Diario EL DIA
Ahora
es el joven maravilla
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Un
día volvió al club. Los hinchas albirrojos lo miraban
de reojo y muchos de ellos llegaron a tildarlo de traidor
por la conflictiva situación que rodeó su paso al
calcio italiano. En ese momento, Luciano Galletti era el
"villano" de la película, un término
demasiado duro y extremista para un pibe que recién
estaba dando los primeros pasos en esta cuestión del
fútbol profesional, aunque en su manera de proceder haya
cometido algún que otro error.
Ni bien asomó en primera
por el año '97, Luciano se convirtió un poco en el
"niño mimado" de toda la parcialidad
pincharrata. Para todos era el "Huesito",
surgido de las inferiores del club, y el hijo del Tano
Rubén Horacio Galletti, que en su época de jugador se
destacaba por su enorme fortaleza física, la velocidad
para desequilibrar a cualquier defensa y, principalmente,
por la tremenda potencia en su remate.
Luciano Galletti ya había mostrado algunos destellos de
gran jugador en los seleccionados juveniles dirigidos por
José Néstor Pekerman. Claro que tomó su real
dimensión una vez que hizo su aparición en el fútbol
grande de nuestro país. Ahí, representado por el
influyente empresario Gustavo Mascardi, se convirtió en
el "Superpibe".
Luciano se acabó de poner definitivamente el traje de
"Superpibe", el sábado 28 de agosto de 1998
cuando le marcó ese verdadero golazo a River, en el arco
que da espaldas a la tribuna de calle 55. Hizo un quiebre
de cintura para sacarse a los defensores rivales, se
hamacó y sacó un remate que se clavó en el ángulo
superior izquierdo del Tito Bonano... Como se dice para
colgarlo en un cuadrito.
El delirio que invadió a la gente esa noche hizo que en
el estadio de 57 y 1 se desatara toda la "fiebre del
sábado por la noche". El equipo albirrojo, dirigido
técnicamente por Patricio José Hernández se imponía 1
a 0 con ese gol del pibe. Se puede decir que ese día,
Luciano Galletti adoptó su propia identidad
futbolística por la actuación que había tenido y sobre
todo por el tanto que le había señalado a un club de
los denominados "grandes"; que después, en
alguna oportunidad, lo quiso incorporar a préstamo a sus
filas.
Después vino todo el conflicto que rodeo a su pase. La
negativa de firmar el contrato, la ausencia de los
entrenamientos, la tirante relación con el cuerpo
técnico de turno, una posible imposición de la Patria
Potestad que nunca quedó claro. Al final y al cabo,
Luciano recaló en el fútbol italiano durante la
temporada 1999-2000. Primero se incorporó al Parma,
quien después lo cedió al Napoli. Jugó poco, pero hizo
el aporte necesario para devolver al equipo napolitano a
la primera división.
La posibilidad de seguir en Italia estaba emparentado con
la llegada del "Tigre" Castillo a Estudiantes.
Esta incorporación no se concretó y en definitiva,
Luciano pasó a formar parte del actual plantel
estudiantil.
En un primer momento, Luciano no era bien visto, pero en
esto tuvo que ver mucho la mano de Néstor Craviotto que
lo fue poniendo de a poquito. La mayoría de gente fue
cambiando el concepto y por ejemplo en el partido contra
Racing fue despedido con una cerrada ovación.
Ante Almagro convirtió un gol, pero si Luciano tenía
que terminar por convencer a alguien fue con su
actuación contra Chacarita. El chico se despachó con
una "tripleta" y de ahora en más cambió el
traje de superhéroe, ya que no es más el
"Superpibe" sino que de ahora en más es el
joven maravilla y quizás más adelante, con algunos
años más, se transforme en Superman.
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