UNIVERSIDAD YACAMBÚ

Vicerrectorado de Estudios Virtuales

Doctorado en Gerencia - Fase III

Momento 2

Elaborado por: Mgsc. Luidys Diaz

E-mail: [email protected]

URL: http://es.geocities.com/luidyst

 

 

INTELIGENCIA EMOCIONAL COMO FACTOR DETERMINANTE  DE LAS COMPETENCIAS GERENCIALES

 

Antecedentes de la Investigación

"Al contrario de lo que generalmente se cree, las emociones no son ni positivas ni negativas; más bien actúan como la más poderosa fuente de energía humana, de autenticidad y empuje, y ofrecen un manantial de sabiduría intuitiva". (Cooper, pág. XIV). Este autor, en estudios e investigaciones realizadas resalta el papel ejercido por las sensaciones, las cuales suministran cada minuto del día una información vital y potencialmente provechosa.

En este orden de ideas, Cooper en su texto La Inteligencia Emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones señala:

Esta retroinformación (del corazón, no de la cabeza) es lo que enciende el genio creador, mantiene al individuo honrado consigo mismo, forma relaciones de confianza, ofrece una brújula interna para la vida y la carrera, nos guía hacia salvarnos o salvar nuestra organización del desastre. (pág. XIV).

De los conceptos emitidos se analiza, igualmente, que la Inteligencia Emocional debe aprenderse a reconocerla y valorarla.

 

En este sentido el propósito de la investigación es analizar la influencia ejercida por la inteligencia emocional y los valores como factores determinantes de las competencias gerenciales, respondiendo de una manera coherente y precisa las interrogantes formuladas, ya que según lo señala Ryback: Poner a trabajar la inteligencia emocional, significa sacar a relucir los mejores talentos de nuestros ejecutivos y directivos, y quizás de todos los miembros de la organización... la inteligencia emocional es para un ejecutivo lo que el sonar es al barco, pues, le ayuda a evitar las áreas problemáticas que de otro modo no podrían ayudarle. (pág. 17).

Ysern de Arce (1999) en un trabajo presentado en el Seminario Internacional sobre la Tercera Edad, celebrado en Chile y cuyo título es Inteligencia Emocional en el Adulto Mayor, expresa: "los nuevos estudios indican que las emociones positivas y negativas influyen en la salud más de lo que se suponía hace unos cuantos años, y que si no tenemos un desarrollo afectivo óptimo no se desarrolla la inteligencia"; de igual manera éste investigador sostiene que hay una relación directa entre el afecto y el desarrollo cerebral intelectual.


Por su parte el periodista Goleman, ha tenido el acierto de lograr llamar la atención sobre la importancia del tema emocional mediante la publicación de su libro la Inteligencia Emocional. A través de este texto ha llevado a la comprensión de la gente de la calle un tema de tanta relevancia. Hoy se dice con exactitud que la inteligencia es mucho más que una determinada función de la mente humana, medida en términos del C.I; el ser humano a la hora de actuar de alguna manera, y de tomar decisiones no lo hace tanto guiado por su inteligencia cognitiva, sino sobre todo a impulsos de sus emociones y sentimientos que deben ser guiados, orientados, controlados y expresados mediante los dictados de una sana inteligencia emocional. Expresa este autor "que a la hora de decidir en asuntos que se nos va la vida, no lo hacemos por el frío intelecto, sino por la calidad e intensidad de los sentimientos que en ese momentos nos embargan".


De igual manera, estudiosos en la materia tales como Salmen, Puig, Manrique y Uzcategui, no dudan en resaltar las fortalezas de la inteligencia emocional para explicar el desenvolvimiento de los individuos, bien sea desde el caso de los niños hasta el mundo de los adultos. En sus estudios estos investigadores han demostrado que hasta hace poco las capacidades del individuo eran "medidas" por el coeficiente intelectual, sin embargo, se detectó que muchos niños que fueron ubicados por debajo del estándar aceptable de coeficiente intelectual, obtenían logros y resultados exitosos en su desempeño escolar, mientras que como adultos destacaban en el ámbito laboral alcanzando altos rangos organizacionales. Asimismo, con los estudios de resonancia magnética con positrones quedó demostrado que luego del período de trabajo, la distribución de las emociones a nivel cerebral cambiaba, al igual que los resultados cotidianos que el individuo percibía.

