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La Ancianidad y la
Muerte
Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes
luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que
luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht
La Ancianidad
Ancianidad o vejez. Es descripta muchas veces como un estado
del espíritu. Es difícil afirmar cuando comienza,
dado que el envejecimiento varía de persona a persona.
Según la OMS, el envejecimiento no es simplemente un proceso
físico, sino mas bien un estado mental y en ese estado
mental estamos presenciando el comienzo de un cambio revolucionario.
Razones
La edad a partir de la cual se considera que una persona ha entrado
en la vejez se ha ido elevando a través de los siglos,
y marcadamente en lo que va del actual.
Durante el imperio romano el límite de la vida oscilaba
alrededor de los 23 años; en el siglo pasado, una mujer
de 30 años se hallaba en los umbrales de la vejez, y a
comienzos del siglo XX el promedio de vida no pasaba de los 47
años.
Sin embargo, durante los últimos años esa cifra
aumento en forma notable. En 1930 la expectativa media para los
varones sobrepasaba los 60 años, en 1940 los 63 y en 1970
los 70 a 75.
Las últimas proyecciones demográficas establecidas
en Europa indican que para este año, uno de cada veinte
habitantes tendrá 75 años o más, lo que
representara un aumento del 100% sobre años anteriores.
El aumento de la longevidad permite prever una evolución
semejante en otros lugares del mundo.
Gerontología
El aumento de vida dio motivo de importante rama de la medicina
moderna, la Gerontología, que se ocupa de estudiar y tratar
los fenómenos fisiológicos y patológicos
propios de la vejez. Además se ha logrado desarrollar
métodos eficaces para atender los trastornos psico-físicos
de quienes pasan sobradamente los límites de la maduración.
Consecuencias
La rapidez con que la familia esta evolucionando en los países
en desarrollo, obliga a dedicar atención muy especial
a los problemas referentes a la ancianidad.
Las necesidades de salud de las personas de edad no quedan solucionadas
con el aumento de institutos geriátricos. Es necesario
hacer un estudio de las necesidades de los ancianos en las sociedades
modernas y organizar servicios de asesoramiento, readaptación
educacional, recreo, para obtener una integración funcional
de la sociedad.
En la era moderna el fenómeno generalizado de la jubilación,
o retiro, juntamente con los adelantos científicos y técnicos
determinaron un cambio en la naturaleza del trabajo. El retiro
de la actividad es considerado como una etapa normal del ciclo
de la vida. Este hecho hace sentir al anciano desplazado de la
sociedad que lo relega.
Efectos del Envejecimiento
Unidos a su envejecimiento físico se suman en el anciano
hechos que perturban su tranquilidad, como ser la desafectividad,
la inactividad laboral, la perdida de seres queridos, el aflorar
de los recuerdos, el aislamiento, los cambios en su capacidad
intelectual, la carencia de dialogo, la concentración
en sí mismo que lo lleva a ser reservado o indiferente
y tantos otros factores.
Problemas económicos, sociales, habitacionales y de vínculos
En las sociedades preindustriales los ancianos seguían
realizando tareas útiles mientras podían.
Los países industrializados se enfrentan con tres problemas:
1. Los sistemas actuales de trabajo no tienen tareas que ofrecer
cuando los individuos pierden sus energías.
2. Es cada vez mayor el numero de personas que salen de la etapa
productiva antes de considerárselos ancianos.
3. Las familias no pueden hacerse cargo de los mismos por razones
económicas y de espacio habitacional.
Todos estos problemas causan la marginación de los ancianos,
pues la sociedad considera al hombre un poco por lo que hace
y produce y no por lo que es.
En países ricos y altamente especializados han surgido
modernos centros residenciales para ancianos con asistencia medica
y psicológica de vanguardia, con jardines, centros recreativos,
talleres, etc.
Estas son soluciones aparentes, pero no debemos olvidar que es
necesario para el anciano tener la asistencia y el confort su
ambiente familiar, que no es fácil reemplazar.
La sociedad moderna esta impregnada de materialismo y el trabajo
son considerados como productividad y no como formación
humana.
Más sabe el diablo por viejo...
Hoy día, más personas de la tercera edad luchan
por mantenerse activos dentro de la vida moderna, demostrando
que son capaces de realizar muchas tareas y que pueden seguir
siendo útiles a la sociedad.
