LA LECTURA: DEL DIÁLOGO CON EL AUTOR AL ENCUENTRO CON LOS OYENTES

 

Francisco Galera Noguera

(Universidad de Almería)

 

 

PERSPECTIVA ACTUAL DE LA LECTURA

 

Pedro Laín Entralgo definió la lectura como silencioso coloquio del lector con el autor. Esta idea del que fuera presidente de la Real Academia Española enlaza con la perspectiva actual de la lectura como proceso interactivo.

La lectura constituye hoy una preocupación para nuestra sociedad, especialmente para los docentes, conscientes de su importancia como herramienta básica para acceder al conocimiento y a la información en general. Por supuesto, no minusvaloramos las aportaciones de los medios audiovisuales y de las nuevas tecnologías (NTIC), dada su importancia y auge crecientes, contribuyen a una formación más abierta, rica y cosmopolita del ciudadano del nuevo milenio. Aunque en nuestros días, y no es un tópico, es fácil comprobar cómo el uso de la lengua, en especial el léxico y la expresión oral, está sufriendo una degradación. Este deterioro es objeto de honda preocupación por parte de los profesionales de la enseñanza y de los organismos e instituciones relacionados con el idioma. Académicos, didactas y profesionales de prestigio han dado la voz de alerta y han advertido de los peligros que este empobrecimiento de la lengua conlleva. No podemos conformarnos con atribuir toda la responsabilidad a los demás, quejándonos de la influencia de los medios de difusión, no siempre ejemplares en el uso de la lengua y recurriendo a la excusa de la falta de tiempo para la lectura por nuestra actual forma de vida, más activa que reflexiva. Ante estos hechos y la ya referida pobreza de los alumnos, debemos actuar, intentando paliar, mejorar y, en lo posible, solucionar estas deficiencias, comenzando por las concernientes a la lectura. Vivimos en la cultura de la palabra, que pierde terreno ante la cultura de la imagen, cuyos retos tecnológicos asumimos, pero no olvidemos que en nuestros días el ruido, las prisas, el pluriempleo y el permanente y absurdo sin vivir nos limita la capacidad de dialogar con nosotros mismos. La lectura nos puede ayudar a ese encuentro con nosotros mismos y con los demás a través de los textos.

 

Pero, antes de analizar el proceso interactivo de la lectura, debemos detenernos en el concepto actual de lectura cuya descripción, apoyados en los textos de Antonio Mendoza (“El proceso de la recepción lectora” y Tú, lector), ofrecemos a continuación. Leer es bastante más que saber reconocer cada una de las palabras que componen el texto: leer es, básicamente, saber comprender, y, sobre todo, saber interpretar. La lectura, pues, no es un acto de descodificación de las combinaciones de letras, palabras o enunciados que presenta el texto, sino un proceso complejo apoyado en expectativas y en inferencias personales sobre el significado que establece el lector en función de su intertexto. Saber leer es saber avanzar a la par que el texto e integrar nuestras aportaciones (saberes, vivencias, sentimientos, experiencias, …) para establecer inferencias de comprensión y, finalmente, elaborar su interpretación. Leer es interaccionar entre los modelos textuales y los saberes del receptor.

 

La comprensión lectora ya no puede, pues, ser entendida sólo como una labor de descodificación, traducción o reconocimiento de palabras y frases, como si lo único importante fuera el texto. Se trata más bien de un proceso interactivo entre la acción del sujeto y el contenido del texto. Estos dos polos, texto y lector, son los dos ejes sobre los que rueda el proceso de la lectura. Por eso, para el profesor Mendoza, el interés que suscita actualmente el proceso lector se debe, en primer lugar, a que la lectura se ha entendido como una actividad básica para la construcción de saberes porque integra y reestructura diversidad de conocimientos, a la vez que exige la participación del lector, que es el responsable de la atribución de significados y de la formulación de interpretaciones, además de ser personalmente, quien fija la ordenación cognitiva de las estructuras y referentes textuales. A partir de aquí son muchos los aspectos y los niveles de intervención que se tendrán en cuenta; por ello, se habla de un proceso multinivel: desde los procesos inferiores y perceptivos (ojo-oído), hasta los superiores, integración de significados a través de los procesamientos sintáctico y semántico.

 

Es, por tanto, la lectura un proceso muy complejo que requiere dedicación y esfuerzo y la comprensión lectora, el gran reto que nos planteamos los docentes. Es positivo para el Área de Lengua y Literatura que donde más claro consenso encontrara la Comisión de Humanidades, tras intensas y a veces apasionadas discusiones, al emitir el dictamen de junio de 1998, fuera en la enseñanza de la Lengua y en la creación de hábitos de lectura.

