UNIVERSIDAD YACAMBÚ

Vicerrectorado de Estudios Virtuales

Doctorado en Gerencia - Fase III

Momento 1

Elaborado por: Mgsc. Luidys Diaz

E-mail: [email protected]

URL: http://es.geocities.com/luidyst

 

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LOS VALORES  COMO

 FACTORES DETERMINANTES DE LAS COMPETENCIAS

 DEL DESEMPEÑO GERENCIAL

Contextualización del Objeto de Estudio

 

En los últimos años se ha cuestionado los efectos de la globalización, en especial en aquellos países denominados del tercer mundo,  debido a las grandes diferencias que existen primordialmente en lo referente a tecnologías y adelantos científicos, razones por las cuales ciertas actividades se hacen mas competitivas, con el esperado éxito en los sistemas gerenciales de las instituciones, por ser las empresas constituyentes del sector productivo entes dinamizadores de la economía.

 

Los múltiples cambios políticos, económicos y sociales que se están viviendo hoy en día, obedecen a una serie de factores que se han conjugado para dar como resultado, un orden sistémico en general debido a la adquisición  de una gran cantidad de responsabilidades por parte de quienes se desenvuelven como lideres, ya no importa sólo la sagacidad, la preparación y la experiencia, sino el como nos manejemos con nosotros mismos y con los demás, lo cual da por sentado que  todo excelente líder debería tener suficiente capacidad intelectual y preparación técnica para desempeñarse en el rol.

 

   El aporte particular de cada gerente, claro está siempre que se encuentre apoyado en  sus características individuales y de su estilo en particular de liderazgo tiene  un peso fundamental en el balance de las actividades cotidianas, producto de las contribuciones tanto por vía de actitud, personalidad proactiva y empatica, como de las estrategias motivacionales, los valores y hasta la cultura, para el personal a su cargo, por ser estos los elementos que se constituyen como parte integrante del ámbito productivo y dinamizador de toda la empresa, por lo que su participación e identificación  en el proceso productivo ha de ser considerada reflejo real de las condiciones ambientales que se procuran en la organización. 

 

Debido a que los lideres de la actualidad deben ofrecer productos extremadamente homogéneos basándose esencialmente en la mayor parte de sus capacidades y de  que puede dar de sí mismo como persona, como miembro de grupos y  como ente integrante de equipos de elevado desempeño las instituciones han implantado un conjunto de alternativas y estrategias a objeto que las conduzcan por aquella opción de mayor y mejor competitividad en el mercado, donde el desafío por generar ventajas diferenciadoras se hace imperante y fundamental para poder advertir activamente y a tiempo aquellas posibles limitantes en el mercado donde se desenvuelvan, la inteligencia emocional y los valores representan opciones viables a propósito de querer alcanzar una mas optima administración, un crecimiento progresivo y una imagen de mayor solidez tanto en lo individual como en la organización y en el entorno, por lo cual el determinar aquellas condiciones de un sistema es el mejor indicativo del desenvolvimiento y de la no existencia de problemas de índole emocionales y administrativos. Es por ello que la presente investigación está orientada a analizar tanto la inteligencia emocional y los valores, como factores determinantes de las competencias  del desempeño gerencial, teniendo en cuenta que lo más misterioso para la comprensión del poder que tienen las emociones y la actitud en la vida mental son esos momentos de apasionamiento de los que luego, una vez calmada la tormenta, nos arrepentimos; la inquietud es entonces el respondernos el por qué nos volvemos irracionales y hasta desconocedores de los principios con cierta y frecuente facilidad. 

 

