| Sede Otras columnas Opi 040403 Figueroa Carpe Diem La chapin�sima Luis Figueroa Los guatemaltecos nunca somos tan chapines como durante la Semana Santa. Es en esta �poca cuando desplegamos -con todos sus aromas, sabores y colores- lo m�s rico de nuestra cultura. Ya lo ha comentado antes: La Semana Mayor es la m�s chapina de todas nuestras celebraciones. �Ser� por eso que la pasi�n, muerte y sepultura de Cristo ocupan toda la Cuaresma y toda la Semana Santa, en tanto que su Resurrecci�n a duras penas es conmemorada en un d�a? Otras culturas cristianas, como los WASP y los ortodoxos, por ejemplo, celebran la Pascua, m�s que el martirio. A m�, como me gusta aquella riqueza y no me asusta el sincretismo, me placen cada una de las partes de esta temporada; especialmente las relacionadas con su variedad de platillos y golosinas. Para m�, la fiesta empieza con los primeros anuncios de empanadas; porque me recuerda cuando mi abuela, Frances, compraban empanadas de leche de un lugar (ahora desaparecido) de por all� por La Merced; o cuando mi abuela, Juanita, llevaba las de salm�n, o hierbas, de la Lutecia, en la 11 calle. Ya no hay nada de eso, pero ahora me gustan las de leche, de la San Mart�n; las de at�n, de Pan Rico y las de hierbas, de Friandise. Ahora hay pan durante toda la Semana Santa, pero hasta no hace mucho uno ten�a que aperarse antes de que empezara la temporada; y por eso hab�an unos panes deliciosos (de yemas) que duraban frescos durante varios d�as. Todav�a tengo su aroma en la nariz. Otro componente importante de las tradiciones culinarias, de la Semana Mayor, son los curtidos. A m� no me entusiasman especialmente; pero no me molesta que me los sirvan, especialmente si vienen con aceite de oliva y queso duro. No cualquiera hace un buen dulce de garbanzos. Primero, porque hay que pelarlos y eso quiere paciencia. Segundo, porque si son cocinados en la forma tradicional y si se usan garbanzos locales, puede que se pasmen; y que, en consecuencia, queden duros. Ahora eso se soluciona con el uso de la olla de presi�n y el de garbanzos importados; pero yo recuerdo que La Mamita (mi t�a abuela) tomaba toda precauci�n posible para que sus garbanzos no se pasmaran. Y tercero, porque si no calan bien, los centros quedan desabridos y el plato pierde m�rito. Esta es la �poca de jocotes mara�ones, tambi�n conocidos como anacardos. Estos frutos intensos y sensuales no me gusta comerlos enteros; pero en refresco son formidables. Hay pocas cosas tan refrescantes como un buen vaso de refresco de jocotes mara�ones. Recuerdo que cuando era ni�o, antes de poner a asar las pepitas de mara�ones para extraer su exquisito interior, les pint�bamos ojos y boca y hac�amos caras de micos con ellas. Lo mejor de esa fiesta de sabores es el bacalao. Muchos de ustedes ya saben que me enloquece el bacalao y que para m� es bocatto di cardinale. Seg�n la receta de mi bisabuela, Adela, comienzo por dejarlo en agua durante la noche para quitarle la sal. Luego lo corto en cubos y lo fr�o en abundante aceite de oliva, con ajo y cebolla. A eso le a�ado tomates asados, ligeramente sazonados con chile guaque (lo del chile fue cosa de mi madre) y licuados. Y de �ltimo le agrego tiras de pimientos morrones, aceitunas y alcaparras. �Chispas!, c�mo se me hace agua la boca. Ya me veo remojando unos franceses de horno de le�a en esta salsa magn�fica. En la tradici�n chapina hay otra forma de comer pescado. Esta es la del pescado seco envuelto en huevo y servido en un caldo con verduras. Tambi�n esta forma es deliciosa. Y claro que todo esto es mejor si a uno le llegan los aromas del corozo, de los mara�ones y del incienso. Ya fuera en el mar, en Panajachel, o donde quiera que estuvi�ramos el domingo de Pascua, mis padres siempre escond�an huevos de chocolate para mis hermanos y para m�. Al principio nos trag�bamos el cuento del conejo; pero cuando crecimos, la leyenda fue guardada en el mismo caj�n donde ahora reposan Santa Claus y el rat�n de los dientes (un d�a les contar� lo que hac�a mi padre con el rat�n de los dientes). La Semana Santa chapina es tiempo de meditaci�n; pero tambi�n de vacaciones y de costumbres barrocas. Para m�, es la �poca en que me siento m�s guatemalteco; y aprovecho para goz�rmelo. Sede |