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Algunas tesis para un
debate
sobre los VALORES
Por Antonio Argandoña
Es verdad que se ha escrito ya mucho
sobre los valores, y no me refiero aquí a los valores económicos o mobiliarios,
sino a los que nos guían en la acción. Ahora bien, la acumulación de materiales
escritos no garantiza la calidad y coherencia del pensamiento contenido en
ellos. Por ello, este artículo pretende ser una reflexión más sobre los valores,
un intento de contribuir a poner un poco más de orden en la gran variedad de
proposiciones que se formulan sobre ellos, en el discurso científico y en la
vida ordinaria, empezando por mis propias ideas sobre el
tema.
INTRODUCCION
Mi objetivo es contribuir al debate sobre
la calidad de los valores que profesamos y vivimos, sus fortalezas y
deficiencias, si es legítimo intentar cambiarlos y cómo se puede conseguir esto.
En concreto, me interesa analizar en qué puede consistir un debate sobre los
valores y cómo puede ponerse en marcha. Porque los valores suelen ser apreciados
en nuestro entorno cultural algunos más que otros y, sin embargo, se evita a
menudo la discusión abierta sobre ellos.
Esto puede deberse a que la
manera de entenderlos excluye precisamente ese debate. "Yo tengo mis valores
parecemos decir y tú tienes los tuyos; yo no intentaré convencerte de que mis
valores son mejores que los tuyos; respeta tú también mis actitudes axiológicas,
porque -y este es un supuesto que me parece que impregna muchas de las
discusiones sobre el tema- no hay criterios objetivos para defender la primacía
de unos valores sobre otros". De modo que quien censure los valores ajenos (o,
al menos, algunos de ellos, más "políticamente correctos") corre el riesgo de
aparecer como intolerante o fanático, algo que se considera inadmisible a la
hora de construir una convivencia democrática. Pero la aceptación de estas
hipótesis convierte el diálogo sobre los valores en algo insípido, e incluso
cínico.
El método que utilizaré en este trabajo será la presentación de
un conjunto de tesis de contenido y alcance muy diferentes, más aún, algunas de
ellas son más hipótesis provisionales que resultados contrastados. Empezaré
tratando de algunas ideas generales sobre los valores, para ocuparme luego de
los valores individuales y sociales, de los niveles y la jerarquía de los
valores, de su variedad y objetividad y del relativismo axiológico, del declive
o crisis de los valores y de cómo se forman y consolidan, para acabar con las
conclusiones.
Antes de continuar, me parece importante aclarar que el
punto departida de mi análisis no es la definición de los valores (es poco
probable que nos pongamos de acuerdo sobre ella), ni siquiera "mi" definición
(pues las probabilidades de aceptación son aún menores), sino la idea vaga,
imprecisa y quizás poco coherente con que ese término se utiliza en el lenguaje
popular y en los medios de comunicación. Porque no pretendo dar una explicación
teórica sobre los valores, sino explorar hasta dónde podemos llegar en el debate
sobre los mismos, partiendo de la concepción popular vigente y soslayando, en la
medida de lo posible, las dificultades que presenta la diversidad de puntos de
vista. De ahí que, por ejemplo, no intente, en ningún momento, dar una
definición de valores.
LOS VALORES
Empecemos con una afirmación de
existencia:
Tesis 1: Todos los hombres y mujeres llevan a cabo
valoraciones.
Esto es así aunque no seamos conscientes de ello. Estamos
juzgando y valorando continuamente las cosas, los acontecimientos, las
informaciones, etc., para decidir y actuar. Y valorar es crear o atribuir
valores.
Pero me parece que cuando hablamos de "valores" pretendemos ir
más allá de la mera "valoración" de cosas, acontecimientos o personas concretas.
Cuando manifestamos que la última película que hemos visto es "buena" o "rnala"
estamos haciendo un juicio de valor, pero probablemente no afirmaremos que ese
juicio forma parte de "rnis valores", como lo diríamos de la lealtad, el sentido
de la justicia o la tolerancia. Por ello, me parece que podemos
afirmar
Tesis 2: Los valores motivan y definen las decisiones de las
personas "desde dentro" de ellas mismas.
Lo que implica una cierta
consistencia, arraigo o permanencia, más allá de las meras valoraciones
ocasionales. Debo reconocer que esta distinción entre "valoraciones concretas" y
"valores" es ambigua, pero me parece que eso es lo que eso es lo que encontramos
en el debate sociológico y ético sobre el tema. Las valoraciones concretas
pueden ser consecuencia de los valores (la película me gusta porque destaca el
sentido de la justicia, que forma parte de mis valores), o de meros gustos o
preferencias (me gusta el helado de vainilla).
En este sentido, los
valores se parecen a las virtudes. Y sospecho que lo que queremos decir cuando
afirmamos, por ejemplo, que nuestra sociedad considera a la justicia como un
valor, es que sus ciudadanos tratan de vivir la justicia como virtud. Pero el
hombre de la calle, los medios de comunicación y no pocos expertos parecen
preferir hablar de valores y no de virtudes. Por ello, no insistiré en la
proximidad entre ambos, entre otras razones porque:
1) Algunos valores
tienen un contenido más social o político que ético y, por tanto, no pueden
identificarse directamente con las virtudes. Tal es el caso, por ejemplo, de la
democracia (lo que no quiere decir que la práctica de la democracia no implique
o exija el ejercicio de virtudes).
2) Los valores no forman una "segunda
naturaleza" en los sujetos, como ocurre con las virtudes. Uno puede adherirse a
la veracidad como valor, y tratar de comportarse de acuerdo con él, pero no
tener adquirida la virtud de la veracidad, porque le falta el hábito de ser
veraz. En este sentido, los valores tienen un sentido más ligero, menos
arraigado y, probablemente, más mudable que las virtudes, aunque, a la larga, si
uno se esfuerza por vivir siempre de acuerdo con la sinceridad como valor
acabará viviendo la sinceridad como virtud (quizás sin saberlo).
Tesis 3:
Los valores tiene una dimensión subjetiva.
Porque no hay valores sin
alguien que valore. Ahora bien, esa dimensión no agota el contenido de los
valores, que hacen siempre referencia a realidades que merecen ser valoradas
porque son buenas (pero somos nosotros los que las valoramos así). Volveremos
más adelante sobre este tema que, por ahora, nos permite
presentarla
Tesis 4: La palabra valor tiene un sentido ambiguo.
No
tanto porque la apliquemos a diversas realidades culturales, sociológicas,
económicas o éticas la pluralidad de significados de las palabras forma parte de
nuestro lenguaje desde sus orígenes, sino porque no hay una definición de valor
universalmente aceptada, de modo que utilizamos el mismo término para contenidos
distintos. Pero esto significa que:
Tesis 5: En los debates sobre valores
suele haber muchas discrepancias.
Lo cual no nos debe extrañar, ni debe
desincentivar el diálogo. Pero si al lector no le parece que, efectivamente, hay
agrias polémicas sobre los valores, es quizás porque ha oído hablar poco de
ellos. Y es que
Tesis 6: En nuestra sociedad (occidental, europea,
española) hay un cierto pudor, una resistencia a hablar de los valores.
Y
más aún a intentar convencer a otros acerca de algo que tenga que ver con los
valores (pero esta es una tesis sobre nuestra cultura, no sobre los valores).