Planteamiento De La Problemática

En este nuevo milenio, en un entorno agresivo, globalizado, dinámicamente cambiante, y competitivo cuando nos adentramos cada vez más profundamente en la era de la sabiduría  y la información, toda solución está direccionada a la búsqueda propia de resultados eficaces y eficientes, así como hacia el desarrollo de una cultura de gestión en función de las profundas transformaciones económicas, cuyo hilo conductor es la investigación y la innovación por lo que se ratifica la importancia del cambio y la búsqueda de nuevas formas organizativas que respondan a dicho cambio para enfrentar, los retos del entorno con un enfoque estratégico, refiriéndose con este a la utilización de los análisis de las variables (internas y externas) para establecer las estrategias que guíen el comportamiento organizacional en un período de tiempo determinado (Martín, 1997; Gerard, 1998; Romillo y Hernández, 1998; Gárciga, 1999; Martín y otros, 2004). A su vez dichas estrategias deberían ser ejecutadas en correspondencia con un sistema de dirección: por objetivos, por procesos, por valores, por competencias ó integrada de proyectos. Incluso se debe tener en cuenta que en la mayoría de las organizaciones modernas se integran diferentes sistemas, técnicas y herramientas de dirección y gestión. Ahora bien si tenemos presente que del 100% de las capacidades que puede dar de sí mismo una persona (de lo cual no es consciente ella misma), solamente utiliza en sus labores normales entre el 20 y el 40%, el restante 60%, se “extrae” de ella aplicando inteligencia emocional. En el nuevo clima de empresas donde todo cuenta, estas realidades humanas serán más importantes que nunca.  Los grandes cambios son una constante, las innovaciones técnicas, la competencia global y las presiones de los inversionistas son fuerzas en constante crecimiento que llevan al cambio.  A medida que cambian las empresas, también lo hacen los rasgos necesarios para destacarse, hoy cobran muchísima importancia habilidades como: la formación de equipos y la adaptación al cambio.  Los nuevos desafíos requieren nuevos talentos.

 

La Inteligencia Emocional, así como la Gestión por Valores, son temas que han sido estudiados desde hace años atrás, en  la actualidad la incidencia de la elevada competitividad,  se manifiesta  de manera resaltante en los requerimientos de las organizaciones de lideres que actúen y se desenvuelvan como entes integradores de metas, tanto de clientes, empleados como de las  organizacionales, por lo que vislumbramos en la presente investigación el convertir estas teorías o métodos en elemento medibles, a objeto de poder incorporarlos en la gestión de las empresas.

 

Estudios, han demostrado que las habilidades de las organizaciones para el logro de sus objetivos y metas dependen en gran medida de las habilidades, estilos de liderazgos que permitirían  a los gerentes del siglo XXI  el controlar, influir y actuar con eficacia, para lo cual entendemos que “Competencias”, podrían ser constituidas por una serie de aportes individuales que como un conjunto interrelacionado de conductas, actitudes, conocimientos y habilidades,  representativas y  necesarias para ser eficaz en el desempeño profesional, siendo la competencia de un individuo demostrable y por lo tanto medible, para un aspecto en particular, definido en función de las necesidades del proceso o actividad que debe desempeñar, encontramos entonces una razón por la cual se hace relevante el destacar una serie de competencias importantes en la mayoría de los perfiles gerenciales actuales. La sensibilización de los directivos hacia los problemas éticos, tanto internos como externos a la empresa, es un aspecto que progresivamente está siendo valorado por los inversores, por los clientes y por el resto de la sociedad. Si observamos algunos de los postulados más repetidos en la actualidad, podemos comprobar que constituyen una especie de reconducción de determinadas prácticas, que ya no dan los frutos deseados. La gestión por competencias se abre paso porque efectivamente había personas cuyos perfiles no encajaban del todo en los puestos que ocupaban. La gestión del conocimiento se impone porque, siendo cada vez más valioso (se acepta que estamos ya en la era del conocimiento), el conocimiento no fluye suficientemente por la organización. Ahora ya no importa sólo la sagacidad, la preparación y la experiencia, sino como nos manejamos con nosotros mismos y con los demás.  La nueva medida da por sentado que tenemos suficiente capacidad intelectual y preparación técnica para desempeñarnos en el ambiente organizacional, en cambio se concentra en ciertas cualidades personales, tales como: iniciativa, empatía, adaptabilidad y persuasión. Algunas investigaciones demuestran con precisión qué ciertas cualidades identifican a una estrella en el trabajo, y demuestran qué varias aptitudes humanas constituyen la mayor parte de los ingredientes que llevan a la excelencia laboral…. Muy especialmente, al liderazgo. Es necesario analizar si las organizaciones en la actualidad fomentan estas aptitudes o no, a medida en que el clima organizacional alimente esas facultades, la organización podría ser  más eficiente, productiva y se maximizará la inteligencia del grupo, la interacción sinérgica de los mejores talentos de cada uno, talentos humanos que se hallan en la Inteligencia Emocional. El falso concepto, aunque ampliamente adoptado, según el cual lo que importa para el éxito es sólo el intelecto.  El CI ocupa el segundo puesto, por debajo de la Inteligencia Emocional, para la determinación de un desempeño laboral sobresaliente.