Don Humberto es un señor de 90 años que sigue
viviendo su vida tal y como lo hacía cuando tenía
50: maneja, sigue al frente de su propio negocio, viaja y lleva
personalmente sus cuentas de gastos.
¿Será esto posible o don Humberto es una excepción?
Dentro de nuestra sociedad existe la creencia de que con la vejez
las facultades mentales se pierden, pero nuevos estudios tratados
por J. Schrof, especialista en el tema, demuestran que estas
facultades no se pierden, sino que se transforman cuando el cerebro
envejece.
Por desgracia hay todavía quienes ven a la vejez como
una enfermedad.
Muchos piensan que cuando la persona envejece tiene menos capacidad
intelectual.
Las conclusiones a que llegaron investigadores de la Universidad
de Harvard después de realizar algunos estudios es que
la mayoría de las personas conservan intactas sus facultades
mentales por lo menos hasta los 70 años y un 30% llegan
sin ningún problema a los ochenta o noventa años.
Se cree que es de gran influencia para que la persona se conserve
lúcida el tener una preparación académica
y llevar una vida productiva con diferentes intereses y pasatiempos,
entre otras cosas.
Por el contrario, quienes tienen una vida sedentaria o quienes
no tienen metas por las cuales luchar, muestran un deterioro
prematuro de su inteligencia.
He ahí que podemos encontrar que hay personas viejas antes
de haber cumplido los cincuenta años.
Es recomendable que la persona mayor trate de mantenerse al día
en su ocupación, profesión, actividades o deporte
que practique, pues además de tener la capacidad para
hacerlo esto le ayudará a mantenerse lúcido.
Pérdida de la Memoria
Otra de las creencias es que cuando se llega a viejo comienza
a perderse la memoria.
Durante muchos años se ha pensado que al envejecer, las
neuronas mueren más rápido que antes y se va perdiendo
la memoria.
Un estudio realizado en la Universidad de Boston demuestra que
con la edad lo que se atrofia son los canales de comunicación
de las neuronas, pero todos los datos almacenados permanecen
intactos.
Esto quiere decir que los ancianos pueden seguir siendo muy inteligentes
aunque la velocidad de su pensamiento sea menor.
A más edad se conoce más y se tienen más
experiencias.
La Lucidez
No es una garantía que quien ejercite su cerebro lo mantendrá
lúcido, aunque en muchos casos puede ser de gran ayuda
para que este se conserve sano al llegar a la vejez.
Para ayudarlo a mantenerse joven, muchos geriatras hoy día
recomiendan a los ancianos a aprender cosas y oficios nuevos.
Aquí se puede poner en práctica el viejo adagio
de que " nunca es tarde para aprender".
Las nuevas experiencias ayudan al cerebro a desarrollar nuevos
canales de comunicación en las neuronas y quienes son
más flexibles en su pensamiento y son creativos favorecen
en gran parte su agudeza mental.
Otro factor que ayuda a mantener en forma el cerebro es vivir
una vida emocionalmente estable.
Esto ayuda no sólo a los ancianos, sino a cualquier persona,
a realizar sus actividades intelectuales con más calma
y precisión.
Quienes creen que sólo gozando de salud física
pueden mantener una salud mental no necesariamente están
en lo cierto, pues muchas veces los padecimientos de enfermedades
físicas no atrofian para nada la capacidad intelectual
de las personas.
Pero no hay que olvidar que hay padecimientos que sí afectan
las facultades mentales, tales como la arteriosclerosis y la
hipertensión, aunque éstas no afectan sólo
a las de edad avanzada sino también a personas jóvenes
que tienen malos hábitos.
Por otra parte, es recomendable hacer ejercicio en forma moderada
pues el sobre ejercitarse no es garantía de conservar
la lucidez.
La Sabiduría
Existe una gran realidad que hoy día parece ser olvidada:
La vejez está llena de sabiduría.
Por fortuna no todas las sociedades modernas consideran que los
ancianos son personas limitadas intelectualmente.
Tal es el caso de lugares como China, donde ser viejo es ser
sabio y las personas mayores gozan de una alta jerarquía
en la sociedad.
Otros estudios realizados han demostrado que las personas mayores
tal vez sean más lentas en realizar actividades intelectuales,
pero las hacen con mucho más perfección que personas
jóvenes y aunque tarden más tiempo en tomar decisiones,
se equivocan menos.
Los expertos geriatras afirman que el cerebro de un anciano no
es inferior al de un joven, sino simplemente son distintos, al
igual que el de un niño y un adulto.