 

EL PROCESO LECTOR: INTERACCIÓN Y RECEPCIÓN

 

Para una perfecta comprensión de la lectura como diálogo, debemos detenernos en el análisis de los diversos modelos de la comprensión lectora. No existe consenso en cómo estos niveles se relacionan funcionalmente. Lo que nadie pone en duda es que la comprensión lectora está dirigida simultáneamente por los datos del texto y por el conocimiento preexistente del lector. Es la convergencia entre lo que el texto dice y lo que el lector predice.

 

El modelo ascendente (bottom up) considera la lectura como un proceso secuencial y jerárquico. Este proceso comienza en la grafía y asciende hacia la letra, palabra, frase, texto (proceso ascendente). Lo fundamental aquí es la descodificación. El lector parte de lo más simple, la letra, hasta llegar a lo más complejo, el texto. Así pues, lo que guía al lector en este modelo son los datos. Por tanto, este punto de vista concede especial interés al texto, no al lector. Esta perspectiva ha gozado de importancia tanto en la investigación como en la enseñanza. Pero tiene varios puntos débiles, como, por ejemplo, identificar evaluación e instrucción. En la perspectiva del bottom-up la comprensión lectora queda reducida al resultado. No se tiene en cuenta el proceso. Las actividades de enseñanza específicas referidas a la compresión lectora no se dan, puesto que para que exista un proceso de enseñanza-aprendizaje hay que incidir en el mismo con el fin de guiarlo hacia unos objetivos determinados. Ésta es, a nuestro juicio, la mayor limitación de este modelo desde el punto de vista didáctico.

 

Para el modelo descendente (top-down) el proceso de lectura comienza en el lector, no en el texto. Se postula un procesamiento unidireccional y jerárquico también, pero en sentido descendente. La búsqueda de significación guía las actuaciones del lector durante la lectura. Además, se asume que el procesamiento del texto en los niveles inferiores (sintáctico, de reconocimiento de palabras, de descodificación) se encuentra bajo el control de procesos inferenciales de nivel superior.

 

Los conocimientos y experiencias del lector priman sobre el texto o mensaje para acceder a la comprensión lectora. Así pues, en este modelo el núcleo de la lectura es la comprensión. Lo importante es el lector. Lo que el lector percibe es la totalidad, que no se reduce a la suma de las partes.

 

La insuficiencia de estos dos modelos origina un tercero que integra los aspectos positivos de ambos y supera las insuficiencias de los mismos. Es el modelo interactivo que interpreta la lectura como el proceso mediante el cual se comprende el lenguaje escrito. La comprensión está dirigida simultáneamente por los datos del texto y por el conocimiento previo del lector. El proceso de comprensión es un proceso de emisión y verificación de hipótesis. Tiene que haber un equilibrio entre el texto (autor) y la interpretación del mismo (lector.) Este modelo no se centra exclusivamente ni en el texto ni en el lector, aunque se acerca más al modelo descendente (top-down) que al ascendente (bottom-up). Se inspira en el modelo cognitivo, al igual que el modelo top-down. El tipo de procesamiento es simultáneo o en paralelo y no lineal o serial como en los dos anteriores.

 

La comprensión es un proceso de construcción de inferencias, caracterizado por la formación y comprobación de hipótesis acerca de lo que trata el texto. De ahí que la mayoría de los modelos hayan utilizado el constructo de esquema de conocimiento como principio explicativo. Comprender consiste en seleccionar esquemas que expliquen el material sobre el que se trabaja y verificar que esos esquemas realmente lo explican. Así pues, para comprender un texto es necesario que el lector posea un esquema que le permita relacionar lo que el lector ya sabe con lo que le aporta el texto.

 

Entre los representantes de este modelo interactivo está Rumelhart. Para este autor, en la lectura no se da un procesamiento lineal o serial, sino simultáneo o en paralelo. Toda la información (variables textuales: reglas ortográficas, sintácticas, etc.) está relacionada con los bloques constituyentes de la cognición: los esquemas.

 

En esta perspectiva interactiva se prioriza la aportación del lector en la construcción del significado y se ubica la importancia del texto en el lugar que le corresponde. Para Antonio Mendoza: "Cada texto nos ofrece particulares estímulos textuales y cada uno de nosotros, como lectores, somos los responsables de hacer que el texto cobre vida porque somos los agentes de su actualización. Saber leer es saber interaccionar con el texto, seguir sus indicaciones, observar sus peculiaridades, advertir su intencionalidad y aportar nuestros conocimientos y habilidades para relacionar los aspectos formales y conceptuales que cada obra, cada texto, intenta transmitirnos".

 

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