 

Henry Ford, dijo una vez: "Si hay un secreto para el éxito, es el siguiente: entender el punto de vista del otro y ver las cosas con sus ojos". De ser cierto esto, no es suficiente esforzarse por conseguir una buena formación, un título académico o un conocimiento técnico específico. Quién pretenda alcanzar el éxito debe saber manejar con destreza las emociones: las propias y la de los demás. Las emociones positivas estimulan el éxito profesional y personal, si nos gusta y entusiasma la tarea que realizamos, nos resultará un placer cumplir con ella. Si nos sentimos a gusto en nuestro puesto de trabajo porque nuestros compañeros de trabajo son agradables, cooperativos y empáticos, nuestro rendimiento será mayor.

 

Por el contrario las emociones negativas nos frenan: cuando nos disgustamos por culpa del jefe, nos desmotivamos y nos cuesta implicarnos, comprometernos con el Trabajo. Si tenemos miedo de perder nuestro puesto de trabajo, sin darnos cuenta cometeremos más equivocaciones, errores durante la jornada laboral. Cuando los trabajadores temen constantemente ante la posibilidad de perder su puesto de trabajo, su capacidad para rendir en forma efectiva disminuye y se resiente. La inseguridad perjudica el ambiente general de la empresa, los compañeros pasan a ser, en primer lugar, la principal competencia. Comienzan las interrogantes, la imaginación vuela hacia posibles pérdidas: ¿Quién conservara el empleo en la próxima oleada de despidos? ¿Qué hacer para estar entre los que conservaran su empleo? Y he aquí otra deficiencia. Cuando los empleados se hacen a la idea que, según y cómo, no van a quedarse en este trabajo mucho tiempo, apenas se identificarán con la empresa y con sus objetivos.

 

La gran mayoría de los directivos, gerentes y supervisores tienen conciencia de la importancia de la competencia social y, de las competencias gerenciales más importantes entre los ejecutivos, éstos tendrán que tener la capacidad de transmitir a sus colaboradores una sensación de proximidad y de calor humano. Sin embargo, se debe reconocer que en la actualidad y en lo que a estas cualidades se refiere existen grandes carencias en los niveles directivos de las organizaciones.

 

 Ahora Bien, ¿cumplirán nuestros líderes con estos retos de la actualidad?, de ser así, ¿Cual es el porcentaje de máximo cumplimiento?, ¿Cual es el porcentaje del mínimo cumplimiento, sin que se llegue a la anarquía?, dependiendo de este resultado, se justifica proponer y verificar una metodología para definir , medir e incorporar aquellas competencias de la gestión del talento humano y en especial en la gestión del personal gerencial de las empresas con el propósito de sembrar los primeros cimientos de envergadura, teniendo presente que la competencia tiene tres componentes: el saber hacer (conocimientos), el querer hacer (factores emocionales y motivacionales) y el poder hacer (factores situacionales y de estructura de la organización). Las competencias de conocimiento y habilidad tienden a hacer características visibles y relativamente superficiales. Las competencias de concepto de sí mismo, características y motivaciones están más escondidas, más adentro de la personalidad. Y con respecto a la conducta de las personas, señala que viene condicionada por sus valores (sus fines, sus preferencias y su ponderación de los medios para conseguirlos), pero también por otros factores, como los recursos materiales y la información de que disponen. Por años, se ha debatido si los líderes nacen o se hacen.  Igual cosa sucede con la inteligencia emocional.  ¿Las personas nacen con ciertos niveles de empatía, o los adquieren como resultado de experiencias de la vida?.  La investigación científica sugiere en forma muy fuerte que existe un componente genético en la inteligencia emocional.  Las investigaciones psicológicas y del desarrollo demuestran que su fomento cumple también un papel.  Cuanto incide cada ingrediente (el genético y el aprendido),  tal vez nunca se conocerá, pero la investigación y la práctica claramente demuestran que la inteligencia emocional puede aprenderse. Algunas personas necesitan entrenamiento para poder incrementar su inteligencia emocional. En gran medida la inteligencia emocional nace en los neurotransmisores del sistema límbico del cerebro, el cual maneja los sentimientos e impulsos.  Estudios efectuados indican que el sistema límbico aprende mejor mediante la motivación, la práctica extensa y la retroalimentación.  Comparemos esto con el tipo de aprendizaje que ocurre en las neocortezas que manejan  las habilidades analíticas y técnicas.  Las neocortezas captan los conceptos y la lógica.  Esta es la parte del cerebro que establece cómo utilizar un computador o cómo hacer una llamada de ventas después de leer un libro.  Erróneamente (aunque no debe sorprendernos) es la parte del cerebro a la que apuntan la mayoría de los programas de entrenamiento que buscan incrementar la inteligencia emocional.  Para incrementar la inteligencia emocional, las organizaciones deben reenfocar su entrenamiento de manera que incluyan el sistema límbico.  Deben ayudar a que las personas rompan con viejos hábitos.  Esto no solo requiere mucho más tiempo de entrenamiento que los programas convencionales, sino que además implica un enfoque individualizado.

