| Sede Otras columnas 040424 Carpe Diem ¡No más impuestos! Luis Figueroa El Estado de Guatemala está en deuda con sus contribuyentes y sus habitantes. He aquí un ejemplo de por qué: desde que entró en vigencia la actual Constitución, cada administración ha incrementado los impuestos. Con el pretexto de que la anterior no dejó nada, y de que tiene que resolver una inmensa crisis fiscal, cada gobierno nos carga con más tributos. Es cierto que con esa plata extraída de los contribuyentes han sido construidas algunas escuelas y han sido impulsados algunos planes de salud; pero en general el desperdicio ha sido grande. Y el daño a la capitalización del país ha sido inmenso. Lo que no va a parar a las cuentas de funcionarios inescrupulosos (¡Ladrones!, digámoslo claro) se ha diluido en mala administración y en la abulia de la burocracia; sin contar lo que se ha perdido para satisfacer las exigencias de los grupos de interés y de los gorrones. Y todo eso, encima de que impiden la creación de más y mejores puestos de trabajo productivos. (Por cierto, ¿por qué se dice contribuyentes, si el dinero les es arrancado coercitivamente?) Varias veces, muchos de los impuestos pagados han servido para rescatar a los amigos banqueros del presidente de turno; y otras veces han sacado de la pobreza a sus parientes, sus compadres y sus socios. Esto ha sido así una y otra vez, desde la administración de Cerezo, hasta la de Portillo, pasando por otras partes. El gasto público ha crecido y las demandas sobre el presupuesto del Estado se han inflado; y víctimas de aquel insaciable Leviatán, los chapines nunca nos hemos sentado a discutir que clase de gobierno queremos y si estamos dispuestos a pagar el costo de tenerlo. Y ello ha permitido que los que viven del presupuesto de la Nación (o anhelan vivir de él) se inventen más y más exigencias. Este es un buen momento para hacer un alto y tener aquella discusión. El Estado no cesa de exigir impuestos. (¿Algún día gravarán los colochos de guayaba?) Pero ha sido incapaz de proveer las instituciones necesarias para velar que el dinero que les quita a los contribuyentes sea bien administrado. Con alguna timidez se ven pasar algunos recortes, y está por verse si los rateros de la administración pasada terminan todos vestidos de anaranjado. Pero es inadmisible que, en las actuales condiciones, nos exijan más dinero. Yo digo que, con la consigna de ¡No más impuestos!, los guatemaltecos definamos bien con qué clase de gobierno estamos dispuestos a cargar. Que exijamos recortes profundos en el presupuesto del Estado. Que hagamos caer todo el peso de la ley penal sobre los que saquearon las arcas públicas. Que pidamos, sin concesiones, la absoluta transparencia en el manejo de los fondos públicos. Que demandemos la ampliación de la base tributaria y la eficiente recaudación de los impuestos que ya existen. Sólo entonces, si aún hay problemas fiscales, que el gobierno se atreva a pedirnos más del fruto de nuestro trabajo. Les traslado ahora una propuesta concreta: ¡Exijamos una Carta de Derechos del Contribuyente!, como la Taxpayer´s Bill of Rights (Tabor) que, en Colorado, Estados Unidos de América, hizo posible Douglas Bruce. La Tabor limita el gasto público, obliga al gobierno a devolverles los excedentes a los contribuyentes, y a convocar a un referéndum cada vez que quiera aumentar impuestos. He aquí parte del Credo de Bruce: Creemos en impuestos limitados, no en gobiernos ilimitados; creemos en la elección, no en la coerción; creemos en el poder supremo de la gente, no en los privilegios especiales de los políticos; creemos en la libre empresa, no en el socialismo; creemos en la democracia, no en la burocracia, creemos en la libertad personal, no en los derechos de los grupos; creemos en la responsabilidad individual, no en la culpa colectiva; creemos en la caridad privada, no en las dádivas públicas. De verdad que el Estado de Guatemala está en deuda con sus contribuyentes y sus ciudadanos; y para saldarla debe comprobar que es digno de su confianza. ¡No más impuestos para los que viven de la chiche del Estado! ¡No más impuestos para los que viven del trabajo ajeno! Buen teatro. Como ahora ando en la onda de teatro, y porque me gusta compartir cuando encuentro algo bueno en esa actividad, les recomiendo El gran deschave. El título puede confundir; pero si va a verla, se encontrará con una tragicomedia intensa, bien montada y muy bien actuada. Sede |