Luciano Galletti

De la felicidad a las lágrimas

El Huesito vivió dos sensaciones contrapuestas

Por DIEGO RAIMUNDO

La tarde de ayer será difícil de olvidar para Luciano Galletti. Por un lado porque volvió al gol tras de dos años de sequía en Estudiantes, el último fue ante River, porque volvió a ser uno de los mejores jugadores del partido y porque dejó al equipo con un hombre menos antes de cumplirse los noventa minutos, algo que terminó por perjudicar a los estudiantiles.
Galletti sabía que alguna vez la mala racha se iba a quebrar, aunque la ansiedad le estaba jugando una mala pasada. Frente a Belgrano el delantero estuvo muy cerca de anotar, pero una vez más su intento fue en vano y no pudo volver a gritar un gol con la camiseta rojiblanca.
Esas ganas se hicieron realidad un día lluvioso y con Almagro como rival. Transcurrían los 21 minutos de la primera etapa, entre Farías y Hanuch diagramaron una buena pared que encontró al Turco con la chance de marcar, pero el balón salió despedido hacia la izquierda y ahí apareció Galletti para tocarla y mandar la pelota al fondo de la red. El festejo no fue tan desmesurado como se pensaba de parte del Huesito -aunque en rostro era alegría pura-, pero fueron todos sus compañeros quienes se unieron a la celebración del delantero, que por fin volvió a gritar en Estudiantes tras su paso por el Nápoli. Es más, hasta los propios hinchas vivieron una sensación muy especial con ese tanto, porque significaba la reconciliación total entre la gente y el jugador.
Aunque la alegría no fue completa para Galletti. La segunda amarilla (la primera la recibió por un intercambio verbal), sirvió para que Martín le muestre la roja y así se desmoronó toda la felicidad con la que estaba conviviendo el Superpibe, que se fue del campo masticando bronca y dentro del propio camarín pidió las disculpas pertinentes mientras que le escapaba alguna lágrima.

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