 

De allí que se nos presentan las siguientes inquietudes:

·   Realmente estos factores (IE y VALORES), inciden en las competencias del desempeño de los gerentes y lideres de empresas?

·   ¿En que medida estos factores (IE y VALORES), son determinantes en las competencias a objeto de sensibilizar a los directivos hacia los problemas éticos?  

·   ¿Es posible aprender la IE y  VALORES ?

Justificación De La Propuesta

En los últimos años a partir del libro de Howard Gardner,  Frames of Mind” el que  habla de  siete inteligencias, en las cuales ubica las inteligencias personales, lo que ha servido de origen para que los científicos se dieran a la tarea de investigar sobre esas inteligencias personales, por lo tanto si nos centráramos en conceptos tales como:

 

·   Inteligencia Emocional (IE):  de acuerdo con sus teóricos y propulsores, esta no es más que aquella capacidad de reconocer las emociones de uno mismo y de los otros en la cual incluyen la autoconciencia, la automatización,  la empatía y las habilidades sociales.

 

·   Valores: el valorar es algo común y cotidiano en nuestras vidas, valoramos las acciones de los otros, las personas en nuestro entorno, lo que nos rodea, al mismo tiempo somos valorados en cuanto a nuestra persona y a nuestras acciones; lo cual no es mas que un indicativo que los seres humanos no somos diferentes ni pasivos frente a la realidad, sino que la sentimos buena o mala, bella o fea,  agradable o deplorable, noble  u ofensiva y esto no es otra cosa  que la valoración; la cual no es mas que la atribución de un valor positivo a algo o alguien; es cualificar, cualificación que no podemos ver ni tocar, por ende un valor es entonces una cualidad, una propiedad o una característica que atribuida a acciones, personas u objetos justifica una actitud positiva y preferencial hacia ellos.

 

·   La inteligencia es la capacidad de asimilar, guardar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas, cosa que también son capaces de hacer los animales e incluso los ordenadores. Pero el ser humano va más allá, desarrollando una capacidad de iniciar, dirigir y controlar operaciones mentales y todas las actividades que manejan información. Aprendemos, reconocemos, relacionamos, mantenemos el equilibrio y muchas cosas más sin saber cómo lo hacemos. Pero tenemos además la capacidad de integrar estas actividades mentales y de hacerlas voluntarias, en definitiva de controlarlas, como ocurre con nuestra atención o con el aprendizaje, que deja de ser automático como en los animales para focalizarlo hacia determinados objetivos deseados, la inteligencia de una persona está formada por un conjunto de variables como la atención, la capacidad de observación, la memoria, el aprendizaje, las habilidades sociales, que le permiten enfrentarse al mundo diariamente. El rendimiento que obtenemos de nuestras actividades diarias depende en gran medida de la atención que les prestemos, así como de la capacidad de concentración que manifestemos en cada momento.

 

·   Las emociones  son los estados anímicos que manifiestan una gran actividad orgánica, que se refleja en los comportamientos externos e internos,  es una combinación compleja de aspectos fisiológicos, sociales, y psicológicos dentro de una misma situación polifacética, como respuesta orgánica a la consecución de un objetivo, de una necesidad o de una motivación.

 

En la presente investigación, se pretende revisar nos proponemos el reforzar términos tales como la ética y la moral, al considerarles para el desenvolvimiento del ser humano en su entorno, la ética como valor tiene una raíz neokantiana (el deber como fin en sí mismo) y fenomenológica (considera la experiencia moral como intuición emocional y material de los valores), razón por la cual tendremos en consideración que la moral pertenece al orden de la acción humana (practicidad) y se relaciona con la actividad en cuanto es producida por el hombre ya que la acción humana (conforme al valor moral) define al hombre mismo.