Es justamente de estas experiencias que nace el concepto de cerebro emocional o sistema límbico, criterio que asocia diferentes partes del sistema cerebral (amígdala, hipotálamo, hipocampo y tálamo) y cuyo funcionamiento conjunto da una nueva dimensión a la inteligencia desde el punto de vista de cerebro emocional, bastante diferente al denominado cerebro racional o cerebro inteligente.

Por su parte Uzcátegui señala "la inteligencia intrapersonal es la capacidad que tiene el individuo de poder entender e identificar sus emociones", para este estudioso de la materia una vez que la persona conoce su dimensión emocional comienza a tener mejor y mayor control sobre sus vida, lo que redunda en mayor estabilidad. Asimismo, resalta Uzcátegui que a nivel de las organizaciones y empresas provee técnicas importantes para que el individuo se pueda ubicar en un mundo competitivo, demandante, cambiante, exigente y sobre todo globalizado. Concluyendo este grupo de autores que con las herramientas proporcionadas por la Inteligencia Emocional se le facilita al individuo el ser un ente creativo dentro de la avalancha de sucesos que pueden afectarlo, con el fin último de ser libre, basándose en la creatividad desarrollada en el mundo social, afectivo y laboral.

En el campo de la Inteligencia Emocional, también han realizado estudios autores como Mario González, quien en un trabajo desarrollado concluye que para mejorar la capacidad de liderazgo, la inteligencia emocional de una persona se puede desarrollar, pero con seriedad, con humildad y paso a paso.

 

En otro orden de ideas Mandler (1984) realizó estudios sobre la relación que existe entre mente y cuerpo y en su texto expresa: Supone que de toda la información disponible en el ambiente, la mente está principalmente interesada en las regularidades ambientales. Entonces, la mayoría de su procesamiento puede reducirse a: hay un objetivo (ej. comer), hay una necesidad (ej. alimento) y hay una situación (plantación de bananos). Basándose en las conocidas regularidades del ambiente, la mente puede determinar lo que necesita para lograr su objetivo en la actual situación. En este momento la emoción (ej. desean bananos) simplifica este proceso. La función de las emociones es proporcionar al individuo con un punto de vista más general del mundo que sea consistente con sus actuales necesidades, objetivos y situaciones.

Por otro lado Matson (1997) realizó una investigación dirigida a determinar las características del Liderazgo Supervisorio en la empresa CANTV. La población objeto de estudio estuvo conformada por 54 supervisados que laboran en la gerencia de ventas comerciales, seleccionándose una muestra aleatoria simple que quedó conformada por 48 empleados. La metodología fue descriptiva, empleándose un cuestionario para la recolección de datos.

Los resultados arrojaron que los lideres reúnen un conjunto de características personales ajustadas para las labores de liderazgo, así como también habilidades para ejecutar ese papel de manera apropiada a los fines de la organización. El estilo de liderazgo predominante fue el democrático, lo que permite la participación del empleado en las decisiones y acciones laborales.

Por su parte, Noueihed (1997) estudió los estilos de liderazgo y las características organizacionales de la pequeña industria en los Municipios Maracaibo y San Francisco del Estado Zulia. Se realizó un estudio descriptivo, con una muestra intencional constituida por 30 personas. En cada una de las empresas fueron aplicados tres instrumentos de recolección de datos a la persona en contacto directo con los empleados y a tres empleados seleccionados aleatoriamente. Los resultados obtenidos indican que los gerentes piensan que su estilo de dirección es autoritario, percepción que comparten los empleados siendo la característica organizacional que predomina la que Likert define como participativo consultivo. Este estudio no relaciona las dos variables, más las analiza por separado, siendo su teoría útil a esta investigación.

