Sede          Otras columnas


Opi 040207 Figueroa


Carpe Diem


¿Pacto, o no pacto?
Luis Figueroa

Como regalo del Día del Cariño el presidente Oscar Berger nos ofrece el Pacto Fiscal; y los guatemaltecos deberíamos contestarle “Aparta de mi este cáliz”. 

Esto es, por lo menos, hasta que la administración no nos demuestre, de forma inequívoca, dos cosas:

Primero, que racionalizará el gasto del gobierno.  Se ve, con alegría, que la Secretaría de Obras Sociales de la Presidencia ya empezó un programa de reducción de gastos que alcanza Q8 millones.  Se ve, con alborozo, que en el Ministerio de Educación están siendo eliminados programas onerosos.  ¿Cuándo se verán recortes parecidos en Defensa, Medio Ambiente, Energía y otras dependencias del Estado?

Segundo, que su administración es digna de confianza.  Vemos con regocijo que están encaminadas algunas investigaciones contra Alfonso Portillo, Paco Reyes, y sus cómplices.  Vemos con algarabía que está siendo revisado el rol del Parlacen.  Vemos con felicidad que ya hay una comisión pesquisidora para investigar al Fiscal General.  Es motivo de agrado que Carlos Vielmann ande detrás de las declaraciones de probidad de los funcionarios.

Vemos, con optimismo, que hay una diferencia abismal entre esta y la anterior administración; pero como consecuencia de haber sido engañados tantas veces, los chapines deberíamos cuidarnos mejor y no darles, a los grupos de interés y de presión, carta blanca para negociar un Pacto Fiscal. 

Con respecto a la racionalización del gasto, no es como creen algunos, que deberíamos tener un gobierno débil.  Al contrario, necesitamos un gobierno fuerte y sólido para que se concentre, sin escatimar esfuerzos, en garantizar el cumplimiento de los dos primeros mandamientos.  Que se concentre en garantizarnos seguridad y justicia a los habitantes de Guatemala.  Lo que sí hay que reducir es toda la grasa que hace pesado e inútil el complejo aparato que tenemos ahora.

Y con respecto a la confianza, la construcción de esta debe pasar por la persecución, juicio y castigo a los corruptos del régimen anterior; sino a evitar que haya corrupción en esta administración.  Pero no sólo eso. Antes de pedirnos más dinero, el gobierno debe probarnos que tiene capacidad para ampliar la base tributaria y para recaudar los tributos que ya existen.  Está probado que de nada sirve subir y subir impuestos, si el recaudador es incapaz de cobrarlos.

La construcción de la confianza también pasa por el diseño de una política monetaria, cambiaria y crediticia que no sea papas y pan pintados. Que no sean una ilusión basada en el endeudamiento y el cultivo de una nueva bomba monetaria.

Recordemos que el endeudamiento es sólo un impuesto diferido; y que ese dinero fácil, obtenido mediante el ofrecimiento de altas tasas de interés, lo vamos a tener que pagar renunciando a una buena parte del fruto de nuestro trabajo.

Aprovechando que goza de la simpatía y del optimismo de mucha gente (y antes de hacerles caso a los socialistas, a los buscadores de rentas y a las burocracias internacionales) la actual administración debería sentar las bases sólidas para una política fiscal que en vez de inhibir las inversiones, las fomente.  No con privilegios, ni con recelo, sino con respeto a la propiedad y a la igualdad de todos ante la ley.

En ese sentido, y habiéndonos probado que podemos confiar en ellos, después de por lo menos un año fiscal completo, podemos hablar de un pacto.  Un pacto con los contribuyentes, digo; y no uno con representantes de grupos de interés.

En ese sentido vale la pena recordar algunos principios y hechos relativos al tema, expuestos hace 20 años en un libro de Fritz Thomas, llamado
IVA: 1. El gobierno sólo puede obtener dinero si nos obliga a usted y a los demás contribuyentes a renunciar a una parte de nuestros ingresos; 2. Si la política fiscal no tiene objetivos limitados y específicos, la carga se hace confusa y pesada; 3. Hay una relación proporcional entre la carga fiscal que soportan las personas y el decaimiento en su capacidad para producir, consumir, ahorrar e invertir; y 4. El poder de imponer tributos implica el poder de destruir.

Con aquello en mente queda claro que un pacto fiscal, orientado principalmente a subir los
impuestos, es absolutamente inaceptable.


Sede
Hosted by www.Geocities.ws

1