Ahora bien, no debemos dejarnos amilanar por estos comentarios,
porque
Tesis 7: La ambigüedad de la palabra "valor" puede ser una ventaja
a la hora de iniciar un debate sobre los valores.
En efecto, es este un
término "light" con el que se puede evitar el uso de otros más compactos y
precisos (virtud, principio, norma), que suelen exigir una mayor finura en la
discusión, y que pueden provocar recelos (infundados en el plano científico,
pero, a menudo, presentes en el ideológico). De este modo, a partir de
afirmaciones genéricas sobre las causas de conductas incorrectas (insolidaridad,
discriminación contra las minorías, violencia, consumismo, ... ), es
relativamente fácil orientar el debate hacia los valores ausentes.
La
debilidad de la tesis 7 se pone de manifiesto cuando la formulamos al revés y
afirmamos que los esfuerzos por precisar el concepto de valor pueden ser
contraproducentes. Porque si, como decían los escolásticos, "donde no hay
distinción hay confusión", empezar con conceptos explícitamente confusos no
puede ser una vía adecuada para un diálogo fructífero. Pero, como ya he dicho
más arriba, mi propósito no es presentar aquí una definición de valor, sino
trabajar a partir del concepto popular, impreciso, del mismo.
Tesis 8:
Los valores se identifican mediante el discurso (encuestas, declaraciones,
etc.), pero, sobre todo, mediante la observación.
Aquí se cumple lo de
"obras son amores, y no buenas razones": las respuestas a las encuestas sobre
los valores de las personas o de las colectividades deben contrastarse siempre
con los hechos.
En este punto se aprecia, de nuevo, la diferencia o la
proximidad entre valores y virtudes. Afirmamos que una persona es justa no
porque lo diga, ni siquiera porque un día lleve a cabo una decisión justa, sino
por su actitud permanente y práctica de actuar justamente. En el caso de los
valores, solemos admitir con más facilidad, por ejemplo, que los valores
manifestados en las respuestas a un cuestionario son los que, efectivamente,
poseen y viven los que contestan al mismo. Pero, estrictamente hablando,
deberíamos contrastarlos con sus conductas. 0 sea,
Tesis 9: Los valores
lo son en la medida en que guían a la acción.
Porque, en efecto, los
valores motivan y definen la acción humana, desde dentro del hombre mismo.
Pertenecen al ámbito del conocimiento, pero se orientan a la acción.
La
tesis 8 admite otra presentación más ilustrativa:
Tesis 10: Los valores
se explicitan en las decisiones en la medida en que existen en laspersonas o en
las colectividades.
Esto vale para todas las decisiones, pero
especialmente para las difíciles o arriesgadas, porque es entonces cuando se
ponen mejor de manifiesto los valores que se poseen y la profundidad con que se
poseen (y, de nuevo, la frontera entre valores y virtudes resulta
borrosa).
VALORES PERSONALES Y SOCIALES
TESIS 11: Los valores se
predican de laspersonas y de las colectividades, pero de diferente
manera.
Por eso hablamos de valores individuales o personales y de
valores colectivos o sociales.
Ahora bien, si una persona es tolerante, y
otra también lo es, y una tercera, y otra, ¿podemos concluir que la sociedad
formada por todas ellas será tolerante? Sí, pero sólo como condición de
posibilidad. Para hablar de un valor social pedimos algo más, porque la sociedad
no es un mero agregado de personas, sino que tiene una entidad propia: unos
fines propios, no necesariamente coincidentes con los de sus miembros, una
organización, reglas, normas, instituciones, costumbres, etc. (aunque esta
afirmación no la aceptarán algunos individualistas).
Por ello, la
tolerancia será un valor social no sólo porque la mayoría de los individuos
sean, cada uno por separado, tolerantes, sino en la medida en que comprometa las
actuaciones de laspersonas, no sólo individual, sino también socialmente, como
colectividad, es decir, incluyendo sus instituciones, leyes, costumbres y
conductas. Son las personas las que deciden actuar de acuerdo con ciertos
valores, pero el acuerdo (habitualmente implícito) de todas las que forman una
sociedad (o de una gran parte de ellas) de vivir de acuerdo con esos valores los
convierte en valores colectivos o sociales.
De este modo, la dimensión
social de los valores añade a la dimensión personal un entorno (instituciones,
leyes, incentivos, costumbres, premios y castigos, motivaciones, etc.) que trata
de conseguir, como mínimo, que las conductas no sean contrarias al valor y, como
ideal, que las personas se adhieran al valor, aprendan a ponerlo en práctica y
vivan de acuerdo con el mismo, lo que, a su vez, reafirmará el papel de aquellas
instituciones y normas. Por su parte, la dimensión personal de los valores el
convencimiento con que cada persona los vive, más o menos independientemente de
su entorno; las razones por las que se solidariza con ellos, etc.añade, sobre
todo, firmeza a la práctica promovida por la comunidad. Pero no sólo eso,
porque
Tesis 12: Los valores personales no tienen por qué coincidir con
los sociales.
Y, de hecho, a menudo no coinciden. Y las relaciones entre
ambos tipos de valores son complejas: coherentes o discrepantes, más o menos
coherentes o discrepantes, con todos los matices. Ambos tipos de valores
coexisten (lo que no crea problemas cuando son coherentes, pero sí cuando son
discrepantes), se interrelacionan y se influyen mutuamente. Y como los hombres y
mujeres formamos parte de numerosos grupos, de numerosas comunidades, con
diversos grados de permanencia y compromiso, esas relaciones de coherencia y
discrepancia se multiplican, y aquellas interrelaciones e influencias pueden
presentar trayectorias dinámicas muy complejas.
Este posible conflicto
tiene dos dimensiones: una, social cada agente puede pensar y actuar de manera
distinta a los demás de su entorno, y otra personal, algunos valores del
individuo entran en conflicto con otro valor, también personal, que es el que le
mueve a actuar de acuerdo con los criterios de la comunidad a la que pertenece
(lealtad, conformidad, sentido de pertenencia, compromiso con el bien común,
gregarismo ... ). La resolución de ese conflicto dependerá, entre otros
factores, de los mecanismos que la sociedad emplee para conseguir la adhesión de
los ciudadanos (por ejemplo, la coacción legal o social que ejerza), de la
naturaleza y permanencia de los lazos de la persona con la comunidad, de la
madurez de los miembros de la misma, etc.
De lo anterior podemos deducir
también la
Tesis 13: Es muy probable que la gama de valores de una
persona presente contradicciones, y más aún la de una sociedad
Esto puede
ocurrir porque ha elegido o aceptado valores contradictorios. 0 porque los está
cambiando, y algunos de los nuevos valores no se compaginan con algunos de los
antiguos. Pero vivir instalado en la incoherencia no es fácil ni, a la larga,
compatible con la estabilidad psíquica, emocional y moral de la persona, debido
a la existencia de procesos de aprendizaje individual y social y a la
consiguiente adaptación de las conductas. Por tanto,
Tesis 14: Las
contradicciones en los valores no pueden ser permanentes.
Al menos si se
trata de valores que definen la trayectoria de las personas o de las sociedades.
En definitiva, "o se vive como se piensa, o se acaba pensando como se vive",
aunque el proceso de ajuste puede ser muy largo, y la capacidad de las personas
para actuar en situaciones de ambigüedad axiológica puede ser muy alta, aunque
con costes no despreciables.
Podemos acabar esta sección con una
perogrullada:
Tesis 15: Los valores son cambiantes: pueden cambiar y, de
hecho, cambian.