 

En otro orden de ideas, en cuanto a la forma de manejar el cambio organizacional autores como Kurt Lewin diseñó un "Modelo de tres Pasos", en este modelo de cambio, Lewin sostiene que para lograr que las organizaciones lleven a efecto un cambio con éxito, se debe seguir tres pasos: descongelar el status quo, el movimiento hacia un nuevo estado y el recongelamiento del nuevo cambio para hacerlo permanente.


Cuando habla de descongelar se refiere a los esfuerzos por sensibilizar a la gente para generar conductas de cambio y vencer las presiones de la resistencia individual y del conformismo del grupo. En lo que respecta al movimiento señala que viene a ser el cambio propiamente dicho y el recongelamiento consiste en la estabilización de una intervención de cambio mediante el equilibrio de las fuerzas impulsoras y limitantes.

 

Asimismo Covey desarrolló un "modelo de eficacia", concentrándose en la Interdependencia, la Independencia y la Dependencia, él demuestra a través del modelo que se puede pasar de la dependencia a la interdependencia en los grupos productivos, a través de la práctica de siete hábitos que el sugiere como los siete hábitos de la gente altamente efectiva y que apoyan sus ideas sobre el cambio:


1. Sea proactivo,

2. Empiece con un fin en mente,
3. Establezca primero lo primero,
4. Piense en ganar - ganar.
5. Procure comprender y después ser comprendido,
6. La sinergia y
7. Afile la sierra.

 

Reuven Bar-On, (1992), realizó una investigación sobre la Teoría Emocional, denominada "The Development of a concept and test of Psychological well-bein". En esencia, este modelo describe la Inteligencia Emocional como "una serie de habilidades personales, emocionales y sociales que influyen sobre la propia capacidad de triunfar en el manejo de las exigencias y presiones del ambiente", las 15 habilidades claves caen dentro de 5 grupos generales: capacidades intrapersonales, habilidades interpesonales, adaptabilidad, estrategias para el manejo de estrés y factores motivacionales y anímicos.

 

Gardner (1983), presenta un modelo de inteligencia múltiple. Este investigador expresa que además de capacidades cognitivas comunes, como el razonamiento matemático y la fluidez verbal (así como la inteligencia en dominios tales como el movimiento y la música) debe existir la "inteligencia personal": una para el manejo de uno mismo y otra para el manejo de las relaciones. Sin embargo, en sus descripciones de las inteligencias personales, Gardner destaca los elementos cognitivos de ellas, explorando muy poco el papel crucial de las emociones.

 

Por su parte Seligman (1990) en investigaciones realizadas encontró que cuando los individuos con tendencia a una actitud positiva no alcanzaban sus objetivos, lo atribuían a situaciones que sí podían cambiar y no a alguna falla en su carácter que no podían cambiar. Esa convicción de poder influir sobre el medio ambiente por lo general era autorreforzante. Con este estudio el autor contribuyó a conformar el concepto Inteligencia Emocional.


Campbell (1990) del centro de liderazgo creativo, realizó un estudio con ejecutivos que tuvieron episodios de desgaste y no pudieron ajustarse a la presión requerida y que, como resultado, sufrieron síntomas psicológicos y físicos considerables como para que tuvieran que retirarse de sus responsabilidades.

 

Campbell encontró que las dificultades experimentadas por los ejecutivos no eran en el campo de "las habilidades técnicas", sino en "las habilidades interpersonales". Entre ellas: malas relaciones interpersonales en el trabajo, comportamiento autocrático, conflicto con la autoridad, intolerancia con las ideas diferentes de las propias. Concluyendo que el coeficiente intelectual permite la entrada a la institución deseada, universidad o empresa; sin embargo, será la Inteligencia Emocional la que proporcionará la posibilidad de las promociones a posiciones de mayor responsabilidad en el manejo complicado y difícil de los Recursos Humanos.

