes de seguir hay que aclarar algunos detalles. En el mercado, el precio del d�lar, como todo precio, comunica informaci�n. Cuando el d�lar y los tomates est�n caros, sabemos que est�n escasos; y cuando est�n baratos, sabemos que abundan. Cuando est�n escasos cuidamos su uso y evaluamos detenidamente su compra; pero cuando abundan (y son baratos) los usamos con m�s ligereza. Como en el mercado (de d�lares y tomates) todo est� cambiando constantemente y nada es estable, las decisiones y los actos de las personas tienen que adaptarse al mismo ritmo. �De d�nde obtienen las personas la informaci�n para hacer esas adaptaciones? Pues de los precios. El c�lculo econ�mico y la asignaci�n econ�mica de recursos s�lo es posible si los actores cuentan con precios confiables que lleven y traigan informaci�n confiable. Si alguien llega al mercado y compra camionadas de tomates y los hace escasos, cuando usted llegue a comprar sus dos libras los encontrar� m�s caros. Y lo mismo pasa con los d�lares. Si hasta las piedras entienden lo de los tomates, �por qu� es que las autoridades monetarias no entienden lo de los d�lares? El martes pasado el Banguat compr� US$10 millones para mantener artificialmente escasa aquella moneda y artificialmente alto su precio. Seg�n las autoridades monetarias es malo que el precio del d�lar baje; pero usted, �qu� opina? A los exportadores tambi�n les molesta que baje el precio del d�lar. Ellos aducen que cuando reciben las divisas por las ventas al exterior hay que cambiarlas a quetzales para pagar sus costos de operaci�n, y que con un tipo de cambio bajo ya no reciben lo mismo. Lo que no parece molestarles, para nada, es que usted tenga que pagar el alquiler de su casa en d�lares artificialmente caros, s�lo para que ellos puedan �recibir lo mismo�. �Y qu� pasa si usted compra mercader�a a Q8.13 por US$1, y luego tiene que entreg�rsela a los clientes a Q8.13 por US$1 (�Artificialmente!) Ese da�o no es consecuencia del riesgo empresarial que naturalmente se corre en el mercado; sino el resultado de una decisi�n pol�tica y de la hubris. Las interferencias de las autoridades monetarias en el mercado de divisas no son neutras. Siempre benefician y perjudican a alguien. Ellos lo saben pero tampoco parece incomodarlos. En unos casos lo importante para ellos es la quim�rica estabilidad; pero en otros es el objetivo deliberado de beneficiar a algunos sectores econ�micos. �Hasta los especuladores salen beneficiados por las intervenciones de las autoridades monetarias!; y eso que son su cuco. En vez de correr riesgos con su capital en el mercado inestable e incierto, los especuladores ya saben c�mo actuar� el Banguat y toman sus decisiones con mayor seguridad. La hubris de la Junta Monetaria consiste en creer que saben m�s que el mercado. En creer que nadie se da cuenta de que sus maniobras multiplican los privilegios. En creer que no los van a alcanzar las maldiciones de los que pagan su alquiler en d�lares, las de los que est�n ahorrando para comprar un carrito, las de los que iban a invertir en m�s maquinaria para ampliar al f�brica y en general las de los que reciben una renta fija. La hubris de los h�roes cl�sicos era irremediablemente castigada por los dioses ol�mpicos; pero la de los cabezones del Centro C�vico guatemalteco suele quedar impune. �Tenemos que tolerar semejante arrogancia? Sede |