Jueves, 21 de noviembre de 2002
 

 
 Luciano y Rubén Galletti posaron con amabilidad para EQUIPO. FOTO: NOELIA SAN JOSÉ
 

En el nombre del padre

Luciano, orgulloso de su padre, Rubén, que llegó a jugar con Di Stéfano

El destino de Luciano Galletti viene marcado desde pequeño por un balón de fútbol. «Nací con una pelota bajo el brazo», cuenta el zaragocista. Y no es para menos. Vivir junto a uno de los mejores futbolistas de Argentina marca y mucho. Su padre, Rubén, cuenta con un currículum envidiable y es una institución en su país: salió campeón una vez con el Boca de Di Stéfano (1970), tres con River (1977 y 1979) y dos con el Estudiantes de Bilardo (1982 y 1983). Durante sus quince años como profesional marcó 135 goles y actualmente sigue siendo uno de los máximos artilleros argentinos. Fue internacional en diez ocasiones y de la mano de Menotti jugó las eliminatorias previas al Mundial de 1974 en Alemania. «Me quedé con la espina de no poder disputar uno. Ahora espero que Luciano lo pueda hacer», señala Rubén. «El viejo pide poco, ¿eh?», le responde su hijo.

Por el momento, Luciano sigue peleando por un puesto en el Zaragoza para demostrar que, como su padre, también tiene un hueco en el fútbol. Un mundo que conoce desde que a los 2 años comenzó a convivir con un equipo profesional: Estudiantes. El pequeño Luciano ya jugaba en los entrenamientos con los compañeros de su padre y pedía ir concentrado con él. «Como había un gran ambiente en aquel Estudiantes del 82, muchos de los jugadores nos llevábamos a nuestros hijos para hacer más amenas las concentraciones. Unas veces iba Luciano y otras su hermano Emiliano», cuenta Rubén. «Me encantaba estar con mi papá. Me hacía una cama entre la de él y la de su compañero y dormía con ellos. La experiencia de estar con un equipo me enseñó a querer esta profesión y a tener las cosas claras desde muy pequeño», recuerda Luciano. Y con Rubén como ídolo, a los 4 años comenzó a jugar en el Círculo Cultural Tolosano de La Plata y a los seis entró en las preinfantiles de Estudiantes, club en el que debutó en Primera a los 17 frente a Lanús. «Perdimos 0-3, pero aquel partido siempre será especial».

Pronto sus goles y sus «gambetas» empezaron a hacerse famosas en Argentina y las comparaciones no tardaron en llegar. «Mi papá me puso el listón muy alto y sé que mucha gente está pendiente de mí por ser el hijo de Rubén Galletti», indica Luciano. Además, ambos se movían en una demarcación similar, aunque sus características eran distintas. El «Tano» Galletti, apodo por el que se conocía a Rubén en aquella época debido a su apellido italiano, jugaba como delantero y una de sus virtudes era la potencia física. «Era un estilo a Yordi», aclara Rubén. En cambio, Luciano basa su juego en su velocidad y cuenta con más técnica. «Mi hijo es un jugador muy aprovechable. Tiene una velocidad envidiable y sabe emplearla bien, aunque creo que todavía no ha dado todo lo que puede y le queda mucho por aprender», le recuerda. «Lo sé», le contesta a su padre. Todo un ejemplo a seguir. Todo un ídolo al que imitar.

SONIA GAUDIOSO

Volver

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1