 

Marco Teórico

La inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como  el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía y la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social. Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas también tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida.

 

Componentes De La Inteligencia Emocional

1.      Autoconciencia: Habilidad de reconocer y entender sus emociones, estado de ánimo e impulsos, así como su efecto en los demás. La conciencia de sí mismo es el primer componente de la inteligencia emocional,  lo que tiene  sentido si uno recuerda que el oráculo de Delfos aconsejaba “conócete a ti mismo” miles de años atrás.  La autoconciencia significa tener un profundo  entendimiento de nuestras emociones, fortalezas, debilidades, necesidades e impulsos.  Las personas con una fuerte autoconciencia no son demasiado críticas ni tampoco tienen esperanzas irreales.  Más bien son honestos consigo mismos y con los demás. Las personas con un alto grado de autoconciencia reconocen cómo sus sentimientos los afectan a sí mismos, a otras personas y al desempeño en el trabajo.  Así, una persona auto conciente que sabe que las fechas limites  estrechas despiertan lo peor de sí misma, planea su tiempo cuidadosamente  y realiza su trabajo con anterioridad. 

La autoconciencia se extiende al entendimiento que cada persona tiene de sus valores y metas.  Una persona altamente auto consciente sabe hacia dónde se dirige y porqué, y por ello es capaz de ser firme a la hora de declinar una oferta de trabajo tentadora en el aspecto financiero, pero que no es acorde con sus principios y metas de largo plazo. Las personas con alta autoconciencia son capaces de hablar en forma abierta y precisa, aunque no necesariamente de forma efusiva, acerca de sus emociones y del impacto que éstas tienen en su trabajo.    La autoconciencia también puede ser identificada mediante las evaluaciones del desempeño.  Las personas auto conscientes  conocen sus fortalezas y sus debilidades y se sienten cómodas al hablar de éstas; muchas veces tienen un afán por la crítica constructiva.  En contraste, las personas con una baja autoconciencia interpretan el mensaje de que tienen que mejorar como una amenaza o un signo de fracaso.  Otra forma como se puede identificar a las personas auto conscientes es por la confianza en sí mismas.  Tienen una fuerte comprensión de sus capacidades y son menos propensas a dejarse llevar a fallar, por ejemplo, con tareas en exceso forzadas.  También saben cuándo  pedir ayuda. 

Investigaciones indican que a pesar de lo valioso que resulta tener personas auto conscientes en el trabajo, cuando las empresas buscan líderes potenciales son muchos los altos ejecutivos que no le dan a estos el valor que se merece. A menudo confunden esta desprevención respecto a los sentimientos con debilidad y no le dan el debido respeto a los empleados que reconocen abiertamente sus limitaciones.  Las personas que se evalúan a sí mismas honestamente, esto es, de forma auto consciente, están preparadas para hacer lo mismo para las organizaciones que lideran.

2.      Autorregulación: Habilidad para controlar o redirigir impulsos y estados de ánimo.  Propensión a eliminar los juicios;  piensa antes de actuar.  Los impulsos biológicos de  la autorregulación manejan nuestras emociones.   No los podemos dejar de lado, pero sí podemos hacer mucho para manejarlos.  La autorregulación, que es como una conversación interna continuada, es el componente de la inteligencia emocional  que nos libera de ser prisioneros de nuestros sentimientos. 

            ¿Por qué es tan importante la autorregulación para los líderes? 