Mientras las personas jóvenes son más rápidas
para pensar y hacer las cosas, tienen grandes huecos en información
y los ancianos suplen la falta de rapidez con su experiencia
y sabiduría.
Dignidad
En nuestra sociedad muchas veces el anciano es considerado como
material de desperdicio que ya que en apariencia no tiene nada
bueno que aportar al mundo activo y se cree que son carga para
la sociedad, incluso mucha gente se sorprende de ver a personas
de la tercera edad realizando actividades físicas y de
trabajo como si fuera algo imposible.
Mas ingrato aún, es que se imponga a la persona una fecha
de caducidad al llegar a los sesenta años, obligándolos
muchas veces a dejar sus trabajos y actividades para que sean
ocupados por alguien "más joven y capaz".
Existe hoy día muy poco respeto y poca conciencia de los
derechos que deben gozar las personas mayores.
Es necesario que la sociedad actual retome aquel refrán:
"Más vale el diablo por viejo que por diablo"
y devolverle al adulto mayor su dignidad, reconocer y aprovechar
sus experiencias, pues aquella sociedad que no sabe darle un
lugar digno y respetable a sus viejos, muy poco podrá
lograr en la búsqueda de derechos para "otros miembros
de su sociedad" por mucho que se esmere.
Un Viejo Amor, Siempre Nuevo
¿Cómo pagar a mis abuelos todo lo que de ellos
recibí? Tal vez la única forma sea dejando ese
mismo legado a las generaciones que siguen.
Hace tiempo me encontré un letrero con una frase que me
llamó la atención "Adopta un Abuelo".
Después vi cómo ese lema cambió por el de
"Apoya un Abuelito". Ambos mensajes me hicieron reflexionar
en la importancia que tiene la figura de los abuelos y del amor
que se profesan frente a sus hijos y nietos.
Sin duda para cualquiera de nosotros que hayamos tenido la suerte
de convivir con nuestros antecesores, alguno de ellos ha representado
un elemento importantísimo en nuestra formación.
Hace muchos años, quizá demasiados, cuando yo era
apenas un niño, buscaba pasar la mayor cantidad de tiempo
posible en compañía de mis abuelos.
Entonces me preguntaba el por qué me gustaba su compañía.
Ahora pienso que probablemente era por la paz que ellos me proporcionaban
y la gran sabiduría que ellos sabían trasmitirme
en base a su experiencia.
Mi abuelo, por ejemplo, sabía distraerme enseñándome
cosas tan útiles como aprender a barrer, a lavar el auto
y a preparar un delicioso jugo de naranja.
Con ellos aprendí también a construir castillos
de barajas, casitas de dominó y otros muchos de esos juegos
que parecen intranscendentes, pero que nos hacen convivir en
familia disfrutando de momentos imborrables en nuestro recuerdo.
Pero independientemente de todos esos momentos que se guardan
como un tesoro en la vida, existe también otra riqueza
de mucho más valor: el ejemplo.
Nunca podré olvidar el inquebrantable testimonio de trabajo
de mi abuelo, cuando salía desde muy temprano acompañado
de su bastón, por el daño que le había causado
una bala en su rodilla en los tiempos de la emancipación.
Recuerdo como mi abuelita se despedía de él con
un cariño envidiable permaneciendo en la puerta de la
casa por largo rato.
Mi viejito volteaba siempre desde lejos para hacerle la señal
de adiós a mi abuela, con la seguridad de que ella siempre
estaría esperando para responderle hasta que lo perdiera
de su vista al final de la calle.
De la misma manera era indescriptible la alegría de toda
la familia cuando escuchábamos la señal característica
que hacía mi abuelito al llegar a la casa.
Todos corríamos a recibirlo, pero siempre nos encontrábamos
con la sorpresa de que mi abuelita ya se nos había adelantado.
Una cosa que me es muy difícil recordar, es si él
alguna vez regresó con las manos vacías, porque
aún mantengo con mucha claridad la imagen del viejito
quitándose el sombrero para recibir tiernamente un beso
de mi abuelita en la frente, e inmediatamente después
empezar a hacer entrega de los diversos detallitos que nos había
traído.
Estos podían ser desde unos sencillos dulces de esos de
color verde en forma de perita hasta un cochecito o algo parecido,
en algunas ocasiones.
