Dennett Daniel C., Darwin’s Dangerous Idea: Evolution and the Meanings of Life, Editorial
Simon and Schuster, Editorial Simon and Schuster New York, 1995.
Comentado por Manuel Maldonado
Luciernaga, Año 1,
Número 2, Noviembre 1995, p.7-12.
Daniel C. Dennett
es un filósofo interesante en el sentido que Sócrates lo era. Además, de leer este libro fulgurante, lo he
visto dialogar por más de una hora en una entrevista de la serie “films for the
Humanities and Sciences” titulada A
Glorious Accident. Understanding Our Place in the Cosmic Puzzle”, que
incluye a otros pensadores y científicos
Dennett es sencillo, de conversación reflexiva y
clara, salpicada con la ironía que le permite haberse alejado de la corbata y la
ciudad para vivir en una granja y la amplitud del campo bordeado de arboledas
impremeditadas. También es profesor
“distinguido” (debe ser por su trabajo) de Artes y Ciencias, y director del
Centro de Estudios del Conocimiento de la Universidad de Tufos en
Massachussets.
El libro que sirve de eje a la
entrevista, del que diverge Shelldrake y, en cierta
manera, Sacks, se titula Consciousness Explained y
merece ser comentado en un próximo número, ya que es, sin duda, una obra
importante de la filosofía actual.
Pero, veamos esta “peligrosa idea de
Darwin”, y su relación con “los sentidos de la vida”. Se trata de una obra voluminosa y fácil de
leer. El lenguaje fluye sin
complicaciones semánticas ni recursos retóricos y evita la jerga de las
ciencias naturales. Se nota la intención
explícita de invitar a pensar un tema complejo sin complicaciones. Recuerda, en cierta manera, la prosa
cristalina de Bertrand Russell.
La carátula es blanca con letras
grandes de plata oscura y una espléndida fotografía de Jerry
Bawer del Incantatrice di serpenti de Henri Rousseau,
que representa literalmente la belleza y variedad de la evolución en un
ambiente con sobras de misterio. No sin
razón, se vislumbra bajo ella una encuadernación recia de un amable verde
vegetal que nace de un lomo de tierra oscura y fértil con el título en letras
doradas. La relación exacta del título y
su ilustración prometen al lector el encanto y los peligros de la verdad. ¿Cómo podríamos no leerlo?
Desde la primera página del prefacio
se anuncia sin ambigüedades que el libro trata de explicar por qué es tan
poderosa la idea de Darwin y por qué no constituye una amenaza sino un
fundamento nuevo para las visiones de la vida que tanto atesoramos.
Denntt
sabe que existen resistencias y circulan libros que no sólo consideran la
evolución como una “idea errónea” sino que también intentan probar su falsedad
con los mismos hechos que la evidencian.
Por eso argumenta, con la inexorabilidad de la historia, que desde la
publicación de Galileo en el 1632 de Los
diálogos hemos tenido que esperar más de trescientos años para que
cualquier niño y niña de escuela elemental acepte al sol como centro del
sistema, sin romper en llanto ni aterrorizarse.
De igual manera, a su tiempo, la revolución de Darwin será una verdad
aceptada sin ambages por cualquier persona educada del planeta aunque por
ahora, a ciento treinta y seis años de El
origen de las especies, todavía no comprendamos totalmente las
implicaciones de su descubrimiento.
No me sorprende, pues, cuando
algunos estudiantes de filosofía se quejan de la inconsecuencia lógica de
ciertos profesores/repetidores de biología que siguen hablando de dios creador
después de explicar la evolución en su sentido general y que nunca llegan al
capítulo dedicado a la evolución humana por falta de tiempo, sin comprender
siquiera la naturaleza biológica de éste.
La evolución cultural es más rápida que la biológica pero no tanto como
quisiéramos.
No obstante, podemos afirmar con
Denté, que ningún científico discute que la teoría de la reproducción y la
evolución a base de ADN constituye la médula del darwinismo contemporáneo. De hecho se encuentra la base de todos los
estudios, descubrimientos y explicaciones de los eventos planetarios de la
geología y la meteorología, pasando por otros más cercanos de la agricultura y
la ecología hasta los niveles microscópicos de la ingeniería genética. La médula del darwinismo, dice Denté,
“unifica toda la biología y la historia
de nuestro planeta en un solo gran discurso”.
Esto hace que si hubiera que dar un galardón a la mejor idea de los
últimos tiempos no sería, según Denté, para Newton ni para Einstein
sino para Darwin.