·             Las personas que están en control de sus sentimientos e impulsos,  son razonables y capaces de crear un ambiente de confianza y equidad.  En este tipo de ambientes, la politiquería y las peleas internas se reducen drásticamente y la productividad aumenta, las personas con talento se congregan en la organización y no están tentadas a dejarla.  La autorregulación tiene un efecto multiplicador hacia abajo.  Nadie quiere ser reconocido como alguien exaltado y de mal genio cuando el jefe es conocido por su serenidad, la autorregulación es muy importante por razones competitivas.  Todos sabemos que en la actualidad los negocios están llenos de ambigüedad y cambio.  Las empresas se fusionan y se separan regularmente.  La tecnología transforma el trabajo a un ritmo vertiginoso. Quienes logran  dominar sus emociones pueden manejar los cambios.  Cuando se anuncia un nuevo programa de cambio no entran en pánico.  Por el contrario, son capaces de suspender los juicios y empezar a buscar información y escuchar a los ejecutivos que explican el nuevo programa.  A medida que las iniciativas  avanzan, son capaces de moverse junto con ellas.  Algunas veces, incluso lideran el camino.  Al hacer énfasis en la importancia de la autorregulación en el liderazgo y sentar el precedente de que esta refuerza la integridad, la cual no es solo una virtud personal sino también una fortaleza organizacional.   Las señas de la autorregulación emocional no son difíciles de pasar por alto: propensión a la reflexión y el pensamiento, conformidad con la ambigüedad y el cambio, integridad y habilidad para decir no a los instintos impulsivos. Como la autoconciencia, a menudo la autorregulación no se recompensa.  Las personas que pueden dominar sus emociones son consideradas muchas veces como frías y faltas de pasión.  Las que tienen temperamentos vehementes son consideradas como los líderes clásicos, sus explosiones son consideradas como signos de carisma y poder.  Cuando este tipo de personas llegan a lo más alto, su impulsividad muchas veces funciona en su contra. En las investigaciones, las demostraciones extremas de emociones negativas nunca han surgido como motor de un buen liderazgo.

 

  1. Motivación: Pasión para trabajar por razones que van más allá del dinero y el status.  Propensión a lograr metas con energía y persistencia.  Si hay una cualidad que casi todos los líderes poseen es la motivación.  Los líderes son impulsados a alcanzar logros por encima de las expectativas propias y las de los demás.  La palabra clave aquí es lograr. Muchas personas son motivadas por factores externos, como un salario alto o el status que resulta de tener una posición con un título llamativo, o formar parte de una empresa prestigiosa. 

¿Cómo se pueden distinguir líderes que están motivados  por el impulso del logro de los que están movidos por recompensas externas?

 

La primera señal es una pasión por el trabajo mismo: Estas personas buscan desafíos creativos, les encanta aprender y se enorgullecen del trabajo bien hecho.  También despliegan una incansable energía para hacer mejor las cosas.  Personas con este tipo de energía a menudo parecen impacientes con el  status quo.  Son muy persistentes acerca de cuestionamientos acerca de por qué las cosas se hacen de una forma y no de la otra; están ansiosas de explorar nuevos enfoques en su trabajo.

 

Tomemos primero el nivel de desempeño, las personas con alta motivación suelen pedir a sus superiores que les exijan más.  Claro está, un empleado que combine la autoconciencia con la motivación interna reconocerá sus límites pero no por ello se transará  por objetivos que son  demasiado fáciles de cumplir.  Y de aquí se sigue en forma natural que las personas que tienen el impulso de desempeñarse mejor quieren tener una forma de seguirle la pista a su propio progreso, al de su equipo y al de su empresa.  Mientras que las personas con baja motivación hacia el logro son en ocasiones muy quisquillosas con respecto a los resultados, aquellas con alta motivación  hacia el logro registran su desempeño con medidas como rentabilidad o participación en el mercado.

 

Los ejecutivos que tratan de identificar altos niveles de motivación hacia el logro en su equipo pueden buscar una última evidencia: Compromiso hacia la organización.  Cuando las personas quieren su empleo por el trabajo en sí, se sienten muchas veces comprometidas con las organizaciones que hacen posible el trabajo.  Los empleados comprometidos tienden a permanecer con las organizaciones aún cuando son perseguidos por el dinero que ondean los caza talentos. No es difícil entender  cómo y por qué la motivación al logro se puede traducir en un fuerte liderazgo.  

