Domingo, 30 de marzo de 2003
 
 
Tres jóvenes futbolistas, Espadas, Galletti y Cani, protagonistas de la semana.
 

Los cuatro mosqueteros (La opinión de Jesús Solana)



Como si de la novela de Alejandro Dumas se tratara, cuatro jugadores dejaron su sello el domingo pasado en el Carlos Tartiere. Cuatro mosqueteros que fueron fundamentales en la victoria y en el juego del equipo. Mosqueteros que más que nunca pusieron de moda el famoso grito de «Todos para uno y uno para todos».

Soriano estuvo magnífico como defensor y creador en el centro del campo. Manejo su espada cual Athos, blandiendo sus largas piernas ante cualquier embestida del enemigo en ataque. Impuso su experiencia en las batallas libradas en la categoría, y demostró que su concurso llega a ser imprescindible. Del cuarteto es quizás el que mas desapercibido pasa, pero es tan necesario como el que más.

Iban Espadas luchó y peleó como Portos, combatiendo por conquistar cada centímetro de terreno enemigo, saliendo en apoyo constante de sus compañeros de batalla. Si alguien le necesitaba y no sabía a quién pasar la pelota, aparecía a su lado para darle un apoyo o una pared que le librara del defensor, dejándole en posición cómoda para terminar la jugada. Su aparición en el capítulo de Oviedo, fue como un soplo de aire fresco.

Galletti con su elegancia parecía un Aramis cualquiera. Su rapidez en el manejo de la espada dejó boquiabiertos a sus enemigos. Durante todo el partido libró una dura pelea por conseguir batir la puerta enemiga y al final con un certero espadazo abrió una brecha que supuso el dos a cero definitivo. Machaca tanto a su adversario por la banda que si no consigue derrotarlo por habilidad, al final lo hace por cansancio. Un rival al que no me gustaría enfrentarme en un duelo.

Y, cómo no, el favorito y el héroe del cuento, D’Artagnan - Cani, el espadachín, que con su habilidad abre las defensas contrarias, con su fantasía es capaz de crear goles tan asombrosos como el marcado el domingo pasado. Es la esencia misma de lo que debe ser un verdadero héroe de cuento. Cuando menos te lo esperas te sorprende con un juego de pies, con una escena en la que lucha con cuatro contrarios y sale indemne del desafío, consiguiendo además al final un lance que hace que el balón acabe dentro de la portería. Todos sus compañeros esperan que haga algo mágico, y al final lo hace.

Ojalá que las aventuras de estos cuatro mosqueteros acaben bien. Que en sus duelos dominicales saquen a relucir su clase con el balón en los pies, y que nosotros como lectores-espectadores de sus hazañas, vibremos con cada embate. Es necesario que el epílogo acabe con un ascenso. Lástima que el final de este cuento no esté todavía escrito.

JESUS SOLANA


 
 
Hosted by www.Geocities.ws

1