Esto sin fallar nunca y principalmente a mi abuela, a la que
invariablemente le traía un detalle de su agrado y ella
lo recibía con manifiesta alegría.
Sus regalos siempre estaban llenos de sencillez y con ellos buscaba
desarrollar nuestra inteligencia y nuestra imaginación.
De forma muy especial, los abuelos participaron también
en nuestra formación. Recuerdo cuando mi abuela me enseñó
mis primeras oraciones, de esas que todos conservamos en la memoria.
Recuerdo también que poco a poco ella iba formando en
nosotros una conciencia recta, enseñándonos a distinguir
con claridad y justicia, entre lo bueno y lo malo.
Pero lo que dejó entre todos mis hermanos y primos una
huella indeleble, fue que todos los días al anochecer,
antes de ir a dormir, mi abuelita nos llevaba a realizar nuestras
últimas oraciones y así entre la mística
y el juego nos conducía maternalmente al sueño.
Otro de sus ejemplos, quizá el más valioso, nos
lo dieron en el campo del amor y de su verdadero significado.
No del "amor" que se nos presenta actualmente en la
televisión o en las películas de cine, sino de
aquel amor que se puede alcanzar cuando la pareja está
unida por la voluntad de seguirse amando, aún cuando ya
han pasado los llamados "mejores momentos de la vida".
Cuando la belleza física deja lugar a la belleza espiritual.
Cuando se ha perdonado todo y se sigue perdonando única
y exclusivamente por amor.
Así recuerdo cómo, cuando era niño, me deslizaba
secretamente para poder observar a mis abuelitos en sus momentos
de convivencia.
Poco a poco, sin ser sorprendido, llegaba hasta esconderme detrás
de la puerta y podía observarlos sentados en una pequeña
mesa junto a la ventana que daba al jardín, ahí
se ponían a jugar dominó, y podía yo ver
entre la rendija de la puerta como mi abuelito tomaba tiernamente
de la mano a su esposa, la otra mitad de su vida, y la acariciaba
con una ternura que hasta la fecha no puedo olvidar.
Después, como si se hubieran hecho novios apenas ayer,
mi abuelito como el más romántico de los hombres
le cantaba una canción con su entonada voz en la que se
hablaba de un árbol y una niña, la niña
grababa su nombre en la corteza del árbol y el árbol
le dejaba caer a la niña una hermosa flor.
Al final de la canción, mi abuelito le decía que
el era el árbol en el que ella había grabado su
nombre y que lo guardaba en su tronco y le preguntaba a ella
que había hecho con su pobre flor.
Así fui viendo casi sin darme cuenta cómo transcurrían
los últimos días en ese clima llena de amor que
siempre se profesaron mis viejitos.
Quizá por eso, cuando mi abuelo murió, no tuvo
que pasar más de un año para que mi abuelita lo
alcanzara.
El murió como lo había previsto siempre: "el
día en el que yo ya no pueda trabajar, voy a morir de
inactividad, porque la vida está hecha para servir y,
si no se vive para servir, no se sirve para vivir".
Durante el último año de vida de mi abuela, mi
abuelo nunca dejó de estar a su lado, aunque fuera en
el recuerdo. Ella siempre le preparaba la cama para dormir como
si él siguiera viviendo, le ponía su lugar en la
mesa y a veces hasta se le escuchaba hablar con él.
Así se fueron mis abuelitos, pero sólo se fueron
corporalmente, porque su ejemplo, su imagen y sobre todo su testimonio,
sigue ocupando entre sus hijos y sus nietos un lugar muy importante,
un verdadero ejemplo a seguir.
Ahora me pregunto ¿de qué forma se le puede pagar
a los abuelos el inmenso legado que nos han dejado sobre el verdadero
significado del amor, el honor, la dignidad, la honestidad, la
responsabilidad, etc.?
Tal vez la única forma sea dejando ese mismo legado a
las generaciones que siguen, quizá de esta manera nuestros
hijos y nietos puedan vivir, en carne propia, "La importancia
de un amor verdadero".
Los seres humanos no nacen para Siempre
el día en que sus madres los Alumbran,
sino que la vida los obliga a Parirse
a si mismos una y otra vez.