 

Si un individuo se establece una escala de desempeño alta para sí mismo, cuando se encuentre en una posición adecuada, hará lo mismo para la organización.  De la misma forma, una orientación a sobrepasar las metas y un interés en llevar registros de desempeño puede ser contagiosa.  Los líderes con estas cualidades  a menudo pueden rodearse de un equipo de ejecutivos con las mismas cualidades.

Por supuesto, el optimismo y el compromiso organizacional son fundamentales para el liderazgo; trate de imaginar una empresa sin ellos y verá lo difícil que sería.

4.      Empatía: Habilidad para entender la apariencia emocional de los demás. Habilidad  para tratar a las personas de acuerdo con sus reacciones emocionales, de todas las dimensiones de  la inteligencia emocional, la empatía es la más fácil de reconocer.  Todos hemos sentido la empatía de un profesor o un amigo sensible y nos ha golpeado su ausencia cuando estamos con un jefe o entrenador insensible.  Pero cuando se trata de negocios, raramente oímos que las personas sean elogiadas o recompensadas por su empatía.  La palabra misma parece alejada de la vida de los negocios y fuera de lugar entre las duras realidades del mercado.

La empatía no tiene que ver con aquel sentimentalismo estilo “yo estoy bien, tú estas bien”.  Para un líder, la empatía no significa adoptar las emociones de otros como propias y tratar de complacer a todos. Significa considerar los sentimientos de los empleados, junto con otros factores, en el proceso de tomar decisiones inteligentes. Como componente del liderazgo, la empatía es particularmente importante en la actualidad por lo menos por tres razones: 

 

§             El creciente uso de equipos de trabajo, la velocidad de  la globalización y la necesidad de retener el talento.  Consideremos la necesidad de liderar un equipo.  Como lo podrá confirmar cualquiera que haya formado parte de un equipo, éstos son calderas saturadas de emoción en ebullición.  Muchas veces se les pide  a quienes pelean, llegar a un acuerdo, pero si esto es difícil entre dos personas, es mucho más complicado cuando los miembros del equipo aumentan.  Hasta en pequeños grupos de cuatro o cinco miembros se forman alianzas y se establecen agendas interpuestas.  El líder de un equipo debe ser capaz de percibir y entender los puntos de vista de cada uno de los miembros alrededor de la mesa de trabajo.

 

§             La globalización es otra razón para la creciente importancia de la empatía para los líderes de negocios.  El diálogo intercultural puede llevar fácilmente a equivocaciones y malentendidos.  La empatía es el antídoto.  Las personas que la poseen están sintonizadas con las sutilezas del lenguaje corporal; pueden escuchar el mensaje detrás de las palabras habladas.  Más allá de eso, tienen un profundo entendimiento de la existencia e importancia de las diferencias étnicas y culturales.

 

§             Finalmente, la empatía juega un papel clave en la retención del talento, particularmente en la economía de la información de hoy.  Los líderes siempre han necesitado la empatía para desarrollar y retener a la gente buena; pero ahora lo que está en juego es más importante.  Cuando las personas excelentes se marchan, se llevan el conocimiento de la compañía con ellas. Aquí es donde aparecen la consejería y la tutoría.  En repetidas ocasiones se ha demostrado que la consejería y la tutoría son provechosas, no solo para un mejor desempeño sino para una mayor satisfacción en el trabajo y una disminución de la rotación.  Pero lo que hace que la consejería y la tutoría funcionen mejor es la naturaleza de la relación.  Los consejeros y mentores sobresalientes impactan las cabezas de las personas  a quienes ayudan.  Ellos perciben cómo dar una retroalimentación efectiva y saben cuándo empujar para un mejor desempeño y cuándo frenar.  En la forma como motivan a sus protegidos, están demostrando empatía en la acción.

