Respuesta
de James Petras a Horacio Verbitsky
Traducción:
Gonzalo Moyano
Articulo
de Horacio Verbitsky: “Nuevas Amenazas” Página
12 (15/12/2002)
Nuevas
amenazas y viejos
apologistas
de
James Petras
En
un artículo publicado en Página
12 ("Nuevas Amenazas", 15/12/02), Horacio Verbitsky
realiza una serie de acusaciones infundadas y ataques personales que implican
absolutas falsedades, al tiempo que se opone a las movilizaciones populares
contra el régimen de Duhalde. Su método de
difamación personal intenta vincular a quienes apoyan la lucha popular con
estrategas militares estadounidenses (una vieja técnica estalinista, reciclada
como "teoría de los dos demonios"). Verbitsky
cita un documento de la Junta Interamericana de Defensa (JID) que menciona las
"nuevas amenazas" a la dominación estadounidense por parte de los
movimientos y movilizaciones populares en toda América Latina. El documento de
la JID citado por Verbitsky propone la militarización
de América Latina para reprimir dichas "nuevas amenazas". La
"oposición" de Verbitsky a la
militarización consiste en atacar
los movimientos populares que luchan contra la desnutrición, el
desempleo y la pobreza, acusándolos de favorecer
la represión militar. Escribe: "Facilitar los pretextos (luchas populares)
necesarios a esa decisión (remilitarización) no
parece lo más conveniente a los intereses populares". En este contexto se
comprende porque Verbitsky no considera las jornadas
del 19 y 20 de diciembre una victoria popular y condena las reclamaciones y
esfuerzos por construir nuevas instituciones representativas: éstas constituyen
"nuevas amenazas", en palabras de la JID, o "pretextos" para
la remilitarización, según Verbitsky.
Tanto Verbitsky como la JID se oponen a los nuevos
movimientos extraparlamentarios, una en nombre de la "Seguridad Hemisférica"
(léase el imperialismo estadounidense) y el otro en nombre de los
"intereses populares" (léase un régimen civil corrupto subordinado a
los EE.UU.). Para la JID, el derrocamiento de De la
Rúa generó una "amenaza" y, según Verbitsky,
es un "pretexto" para la remilitarización:
es preferible sufrir el robo de decenas de miles de millones de dólares en
ahorros (con más de la mitad de la población viviendo en la pobreza)
Pero
Verbitsky no se contenta con denunciar las luchas
populares contra De la Rúa, Duhalde y otros
"pretextos" para la intervención estadounidense. No sólo me denuncia
por apoyar las luchas populares en Argentina, sino también denuncia mi crítica
ideológica a la derechización de Lula en Brasil. Si Verbitsky
leyera alguna otra cosa más allá de su columna, descubriría que en todos los
diarios, desde el Financial
Times de Londres hasta la Folha
de Sao Paulo o el Wall
Street Journal,
todos los periodistas respetables llegan a la misma conclusión. Lula ha virado
a la derecha al nombrar a un banquero neoliberal al frente del Banco Central,
otro liberal en la vicepresidencia y otro en el Ministerio de Hacienda. En
segundo lugar, si Verbitsky leyera las declaraciones
de los principales sindicatos (CUT, Força Sindical)
y del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), también descubriría que
ellos repudian el giro a la derecha de Lula, afirman su independencia y se están
movilizando contra su programa económico y social. Existe una coincidencia de
opiniones entre el MST, la CUT y Petras acerca de la derechización de Lula y la
necesidad de movilizarse, porque las políticas que Lula y sus funcionarios
designados proponen, contradicen las promesas electorales a los 50 millones de
brasileños pobres que lo votaron. Ni el MST brasileño ni la CUT, ni las
asambleas barriales argentinas, ni los piqueteros necesitan mi asesoramiento
para actuar y movilizarse. Hay más que un número suficiente de dirigentes
locales competentes para hacerlo.