Gabriel García Márquez
Cada día hay más personas que manifiestan interés
por saber algo, hacer algo más, experimentar, por leer
algo... sobre la muerte. De hecho, hablar de la muerte es algo
delicado y complejo, y a la vez absolutamente simple ya que es
el final ineludible de nuestras vidas. Depende de la madurez
y reflexiones previas de cada persona. Vamos a hablar del espacio
que ocupa la muerte en nuestras sociedades, y de la manipulación
ideológica de que es objeto. Además de la forma
en que la muerte es vivida en diferentes etapas de la vida y
cómo podemos ayudar desde nuestra naturaleza humana a
las personas que viven cercenas a la muerte y cómo, a
su vez, podemos permitir que ellos nos ayuden a nosotros mismos,
enseñándonos cómo el sentido de la muerte
puede dirigir nuestras vidas hacia una expresión enriquecedora
de la muerte y el dolor.
El miedo que tenemos a enfrentar a la muerte es un miedo a algo
desconocido, la muerte es una experiencia que nadie jamás
en vida podrá conocer a ciencia cierta, por lo cual nos
genera gran ansiedad. Nuestra tendencia es a alejar a la muerte
de nuestro espectro de vida, sentenciarla al encierro hospitalario,
o a los cementerios cada vez más compactos.
Si bien es cierto, tanto la muerte como el nacimiento están
indicados por importantes cambios biológicos y culturales
que puntúan la existencia de cada persona. En la muerte
misma es la biología quien impone sus leyes. No obstante
nuestra cultura tradicional ha sabido encontrar elementos para
postergar la muerte, el avance tecnológico ha producido
el desplazamiento de la muerte principalmente al final del ciclo
vital, cuando antes lo fue constante en cualquier periodo de
la vida. Esto repercutió en nuestra conciencia de ella,
y convirtió a la muerte en algo fuera de nuestra cotidianeidad.
Dejo de hablarse de la muerte, por lo tanto se perdió
la posibilidad de enfrentarla cara a cara. A cambio de eso encontramos
a la televisión inundando de información distorsionada
sobre la muerte a nuestros hijos, se produce así una paradoja,
en la cual por temor a el impacto que pueda causarle el acontecimiento
a nuestros niños le ocultamos la información, sin
embargo permitimos que por medio de la televisión accedan
a información contaminada con violencia que genera a su
vez mayor ansiedad.
A lo mejor nuestro rechazo a la muerte es algo que se ha construido
junto con nuestra evolución cultural, en el sentido que,
nuestro desarrollo cultural occidentalizado se ha planteado en
términos de seguridad planificada y predictibilidad, y
de significaciones culturales que consideramos esenciales para
vivir. La muerte ataca la misma raíz fundamental de los
valores que estamos persiguiendo en nuestras sociedades. Se ve
atacada la necesidad humana de vivir en un mundo.
La muerte entonces es socialmente rechazada, en cuanto atenta
con nuestro mundo material, el único que existe. Nos vemos
culturalmente motivados a dedicarle menos tiempo a la muerte,
por que el morir perjudica la productividad, la tristeza debe
resolverse lo antes posible, dado que el mundo "real"
requiere de los cuerpos y las mentes limpias de los que trabajan
para su crecimiento. Esta vida en sociedad exige ciertos sacrificios,
entre ellos el desconocer a la muerte como parte de este mundo,
cerrar los ojos aún cuando el sol se retira cada anochecer
para volver al día siguiente iluminándolo todo,
cuando en cada otoño muere el mundo vegetal para verlo
renacer a la primavera siguiente. El significado de la muerte
se expresa claramente en la vida, pero la gente ve lo que los
demás quieren que vean. Cuando por fin entiendan que en
la muerte hay mucho mas que aprender sobre la vida que en la
evitación permanente de la naturaleza, cuando nuestra
tanatofobia seda paso al compartir con los muertos, solo entonces
podremos comenzar a vivir, por que la única postura coherente
y sólida ante la muerte, como ante cualquier otro evento
o conflicto de la vida humana, es encararla, tomar conciencia
de ella, conocerla hasta donde sea humanamente posible.
Percepción de la Muerte en los Infantes.
El desarrollo psicológico del niño lo imposibilita
para darse realmente cuenta del fenómeno de la muerte
y sus implicaciones. Su aparato psíquico se encuentra
en esta etapa centrado en su propia perspectiva y en la realidad
vivenciada desde sí mismo, por lo cual su pensamiento
presenta las características de egocentrismo y animismo
entre otras, que distorsionan sus experiencias en la formación
de su realidad configurada particularmente.