5.      Habilidades sociales: Pericia en el manejo y restricción de redes de relaciones.  Habilidad para encontrar un espacio común y construir simpatía. Los tres primeros componentes de la inteligencia emocional son todos habilidades de auto manejo.  Las dos últimas, empatía y habilidades sociales, tienen que ver con la capacidad de las personas para manejar las relaciones con los demás.  Como componente de la inteligencia emocional, las habilidades sociales no son tan sencillas como parecen.  No es solo un asunto de ser amistoso, a pesar de que las personas con altos niveles de habilidades sociales son rara vez inamistosas.  Por el contrario, la habilidad social es amistad con un propósito: Conducir a las personas hacia la dirección que usted desee, ya sea un acuerdo para una nueva estrategia de mercadeo o entusiasmo frente a un nuevo producto.

Las personas con habilidades sociales tienden a tener un amplio círculo de conocidos y tienen un don para encontrar cosas en común con personas de todo tipo; en otras palabras, un don para  despertar simpatía.  Esto no quiere decir que socialicen continuamente; significa que trabajan conforme a la suposición de que nada importante se puede hacer solo.  Estas personas tienen una red de conocidos lista para ser activada cuando es necesario.  Las habilidades sociales son la culminación de las otras dimensiones de la inteligencia emocional.  Las personas tienden a ser muy efectivas al manejar relaciones en las cuales puedan entender y controlar sus propias emociones y puedan tener empatía con los sentimientos de los otros.  Incluso la motivación contribuye a las habilidades sociales.  Recordemos que las personas que están orientadas al logro tienden a ser optimistas, a pesar de los fracasos y retrocesos.

 

Cuando las personas están muy bien, su “brillo” se ve reflejado en las conversaciones y encuentros sociales.  Son populares y con razón.  Al ser resultados de otras dimensiones de la inteligencia emocional, las habilidades sociales son reconocibles en el trabajo en muchas formas que sonarán familiares.  Por ejemplo, las personas con habilidades sociales son adeptas al manejo de equipos de trabajo: ésta es la empatía en pleno funcionamiento.  Así mismo son expertas en persuasión: ésta es una manifestación que combina  autoconciencia, autorregulación y empatía.  Dadas estas habilidades, quienes son buenos para persuadir saben cuándo deben hacer una súplica emotiva y cuándo funcionará mejor un llamado a la razón.  La motivación, cuando es visible públicamente, hace de estas personas excelentes colaboradores: su pasión por el trabajo se expande a los otros y éstos se ven impulsados a buscar soluciones.

 

Pero algunas veces la habilidad social se manifiesta en formas diferentes a como lo hacen los otros componentes de la inteligencia emocional.  Por ejemplo, algunas veces puede pensarse que las personas con habilidades sociales no hacen nada en su trabajo.  Parecen más bien estar charlando en los corredores con los colegas o bromeando con personas que ni siquiera están conectadas con sus verdaderos trabajos.  Estas personas piensan que no tiene sentido limitar arbitrariamente el alcance de sus relaciones.  Tejen amplios lazos pues saben que en estos tiempos puede necesitar la ayuda de personas que hasta ahora empiezan a conocer.

 

¿Es la habilidad social considerada como una capacidad clave de liderazgo en las empresas?  La respuesta es sí, en especial cuando se compara con otros componentes de la inteligencia emocional.  La gente parece saber intuitivamente que los líderes necesitan manejar relaciones de manera efectiva. Ningún líder  es una isla.  Después de todo la labor de éste es la de hacer el trabajo con la ayuda de otras personas y las habilidades sociales hacen esto posible.  Si un líder no puede expresar su empatía, sería mejor que no la tuviera.  La motivación de un líder será inútil si no puede comunicar su pasión a la organización.  Las habilidades sociales permiten que los líderes pongan a trabajar su inteligencia emocional.

 

Sería tonto afirmar que el tradicional cociente intelectual y las habilidades técnicas no son ingredientes importantes para un fuerte liderazgo.  Pero la receta no estaría completa sin la inteligencia emocional.  Alguna vez se pensó que “sería simpático y positivo” que los lideres de los negocios tuvieran los componentes de la inteligencia emocional.  Pero ahora ya sabemos que, para que el desempeño sea superior, los líderes deben tener estos ingredientes.

