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Título:
Medición y desarrollo. El universo de las competencias
Autor: Clara Reyes de Mejía
Por. Clara Reyes de Mejía
Las
competencias son aprendidas y la persona puede desarrollarlas a través de
diferentes estímulos. Las organizaciones deben establecer mecanismos para
medirlas y, así, proyectar su potencial y correcto desarrollo. El enfoque del
proceso de evaluación de CRM Psicología Organizacional contempla dos aspectos
fundamentales en las personas, los cuales son: los recursos y las competencias.
Así
agrupados los factores que componen la estructura total de la persona, es
posible decir que la variable recursos corresponde al potencial o a la
capacidad que posee una persona recibida como parte de su dotación genética y
desarrollada a través del estímulo a lo largo de su vida. De esta forma, las
personas pueden usar sus talentos de manera constructiva en la medida en que
reciban la suficiente estimulación del entorno. Lo que no es muy factible es
incrementar dichos recursos: la clave está en contar con suficientes elementos
para desarrollarlos y usarlos positivamente de acuerdo con las distintas
situaciones que enfrente. Las competencias, por su parte son comportamientos y
conductas sostenidas con las que una persona afronta de manera efectiva sus
problemas cotidianos, maneja y modifica su entorno más próximo. Son aprendidas
y desarrolladas por las personas a través del estímulo social recibido, de
procesos de formación, reforzamiento social y de la experiencia adquirida a lo
largo de la vida. Las competencias se convierten en pautas de comportamiento
repetitivos que conducen a resultados. Si se interiorizan y se arraigan
para alcanzar los propósitos individuales, pueden conducir a la efectividad. A
diferencia de los recursos, las competencias se incrementan porque se adquieren
a través de un proceso de aprendizaje. Dado que la pretensión no es ver al
individuo de manera dividida o separada, el punto de partida es que todos éstos
factores interactúan y son mutuamente interdependientes; y esta
interdependencia permite conceptualizar global e integralmente al hombre. De
otra parte, el enfoque de recursos/competencias/habilidades, permite
identificar en forma más detallada y puntual los aspectos que más está
utilizando la persona y aquellos que pueden interferir notoriamente con su
adaptación al medio y su proceso de crecimiento.
Recursos
Los recursos pueden dividirse en dos: intelectuales y emocionales.
Recursos
intelectuales
Hacen
referencia a las potencialidades intelectuales que le permiten a la persona
llevar a cabo el proceso mental necesario para resolver los problemas que se le
presentan, desde los más sencillos hasta los más complejos. Estos recursos en
la medida en que son estimulados, se desarrollan y se convierten en
competencias, entendidas como: "La capacidad para identificar, analizar y
resolver problemas bajo condiciones de poca información, incompleta o
incertidumbre". Esta capacidad requiere sensibilidad respecto al medio
ambiente, habilidad para identificar y evaluar la información, así como para
incorporar nuevos contenidos, interpretar datos e innovar en las soluciones ya
propuestas. Aspectos tales como memoria, atención, percepción, capacidad de
análisis, síntesis, comprensión, lógica, razonamiento, son elementos que se
asocian a éste tipo de recurso. De su adecuada combinación surgen soluciones
prácticas que responden al cómo resolver un asunto o alternativas que responden
al por qué se dan e identificar las causas. Los estudios acerca de la
inteligencia precisan tres factores que componen la inteligencia mental:
Comprensión
verbal: que refleja la riqueza de vocabulario de una persona y su
aptitud (potencial) para comprender y expresar verbalmente sus pensamientos e
ideas. El contenido de los pensamientos variará de acuerdo con el tema tratado.
Allí se hacen presentes factores tales como el análisis (descomposición del
todo en partes), síntesis (integración de las partes en un todo). Organización
perceptiva: se refiere a la aptitud para percibir relaciones espaciales
secuenciales y la habilidad con que la persona es capaz de organizar los
elementos relacionados en un todo complejo. En éste punto se observa la
capacidad para identificar causa (pensamiento causal o conceptual) o para
establecer respuestas (pensamiento práctico).
Memoria:
resistencia a la distracción asociada a la memoria inmediata así como a la
aptitud para concentrarse y recordar material aprendido previamente, necesario
para afrontar nuevas situaciones. Estos aspectos, para el entorno laboral,
pueden ser medidos a través de pruebas específicas de inteligencia y
desarrollados a través de entrenamiento en análisis y solución de problemas,
participación en proyectos especiales, desarrollo de temas globales novedosos
que afecten a la organización y mediante un estilo de dirección que promueva la
evaluación e interpretación de la información homogénea o heterogénea dependiendo
del entorno en el que se encuentre la persona.
Recursos
emocionales
Hacen
referencia al capital dinámico y energético que posen las personas, así como a
los talentos que impulsan a actuar y a llevar a la práctica las ideas que cada
persona plantea a nivel teórico para convertirlas en acciones específicas. En
tanto la inteligencia responde al pensar, los recursos emocionales corresponden
al actuar.