Aún así, la mención de
Darwinismo siempre suscita suspicacias y sospechas porque “la Revolución de
Darwin es científica y filosófica de manera tal que ninguna de las dos se
entiende por separado.” Los científicos pueden pensar, algunas veces, que la
filosofía es una especie de conocimiento parasitario que vive a costa de los
descubrimientos objetivos que alejan a la ciencia de las confusiones que se
dedican a resolver los filósofos. Pero
la verdad es que no existe tal cosa como la ciencia ausente de filosofía, sino
sólo la ciencia que no han examinado y desconoce su contenido y base
filosófica.
Darwin, precisamente,
responde con su “selección natural” a la pregunta filosófica por excelencia, la
de ¿por qué? Esta pregunta es tan
importante y compleja que la historia del conocimiento humano muestra como se
soslaya derivando sutilmente a la pregunta ¿cómo? Que ha dado origen a todas
las cosmogonías y cosmologías, desde el Génesis hasta el Big
Bang. Todas
ellas evitan la pregunta de por qué hay universo y se concentran en decirnos
como se hizo o llegó a ser.
Pero. Según Denté, la
contribución fundamental de Darwin consiste en mostrar un nuevo sentido a la
gran pregunta del por qué. La idea de
Darwin abre un camino claro, coherente y versátil, para resolver los problemas
originados por la pregunta. Por eso, “el
proyecto central de este libro es exponer y clarificar gradualmente esta nueva
forma de pensar(…) ya que la idea de la evolución por
selección natural unifica, de un plumazo, el ámbito de la vida, el sentido y la
finalidad, con el espacio y el tiempo, la causa y efecto, el mecanismo y las
leyes física. Pero no se trata
simplemente de una idea científica hermosa.
Se trata de una idea peligrosa”.
Porque significa ante todo la destrucción del mito. Pero no hay remedio, el mito no tiene futuro
con los animales humanos porque siempre queremos saber por qué.
Este libro es, por lo
tanto, “para los que piensan que el único sentido de la vida que debemos
atesorar es el que pueda resistir incólume nuestra mejor investigación
crítica. A los que no piensen así se les
aconseja que cierren el libro y se alejen discretamente”.
Para los que no pueden
resistir el afán de la búsqueda propia de nuestra naturaleza y comienzan a leer
fascinados por el Incantatrice di serpenti,
el plan es el siguiente:
La primera parte sitúa la Revolución
Darviniana en el panorama general de la realidad, para mostrar como transforma
la visión del mundo de aquéllos que conocen sus detalles.
El primer capítulo expone
los antecedentes de las ideas filosóficas dominantes antes de Darwin. El segundo introduce la idea central de
Darwin con la nueva vestimenta de la evolución como proceso algorítmico y
aclara los malentendidos más sobresalientes.
El capítulo tercero muestra cómo la idea de la evolución subvierte la
forma de pensar tradicional expuesta en el primero, mientras los capítulos cuatro
y cinco exploran algunas de las perspectivas más inquietantes que emergen del
pensamiento de Darwin.
La segunda parte examina
los desafíos presentados por la biología misma a la idea de Darwin para
desmontar que no sólo sobrevive intacta a las distintas controversias sino que
se fortalece con ellas.
En el capítulo siete se
muestra que el llamado diseño de la naturaleza es resultado de la unión del
azar y la necesidad en trillones de lugares al mismo tiempo y trillones de
niveles diferentes. Podría decirse que
“el árbol de la vida” se creó a sí mismo, no en un instante milagroso, sino
despacio y muy lentamente en billones de años.
La tercera parte titulada
“Mente, significado, matemáticas y moral”, muestra qué sucede cuando extendemos
el pensamiento de Darwin a la especie llamada Homo sapiens. Darwin sabía que este era un punto delicado y
difícil de aceptar y por eso lo anunció con gentileza y, aún hoy, más de cien
años después, hay quienes tratan de cavar un foso inextricable entre los
“seres” humanos y la aterradoras consecuencias implícitas,
según ellos, en el darwinismo. Pero
precisamente esta tercera parte demuestra que tales planteamientos son erróneos
en cuanto a los hechos que citan y a la estrategia con la que combaten, porque la peligrosa idea de Darwin no sólo
tiene que ver con nosotros directamente
sino que su aplicación a los asuntos humanos de la mente, el lenguaje, el
conocimiento y la ética, entre otros, hace que se entiendan de manera
insospechada por el pensamiento tradicional, y, al reestructurarlos, apunta a
sus solución.
