| Sede Otras columnas 040313 Carpe Diem Supersticiones Luis Figueroa ¿Qué chapín, que se precie de serlo, no conoce la riqueza supersticiosa de los guatemaltecos? Decenas de mitos, leyendas y supersticiones engalanan nuestra cultura popular; y están presentes en nuestra vida desde la cuna, hasta la tumba. Afortunadamente, la mayoría de ellas son inofensivas, aunque sean macabras. ¿Quién no sabe que una mariposa negra anuncia la muerte? “¡Cuidado Luis!”, me dijo una vez el doctor Lizama cuando andábamos caminando por la orilla del lago de Atitlán y oímos cantar un búho. “¡Cuando el búho canta, el indio muere!”, me advirtió. Hay que estar alerta con eso de las supersticiones porque pueden causar inquietud. Yo, por ejemplo, no sabía que a una pareja de novios no hay que regalarles cuchillos, porque atraen pleitos. Así que una vez, que regalé unos, la novia me los tuvo que comprar por un centavo, para no ocasionarse líos. Regalar pañuelos, por si no lo sabe usted, también atrae riñas. Se supone que los caracoles y los cactos traen mala suerte. Las mujeres no ponen sus bolsas en el suelo por miedo a que se vaya el dinero. Si una mujer embarazada ve un eclipse, se cree que su hijo saldrá con una mancha. Se cree que si se cae un cuchillo vendrán visitas, y que si uno pone una escoba detrás de la puerta, las visitas se marcharán. Eso hice una vez, cuando tenía como 10 años, y usted hubiera visto la mirada que me echaron mis papás. En el campo, si hay tormenta, hay que hacer una cruz en la tierra y parar en ella el machete (a ver si no funciona como atracción para los rayos). En martes, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes, dicen las viejitas. Ahora que viene la Semana Santa, hay que acordarse de que no es prudente nadar en Viernes Santo, so pena de volverse pescado. Y a propósito de Semana Santa, ¿quién no recibió una nalgada el Sábado de Gloria? Por si no lo sabe, eso es para que uno crezca. He dicho que este tipo de supersticiones son inofensivas, graciosas y enriquecedoras de la cultura popular. Pero hay otras perversas, perniciosas y nefastas. Hace unos días un par de columnistas sugirieron que en vez de una maratón de lápices se organizara una maratón de impuestos. Y yo digo, si van a causar perjuicios profundos en la economía y en la moral tributaria, basados en la superstición de que los impuestos contribuyen al desarrollo y al bienestar, ¿por qué mejor no organizan una orgía de tributos, o un aquelarre impositivo, en vez de una maratón? ¿Por qué digo esto? Porque si los impuestos no son neutros, alteran artificialmente la toma de decisiones de los actores económicos y la asignación eficiente de recursos escasos. Porque si los impuestos gravan los rendimientos de capital, asfixian las posibilidades de ahorro y de inversión y, por consiguiente, ¿quién no lo sabe?, la generación de más empleos y de mejores salarios. Adicionalmente se le hace creer a la gente que es moralmente aceptable tomar el fruto del trabajo ajeno, por la fuerza, para financiar intereses propios. Supersticiones como esta degeneran la caridad y la solidaridad en un sistema en el que los intereses de unos (los buscadores de rentas y los free riders) tienen prioridad sobre los derechos de todos. Por eso es que los que viven de presupuesto del Estado se oponen a reducirlo. Otra superstición popular, y altamente perjudicial, es la que supone que el crecimiento económico no es lo más importante para reducir la pobreza. A ver. ¿Qué es lo contrario a la pobreza? Pues la riqueza. Se es rico cuando se tiene, o se genera riqueza; y se es pobre cuando no se tiene, o no se genera riqueza. Uno puede ser muy educado y muy instruido; pero si no tiene para pagar la renta, para pagar el colegio de los patojos, para pagar la consulta del médico, y demás, entonces uno es pobre. Una vez escuché la supersticiosa creencia de que si una persona aprende a leer y a escribir, entonces puede triplicar su salario. ¡Claro!, en el supuesto de que hay un empleo. Y esto último sólo es posible si alguien más ha ahorrado, e invertido en capital, y creado una, o cien plazas. Si vamos a luchar contra la pobreza y las desigualdades, y queremos tener éxito, deberíamos hacerlo sin apoyarnos en supersticiones funestas. ¡Ya basta!: Terroristas como los del ETA y Al Qaeda son enemigos de la civilización. Como tales deberían ser perseguidos, juzgados y condenados. Sus acciones destructivas y criminales no tienen justificación alguna. Va, para los españoles, un abrazo de solidaridad. Sede |