Luis Cardoza y Aragón
El Brujo
La poesía es la paloma
que vuela en el vacio
En estos paseos divagatorios con
El Brujo, el cariño y la estimación coadyuvan a comprender las
diferencias que no cultivamos. No son las simpatías sino las
diferencias las que fortalecen las afinidades y los afectos
sustantivos.
El Brujo es poeta. Nada más. Desde su obra
inicial es patente el don lírico de su palabra. Su cultura,
enrquecida con los conocimientosde los grandes libros sagrados y
de haber profundizado en ellos es distante de la cultura del
maduro adolescente José Juan Tablada, por ejemplo;
y de enjundia y de tono muy distintos de la quieta cultura de
Alfonso Reyes. ¿Por qué los recuerdos ahora que abrazo al
Brujo? Como los chivos pelotitas, Tablada expelía haikús.
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No sé si el Brujo llegó a la poesía, a la filosofía, a los textos sagrados y al esoterismo de las culturas orientales por simpatía on lo que corroboraba su visión del mundo: mágica , profética, erótica, mítica y trasendentalista. Como todo brujo que me importe recordar, juega con su serpiente con plumas de escribir. Al Brujo le encantan, en todo sentido semánco, las traducciones metafóricas de lo mítico y de lo precorteciano a lo actual, por sugerentes o por sus titubeantes consistencias de pirámide de rocio. Nada dicen diciendo mucho o mucho dicen diciendo nada. Somos más vulnerables a lo imaginativo y a lo imposible que a lo lógico. Tener la razón, aparte de espejismo, es tener efímera nube exigua. La razón nunca está inmobil.
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El juego del intelecto se funda en que su visión interrumpe diferente y simultanea por cada una de las facetas de su ojo de mosca que desprecia aprender a sumar. La potencia n es la única satisfactoria. A ésta la persiguen las drogas y se alcanza, si se alcanza, por limpidez visionaria de la imaginación razonante.
En los temas sociales, los conceptos del Brujo suelen ser esquemáticos, porquw son imaginativos, más que análisis científicos;pero no hay abandono alguno y excluye las asociaciones inmediatas; y lo que se antoja decida o desenfreno de sofismas suele ostentar cimientos. El desarrollo de su esquema es, a veces, aunque prolijo, sin palabras extraviadas; pero, más que la sustancia de su desarrollo, me atañe su sintaxis. ¿No lo convence la razón? ¿Qué hay detrás de ella? su rumbo siempre está por encontrarlo y siempre se camina en busca de si mismo. Sus convicciones son desesperadas. Su irracionalismo imaginante no me desespera; me regala esperanza. Porque concibe clarividentemente, organiza con dificultad invisible.
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L
arevolución, a la cual Artaud aspiraba en el gran teatro del
mundo, empezaría por la transfigura ción de lo real y de lo
imaginario gastado. Aún no distin go la trascendencia que Artaud
concedía a la palabra crueldad; incontestablemente, vive la
crueldad más allá de su noción contigua. Artaud, a quien hay
que leer percibiendo que a veces no hay sino recurrente
"metafí sica del Ser", asevera: "Yo no separo mi
pensamiento de la vida". Ningún poeta lo hace. ¿Piensan
105 poetas?
Artaud, aurora boreal sobre arrebato propio y un~ co. Un surtidor
de energías. Se requiere estar loco para creer sólo en la
razón. Se requiere soñar para creer en la realidad. No desecho
en ninguna instancia a lo intui tivo; no me refiero a
perversiones. La surrealista es su rracional. La poesía del
Brujo introspección imprevista para la razón razonante, cargada
de espontaneidad y de infalible azar. Escribir no con palabras,
sino con si labas y silencios suspensivos.
(Me aproximo a mis amigos y sus trabajos nada mas como
rejoneador. Así, los dibujo increiblemente. No me encariño con
ellos microscópicamente; me encariño ca leidoscópicamente,
jardineando, quitando cizaña, propí ciando la flor y la espiga.
No muestro ni andamios ni cimientos. Me dedico a lo terminado,
figurándome que lo previo es conocido. A la función y no a la
anatomía.)
