Testimonios, hecho del 19/20 de Diciembre de 2001
Benedetto
y Lepratti
Los policías y custodios que aquella tarde dispararon desde el Banco HSBC y
mataron a Gustavo Benedetto también insisten en que dispararon al aire. Pero un
video de seguridad del banco, exhibido en exclusiva por Puntodoc en marzo de
este año demostró que mentían. (ver Varando.doc)
También mintieron los policías de Santa Fe que mataron a Pocho Lepratti, un líder
comunitario, cocinero de un comedor escolar en el Barrio Ludueña, en las
afueras de Rosario. (ver Lepratti.doc)
Lepratti es hoy un mito popular en la ciudad de Rosario y su rostro aparece
pintado en las calles. El policía que le disparó está preso.
Jorge
Cárdenas
En cambio, no están presos los policías que en la madrugada del 20 de
diciembre, frente al Congreso, le dispararon a Jorge Cárdenas. "Mi papá
fue a protestar, no fue con bandería política, no fue con palos, no fue con
nada. Protestaron, había chicos, había gente. Va ahí para protestar, y
conseguir trabajo, porque está cansado de que uno busca trabajo y no encuentra.
Y va ahí, sube la escalinata, va a pedir por algo justo y un policía asesino,
gatillo fácil, le dispara", recuerda Juan Manuel Cárdenas, hijo de Jorge.
Aquella noche, Jorge Cárdenas no murió de milagro. Recibió un balazo en un
testículo y otro en una pierna. Pero su vida nunca volvió a ser la misma.
Perdió su trabajo, se deprimió y hace dos semanas, murió.
Claudia
Aguilera
Claudia Aguilera es militante de la agrupación HIJOS de desaparecidos y
quiso defender a una mujer inválida y ciega que estaba siendo golpeada por la
Policía. "Era evidente que estaba ciega, que estaba invalida, y ellos se
daban cuenta de que estaba ciega e inválida; se la llevaron igual. Saltamos atrás
para tratar de agarrarla y no llegamos ni cerca. En eso viene la ráfaga de
balas, varias me dan en las piernas, y una me da en el ojo. En ese momento me
tiro al piso y vienen un montón de policías, me agarran y me llevan detenida,
me llevan de los pelos, me agarran del brazo, me lo dislocaron". Aguilera
estuvo varias horas sin atención médica detenida en una comisaría y perdió
la visión en un ojo.
Julio Talavera
Por defender a la misma mujer, otro militante de HIJOS, Julio Talavera
casi pierde una oreja. "Empiezo a sentir golpes en la espalda, siento un
golpe muy fuerte, empiezo a sangrar muchísimo. Lo que veo cuando siento el
golpe es el caño de una itaka, supongo por el tamaño. Seguían los golpes, y
en un momento, ya eran como 10 policías que me habrán tenido, me llevan a la
rastra, uno de los pelos, de la mano, y me seguían pegando, en el pecho, en la
espalda, en la cabeza, en todos lados. Hasta que en un momento yo les digo
paren, ya está ya me tienen, no me peguen más, tengo HIV, no se los digo por mí,
es por ustedes. Y fueron palabras mágicas porque en ese momento, cuando termino
de decir HIV, me largan al suelo y me dejan ahí, tirado. Pero fue la primera
vez que me fue útil en algo decir que tenía HIV.
Julio Talavera fue internado en el Hospital Argerich y la pasó mal. "De
repente me había quedado solo y me rodean con como mínimo tres camillas con
cadáveres sobre las camillas y me doy cuenta que eran cadáveres porque tenían
la bolsa. Creo que eran tres, no puedo estar seguro, seguro, pero mínimo eran
tres". Pero cuando los policías descubrieron que Talavera era de la
agrupación HIJOS, la pasó peor: "En todo momento era insultarnos a
los que estábamos heridos, era insulto de parte de la Policía constantemente.
Zurdos de mierda, los vamos a matar, y cuando se dan cuenta que era de la
Agrupación HIJOS porque tenía el prendedor, me empiezan a insultar
mucho más fuerte todavía y lo que nos decían era que a nosotros nos tenían
que hacer lo mismo que hicieron con nuestros viejos, que era la única forma que
íbamos a aprender
Jorge
Portillo
Las peores imágenes de la represión fueron filmadas en el Microcentro porteño,
pero también quedaron historias trágicas en los barrios. Hace un mes Puntodoc
reveló la existencia de una sexta víctima en la ciudad de Buenos Aires, Rubén
Aredes, un obrero de la carne asesinado por la espalda en Ciudad Oculta.
Lejos de allí, en Parque Saavedra, pero casi a la misma hora, otra bala
policial no precisamente disparada al aire le arruinaba la vida a Jorge
Portillo. Jorge tiene 20 años y hasta hace apenas unos meses jugaba fútbol de
salón en el Club Platense y soñaba con que lo contraten en Italia. Hoy está
en silla de ruedas: "Fui a dejar a mi novia a la casa de una amiga. Cuando
estoy volviendo, en Melián hay un supermercado chino, había gente que quería
abrir, quería sacar. Entonces, cuando me quiero meter para atrás de un árbol,
porque no iba a correr para ninguno de los lados de los dos, quedé entre medio,
y me quiero dar vuelta para meterme atrás de un árbol y veo un policía
vestido de policía cuando me apunta. Y lo veo, así entre sombras y veo dos
fogonazos. Hasta ahí me acuerdo".