Una de las reglas elementales del periodismo ético es la de obtener los datos biográficos básicos correctos. Verbitsky sostiene que yo vivo en mi "confortable casa de Boston". Jamás he vivido en Boston. Vivo en Binghamton, Nueva York, una ciudad provinciana y empobrecida en una zona desindustrializada que tiene los precios inmobiliarios más bajos del país. No soy propietario de ninguna casa. En los últimos 50 años he participado activamente en los sindicatos y movimientos universitarios, comunitarios y solidarios tanto en Estados Unidos como en América Latina, Europa y Asia. Todos los años recibo invitaciones de muchos movimientos populares de América Latina para dar conferencias y clases. En diciembre de este año fui invitado por Evo Morales a un encuentro nacional en Chapare (Bolivia) para analizar el imperialismo norteamericano con 500 delegados de los campesinos cocaleros. En noviembre, por los trabajadores petroleros de Esmeralda (Ecuador) y los trabajadores de la electricidad de México. El MST de Belén (Brasil) me invitó a participar de un Tribunal en mayo de 2003. También me invitaron los piqueteros de Neuquén. Yo asisto porque los movimientos populares me convocan y acepto porque estoy activamente comprometido con sus luchas y quiero aprender de su experiencia y de nuestros diálogos. Me he metido en el barro entre nubes de mosquitos mientras hablaba en campamentos de campesinos sin tierra en Río Grande do Sul. He compartido debates políticos y arroz con porotos con los zapatistas en México. He debatido con militantes campesinos de Santiago del Estero mientras compartía un asado. No necesito consejos sobre mi estilo de vida de un enemigo jurado de las Madres, pero usted, Verbitsky tiene mucho de que responder. Verbitsky, ¿es incorrecto que yo acepte invitaciones de estos movimientos y de la Universidad de Madres? ¿Lo objeta cuando sus patrocinadores financieros, los directores académicos de la Fundación Ford, le aconsejan al Departamento de Estado como "contener" las "nuevas amenazas" al imperialismo norteamericano? Verbitsky ¿por qué no enfrenta el hecho de que no sabe nada acerca del estilo y contenido de mi actividad política de los últimos 40 años en América Latina? ¿Por qué no debatir francamente los nuevos movimientos sociales, en lugar de calumniarlos con su concepto reciclado de los "dos demonios"? Quizás así, como escritor conservador, pero honesto, podría ser reconocido como periodista y no como propagandista.
Nuevas
amenazas
Por
Horacio Verbitsky
Zona
Liberada
La
mayoría de las fuerzas políticas de izquierda caracteriza los episodios de
diciembre pasado como una victoria popular, porque forzaron la renuncia del
conservador ex presidente Fernando de la Rúa. Algunas de ellas consideran, además,
que el país atraviesa ahora un estado pre
revolucionario, proponen expulsar también al Senador Eduardo Duhalde
y convocar a una asamblea constituyente que establezca un nuevo poder popular.
Como en Estados Unidos ya gobiernan los soviets de
campesinos y obreros y no quedan tareas revolucionarias pendientes, el sociólogo
James Petras puede recluirse en su confortable casa de Boston para aconsejar a
las fuerzas populares del Tercer Mundo cómo lograr lo mismo. Algo más radical
que cuando era asesor del ex presidente griego Andreas
Papandreu, Petras también ha denunciado el giro a
la derecha de Luiz Inácio
da Silva, Lula, aun antes de que asuma la presidencia del Brasil, e insta a
confrontarlo con la movilización permanente que lo obligue a definirse.
Estos planteos simples y voluntaristas son funcionales a los más meditados y mejor respaldados de la inquietante Junta Interamericana de Defensa. En su Apreciación Estratégica de este año la JID, con sede en Washington y presidida por el general norteamericano Carl H. Freeman, veterano de Vietnam, describió la “aguda crisis económica y de gobernabilidad” que atravesaría la Argentina, donde habría un “grave problema de seguridad pública”, con “violencia urbana y enfrentamientos con las fuerzas del orden”. El ministro de Defensa Horacio Jaunarena y el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, propician la aplicación de las Fuerzas Armadas al control de esa situación, que describen en términos similares. El ministro a cargo de la Seguridad se opuso en forma abierta a tales designios. Hasta el presente, Duhalde laudó en favor de Juan José Alvarez, pero la presión castrense no cesa. La V Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas que sesionó en Chile el mes pasado dejó en claro que el gobierno de George W. Bush impulsa ese avance. Integran la Junta delegados militares de 22 de los 34 países miembros de la OEA, entre ellos Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, , México, y Venezuela. Tres días antes de los megaatentados del 9 de setiembre de 2001, su Consejo de Delegados aprobó un informe titulado “Hacia un Nuevo Sistema de Seguridad Hemisférica”, que anticipaba la confusión entre Defensa y Seguridad que se hizo evidente en la Declaración de Santiago firmada, entre otros, por Jaunarena y Donald Rumsfeld. Entre las denominadas Nuevas Amenazas describe en primer lugar al terrorismo, definido con excepcional amplitud. Sus motivaciones irían desde el “fundamentalismo religioso” hasta los “reclamos de determinados grupossociales que buscan la renovación de los gobiernos e inclusive el cambio de sistema”. Luego enumera las armas nucleares y de destrucción masiva, las drogas ilícitas, la degradación del medio ambiente, la corrupción, el HIV/Sida, la denominada “Violencia Ciudadana” que, junto con la criminalidad, “amenazan el orden público, social y político” y el crimen organizado internacional. El documento menciona también problemas y retos que sin constituir amenazas pueden ser fuente de conflictos: los primeros son la brecha tecnológica entre las naciones, las crisis económicas, y... la “Expansión de la Jurisdicción Universal”.