 

De acuerdo entonces con toda la fundamentación teórica de una diversidad de términos que a pesar de que los usamos a diario, generalmente tenemos una penumbra en su definición precisa. La ética, implica el desarrollo propio, sin atentar contra el libre desenvolvimiento de los demás, es decir, es tratada en un plano subjetivo. La moral, que en ciertas ocasiones se confunde con la ética, va más vinculada a un conjunto de valores instituidos dentro de un grupo social, y que son aprendidos por el individuo, quien actúa y juzga a partir de éstos. Debajo del concepto Ética, aparecen los valores. y debajo de la Moral, encontramos los principios.

 

Los valores, no reconocen más autoridad que la razón, y su definición depende de nosotros mismos, estamos dispuestos a modificarlos o alterar su escala de importancia, según la visión que tengamos en ese momento, forman parte de los objetos, acciones y actitudes que el ser humano persigue por considerarlos valiosos. Dentro de este rubro se encuentran: La salud, la riqueza, el poder, el amor, la virtud, la belleza, la inteligencia, la cultura, en fin, todo aquello que en un momento, deseamos o apreciamos, el valorar es algo común y cotidiano en nuestras vidas, valoramos las acciones de los otros, las personas en nuestro entorno, lo que nos rodea, al mismo tiempo somos valorados en cuanto a nuestra persona y a nuestras acciones; es cualificar, cualificación que no podemos ver ni tocar, por ende un valor es entonces una cualidad, una propiedad o una característica que atribuida a acciones, personas u objetos justifica una actitud positiva y preferencial hacia ellos.

 

Determinación De Los Objetivos

Objetivo General

Explicar la incidencia de la inteligencia emocional y los valores en las competencias del desempeño gerencial.

 

Objetivos Específicos

·  Analizar los factores del entorno organizacional que afectan el desempeño gerencial del empresariado venezolano.

·  Determinar los factores internos que influyen sobre el desempeño gerencial del empresariado venezolano.

·  Evaluar la inteligencia emocional en el desempeño gerencial.

·  Evaluar los Valores individuales en el desempeño gerencial.

·  Evaluar los Valores organizacionales en el desempeño gerencial.

Cronograma De Actividades

 

 

Actividades

Octubre

Noviembre

 

 3

 4

 5

 6

 7

 8

 9

10

11   12 

1

Ideas Iniciales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

Planteamiento del problema

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

Justificación de la propuesta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

Objetivos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

Referencias Bibliograficas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

Marco teórico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

Marco metodológico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

Proyecto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS

 

Carrillo A y Alvarez P. (1996) Los Valores - El Reto de Hoy. Bogota: ED. El Magisterio

Chiavenato I. (2002)  Administración de Recursos. México: Ed. Mc Graw hill

Druker, P. (1999) Los desafíos de la gerencia para el siglo XXI. Colombia: Fondo Editorial

 

Dubrin A. (2003) Fundamentos de Comportamiento Organizacional.México: Ed. Thomson.

Garcia S.  (2000) La Dirección por Valores Madrid : Ed. Mc Graw hill

Gil R. (2001) Valores Humanos y Desarrollo Personal . Madrid: Ed. CISS Praxis

Gil´adi D. (2001) Inteligencia Emocional en Practica. Bogota: Ed. Mc Graw Hill

Goleman, Daniel. (2005) La inteligencia emocional. Mexico: Ed.B.

Gómez, H. (2001) Índices de gestión. Colombia: Ed. 3r editores.

Guedez V. (2002) La ética Gerencial. Venezuela: Ed. Planeta.

HayGroup (1996) Las Competencias:Clave para una Gestión Integrada. España: Ed. Deusto.

 

Moody, P. (1991) Toma de decisiones gerenciales. Colombia: Ed. McGraw-Hill.

 

Pérez-Mena, Luis. (1998) La gerencia en Venezuela. Factores y costumbres. México: Ed. Prentice-Hall.

Robbins S. (2004).  Comportamiento Organizacional. México: Ed. Prentice Hall.

Tamayo, y  Tamayo,  M, (1996).  El Proceso de la Investigación Científica. México: Ed.  Limusa. 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1