Masacre en el Obelisco
En la tarde del 20 de diciembre, después de la furia de la noche anterior,
Buenos Aires parecía volver a la calma. Hoy se sabe que no fue así. Hubo más
tiros, corridas, gases lacrimógenos, balas de goma y de plomo. Y también hubo
más muertos. Y no quedan dudas de que algunos efectivos siguieron disparando
contra los manifestantes, ya que las cámaras de la Policía Federal registraron
cómo a sangre fría algunos policías salieron a cazar gente.
Martín Galli
Martín Galli es uno de los tantos argentinos que llegó a la Plaza de Mayo para
pedir la renuncia del presidente. A las siete de la tarde de aquel 20 de
diciembre, Galli estaba en el Obelisco, junto a un grupo de manifestantes
finalizando una jornada que sentía histórica. La actitud de los manifestantes
era pacífica y expectante.
La Cámara Federal estableció que en el lugar no había "disturbios, ni
agresiones ni amontonamiento de personas" frente a los policías. Según
Galli, esa tranquilidad terminó de golpe cuando llegaron tres coches. Hoy se
sabe que esos autos de donde bajaron varias personas eran una camioneta Ford
Ranger gris, un Fiat Palio bordeaux y un Peugeot blanco. También se sabe que
esos autos salieron de la Superintendencia de Asuntos Internos de la Policía
Federal, con el supuesto objetivo de controlar el accionar policial. Pero según
Martín Galli, "Los tipos bajaron del auto. Bajó gente de civil y algún
personal con uniforme. Apoyaron las armas arriba del techo, los revólveres y
las itakas y empezaron a disparar". Uno de los tiros le dio a Galli:
"A mi me pegaron un tiro en la nuca, con una bala de acero, que está todavía
adentro de la cabeza".
Las imágenes muestran cómo después de los disparos los tres vehículos huyen
del lugar. Al mismo tiempo la gente corre desde el Obelisco hacia el sitio donde
estaban los tres vehículos policiales.
Alberto Márquez
Martín Galli tuvo la suerte que le faltó a Alberto Márquez, un militante
justicialista de 57 años que no pudo sobrevivir a los disparos. A las 19:25,
jueves, Márquez estaba muerto y Galli tenía un balazo en la cabeza. Ambos
estaban tirados sobre el asfalto. Mientras la gente pedía ayuda, un nuevo auto
policial llegó al lugar. Pero lejos de ayudarlos, los policías volvieron a
disparar. A las 19.27, todo había terminado. Galli agonizaba en el piso y dice
que si no fuera por la ayuda de un desconocido hoy estaría muerto: "En el
medio del caos se acercó un hombre, le dicen Toba, y me salvó la vida
realmente. Me detuvo unas convulsiones, me golpeó el pecho y me salvó de dos
paros cardíacos. Y Toba, se ve que todos se tiran al piso a cubrirse, y él se
tira y me cubre a mi. Si me llevaban en ese momento, yo hoy no estaba acá".
La
masacre de la Alianza
Hace nueve meses, la Argentina ardía. El debilitado gobierno de Fernando De la
Rúa no hizo nada para impedir que en varias provincias se repitiera la escena
fatal de los saqueos de supermercados, la misma escena que había terminado con
el mandato de Raúl Alfonsín.
Luego de los saqueos vino el Estado de Sitio y una brutal represión a quienes
protestaron en Plaza de Mayo y Plaza Congreso, la noche del 19 y la tarde del 20
de diciembre. Finalmente, De la Rúa renunció. Pero debajo del helicóptero que
lo sacó de la Casa Rosada, quedó una masacre silenciada.
La historia oficial
Ningún organismo oficial se encargó de averiguar cuánta gente murió en
Argentina la semana que cayó Fernando De la Rúa. Por eso, la cifra estimada
varía entre 29 y 32 personas muertas; algunas de las cuales siguen aún sin
identificar. A esas víctimas se suman más de 500 personas que fueron heridas
durante la represión. (ver información adicional)
Lo cierto es que muy poco se conoce hoy de lo que sucedió en aquellos días de
diciembre: no sólo no se sabe a ciencia cierta cuánta gente murió ni cuántos
fueron los heridos, sino que tampoco se conoce la cantidad de personas que
asesinó la Policía ni cuántos ciudadanos mataron los comerciantes que defendían
sus locales.
Sólo un jefe de Policía fue relevado en todo el país; no hay casi acusados, y
apenas hay un puñado de policías presos por haber sido filmados o
fotografiados durante la represión.
La provincia donde más gente murió fue Buenos Aires, seguida de Santa Fe y
Capital Federal. Pero hubo también muertes en Entre Ríos, Río Negro, Córdoba,
Corrientes y Tucumán.
Aunque hayan matado o herido en defensa propia, de su local o de su familia, no
prosperó ninguno de los juicios contra los comerciantes que dispararon sobre
los saqueadores. En el único caso en que hubo policías heridos de bala fue en
Santa Fe, pero no hay acusados. En todos los casos de muertos y heridos por
balas policiales, los policías –no importa de que provincia sean- declararon
siempre lo mismo: “Tiramos al aire”. Pero las autopsias y los videos
demuestran lo contrario.
Gastón Riva
María Arenas tiene tres hijos y enviudó cuando el 20 de diciembre asesinaron a
su marido, Gastón Riva, un motoquero que de día repartía mensajes y de noche
entregaba pizzas. María vio en directo por televisión la muerte de su marido:
"El cronista del canal dijo 'Aquí se llevan a uno de los muertos' y yo
miro, y lo reconocí perfectamente. No vi que era la cara de él pero me di
cuenta por la ropa, por la riñonera, por las zapatillas y por la contextura física;
lo reconocí perfectamente. Yo me quedé helada al lado de la pantalla, me corrió
un sudor frío".
extraido de punto.doc