La
Evaluación
Solamente
sabemos que estamos en el rumbo cierto cuando evaluamos
nuestro trabajo práctico dentro de la organización. A
través de la evaluación es que tenemos cómo identificar
nuestros errores y medir el tamaño de las conquistas de
la lucha, y si la organización está consiguiendo atender
sus objetivos (ayudar a construir el proyecto popular para
los cambios sociales, demás objetivos).
La
evaluación no es una cosa inventada por las personas, es
una norma de la naturaleza. Cuando las personas construyen
grandes ciudades y cubren toda la tierra con cemento y
asfalto, la naturaleza se cobra, provocando desastres que
destruyen las casas de las personas. Hoy tenemos
inundaciones, secas, tempestades, y calentamiento del
clima porque los ricos no respetaron a la naturaleza
quitando los montes y selvas del planeta, contaminando las
aguas y el suelo. En consecuencia de eso, toda la
humanidad está sufriendo serias enfermedades nuevas y
hasta epidemias. Cuando somos golosos y comemos o bebemos
demás nuestro organismo también reacciona provocando
dolores e infecciones, exigiendo de nuestro cerebro más
cuidados.
Dentro
de la organización tenemos que hacer frecuente y periódicamente
evaluaciones para evitar que nos desviemos de los
objetivos y no se lo caracterice como un movimiento que
lucha ( por mejoras económicas, cambios sociales).
Cuando
no hay evaluación en una organización cada trabajo
camina para el fracaso, tiende al relajamiento y la
desorganización.
Sin
evaluación no conseguimos saber si el plano de luchas está
siendo ejecutado, si los responsables están cumpliendo
con sus funciones. Si el plano no está siendo cumplido
debemos identificar dónde están las deficiencias y
apuntar soluciones. Las deficiencias pueden estar en el
plan que fue hecho sin un análisis minucioso de la
realidad o las personas, los militantes que no tienen
capacidad o no comprendieron sus funciones dentro del plan
y por eso no consiguen desempeñar las tareas prácticas.
Para
que la organización crezca es necesario que los
trabajadores se aproximen, gusten de nosotros y nos
apoyen, pero para eso tenemos que ser humildes y osados.
Las personas se acercan a los movimientos humildes porque
se sienten acogidas, escuchadas, valorizadas. Solo los
humildes saben acoger, escuchar y valorizar a otros. Las
personas se aproximan a quien les ofrece seguridad y
perspectivas de futuro. Para poder ofrecer soluciones para
el futuro se necesita de osadía de enfrentar a los
poderosos y arrancar conquistas concretas y también
cambios políticos para que las conquistas sean duraderas.
Crítica
Dentro
de una organización es normal y saludable que haya ideas
diferentes para eso generar debate. El debate enriquece el
conocimiento de las personas. Lo que no puede surgir
dentro de la organización, por causa de las ideas,
diferentes grupos que se oponen a la organización, eso
significa división interna, es un rompimiento de la
disciplina y quiebra la unidad interna. Las ideas
divergentes deben ser corregidas sin generar fracciones.
Si
no hay críticas dentro de la organización todo el
trabajo camina para el fracaso, tiende para el
relajamiento y para la desorganización.
Si
no hubiera el ejercicio de la crítica los militantes no
crecen, no se educan y no se moldean para ser útiles a la
organización.
La
crítica debe ser hecha sobre el comportamiento y la práctica
de los militantes a partir de los objetivos, de las líneas
políticas, de los valores y de los principios
organizativos.
La
crítica debe ser hecha dentro de la organización, en las
instancias organizativas o directamente con la persona que
está cometiendo desvíos o cayendo en los vicios que
corroen a la organización.
La
crítica debe corregir a los enemigos ideológicos y
alejar a los
enemigos políticos.
Los
comentarios fuera de las instancias se transforman en
chismes. Sólo traen desconfianza, discordias, y no quedan
en nada. Una crítica hecha fuera de la organización debe
ser encarado como una traición a la organización. Quien
traiciona a la organización debe ser considerado como u
enemigo político.
La
crítica debe ser el resultado de un análisis bien hecho,
maduro. El derecho de criticar impone a los militantes la
responsabilidad de evitar los comentarios generales y
superficiales. Debemos apuntar a los errores y los nombres
de quien los cometió y también tenemos la obligación de
apuntar las salidas para solucionar el problema. Si no
conseguimos identificar las causa verdaderas los errores
vuelven con más fuerza todavía y la crítica se
transforma en una acción destruidora de la organización.
La
críticas deben ser hechas solamente para los compañeros,
nunca para los enemigos, y de una forma franca, humilde y
honesta. Nunca debemos desmoralizar o humillar a un compañero
por más que halla cometido un error. Nuestro gran
comandante Che decía: tenemos que ser duros con los
errores y con los enemigos pero debemos ser enérgicos y
tiernos con los compañeros.
Auto-crítica
La
auto-crítica es tanto o más importante que la crítica
pues implica el cambio de mi comportamiento en relación a
la lucha, en relación a la organización. Implica mi
relación con la familia, con relaciones de género; mi
relación con los militantes, dirigentes, con la masa.
La
auto-crítica significa aceptar las críticas que los
otros hacen sobre mi práctica. Para nosotros militantes
muchas veces es difícil o doloroso tener que oír críticas
y más duro todavía tener que aceptar críticas. Muchas
veces sólo de pensar lo que el pueblo piensa de nosotros
ya da miedo. Según Frai Betto, un dirigente que no tiene
coraje de preguntar a sus dirigidos ¿qué piensan ustedes
de mi?, es porque él ya piensa a desconfiar que el
personal no piensa lo que él gustaría que pensase.
La
auto-crítica significa acatar las sugestiones y
propuestas que nos hacen para ayudarnos, y también
colocar en práctica las conclusiones de las críticas que
nos hacen.
Tenemos
que usar nuestros sentidos para ver y sentir, escuchar y
observar que nos observan, unidos por muchos elementos
tendremos la fuerza y confianza del pueblo.
Es
preferible errar con el pueblo que acertar solos. |