Del cambio en los valores nos ocuparemos más
adelante.
NIVELES DE VALORES
TESIS 16: Los valores (cada uno de
ellos) admiten grados en la forma como se poseen o viven.
En efecto, una
persona o una comunidad puede ser más o menos tolerante, solidaria, laboriosa,
etc. (puede ser tolerante siempre, o sólo en ciertos casos, o con ciertas
personas, etc.). Por ello, afirmaciones como "nuestra sociedad es intolerante"
deben ser matizadas. Y, además,
Tesis 17: Existen niveles o jerarquías de
valores.
Aquí nos referimos a la jerarquía subjetiva de los valores, en
el sentido de que cada persona o sociedad concede más importancia a unos valores
que a otros (sea con carácter absoluto, o dependiendo de las
circunstancias).
La existencia de esa jerarquía es importante, porque
permite entender (y explicar, y resolver) tanto las relaciones entre valores
como las contradicciones axiológicas. Si se trata de valores de distinto nivel,
en principio el de nivel superior adquiere precedencia sobre el inferior, de
modo que, en este caso, no se puede hablar de un verdadero conflicto de valores
(lo que no significa que su solución sea banal, sobre todo en el plano
emocional). Y si se trata de valores del mismo nivel, el agente decidirá en
función de la prioridad de uno de ellos (en general, o en cada caso concreto), o
por el recurso a un valor superior, o por otros medios, como el uso de reglas
prácticas (sobre todo en valores de bajo nivel) y la consideración de las
circunstancias (que pueden hacer que un valor adquiera prioridad sobre los
demás).
Tesis 18: Los valores de orden superior suelen referirse a
losfines (valores finales o básicos), y los de orden inferior, a los medios
(instrumentales o no básicos).
De todos modos, es posible que los valores
instrumentales al servicio de fines de mayor nivel dominen a los valores finales
de orden inferior.
Tesis 19: Si el contenido de los valores cambia, la
jerarquía de los valorespuede cambiar también.
Y, de hecho, cambia. Por
ejemplo, la aparición de inmigrantes procedentes de otra cultura y religión
puede obligar a una sociedad a replantearse su concepto de tolerancia y,
seguidamente, el papel de ese valor, junto con otros como unidad, solidaridad,
trato no discriminatorio, etc.
Tesis 20: Los valores de nivel superior
(aquellos que no ceden a otros valores, y hacia los que se orientan los valores
de nivel inferior, los instrumentales) suelen ser más permanentes.
Los
valores superiores son los que nos llevan a ser la persona que somos; de ahí su
permanencia. Pero la firmeza en los valores superiores no es síntoma de
intolerancia.
Tesis 21: Los valores superiores cambian, principalmente,
cuando lo hace el paradigma teórico del sujeto (paso de la fe religiosa al
ateísmo, por ejemplo), cuando aparecen problemas o circunstancias nuevos e
importantes (convulsiones sociales, cambios políticos, enfermedades graves,
etc.), cuando las contradicciones entre los distintos valores mantenidos por el
sujeto se hacen más agudas, cuando se producen discrepancias importantes con los
valores del entorno en que uno vive, etc.
Esta es una lista abierta, pero
indicativa de las causas que llevan a revisiones importantes en la jerarquía de
valores.
Tesis 22: Los cambios en los valores principales provocan otros
cambios (a menudo radicales) en la estructura de valoresy en la vida de la
persona.
Por el contrario, los valores instrumentales suelen cambiar con
más frecuencia y ser más inestables, pero su cambio, o los conflictos que los
afectan, suelen ser menos traumáticos.
LA VARIEDAD DE LOS
VALORES
Tesis 23: Es un hecho de experiencia que los valores de distintas
personas son distintos.
Esta tesis es importante porque, a menudo, se ha
utilizado para rechazar la existencia de un referente común a todas las
personas, para afirmar la relatividad y subjetividad de todos los valores, o
para negar la existencia de criterios objetivos para decidir sobre los valores.
Veamos, pues, con algo más de detalle estos argumentos.
La conducta de
las personas viene condicionada por sus valores (sus fines, sus preferencias y
su ponderación de los medios para conseguirlos), pero también por otros
factores, como los recursos materiales y la información de que disponen. Por eso
hemos dicho antes que los valores dirigen la conducta "desde dentro". Por
tanto,
Tesis 24: La diversidad de valores viene complicada por la
diversidad de "hechos".
Aquí utilizaré la palabra "hechos" en un sentido
muy amplio, para referirme a todo aquello que, en la toma de decisiones, no
pertenezca al ámbito de los valores (o, si se prefiere, de los fines, actitudes,
virtudes o principios), como las relaciones económicas, las restricciones
tecnológicas, las leyes, normas e instituciones sociales, la dotación de
recursos, la información disponible, etc. Lo que esta tesis afirma es, en
definitiva, que nuestra observación de los valores no suele ser directa, sino a
través de las decisiones. Y en esas decisiones se combinan valores (y no uno
cada vez, sino muchos) y otras realidades, a las que llamo "hechos".
El
primer motivo de una discrepancia sobre valores puede ser el contenido de esos u
otros valores. Veamos un ejemplo, quizás un poco rebuscado, pero me parece que
ilustrativo. Los médicos piden a dos madres de familia, ambas de profundas
convicciones religiosas, la autorización para practicar una transfusión de
sangre a sus hijos. Una argumenta que su religión le prohibe esas prácticas
médicas, y se opone a la transfusión, mientras que la otra no se siente sometida
a esa restricción y la autoriza. ¿Significa esto que la primera no valora la
vida, y la segunda sí, o que la primera concede a los preceptos religiosos un
valor mayor que la segunda? No necesariamente: ambas pueden coincidir en que la
vida es un valor Muy importante, pero que, en ocasiones, otro valor puede pasar
por delante de éste. Igualmente, ambas pueden sentirse profundamente
comprometidas con la religión que practican, pero la primera considera que, en
ese caso concreto, hay un valor de índole religiosa que se antepone al valor de
la vida de su hijo, mientras que la segunda considera que, también en ese caso
concreto, no existe ese valor religioso superior. La diferente conducta no se
basa en la diferencia de valores, sino de "hechos" (en este caso, sobre el
contenido de ese valor superior que ambas reconocen).
Otro ejemplo, que
se refiere más directamente a la discrepancia sobre "hechos". Dos personas suben
a un autobús en el que hay varios viajeros de otra raza. Una no tiene
inconveniente en sentarse al lado de uno de ellos; la otra prefiere quedarse de
pie. ¿Es racista la segunda? No necesariamente: quizás le preocupa que le puedan
robar, y piensa que la probabilidad de que una persona de otra raza sea un
ladrón es mucho mayor que si se trata de una persona de su misma raza (puede
argumentarse que ese mismo pensamiento prueba que es racista, pero la inferencia
es incorrecta: su decisión tiene que ver con una cuestión de hecho, o de
información sobre un hecho -quién es más probable que sea un ladrón-, no con su
actitud hacia el color de la piel o los rasgos faciales).
Los ejemplos
puestos antes son sólo eso, ejemplos. Pero nos llevan a formular la tesis
anterior de un modo más explícito:
Tesis 25: La variedad de los valores
que observamos en nosotros, en los demds y en nuestras sociedades es,
probablemente, consecuencia más de la variedad de los "hechos" (relaciones
económicas, restricciones tecnológicas, leyes, dotaciones de recursos,
información, etc.) y de cómo los juzga el agente, que de la de los valores
mismos (al menos, de los de nivel superior).
