| Si hoy se jugara otra vez el
clásico, y los equipos se armaran tirando "piedra,
papel y tijera", como en el campito del barrio. Luciano
y "Nico" Tauber no podrían estar del
mismo lado; sería un "afano". Galletti demostró, una vez más, que pertenece
a una casta propia de los exquisitos, obviamente
minoritaria, muy selecta; donde el talento y la facilidad
para enamorar a la pelota es moneda corriente. Con la
misma naturalidad que un tipo de mucha guita va y se
compra una camioneta 4x4 al contado, este nene de piernas
flaquitas dibuja sobre el pizarrón de césped la gambeta
más difícil. Es distinto. Estudiantes
sin él es un fiel representante de la clase media;
luchador, modesto y, a veces, disciplinado en lo
táctico. En cambio, cuando el cómplice del
Tecla" es el pibe que se hizo famoso antes de
lo aconsejado, Craviotto se anima a gastar a cuenta. Para
que le quede claro, Galletti es la tarjeta
magnética indispensable para entrar en la fiestas del
jet set. Su claridad para atacar tiene el
perfume que sólo se compran las estrellas. Afuera del
área, de jeans y remera moderna, Luciano se equivocó de
autopista por ansioso, quiso ser millonario fuera de
tiempo. En cambio, con pantalón cono y las medias jamás
extendidas hasta las rodillas, es muy raro que se
equivoque. Hizo el primer gol, le obsequió a Farías el
alarido del triunfo. Pateó un tiro libre hermoso que Hernando sacó
al córner y fue determinante en el desarrollo del
partido. ¿Qué más se le puede pedir? Bielsa no lo
llevó a Los Angeles de casualidad, Galletti tiene nivel
de Selección y, por eso, en Estudiantes es Gardel con
todos los guitarristas.
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