Como
en el caso de los recursos intelectuales, su uso frecuente y la exhibición en
términos de conductas observables, se convierten en competencias, entendidas
como la capacidad para: trabajar en situaciones de alta tensión emocional, para
tomar decisiones desprovistas de información, manejar adecuadamente crisis
personales u organizacionales y capacidad para asumir altos niveles de
responsabilidad. Las tensiones a las que las personas están sometidas
constantemente, son pruebas permanentes de la existencia y uso de los recursos
energéticos. La habilidad para tomar decisiones difíciles, donde no existen soluciones
integradoras, la clara orientación hacia la consecución de resultados que
pongan a prueba las habilidades propias, son otros aspectos particularmente
relevantes dentro de los recursos emocionales. El concepto de inteligencia
emocional cobra importancia porque hace referencia a la necesidad de armonizar
emociones y sentimientos consigo mismo.
En
los últimos tiempos el concepto de inteligencia emocional cobra importancia,
porque hace referencia a la necesidad de armonizar emociones y sentimientos consigo
mismo, a fin de actuar acorde con las circunstancias. Numerosos estudios
muestran como es importante la inteligencia emocional para llevar a la práctica
los pensamientos e ideas y cómo es necesario conocer sus componentes para
manejarlos de manera productiva. Los recursos emocionales hacen parte también
al igual que los recursos intelectuales, de la dotación recibida y pueden ser
moldeados y desarrollados a través del estímulo y las vivencias
personales.
Como
componentes de la inteligencia emocional se encuentran: los sentimientos, el
control emocional, la motivación de logro, la responsabilidad (la capacidad de
cada persona para responder por), el compromiso, el empuje y dinamismo que
exhibe la persona al emprender una tarea o al resolver un problema. Un manejo
productivo y adecuado de éstos recursos energéticos se convierten en
competencias tales como el manejo de la presión o el estrés derivado del
contacto con otros, del incremento en el volumen de trabajo o del vencimiento
de plazos, la toma de decisiones bajo condiciones de poca información, y el
explorar y evaluar el proceso que antecede a la decisión y al resultado. Los
recursos emocionales son susceptibles de medir en tanto existen instrumentos
tales como cuestionarios de motivación, empatía, manejo del estrés, inventarios
de valores, manejo del conflicto, test proyectivos que miden la estabilidad
emocional y orientación a resultados. Y a su vez los recursos pueden ser
desarrollados mediante procesos grupales de autoconocimiento, sensibilización
personal o procesos de apoyo, seguimiento individual o tutorías que amplían el
espectro del conocimiento que tiene la persona de sí misma y le dan el soporte
y herramientas para resolver los problemas emocionales que se derivan de sus
vivencias.
Competencias
gerenciales
Se
dividen en competencias de pensamiento, de gestión, sociales y de conocimiento
propio.
Competencias
de gestión
Son
comportamientos y conductas sostenidas con la que una persona afronta de manera
efectiva sus problemas cotidianos y maneja y modifica su entorno más próximo.
Son aprendidas y desarrolladas por las personas a través del estímulo social
recibido, y a través de procesos de formación, reforzamiento social y de la
experiencia adquirida a lo largo de la vida.
Las
competencias de gestión están asociadas en el campo laboral con destrezas
gerenciales y son básicamente procesos aprendidos a través de la vida y
convertidos en hábitos mediante comportamientos repetitivos que se van
incorporando en las personas para lograr los resultados que se esperan.
Estas
habilidades son interiorizadas por las personas desde muy pequeñas y se revelan
en el ámbito laboral. A diferencia de los recursos pueden ser incrementadas o
modificadas. Las competencias de gestión cobran gran importancia en el ámbito
laboral puesto que ellas agregan valor a las actividades puramente técnicas: a
través de ellas es posible enfrentar una diversidad de actividades, asignarles
la prioridad y actuar bajo un espectro gerencial amplio. Las habilidades
gerenciales son instrumentos básicos de trabajo individual para integrar a los
demás en un grupo diversificado de labores que permiten ver más allá de lo
puramente cotidiano; cualquier persona en cualquier nivel, en cualquier cargo
requiere de éstas habilidades en la medida en que ellas suponen un trabajo
integrador y coordinado. A medida en que los niveles se elevan y las
actividades se tornan más complejas, las competencias de gestión cobran un
papel importante porque ellas permiten involucrar un amplio número de variables
que conducen a resultados. En éste sentido, facilitan el trabajo y la
consecución de objetivos de alto impacto. La medición de ellas es posible a
través de observaciones directas en el trabajo, juegos de roles, técnicas de
simulación e instrumentos de evaluación diseñados para tal fin. Así mismo, las
técnicas proyectivas posibilitan su identificación.
Competencias
sociales
Son
las destrezas sociales básicas aprendidas a través del estímulo social,
necesarias para interactuar, influir, guiar y orientar a otros en diferentes
escenarios. Implica no sólo que la persona sea capaz de analizar los problemas
sino de comunicarlos efectivamente a los demás, generar motivadores y
compromiso para trabajar en los problemas y controlar el progreso hacia su
solución. El aprender a confrontar y a manejar acertadamente las diferencias
con otros, el lograr incidir críticamente en personas iguales, superiores y
colaboradores en el ámbito laboral, el manejo de las interacciones fuera de la
organización, demandan cada vez más recursos personales y son aspectos
puramente aprendidos e interiorizados nuevamente como hábitos.