Ésta es más una hipótesis
(acerca de la frecuencia con que se da un fenómeno) que una tesis apoyada en
evidencias empíricas. Para justificarla (que no para demostrarla), volveré a
recurrir a otro ejemplo.
Hasta los años cuarenta, y sobre todo en ámbitos
rurales o entre recién llegados a las ciudades, era normal, en países como
España, que los padres ancianos viviesen con los hijos, que les atendían en
todas sus necesidades. En los años noventa, esa práctica era poco frecuente.
¿Significa esto que los hijos son ahora menos generosos con sus padres, o que la
familia ha perdido cohesión, es decir, que se han perdido los valores
correspondientes?
No necesariamente. Hasta hace algunas décadas, la
mayoría de personas de edad avanzada no tenía protección médica (seguro de
enfermedad) ni económica (pensión de vejez), de modo que los hijos debían
atender a sus necesidades (a excepción de aquellos con niveles elevados de
riqueza). La familia era, en este sentido, una entidad aseguradora: los padres
dedicaban todos sus recursos a mejorar el nivel de vida de sus hijos (ésta era
la prima del seguro), y éstos cuidaban luego de sus padres (ésta era la
prestación). Y las nuevas generaciones aprendían el funcionamiento de ese
mecanismo en su propia experiencia familiar.
Pues bien, con la extensión
de la seguridad social, este esquema protector resultó innecesario. Pero la
reducción de las transferencias recíprocas pudo interpretarse como un deterioro
de los valores familiares, cuando lo que había cambiado eran los "hechos", la
manera concreta de atender a las necesidades de los ancianos.
Esto
resulta patente cuando, ante la quiebra de un valor, nos preguntamos por otros
valores que están más altos en la escala. En el ejemplo que acabamos de poner,
el valor vivido por la gran mayoría de las familias se tradujo en principios de
actuación como, en el caso de los padres, "debo transferir a mis hijos toda mi
riqueza). Este principio resulta de dos valores de nivel superior (el de la
autonomía personal: "no debo ser una carga para mis hijos en la vejez", y el de
la solidaridad familiar: "debo cuidar del nivel y calidad de vida de mis
hijos"), más un "hecho" ("en mi vejez no tendré otra ayuda que la de mis hijos).
Y a estos hay que añadir, probablemente, otros principios y "hechos": por
ejemplo, la expectativa social de que, llegado el momento, los hijos cuidan de
sus padres ancianos, expectativa basada en un deber moral, pero también en la
existencia de instituciones (en Cataluña, el "hereu", es decir, el hijo que
hereda las propiedades de la familia, debe atender también a los padres
ancianos), costumbres, presiones sociales, etc.
Pues bien: al
generalizarse la seguridad social, el "hecho" mencionado antes ya no se da. El
principio inferior ("debo transferir a mis hijos toda mi riqueza") deja de estar
vigente, pero el principio superior ("debo cuidar del nivel y calidad de vida de
mis hijos") no ha perdido fuerza. Para determinar si se ha producido un cambio
en los valores, habrá que analizar si, efectivamente, los padres siguen
sintiéndose responsables del nivel y calidad de vida de sus hijos: si cuidan de
su educación, si les facilitan el acceso a un trabajo, si velan por su salud, si
les hacen regalos y les dejan herencias, etc.
Desde el punto de vista de
los hijos, el razonamiento es similar. El principio inferior ("debo atender a
las necesidades de mis padres mayores o enferinos") puede explicarse como la
confluencia de un principio o valor superior (un deber de justicia y de amor
para con los padres) con dos "hechos" ("ellos me han dado todo lo que tenían" y
"ellos no tienen otro medio de subsistencia más que mi socorro"), que acaban de
definir el contenido de aquel deber de justicia (junto con otros valores y
"hechos", como la gratitud, la presión social para que los padres estén bien
atendidos, o la necesidad de transmitir el mensaje a la siguiente generación).
Pues bien, con la evolución de la protección social, esos dos "hechos" han
cambiado y, con ellos, el principio inferior, pero no el principio superior (el
deber de justicia y de amor para con los padres), que ahora se materializará de
otro modo (visitándolos con frecuencia, manifestándoles el afecto,
etc.).
Este tipo de análisis nos puede ayudar a entender mejor cómo se
relacionan los valores entre sí y con los hechos. Si, por continuar con nuestro
ejemplo, la seguridad social cubre suficientemente las necesidades futuras de
los ciudadanos, éstos tienen una mayor libertad en el uso de sus ingresos (por
ejemplo, en gastos suntuarios, o en donaciones a terceras personas), sin
incumplir por ello el deber de justicia para con sus hijos. Del mismo modo, el
hecho de que los hijos no tengan que responsabilizarse plenamente de sus padres
ancianos o enfermos implica que podrán organizar su vida con mayor
independencia, que adquirirán otros compromisos, etc. Y esto, de nuevo, cambiará
otros "hechos", así como el ejercicio de otros valores. Y esos cambios no tienen
por qué ser neutrales. En las nuevas condiciones, por ejemplo, las nuevas
generaciones pueden no recibir aquel aprendizaje sobre cómo vivir los deberes de
justicia con los padres. Y esto sí que sería una pérdida de valores.
Un
ejemplo más. Antes, los padres reparaban los juguetes de los hijos, porque
sustituirlos por otros era caro. De este modo, actuaban de acuerdo con sus
valores (económicos, pero también de otro tipo), y les enseñaban prácticamente
que debían cuidar las cosas, por razones (valores) de tipo económico (porque las
cosas son caras) y no económico (respeto a las cosas y a las personas,
autodominio, orden, disciplina, etc.). En la actualidad, reparar un juguete es,
a menudo, una pérdida de tiempo y de dinero: lo racional puede ser tirarlo y
sustituirlo por otro nuevo. Pero esto puede llevar a la omisión de aquel mensaje
a los jóvenes. El valor superior ("hay que cuidar las cosas") sigue vigente,
aunque el valor inferior ("hay que reparar los juguetes rotos") ya no lo está
(por un cambio de "hechos").
Completaré esas ideas con otra tesis, ya
sugerida antes:
Tesis 26: Los cambios en "hechos" o en valores provocan,
a su vez, cambios en otros "hechos" y valores.
Por ello, en una época de
transformaciones (por ejemplo, tecnológicas) observamos muchos cambios en
valores, que pueden ser reales, o sólo aparentes. Con otras palabras, esos
cambios no suelen venir solos.
Pero todo lo anterior no debe llevarnos a
la conclusión de que todos los cambios en valores son aparentes,
porque
Tesis 27: Hay auténticas discrepancias sobre valores.
Es
decir, diferentes personas tienen, de hecho, valores diferentes, incluso después
de tomar en consideración las diferencias en los "hechos". La negación de esta
tesis implicaría que los valores de máximo nivel son los mismos para todas las
personas y que no cambian nunca, lo que es contrario a nuestra experiencia. Por
decirlo de una forma cruda, es verdad que podemos afirmar que, entre los valores
de un sádico asesino de niños figura el respeto a la dignidad de los demás, pero
que su concepto de persona no incluye a los niños, o que su concepto de respeto
a la dignidad no excluye la tortura y la muerte. Pero me parece que ésta no
sería una descripción correcta del caso.
