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| Lunes, 28 de Octubre de 2002
09:21:00 a.m. |
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El Zaragoza gana por
fin a domicilio El Zaragoza remonta
con dos goles de Juanele y Vellisca en la recta
final
Alfonso Hernández (El Periódico de
Aragón)

Jesús y Galletti abrazan a Juanele
tras el gol del asturiano. |
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Toda película de horror que se precie
termina mal, y en los últimos tiempos deja una puerta abierta
para la secuela, donde se gestan segundas partes y las
continuaciones que hagan falta. El Real Zaragoza, que lleva
asustando con su juego desde el inicio de la Liga, ha seguido
con rigor profesional ese libro de estilo de la industria
cinematográfica de lo terrorífico: un partido tras otro
provocando angustias y agonías entre su público, que soporta
los capítulos del espanto con admirable estoicismo y enorme
comprensión.
Ayer por la mañana en Getafe fue también
malo de solemnidad, como Jack Nicholson en El resplandor por
poner un ejemplo escalofriante de interpretación, pero se
saltó el guión por primera vez en toda la temporada y escribió
diez minutos finales muy felices: remontó un gol en contra,
sumó su primera victoria de la temporada fuera de casa, rompió
con casi una año de maldición como visitante y logró encadenar
dos triunfos consecutivos. Nadie con tan corta inversión
consiguió tantos beneficios, entre ellos de nuevo un tesoro
psicológico en su recuperación de posiciones en la tabla.
DESPEDIDOS COMO HÉROES / Los aficionados que se
desplazaron hasta el Coliseo Alfonso Pérez despidieron a los
jugadores como héroes, y éstos se dejaron querer por su gente
en el centro del campo. Había muchas razones para el festejo,
pero muy pocas para prolongar la fiesta más allá de lo
razonable. El conjunto aragonés anduvo sobre el alambre
durante todo el encuentro, y lo tuvo perdido por los defectos
de siempre, por la oquedad de sus planes, que se diluyen
frente a la mínima propuesta del enemigo. Un hermoso y
violento disparo de Luis López desde fuera del área en el
minuto 78 castigaba el paso atrás del Zaragoza en la segunda
parte, quien se refugió tras el empate como resultado grande.
El Getafe, pequeño pero matón, iba a ganar, pero ocurrió lo
imprevisto.
Acusado con razón de flojera de carácter,
de personalidad quebradiza y de ser un bloque reconocible por
sus fisuras y ausencia de referentes, el Real Zaragoza emergió
de la nada, o casi, porque César Láinez, una vez más, había
impedido que la escuadra madrileña llegara a ese punto con una
ventaja inalcanzable (también el colegiado perdonó un claro
penalti de Paco sobre Luis López). Con un panorama desolador
de fondo, el equipo de Paco Flores reaccionó en menos de
sesenta segundos. Y no lo hizo de cualquier forma; es decir
que no necesitó la ayuda de un portero, como la semana pasada
frente al Oviedo.
El Getafe terminó de celebrar su gol
y Soriano elevó con sutileza el balón por encima de los
centrales para Vellisca, que se había colado de puntillas por
detrás. El centrocampista sorteó la salida de Nacho y
convirtió en la igualada la magistral asistencia de su
compañero. En el fútbol, en el deporte en general, la mente se
encoge o se dilata por curiosos impulsos ajenos muchas a la
lógica, que pasa a un segundo plano por el no menos extraño
riego de la motivación. De perdedor a aspirante a la gloria
sin Aragón ni Corona en el campo, los futbolistas que
acaudillaron hace siete días el triunfo frente al Oviedo y que
ayer se extraviaron entre el espesor de la niebla matinal, y
con Jesús Muñoz y Komljenovic en la batalla, dos que no
aparecían en el equipo y que lo hicieron en el momento
crucial, a pleno sol. Cualquier intento de comprensión puede
llevar al frenopático al valiente que se atreva al análisis.
En cualquier caso, el Real Zaragoza despertó a tiempo,
con un margen pequeño para la maniobra pero con Vellisca
dispuesto a continuar en la cresta de la ola.
El tanto de la
victoria se engendró en un contragolpe de libro, con un centro
largo del centrocampista madrileño a la cabeza de Galletti,
quien dejó la pelota en la frente de un Juanele que llegaba
desde atrás y no falló. Era el minuto 89 y la remontada se
había fraguado en el espíritu colectivo que tanto solicita
Paco Flores y en un par de goles de calidad sobresaliente.
Antes hubo un encuentro que el Getafe jugó con descaro
y mirada vertical hasta la lesión de Craioveanu, un partido
para que se luciera Láinez y sufrieran Toledo, un desastre con
el balón en los pies, y Yordi, una isla olvidada en un océano
mucho más propicio para Drulic. 80 minutos horrororos con
ocasiones desperdiciadas por Galetti y Yordi, y otros diez
últimos para un final feliz y quién sabe si el principio de
otro genero de películas más alegres.
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