Al final de la tercer
parte podemos apreciar todo lo que hemos ganado al abandonar el pensamiento pre-darwiniano por el de Darwin,
sus usos y abusos, de manera que todo lo que consideramos y debe ser
importante, adquiere aún mayor relevancia y comprensión en la Revolución Darwiniana. Asía,
“Los milagros de la vida, la conciencia y la moralidad resultan ser aún mejores
de lo imaginado cuando creíamos que eran inexplicables.”
Esta última parte del
libro es un desafío formidable con capítulos como “La evolución del
significado”, “El origen de la moralidad” y “El rediseño de la moral”. Además, encontramos incitaciones a la
investigación de asuntos tan interesantes como que el arte promueve la
evolución humana, examen que debe llevarse a cabo sin presuponer nada: “No podemos
presuponer la cooperación, ni la inteligencia humana; no podemos presuponer la tradición, todo esto debe ser construido
desde sus inicios…porque como la vida y cada otra cosa hermosa de la realidad,
la cultura tiene sus origen darviniano.”
Dennett
se apoya en las investigaciones de Richard Dawkins
que parten del principio de “que toda vida evoluciona por la formas diferentes
de sobrevivir de las entidades duplicadoras”.
La evolución cultural no es análoga de la biológica, según Dawkins, no es simplemente un proceso que puede ser
descrito metafóricamente en lenguaje evolutivo, sino un
fenómenos que obedece las leyes de la selección natural exactamente.
Al igual que los genes,
existen unidades de trasmisión cultural, o unidad de imitación, llamadas “meme”. La invasión
cultural del cerebro humano por medio de los “memes”
crea las mentes humanas, y hace que seamos los únicos animales que podamos
concebir asuntos distantes y futuros así como formular distintos fines y
alternativas.
Es dudoso que podamos
elaborar una ciencia rigurosa que exponga el funcionamiento de estas “unidades
de imitación”, dice Dennett, pero el concepto provee
una perspectiva valiosa para investigar las complejas relaciones entre la
herencia cultural y genética. Así,
cuando la estructura básica de cualquier algoritmo darviniano, la de generar y
probar, es pare del cerebro de un organismo individual, construye una serie de
sistemas cada vez más poderosos, que culmina en el acto humano deliberado de
crear hipótesis y teorías, del que surge una mente abierta al conocimiento a
través de la capacidad de generar y comprender el lenguaje.
Estos ejemplos de la
exposición de Dennett, son suficientes para provocar
una lectura inteligente y crítica de este libro, pero aún podemos anticipar que
el capítulo catorce “La evolución del significado””, ya bosquejado en el
capítulo ocho, concluye que el sentido real, la clase de significado que tienen
nuestras palabras e ideas, emerge como resultado de un proceso sin sentido, del
proceso algorítmico que ha creado la biosfera de la que somos parte. Por eso un robot diseñado como una máquina
para sobrevivir, debería su existencia, igual que nosotros, a un proyecto de
investigación y desarrollo con fines
propios, pero esto no impediría que el robot también fuese, como nosotros, un
creador autónomo de significados.
Las ideas expuestas, dice
el autor en su última página, son sólo el principio. Se trata de una introducción en la que se han
sacrificado los detalles frecuentemente con tal de conseguir una visión total
del pensamiento de Darwin.
Pero no puedo terminar
este breve comentario sin referirme a la página 519 y traducir, lo mejor
posible, la advertencia ética del filósofo:
“Si usted insiste en enseñar cosas falsas a sus hijos-que la tierra es
plana, que el hombre no es un producto de la evolución por selección natural-
debe esperar, por lo menos, que los que tenemos libertad de expresión nos
sintamos libres para describir sus enseñanzas como propaganda falsa, e
intentemos demostrárselo en la primera oportunidad que tengamos. El bienestar futuro de todos nosotros en el
planeta depende de la educación de nuestros descendientes”.
La idea de Darwin de
“descendencia con modificación” o evolución por selección natural explica los
diferentes caminos y patrones del árbol de la vida sin perder el asombro y
admiración que la acompaña. El rechazo y
repugnancia emocional a que eso suceda como un proceso algorítmico puede
vencerse si observamos objetivamente cual es nuestra condición en medio de un
huracán, un terremoto, un bosque incendiado y el paso del tiempo mientras
leemos este libro fulgurante.