Demos un paso más:
Tesis
28: La variedad de valores, las discrepancias que apreciamos en ellos (entre
personas y sociedades) y su continuo cambio no son incompatibles con la unicidad
y estabilidad de los valores de niveles superiores.
En uno de los
ejemplos puestos más arriba, las muchas y cambiantes maneras de ejercer la
justicia para con los padres son, en definitiva, variantes de un mismo valor de
la justicia, que permanece inalterado a pesar del cambio de circunstancias. Esto
no pretende contradecir. las tesis 23 y 27: simplemente, incide de nuevo en las
ideas de las tesis 24 y 25.
Tesis 29: La variedad y el cambio en los
valores son compatibles con la existencia de un referente común a todos los
hombres.
Ese referente podría ser la "naturaleza humana": algo común a
todos los hombres, que cada uno va realizando en el tiempo con su libertad.
Negar la variedad de valores en nombre de la naturaleza humana equivaldría a
dejar ésta cristalizada y negar la libertad.
¿PODEMOS DECIR ALGO OBJETIVO
SOBRE LOS VALORES?
Nuestras apreciaciones y valoraciones sobre las cosas,
las personas y las situaciones son necesariamente subjetivas (tesis 3).
¿Significa ello que no podemos decir nada objetivo acerca de los mismos? ¿Debe
interrumpirse el debate sobre los valores cuando llegamos a los que posee,
afirma o sostiene cada persona? Éste es un punto clave en el tema que nos ocupa,
y lo abordaremos en varias etapas. Para empezar, en los niveles bajos de la
escala de valores,
Tesis 30: Los medios a los que se refieren los valores
instrumentales, y esos mismos valores, pueden valorarse en función de su
capacidad para cumplir los fines a los que se ordenan.
Y también con
otros criterios, pero éste es, al menos, fácil de entender por todos.
En
los valores encontramos, pues, una dimensión subjetiva, pero también otra
objetiva. Mi valoración (subjetiva) de un cuchillo radica, por ejemplo, en su
capacidad (objetiva), real o esperada, de cortar (y puedo comprobar, a
posteriori, si es así o no y, por tanto, cambiar mi valoración del cuchillo). Y
lo mismo podemos decir no ya de las valoraciones, sino de los valores, en el
sentido más permanente, como guías para la conducta (no sólo para unas
decisiones aisladas), tal como los hemos presentado antes.
Esto no parece
ser de aplicación a los gustos o meras preferencias: si me gustan los zapatos
negros, les doy un valor independientemente de su utilidad. Pero también puedo
decir que, una vez comprobado que los zapatos sirven para proteger los pies es
decir, una vez cumplida una exigencia objetiva, el color les añade, de nuevo,
otra dimensión meramente subjetiva. En definitiva, podemos hacer (al menos
algunas) afirmaciones objetivas sobre los valores instrumentales.
Y, en
un plano superior,
Tesis 31: Los valores de nivel superior dependen de
cómo sean capaces de contribuir al fin de la persona (al desarrollo de su
humanidad, de acuerdo con su naturaleza).
Esta tesis no será aceptada por
aquellos que niegan que el hombre tiene una finalidad a la que se dirige por
naturaleza. Para ellos, por tanto, los fines instrumentales pueden tener una
dimensión objetiva, pero los finales no. No insistiré en este tema, pero daré un
rodeo para explicar mejor esa dimensión objetiva de los valores.
Hasta
ahora no hemos distinguido los valores por razón de su contenido. Pero no nos
costaría mucho hacer una lista con arreglo a este criterio:
Tesis 32: Hay
valores de muchas clases: morales (por ejemplo, la bondad), estéticos (la
belleza), lógicos (la sencillez o elegancia en una demostración), sociales (la
amistad), etc.
A efectos de nuestro análisis, la distinción más relevante
es la que se da entre valores Morales (también llamados metavalores) y no
morales. Antes de continuar, convendrá aclarar la existencia de
éstos:
Tesis 33: La variedad y variabilidad de los valores no puede
tomarse como una demostración de la ausencia de valores morales
permanentes.
En efecto, me parece que nadie ha demostrado la existencia
(o aun la posibilidad de existencia) de personas o sociedades que no tengan
ningún estándar sobre lo que es una conducta éticamente buena o mala (salvo
quizás tratándose de enfermos mentales). Más aún: aunque se demostrase su
posibilidad y aun su existencia, aún habría que comprobar que una persona o una
sociedad pueden no ya existir en un instante, sino subsistir durante un tiempo.
Sobre esto volveremos más adelante.
Los valores morales se refieren a la
bondad de una acción, y llevan consigo un juicio ético sobre la misma, mientras
que los no morales se refieren, sobre todo, a las preferencias del agente o de
la sociedad que los adopta: la música clásica o el rock, el chocolate con
churros o la verdura hervida. A estos últimos se aplica, en buena medida, el
viejo dicho: "sobre gustos no hay disputa" (de gustibus non est
disputandum).
Pero, ¿realmente no hay disputa? ¿Podemos decir algo
objetivo sobre los valores no morales? Para algunos, la respuesta es
radicalmente "no": si me gusta el chocolate con churros, nadie puede tener nada
que añadir. Y, sin embargo, podemos añadir, por ejemplo, que esa dieta puede
producir obesidad, colesterol y estreñimiento (el hecho de que esos resultados
sean sólo probabilísticos no cambia la naturaleza objetiva del comentario). Pero
-objetará nuestro oponente- esas no son afiirmaciones sobre mis gustos o valores.
Y tendremos que responder que no se refieren a mis gustos, pero sí a mis
valores, porque mi valoración de un alimento no se refiere sólo al placer que me
proporciona, sino también a otros muchos aspectos, desde sus efectos sobre mi
salud hasta la reacción de los demás (piénsese en el tabaco, por ejemplo), la
creación de efectos adictivos, etc., de acuerdo con la
Tesis 34: Los
valores tienen también algún componente objetivo.
Esta afirmación puede
parecer contradictoria con la de la tesis 3 (los valores tienen una dimensión
subjetiva), pero me parece que se entiende, a la vista de lo dicho en los
párrafos anteriores.
Esa dimensión objetiva es, probablemente,
irrelevante, si los valores son una creación cultural y, por tanto,
esencialmente relativos y transitorios. Sin embargo,
Tesis 35: No todos
los valores son sólo culturales, y aun los valores culturales tienen también
dimensiones objetivas.
El relativismo cultural de los valores supone que
el único ámbito en el que se dan los valores es el de la cultura, y que todo
valor está definido sólo por la cultura. Ambas afirmaciones son gratuitas, a no
ser que se restrinja, arbitrariamente, el ámbito de los valores al de la
cultura.
En definitiva, sepuede decir algo objetivo sobre todos los
valores, también sobre si son buenos o malos, al menos de manera condicional
(para la salud, para la estética, para la economía personal, etc.).
En
los párrafos anteriores me he referido explícitamente a los valores no morales.
Pero la objetividad de los valores me parece también aplicable, y con más razón
aún, a los valores morales, usando el mismo argumento: los valores o mejor, las
decisiones inspiradas en ellos tienen efectos, y esos efectos pueden ser buenos
o malos, condicionalmente, pero también absolutamente. De ahí que
Tesis
36: Podemos hacer afirmaciones objetivas sobre los valores morales.
.