La
versión oficial en español del documento redactado por los agregados militares
en Washington señala como fuente de conflicto “la capacidad de juzgar y hacer
ejecutar lo juzgado por parte de magistrados de distintas nacionalidades
respecto de imputados ciudadanos de diferentes países, con relación a hechos
acaecidos en cualquier lugar y sin límite alguno de retroactividad”. Esto
puede resultar lesivo de la “soberanía y jurisdicción que cada país posee
en aplicación del derecho normativo interno que legítimamente ha elegido para
regirse”. La justicia por los crímenes del pasado es la única materia en la
que los uniformados se manifiestan adversos a la globalización.
Otros
problemas mencionados son la presunta ausencia de políticas bien definidas de
Defensa y Seguridad y de marco jurídico en operaciones multinacionales, el
transporte de residuos nucleares, el aumento de la pobreza extrema, el creciente
nacionalismo indígena y el desempleo. Frente a este cuadro, la JID ofreció
aportes que recrean en toda la línea la vetusta Doctrina de la Seguridad
Nacional, para la que todo constituye un desafío a la seguridad y para todo se
prevé una respuesta militar: el monitoreo constante por las Fuerzas Armadas de
los “factores condicionantes”, la generación de políticas de seguridad y
defensa y la interoperatividad entre las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, es
decir aquello que las leyes argentinas sancionadas después de la dictadura
militar con toda razón prohibieron.
En
agosto de este año, el Estado Mayor Internacional de la JID difundió su
Apreciación de la Situación Estratégica del Hemisferio. Los problemas
generales que los generales señalan en América del Sur son la pobreza, las
desigualdades sociales y el desarrollo desigual y los específicos “la
inestabilidad política, el narcoterrorismo y los estallidos sociales”. En la subregión
andina, afirman que la pobreza, el subdesarrollo, el terrorismo y el narcotráfico
“conforman un componente altamente desestabilizador”. En términos específicos
presentan “el conflicto generalizado que atraviesa Colombia”como “uno de
los desafíos más difíciles en materia de defensa y seguridad”, ya que podría
“extenderse a los países vecinos”. En el caso de Bolivia, mencionan con
inquietud la alta votación en favor del representante de los campesinos
cocaleros Evo Morales, cuyas demandas “son inadmisibles para el gobierno,
comprometido en la erradicación de los cultivos de hojas de coca ilegales”.
Venezuela merece pocas pero muy significativas líneas, como “uno de los más
importantes proveedores de petróleo de los Estados Unidos, lo que le da
especial importancia y valor estratégico en la política exterior de los
Estados Unidos”. El encomio a la democracia muestra así sus límites, según
sean los resultados.
El Mercosur es presentado como un factor de estabilidad política pero el párrafo dedicado a la Argentina es inquietante. “Viene atravesando por una aguda crisis económica y de gobernabilidad que ha generado a su vez un grave problema en cuanto a seguridad pública se refiere, con manifestaciones de violencia urbana y enfrentamientos con las fuerzas del orden”. La crisis económica argentina es citada como uno de los “focos de inestabilidad regional que podrían afectar a los Estados Unidos, por ejemplo a través de una fuerte inmigración y un aumento de la escalada deviolencia terrorista”. Las conclusiones del documento también siguen el esquema de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Muchas de sus observaciones serán compartidas por quienes reclaman cambios profundos. Lo que no es admisible es que esos temas sean motivo de análisis y planificación de los Estados Mayores militares. En el campo económico América Latina es citada como “la región de mayor disparidad entre pobres y ricos” y la pobreza como una violación a los derechos humanos que desestabiliza las instituciones democráticas. Con excepción de Estados Unidos y Canadá los niveles de endeudamiento de los países del hemisferio son “impagables” y “afectan la gobernabilidad de los estados” porque distraen recursos “de los planes de desarrollo social y crecimiento económico, generando fuentes de desempleo, deterioro en los servicios de salud, carencia de viviendas dignas, caída del poder adquisitivo del salario, aumento de la pobreza y la marginalidad”. En el campo psicosocial, esta crisis produce otra de gobernabilidad. “La democracia se ve afectada por la insatisfacción generada por un masivo empobrecimiento colectivo, por la incapacidad manifiesta de resolver los problemas más elementales de la población” al mismo tiempo que los dirigentes políticos se desprestigian por su “falta de voluntad de combatir la corrupción”, todo lo cual conduce al “aumento generalizado de la corrupción, delincuencia, crimen organizado, guerrilla, terrorismo y narcotráfico”. En el campo militar, donde desemboca el gran embudo que es todo el documento, se denuncian como “factores desintegradores”, la “manipulación política sobre los asuntos de interés propiamente castrense, la acción sicológica de desprestigio permanente de organizaciones adversas a las Fuerzas Armadas, la falta de voluntad política para concretar un nuevo sistema de seguridad hemisférica”. Dentro de seis meses, la Conferencia Especial sobre Seguridad Hemisférica de la OEA que sesionará en México intentará dar el próximo paso hacia la remilitarización de la región. Facilitar los pretextos necesarios a esa decisión no parece lo más conveniente para los intereses populares.