Algunos, como André Breton, habrían despreciado las intuiciones
que prodigan conocimientos a las digre siones del Brujo. Se
gargarizaba con irascible fraseología a fin de pulverizar a los
adversarios. Con furia encaraba aun las disparidades que surgían
no sólo cordialmente sino afectuosamente. Fue hombre seguro de
sí mismo, un obcecado quisquilloso que imaginaba acaparar la ra
zón y ser su depositario único y su único custodio, de tal
suerte que no quedaba para los otros ni una brizna de ella. Tal
peculiaridad, en un poeta con su genio, aduce in dicios del
origen de parte de sus problemas políticos y de sus tajantes
rupturas. Su rabia gélida, con grandflocuen cia de trombón, por
la intensidad placía. El ingenio para la injuria fue magistral
en los surrealistas. Al sobrepasar su límite, fundaban una
proeza surreal, expandían el idioma inverosímilmente y era
hermosa la injuria, como toda lujuria, como todo infinito.
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El Brujo en su madurez. Han concluido las "van- guardias". ¿Cómo puede concluir lo que siempre ha existido? Las adolescencias sensibles perseveran en lo que suponen lo más avanzado, en lo que rompe con lo tradicional. Execran la rutina; persiguen desaforada mente, como acostumbra ser tal edad, lo inusitado, con íntegro y justo olvido de que todo es nuevo bajo el sol. Los relojes han muerto.
Huidobro resumió así la estética del creacionismo:
¿Por qué canláis la rosa, oh, poeta? Hacedia florecer en el poema.
Y, también, en 1917 (Horizon Carré) "Fa ¿re un POÉME contme la nature fuji un arbre". "El poeta es un pequeño dios."
Como Ovidio lo afirmó. El Brujo
coincide más bien con
Sartre (en su Baudelaire): "parásito de una clase
parásita".
Valéry: "Pour un poète, il ne s'agitjamais de dire qn 'ji
pient.
Ii s'agtt de créer la piule." Es síntesis, invocación al
Verbo
bíblico; nombrar para el ¡Fiat lux!
Apollinaire, en Lajolie rousse, cuando ya se considera un homme
plein de sens connatssant la vie et de la mart
ce qn'nn vivant pent connaitre" pide indulgencia a quie nes
fueron la perfección y el orden, en la larga querella del orden
y de la aventura, para quienes son buscadores de la aventura. No
sólo indulgencia pide, también piedad para quienes combaten
siempre en las fronteras de lo ili mitado y del porvenir, piedad
por los errores, piedad por los pecados. Con dos líneas caía
más que con su célebre conferencia L'Esprtt nonvean et íes
poetes.
Conoció el Brujo lo más novedoso; es decir, lo que luego
envejecería. Qué decadente si no hubiese sido asi. Proliferaban
los "ismos" y en vez de heliotropo, escribie ron
aeroplano. Se planteaba problemas que no existían. Aún hoy, la
vigilia le dispersa; lo congrega el sueño.
Nunca ha comprendido el Brujo por qué pedir indulgencia y piedad
para aquellos que buscan, en vez de pedirlas para los otros. El
artista vive al abordaje de lo limitado y del porvenir, cuando
menos lo semeja.
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L o unico válido en los manifiestos es su efimeridad. Su ceño grave nos hace sonreír. Cuánta adustez en
ellos Y en la "La Bella Pelirroja" maravflla el hambre de
fuga y de otra cosa, maravilla la excitación a ir al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo que desveló a Romero y evocó Baudelaire.
Instintivamente admite el Brujo que los clásicos sin ven aún para las nuevas situaciones; y al cambiar los pas tores de Garcilaso por astronautas apenas si se accede a la periferia de la periferia. El adolescente se deslumbra por sensible, por vitalidad, por ignorancia, por tirarse de cabeza en donde, en apariencia, el diamante se confun de con el vidrio.
De niños y de adultos lo inexplicab]e nos fascina. Vivir la vida. Vivir la edad. Urgencia de parricidio y de ilusión es echar al río a la Victoria de Samotracia, a fin de que surja época nueva. Helénica, maya o neolítica, la época es siempre nueva. Y si siempre es nueva, es vieja siempre. El tiempo no existe. Ser. Se es lo que sucesiva mente se es. Una palabra soy. Una teoría de palabras es una tormenta real y abstracta. Para Píndaro el hombre es la sombra de una sombra.
Existe la muerte que nada tiene que ver con el tiempo; a lo que sumo, apunta el Brujo, con los relojes y los calendarios. Dijo Braque: "Nunca tendremos repo so. El presente es perpetuo". Los presocráticos. Lo repi te el Brujo, más próximo a una oposición que a una comparación. La paradoja es el camino más corto para ascender a donde no se esperaba. Valéry: "El pasado Co mienza en el presente y termina en el porvenir
es
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