Podemos decir, por ejemplo,que "la solidaridad contribuye a la cohesión social"
(y, como esto es sólo un ejemplo, no me siento obligado a definir con precisión
esos términos), o que "la discriminación por razón del género reduce la cohesión
, social", y, por tanto, que el primer valor es "bueno" para la cohesión social,
y el segundo es "malo". O que el primero es "mejor" que el segundo, cuando se
persigue ese fin (y el hecho de que no tenga certeza sobre las afirmaciones
expuestas, o de que haya excepciones a las mismas, no afecta al carácter
objetivo de esas frases).
Y si, dando un paso más, admitimos la
existencia de un fin en el hombre (un fin objetivo, hacia el que tiende, sin que
él se lo haya fijado explícitamente), podemos hacer también valoraciones
absolutas, no condicionales, como "la solidaridad es buena" o "el consumismo es
malo", en términos absolutos, esto es, para el cumplimiento de ese fin superior
y, en definitiva, para el hombre. Ahora bien, si el lector prefiere afirmar que
el fin se lo propone cada uno a sí mismo, sin ningún condicionante objetivo,
podemos, al menos, continuar en el ámbito de las valoraciones condicionales:
(del tipo: "si el fin que te has propuesto en tu vida es hacer feliz al mayor
número de perros posible, la solidaridad con otros hombres es indeseable, es un
mal para ti, porque te impide conseguir ese fin").
Esta proposición sobre
los juicios absolutos acerca de los valores puede parecer demasiado extrema a
algunos, por lo cual no la presentaré en forma de tesis, aunque estoy convencido
de su validez. Con todo, ya es mucho que podamos hacer afirmaciones
condicionales y objetivas sobre los valores.
EL RELATIVISMO
AXIOLÓGICO
Ahora estamos en condiciones de discutir la tesis del
relativismo axiológico, que rechaza que todos las personas y las sociedades
deben admitir algunos valores morales básicos y vivir de acuerdo con ellos (la
variedad de valores de niveles inferiores no puede tomarse como un argumento en
favor de dicho relativismo).
Es un hecho que distintas personas pueden
tener, y de hecho tienen, valores morales fundamentales radicalmente distintos y
aun opuestos. Estoy de acuerdo con esto, aunque ya he explicado antes que muchas
de esas discrepancias pueden deberse a causas distintas de la diversidad
axiológica (tesis 24 y 25). Pero para que esto confirme la tesis del relativismo
lógico hace falta, además, que se cumpla una de las siguientes
condiciones:
1) Que no exista un fin del hombre (es decir, que cada uno
se pueda poner a sí mismo el fin que prefiera, sin ninguna restricción
objetiva). En tal caso, los valores elegidos o practicados por una persona no
tendrán nada que ver con los que elija otra, si persiguen fines distintos
(aunque los valores de cada una deberán estar ordenados a su fin, de modo que
aun en este caso se podrán hacer afirmaciones objetivas del tipo: "este valor no
es compatible con la consecución de este fin"). Independientemente de los
esfuerzos teóricos en este sentido, parece que muchas personas viven de acuerdo
con este modo de pensar, lo que no es garantía de su corrección.
2) 0 que
los valores conforme a los que se vive sean totalmente irrelevantespara la
consecución de ese fin. Pero ésta es una tesis difícil de admitir, porque
nuestras acciones tienen consecuencias: cambian nuestro entorno (o su respuesta
a nuestras acciones), nuestros conocimientos y percepciones, nuestras
capacidades y actitudes y, como hemos dicho, nuestros mismos valores. Basta
pensar en las consecuencias del consumo de droga para entender que muchas de las
cosas que queremos alcanzar en nuestra vida -y no hace falta remontarse en
nuestro fin último, sino a cosas de nivel inferior, como tener una familia
estable, unos ingresos regulares, una salud aceptable, etc.- no son compatibles
con cualesquiera valores.
Todo esto vale para las personas, pero también,
con más razón, para las sociedades. Porque aceptar el relativismo de los valores
dentro de una colectividad implica que el terrorista puede y debe convivir con
el pacífico, el violador sexual con las mujeres y el racista con los ciudadanos
de otras razas. Y esto resulta imposible, a la larga, si se dan aquellos
fenómenos de aprendizaje social y adaptación (o rechazo). Lo que nos lleva a
presentar las siguientes tesis, que enunciaré del modo menos extremo
posible:
Tesis 37: Las personas y las sociedades pueden tener valores
morales radicalmente distintos, pero esto no muestra que todos ellos sean
igualmente aptos para la consecución de sus fines.
Tesis 38: La adopción
de valores morales de nivel superior (metavalores) incompatibles con los fines
exige un proceso de adaptación (en los fines, en los valores, o en
ambos).
Es decir, estoy suponiendo que una persona elige los valores que
considera idóneos para la consecución de sus fines (y, al hacerlo, está
eligiendo los valores morales de nivel superior que ella considera compatibles,
mejor aún, necesarios para alcanzar su fin último: su felicidad, su
autorrealización, el despliegue de su humanidad, etc.). Pero, en la práctica,
esos valores pueden ser idóneos para la consecución de sus fines, o no serlo.
Dada la flexibilidad en la conducta humana, es probable que, aunque aquellos
valores no sean los adecuados, pueda actuar de acuerdo con ellos durante más o
menos tiempo: el relativismo axiológico parece triunfar. Pero esto sólo
podríamos afirmarlo en el largo plazo, si "no pasa nada" como consecuencia de
esa discrepancia axiológica.
Ahora bien, si los valores no idóneos son
suficientemente importantes por sus consecuencias sobre la persona o su entorno,
o por los cambios que provocan en su propia escala de valores, o por la
acumulación de esos efectos en el tiempo, el agente tendrá que cambiar sus
valores o sus fines (o, simplemente, reconocer su fracaso en la consecución de
esos fines).
Completaré estas consideraciones con otra variante de la
tesis anterior:
Tesis 39: La existencia de valores morales distintos y
aun contrarios no apoya la tesis del relativismo de los valores, a no ser que se
pueda mostrar que las personas o sociedades que presentan esos valores siguen
siendo estables en el largo plazo (en el sentido de no necesitar posteriores
ajustes en su jerarquía de valores, sea en los valores finales, sea en los
instrumentales).
Es decir, el predominio de valores que conducen a
conductas inmorales lleva consigo cambios en "hechos" y en valores, que alteran
la situación inicial. Y es a la vista de esos cambios cuando se pueden hacer
afirmaciones sobre la deseabilidad o no de aquellos valores, por lo menos desde
el punto de vista condicional ("si te drogas, acabarás haciéndote adicto,
contraerás enfermedades, necesitarás robar para conseguir más droga, te
rechazará la sociedad, etc.") y también absoluto (" ... y no conseguirás tu
objetivo como persona, no realizarás tu humanidad, serás un
fracasado").
Todo esto nos lleva a una conclusión que me parece muy útil
para nuestros propósitos:
Tesis 40: El debate sobre los valorespuede
moverse en un plano objetivo.
Esto se puede llevar a cabo discutiendo
sobre las relaciones lógicas de unos valores con otros, sobre las consecuencias
esperadas de las conductas derivadas de esos valores, etc. Es decir, puedo
argumentar con el racista acerca de las consecuencias que para él y para la
sociedad pueden derivarse de las acciones llevadas a cabo de acuerdo con ese
principio, sin necesidad de hacer juicios de valor sobre sus propios valores.
Esto no quiere decir que el debate sobre los valores deba girar única o
principalmente acerca de los efectos esperados de las acciones dictadas por
nuestros valores, sino sólo que, por lo menos, podemos hacer afirmaciones
objetivas sobre la deseabilidad o no de ciertos valores, en función de sus
efectos.