La falta de introspección y la incompleta cimentación
de su individualidad, que aún está en desarrollo
hacen que la muerte para el niño tenga un significado
libre en gran medida de angustia y crueldad, por lo cual difiere
de la significación adulta de la muerte. Sin embargo,
el niño vivencia el fenecer como un viaje o un abandono,
por lo que puede experimentarlo con mucha ansiedad y considerar
esta dolorosa separación como un acto de agresividad contra
él, ejemplo. "la persona se murió por que
no quiere estar conmigo".
Los niños asocian la muerte principalmente a la pérdida
de su objeto amoroso más preciado, su madre, y con ella
todas las garantías de cuidado y amor incondicional que
solían protegerlo del mundo desconocido y hostil. Todo
esto, además de temor le produce ira, pues como ya dijimos,
el niño cree que la muerte es una afrenta contra él,
dado que el morir es para él dejarse morir sin perder
la vida, sino solamente alejándose como en un viaje. A
su vez desconocen la posibilidad de su propia muerte dado que
ésta constituye algo externo, ajeno, situación
en la cual no hay amenaza vital. En este sentido los niños
tienden a ver la muerte como algo remoto en cuanto la aversión
que les provoca los obliga a alejarla hasta el punto que quede
fuera de nuestra realidad. Ellos creen que el que evita la muerte,
engañándola, no muere; desarrollan defensas psicológicas
tales como el pensamiento mágico, para sobreponerse al
sentimiento de indefensión que le produce.
Entre los 5 y los 7 años, los niños comienzan
a entender que la muerte es irreversible, universal, o sea que
todas las cosas que están vivas inevitablemente tienen
que morir, Durante esta etapa el niño busca reafirmar
su conocimiento objetivo, las explicaciones fantásticas
ya no le son funcionales, pasando de un razonamiento mágico
a un pensamiento materialista positivo. Aún más,
en esta etapa la muerte adquiere una connotación emocional
mucho más intensa para el niño, que comienza a
temer la muerte de sus seres queridos. El hecho de morir se tiñe
en su mente con las ansiedades de su cultura, y pese a no tener
conciencia de la posibilidad objetiva de morir, si reconoce a
la muerte como una clara experiencia humana.
Ya a la edad de 8-10 años acepta que todos moriremos,
asimila con todo realismo el hecho de tener que morir más
adelante.
1º etapa en que el niño es incapaz de comprender
el problema de la muerte.
2º etapa en que la muerte se relaciona con una ausencia
provisional.
3º etapa en que la muerte se integra en una imagen del mundo
mediante elementos culturales.
4º etapa en que el niño elabora la idea de su irremediable
destrucción.
El hecho de que la cultura otorgue un espacio dentro de su
dinámica donde el dolor y la muerte se resuelvan, mantienen
la armonía de su continuidad.
Una cultura debe estructurar este dolor por que su sentido se
configura a través de las historias personales que la
atraviesan. El orden y la continuidad de la misma dependen de
la construcción simbólica de rituales que orienten
la identidad de todos los individuos a la conformación
de la unidad estructural y funcional de la cultura.
Ahora bien, basta dar una mirada hacia el interior de nuestra
cultura y nos encontramos con la sobre exaltación de la
vida, nuestra cultura no acepta la muerte, ésta debe ser
un proceso rápido, dado que se ha convertido en un tabú,
así como alguna vez lo fue el sexo. Esta situación
disminuye las posibilidades de que logremos un duelo verdadero,
dado que el duelo negado es el peor de los duelos.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, la muerte es
tan poderosa que nuestros impulsos dirigidos a ella constituyen
parte de nuestra personalidad. Estos impulsos no son privativos
del hombre, dado que operan en todas las criaturas vivientes
y tienden a reducir la vida a su materia inerte original, estos
impulsos son los responsables de las tendencias destructivas
y agresivas. Esto se traduce en que parte de nuestra naturaleza
busca la muerte, se dirige a ésta como también
se dirige al amor.
El dato esencial es que toda muerte requiere un duelo, y esta
es una ley de la naturaleza, dado que si bien la estructura cultural
de la vivencia varía, el sentido de la perdida es universal,
con distinto matiz connotativo emocional, pero que no obstante
revela su cualidad netamente humana.
Todo niño debe poder desidentificarse de la causa de la
muerte y estar desprovisto de todo deseo de muerte inconsciente
(los cuales llevan en sí sentimientos de culpabilidad
o remordimiento) además debe elaborar y aceptar a través
de su experiencia la propia muerte futura en tanto que destino.