Aprender
a manejar las diferencias con los otros requiere bastantes recursos personales
y es la clave para trabajar en equipo Los hábitos no son irrompibles y pueden
ser modificados, aprendidos u olvidados y su cambio requiere un proceso de
trabajo interior y a la vez un alto compromiso personal. Existen hábitos
negativos como la baja tolerancia a otros, la impaciencia, la crítica, el
egoísmo, que están enraizados en las personas pero que pueden ser cambiados en
la medida en que son visibles sus beneficios. Un hábito se repite cuando da
resultado y cuando el mundo que nos rodea ( familiar, social, laboral o
educativo) es receptivo a ello.
Otros
hábitos positivos tales como el respeto por los demás, el orden, la escucha
activa, también se refuerzan cuando de ellos se obtiene una recompensa y
procuramos que el entorno se mueva bajo éstos mismos parámetros.
Dentro
de las habilidades interpersonales figura el liderazgo, entendida como la
posibilidad de influenciar positivamente la conducta de otros, en aras de
lograr un resultado común, compartido y aceptado por el grupo de referencia que
atribuye causalmente a la persona ese poder. Este liderazgo puede ser visto en
acciones tales como persuadir, argumentar, entender al otro, empatizar para
lograr una comunicación efectiva y el ahora mencionado empoderamiento. Así las
competencias van más allá de las habilidades sociales, pero las integran en un
todo y producen una gama variada de comportamientos que a la larga conforman la
personalidad del individuo. Las competencias sociales son factores claves en
cualquier campo, pero en el organizacional también son claves, para lograr
resultados con y a través de otros, de allí que actividades como el trabajo en
equipo, suponen toda una integración de estas habilidades y recursos.
Medición
El
tema de la medición es necesario en cuanto permite identificar el estado actual
de los recursos y las habilidades y posibilita proyectar su potencial y
correcto desarrollo. La identificación de tales habilidades y recursos es cada
vez más imperiosa y su detección requiere de instrumentos confiables y válidos
que permitan interpretar y anticipar el futuro comportamiento de la persona.
Pero no sólo el instrumento de por sí hace que la medición sea predictiva, las
habilidades de observar y medir son básicas para interpretar, ajustar y diseñar
un proceso único e individual. En la actualidad, el mercado está saturado de
técnicas e instrumentos que vaticinan la medición sin mayor esfuerzo
interpretativo y que ha caído en manos de personas que no posean la preparación
suficiente para hacerlo: de hecho tal medición se reduce a un cuestionario que
agrupados los resultados en una población global, ofrece parámetros generales
que bien pueden ser aplicados a unos y otros sin mayor aporte a la
individualidad. Todo ello ha desvirtuado el valioso aporte de un proceso de
medición que respete y rescate las diferencias de cada persona y además
construya a partir de ellas. Complementario al proceso de medición está la
retroalimentación que involucra directamente al evaluado, lo hace partícipe y
actuante activo de su propio desarrollo, le agrega objetividad y le resta temor
al proceso, y en general, lo enriquece. Con todo ello, la medición se convierte
en el primer paso para el desarrollo, pero es insuficiente en la medida en que
se puede quedar en un autoconocimiento que amplía el espectro de la persona
pero no mejora, ni cambia ni permite por sí sola crecer. Por esta razón el
trabajo de formación, capacitación, entrenamiento y seguimiento individual que
se apoya en la autoreflexión, fortalecen el proceso y lo complementan.
La medición de recursos y competencias en el entorno laboral aporta al crecimiento individual y organizacional, en la medida en que descubre talentos, objetiviza la información respecto fortalezas y debilidades y crea un ambiente propicio para la retroalimentación y la implantación de procesos de desarrollo. Aquellas organizaciones que descubren su importancia estimulan la autopercepción individual y empresarial necesaria para reforzar el ser competentes más que competitivos. Encuentran elementos claves para el mejoramiento interno independientemente de si otras organizaciones competidoras lo hacen y focalizan sus esfuerzos en aprovechar al máximo el talento y las habilidades de las personas que son quienes direccionan los procesos, los modifican, los cambian, los transforman y los convierten los esfuerzos en resultados. Detectar los talentos, recursos y habilidades es pues tarea de aquellos que están conscientes del mejoramiento continuo y saben que es en el interior de la organización en donde van a encontrar los obstáculos u oportunidades para crecer. Pero es el que requiere mayor esfuerzo y dedicación, mayor paciencia pero el que da resultados a más largo plazo, de mayor permanencia y continuidad.
Título:
Medición y desarrollo. El universo de las competencias
Autor: Clara Reyes de Mejía
Cedido por UCh RR.HH. portal de estudiantes de RR.HH. www.uch.edu.ar/rrhh