Y esto vale tanto en el plano personal como en el social. La
justicia, por ejemplo, es un valor en una colectividad no (sólo) porque está
conforme con su tradición, o porque sea generalmente aceptada, o por otras
razones de tipo sociológico, sino, sobre todo, porque refleja el conocimiento
que los ciudadanos tienen de las consecuencias de que la sociedad no respete la
justicia. Y a esta conclusión podemos llegar tanto por el estudio teórico como
por la observación de la realidad (de la propia sociedad o de otras). Una
sociedad que radicalmente rechaza la justicia y opta por la injusticia como modo
de vida no podrá sobrevivir.
Lo que no quiere decir que el debate sobre
los valores sea fácil. Por ejemplo, el debate sobre la pena de muerte no
enfrenta sólo a una parte de la sociedad, que clama por el respeto a la vida,
con otra parte, que la desprecia, ni tampoco a una parte de la sociedad, que
atribuye un valor superior a la vida, frente a otra, que reivindica la
superioridad de la justicia. Ambas partes tienen, probablemente, ambos valores
en lugares preeminentes. Pero la organización para proteger a la sociedad contra
el crimen será, probablemente, distinta cuando prevalece un principio u otro, lo
que significa que la abolición de la pena de muerte debe ir acompañada de otros
cambios en la legislación penal, en el funcionamiento de los tribunales, en las
actuaciones de la policía, etc. Y es la magnitud de este cambio, y lo incierto
de sus resultados, lo que hace que aquel debate sobre la pena de muerte sea, a
veces, muy dificil.
Tesis 41: La ética tiene la responsabilidad última
dejuzgar a los demás valores.
Esto es así al menos en el sentido de que
un valor "inmoral" no será compatible con el desarrollo de la persona o de la
sociedad. o, dicho de otra manera, la ética viene a ser la "condición de
equilibrio" de todo sistema, personal o social (en el sentido de que una persona
o una sociedad radicalmente inmoral no puede perdurar). Y esta tesis nos lleva a
otra, que es como su corolario, y que quizás provoque la ira de algunos
"progresistas" de los valores:
Tesis 42: Los valores no se
autovalidan.
Es decir, el valor de los valores no radica en los valores
mismos.
EL DECLIVE DE LOS VALORES
TESIS 43: Puede haber y, de
hecho, hay verdaderas crisis de valores.
Si lo que he dicho más arriba es
válido, las sociedades y las personas pueden sufrir verdaderas crisis de
valores: no simples racionalizaciones por la pérdida de poder que el abandono de
algunos valores representa, sino verdaderos pasos atrás en el equilibrio y en el
progreso de las sociedades y de las personas.
Pero también he explicado
que no es fácil entender la naturaleza de un declive de los valores, que no
consiste en la simple supresión de algunos, sino en su sustitución por otros (a
menudo, debido a cambios en los hechos: tesis 24 y 25) o, en un plano más alto,
en el traslado de la preeminencia de unos valores a otros.
Por tanto, la
hipótesis de que "estamos ante una gran crisis de valores" no debe ser aceptada
sin un cuidadoso análisis de los valores y de los "hechos" a que antes me he
referido. Como tampoco hay que aceptar sin más su contraria, de que "hemos dado
un gran paso al frente al sustituir valores exclusivos, excluyentes e intocables
por otros dinámicos, abiertos y flexible" (una tesis que se escucha con
frecuencia, quizás sin un análisis suficientemente detallado de lo que eso
significa). Por ejemplo, una sociedad económicamente atrasada, rural, cerrada y
sometida a graves crisis potenciales -invasiones, epidemias, hambrunas, etc.-
necesita una estructura de valores muy rígida, y no podría sobrevivir con los
que hoy tienen nuestras sociedades abiertas, democráticas e innovadoras. Desde
nuestro punto de vista, el cambio de aquéllos a éstos parece un progreso, pero
esto no pasa de ser un calificativo, dado quizás con criterios emocionales. De
ahí la siguiente
Tesis 44: LosJuicios sobre valores formulados desde
otros entornos -culturales, geográficos, históricos- deben hacerse con gran
circunspección.
Lo que tiene también su corolario:
Tesis 45: En el
mundo de los valores, la tesis de que "cualquier tiempo pasado fue peor" es,
probablemente, tan falsa como la de que "cualquier tiempo pasado fue
mejor".
0 sea, la sociedad cultural del siglo XXI no es necesariamente
una cima en la historia de la civilización, y basta mirar a nuestro alrededor
para comprobarlo. Y la razón es que, en ética, cabe el aprendizaje negativo, es
decir, el aprendizaje que nos lleva a hacer no lo que es bueno, sino lo que es
malo, a consolidarlo en nuestra vida, a vivir de acuerdo con ello y a hacerlo
norma de nuestra conducta. Y, de nuevo, basta el recurso a la propia experiencia
y a la historia reciente para verificarlo.
CÓMO SE FORMAN LOS
VALORES
La postura optimista enunciada en los párrafos anteriores lleva a
la conclusión de que la sociedad se ve abocada, sin que sepamos cómo, hacia una
evolución positiva de los valores, en un doble sentido: los valores cambian en
la dirección adecuada (de la intolerancia a la tolerancia, del conflicto a la
solidaridad, del desprecio a la naturaleza a la preocupación ecológica) y se
difunden entre todos los agentes mediante mecanismos no bien especificados, sea
por la "evidencia" de la superioridad de los nuevos valores, sea por el papel
benéfico de ciertos "creadores" de valores, como los medios de comunicación, las
organizaciones no gubernamentales o algunos grupos de científicos sociales, o
bien por una no bien definida evolución social. No faltan, desde luego,
obstáculos y retrocesos (temporales), pero, finalmente, el progreso
triunfará.
Esa postura me parece ingenua y peligrosa, porque ignora los
verdaderos mecanismos de forrnación de los valores, la naturaleza de los cambios
que experimentan y los obstáculos que se presentan. Pero, sobre todo, porque,
metiendo el progreso en las leyes rígidas de la historia, acaba prescindiendo
del hombre y de su libertad.
Pero no quiero extenderme sobre esto ahora.
Lo que me interesa es explicar cómo afloran los valores en una persona y en una
sociedad.
Recordemos algunas de las afirmaciones hechas antes: hay
valores de contenidos muy distintos y de diversos niveles, los valores se
reconocen en la vida y con ellos dirijimos nuestras acciones desde dentro de
nosotros mismos. Por tanto
Tesis 46: Los valores se poseen con diversos
niveles de firmeza.
Esto parece lógico. Hay valores bien asentados en las
convicciones de una persona lo que, como dijimos, no es síntoma de intolerancia,
valores ejercitados y practicados con frecuencia, valores trabajados en el
diálogo con los demás, en la reflexión y el estudio, valores sometidos repetidas
veces a prueba y siempre confirmados,... y otros superficiales, aceptados sin
reflexión, como una moda, con la conciencia de ser transitorios.
Tesis
47: Los valores se adquieren de muchas maneras distintas:Por estudio y
reflexión, por copia e imitación, por el ejemplo de otros, etc.
En la
adquisición de valores procedentes de otros influirán el diálogo, la discusión,
el estudio, la lectura, los modelos, el ejemplo, etc. Obviamente, se puede decir
que los valores proceden de nuestra elaboración personal, pero sólo en el
sentido de que somos nosotros los que los aceptamos y utilizamos. Y esto no es
algo propio del hombre actual, en contraposición a la supuesta actitud acrítica
y pasiva de las generaciones pasadas.