 

Entonces, es afortunado que la inteligencia emocional pueda aprenderse. El proceso no es fácil.  Toma tiempo y más que todo compromiso, pero los beneficios de tener una inteligencia emocional bien desarrollada, tanto para el uso individual como para el de la organización,  hace que valga la pena el esfuerzo.

·         Con práctica y persistencia esto puede conducir a resultados duraderos.  Es importante hacer énfasis en que la construcción de la inteligencia emocional propia no puede ocurrir sin un sincero deseo y un esfuerzo concertado.  Un seminario breve no ayudará; tampoco puede uno pretender que la solución sea comprar un manual de cómo hacerlo.  Resulta mucho más difícil aprender a tener empatía (interiorizar la empatía como una respuesta natural hacia las personas),  que volverse diestro en el análisis de regresión estadística. 

 

Goleman afirmó en su última conferencia en Madrid,  que la inteligencia emocional, incluye:

·         La Inteligencia Personal: compuesta a su vez por una serie de competencias que determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. Esta inteligencia comprende varios componentes cuando se aplica en el trabajo.

·         Conciencia en uno mismo: capacidad de reconocer y entender en uno mismo las propias fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así como el efecto que éstos tienen sobre los demás y sobre el trabajo. Esta competencia se manifiesta en personas con habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista, que son conscientes de sus propias limitaciones y admiten con sinceridad sus errores, que son sensibles al aprendizaje y que poseen un alto grado de auto-confianza.

Algunos conceptos erróneos de IE

·             Inteligencia emocional no significa simplemente “ser simpático”.  En momentos estratégicos puede requerir, por el contrario, enfrentar sin rodeos a alguien para hacerle ver una verdad importante, aunque molesta, que haya estado evitando.

·             No significa dar rienda suelta a los sentimientos, “sacando todo afuera”.  Por el contrario, significa manejar los sentimientos de modo tal de expresarlos adecuadamente y con efectividad, permitiendo que las personas trabajen juntas sin roces en busca de una meta común.

·             Las mujeres no son “más inteligentes” que los hombres cuando se trata de inteligencia emocional, ni los hombres superiores a ellas.  Las mujeres, en promedio, tienen mayor conciencia de sus emociones, demuestran más empatía y son más aptas para las relaciones interpersonales.  Los hombres por su parte, son más optimistas y seguros de sí mismos se adaptan con más facilidad y manejan mejor el estrés.

·             No son los genes los que determinan nuestro nivel de inteligencia emocional; tampoco se desarrolla sólo en la infancia.  A diferencia del CI, que después de la adolescencia cambia muy poco, la IE parece ser aprendida en gran parte y continúa desarrollándose a medida que avanzamos por la vida y aprendemos de nuestras experiencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS

 

Cooper R (2001) La Inteligencia emocional apicada al liderazgo y y a las organizaciones. Colombia: Ed Norma

Druker, P. (1999) Los desafíos de la gerencia para el siglo XXI. Colombia: Fondo Editorial

Dubrin A. (2003) Fundamentos de Comportamiento Organizacional.México: Ed. Thomson.

Gil´adi D. (2001) Inteligencia Emocional en Practica. Bogota: Ed. Mc Graw Hill

Goleman, Daniel. (2005) La inteligencia emocional. Mexico: Ed.B.

Gómez, H. (2001) Índices de gestión. Colombia: Ed. 3r editores.

HayGroup (1996) Las Competencias:Clave para una Gestión Integrada. España: Ed. Deusto.

Moody, P. (1991) Toma de decisiones gerenciales. Colombia:Ed. McGraw-Hill.

Pérez-Mena, Luis. (1998) La gerencia en Venezuela. Factores y costumbres. México: Ed. Prentice-Hall.

Robbins S. (2004).  Comportamiento Organizacional. México: Ed. Prentice Hall.

Tamayo, y  Tamayo,  M, (1996).  El Proceso de la Investigación Científica. México: Ed.  Limusa. 

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