Tesis 48: La filosofía, la
tradición y la religión son importantes fuentes de valores.
Que esas
fuentes no estén hoy bien vistas no quiere decir que no sean fuentes reales de
valores.
A la filosofía -el estudio científico de las ideas, en sentido
amplio- se puede aplicar lo que el economista inglés John M. Keynes decía de los
políticos: que aquellos que se creen más independientes en sus convicciones son,
sin saberlo, deudores de algún oscuro economista difunto. La tradición es
también importante, porque no podemos negar que los valores con los que
iniciamos nuestra vida son, en buena medida, los de nuestros padres y maestros.
Y la religión, porque hay pocas fuentes más ricas de valoraciones fundamentales
sobre el hombre, la vida, la sociedad, la naturaleza, los demás, Dios... y de
preceptos sobre cómo aplicar esos valores en las más diversas
circunstancias.
El hecho de que nos hayan querido transmitir una visión
cerrada y agobiante de los valores presentes en la religión, la filosofía o la
tradición no cambia la naturaleza de las cosas. El valor (laico) de la
solidaridad, por ejemplo, no es sino una variante pobre variante del amor al
prójimo: el término puede sonar mejor que el de la "caridad", pero, sin duda, el
precepto de "arnar al prójimo como a uno mismo", incluyendo el amor a los
enemigos hasta dar la vida por ellos, es un valor muy superior, mucho más
exigente, que numerosas formas de solidaridad de las que hoy están de
moda.
Tesis 49: Los valores no se pueden imponer.
Nadie "valora"
algo a lo que no da valor, aunque le obliguen a ello, es decir, aunque le
obliguen a adaptar su conducta a unos valores que no comparte. Sí cabe, por
supuesto, que uno acabe convencido de los valores que la sociedad le invita o le
obliga a vivir. En definitiva, ya hicimos notar que el grado de adhesión a los
valores es variable.
Esta tesis tiene otra interpretación: los valores
actuales no los inventan los científicos sociales, las organizaciones
gubernamentales o los medios de comunicación. Naturalmente, ellos pueden llevar
a cabo interesantes propuestas sobre los valores que convendría adoptar, pero me
parece que conviene someter esas propuestas a un análisis crítico. Y la razón es
que no hay mente humana capaz de captar todas las consecuencias derivadas de un
suceso. Por ejemplo, es bueno que se fomente la solidaridad con los países más
atrasados, pero muchos intentos de materializar ese valor en acciones concretas
no están suficienteinente apoyados en las leyes de la economía, en el estudio de
las motivaciones humanas o en las recomendaciones de la ciencia política. Y, por
ello, pueden resultar contraproducentes.
Tesis 50: Los valores se
consolidan por la práctica, es decir, Por la repetición de su
ejercicio.
Y también por el estudio, el conflicto, etc. Importa, pues, no
sólo cómo se crean los valores, sino cómo arraigan en las personas, cómo crecen,
se transmiten y, en su caso, cómo cambian y cómo mueren.
Tesis 51: Los
valores se justifican o racionalizan por vías muy diversas. la teoría
(filosofía, sociología, política, economía, etc.), la tradición (lo que siempre
se ha hecho), la práctica social (lo que se lleva), la convicción religiosa, la
necesidad, el miedo, etc.
Tesis 52: La justificación o racionalización de
los valores es poco importante en su puesta en práctica, pero puede serlo en
situaciones de conflicto, cambio axiológico, etc.
CONCLUSIONES
El
objeto de este artículo ha sido llevar a a cabo un conjunto de reflexiones que
nos ayuden a la hora de orientar el debate sobre los valores en nuestra sociedad
pluralista y laica, escéptica e ingenuamente ilusionada, crítica y acrítica a la
vez, impregnada de modas pero sometida a la dura prueba de unos conflictos que
las modas no pueden solucionar. Mi conclusión es que ese debate es posible, que
no es fácil, y que debe dirigirse no ya al simple intercambio de ideas, sino a
un intento serio de contrastar la calidad de nuestros valores, intentando
entender por qué los aceptamos (y por qué rechazamos sus contrarios) y cuáles
serán las consecuencias personales y sociales que se derivan de ellos, como base
para posteriores procesos de cambio, consolidación y aprendizaje de nuevos
valores.
He aquí, para acabar, algunas ideas para orientar ese
debate:
1) Desconfiemos de las declaraciones: los valores deben buscarse
en las conductas, porque son ellos los que guían nuestras acciones.
2)
Los valores tienen una dimensión objetiva, que debemos tratar de encontrar
siempre. Quedarse en la subjetividad de los valores hace inútil y aun imposible
el diálogo.
3) Tanto las declaraciones sobre los valores como las
acciones que se derivan de ellos se mezclan con los "hechos". Y hay que separar
unos y otros, para que el diálogo sea fructífero. Por ejemplo, el debate entre
los que rechazan a los inmigrantes porque (algunos o muchos de ellos) son
delincuentes y los que los quieren proteger porque proceden de sociedades pobres
en las que no han tenido oportunidades de desarrollo debe empezar clarificando
los hechos, antes de definir el componente valorativo contenido en las
propuestas.
4) Los valores de una sociedad no son independientes de los
de sus componentes, pero tampoco se confunden con ellos. Lo que se vive en el
plano personal puede no coincidir con lo que se valora en el plano
social.
5) No tiene mucho sentido elaborar jerarquías de valores
abstractas, pero sí puede convenir que, en los debates sobre valores, se
clarifiquen los de diferentes niveles que se vayan encontrando, porque la clave
de los de nivel inferior la encontraremos en los superiores.
6) El debate
sobre los valores puede tener lugar en el terreno de los principios, pero sólo
será fructífero para aquellos que compartan los mismos principios. Por el
contrario, cuando el debate se centra en el contenido de los valores, en los
aprendizajes que generan, en las acciones que se derivan de los mismos y en sus
consecuencias (no sólo en las de naturaleza económica y fácilmente
cuantificables), es posible el diálogo incluso con aquellos que no participan
del mismo paradigma. Naturalmente, esto es sólo el inicio del diálogo, pero
suele ser también la fase más dificil.
7) Ese debate pertenece al ámbito
de la filosofía (de la antropología y de la ética, principalmente) y de la
sociología (entendida como ciencia de los comportamientos humanos en sociedad, y
no necesariamente en algunas de sus vertientes hoy de moda).
8) Pero no
es un debate fácil, aunque sólo sea porque a nadie le gusta que se expliciten
críticamente las consecuencias derivadas de sus concepciones y de sus
conductas.
9) El debate, planteado en los términos señalados, puede y
debe entrar también en los valores morales.
10) Un debate profundo sobre
los valores debe estar dispuesto a discutir todos los valores, sin excluir
ninguno (por ejemplo, la democracia o la tolerancia) por razones ideológicas,
filosóficas, religiosas, políticas o prácticas.
11) El debate sobre los
valores no debe convertirse en un juicio sobre intenciones.
12) Tan
importante como el diálogo sobre los valores, o incluso más importante, es el
proceso de aprendizaje, desarrollo y cambio de los valores que debe seguir a
aquel debate.
Antonio Argandoña es Profesor de la Cátedra de Economía y Ética y Secretario General del IESE, Universidad de Navarra.