Percepción de la Muerte en la Adolescencia.
La adolescencia se expresa en las siguientes necesidades: mayor
autonomía, necesidad de estabilidad y seguridad, reconocimiento
del grupo de amigos y necesidad de diferenciación. Estos
podrían considerarse un buen marcador de la etapa, sin
embargo la falta de un hito psicológico que determine
el cambio de etapa hace necesario un espacio social de soporte
para el adolescente en su lucha por integrar su identidad, este
espacio estaría constituido por la familia. La falta de
este soporte trae graves consecuencias al adolescente quien ve
como se ve absorbido por situaciones que escapan de su control,
apareciendo sentimientos de incontrolabilidad ante factores sociales,
políticos y económicos para construir un proyecto
de vida. Las características de esta etapa hacen del adolescente
un ser muy vulnerable a sentimientos ligados a la autodestrucción.
La muerte en estos casos puede presentarse como una alternativa
favorable en pos de darle fin al dolor psicológico que
abruma al adolescente. El considerarse solos, alienados, que
no son amados pueden constituir motivos suficientemente fuertes
como para elegir extinguirse, para comprender esto es necesario
pensar en que el joven está esencialmente volcado hacia
las relaciones con otros y su aceptación, por lo que hasta
los fracasos académicos adquieren una fuerza desconocida
dado que en estas actividades sociales el joven va configurando
su auto concepto. Otros puntos de vista versan sobre el suicidio
adolescente no como una fuerza o tendencia a la autodestrucción,
sino más bien como una súplica por llamar la atención
y pedir ayuda.
En otro sentido, el adolescente vivencia la muerte como un hecho
romántico, entregando su vida por la lucha por ideales,
el ejército, etc. a los jóvenes les importa mucho
más la calidad de la vida que la cantidad, este es otro
factor que acerca a los jóvenes al suicidio. Dentro de
su desarrollo mantienen una idea egocéntrica llamada "fábula
personal" la cual les hace creer que pueden tomar cualquier
clase de riesgos dado que a ellos jamás les ve a ocurrir
nada, manejan imprudentemente, toman decisiones descabelladas,
pueden experimentar potentes drogas y formas de placer.
Cuando los adolescentes se encuentran cara a cara con la muerte
reaccionan de maneras sorprendentes y contradictorias, elevando
algunos las cuotas de misticismo o religiosidad. O bien otros
jóvenes enfermos optan por negar su condición y
hablan como si se fuesen a recuperar aunque tienen la certeza
de que eso no será así, probablemente están
mucho más dispuestos en buscar a alguien a quien culpar.
Percepción de la Muerte en los Adultos Jóvenes.
Los adultos jóvenes están abocados al término
de sus tareas sociales, y se encuentran ansiosos por desarrollar
sus planes de vida, para lo cual ya se encuentran capacitados.
Su gran tarea es lograr la intimidad para lo cual destinan una
no menospreciable cantidad de su tiempo y energía. La
muerte es algo lejano, asumido como algo inevitable, sin embargo
con una certeza inconsciente de que a uno jamás le va
a pasar, comienza la carrera por la consecución de lo
que uno pueda llegar a ser, y junto a quienes ame, construir
una vida plena de satisfacción.
Para un individuo que se encuentra en esta etapa de la vida,
la aparición de una enfermedad catastrófica se
vivencia como algo muy frustrante y difícil de llevar
debido a la imposibilidad de conquistar las metas anheladas.
Su trabajo no ha valido de nada y esta injusticia lo enfurece,
es el paciente más conflictivo. Estos adultos piensan
de manera evasiva, rehuyen de la muerte pues es un tema que no
les agrada.
Percepción de la Muerte en un Adulto Intermedio
En esta edad se produce la defunción de los padres, y
este hecho constituye el motivo por el cual es en esta etapa
donde se instala la certeza de la muerte en nuestros corazones,
en esta etapa sabemos muy adentro que de veras moriremos. Sin
embargo este no es el único dato sobre su condición
que recibirá en esta época; los obituarios comenzaran
a llenarse con nombres conocidos, los organismos e instituciones
enviaran información sobre nuestra condición y
se encargará además de hacernos saber que tan aceptados
seremos en el mundo en el que supuestamente nosotros (los de
esta etapa) tenemos el poder. Los adultos intermedios cambian
el referente de su cuenta de edad, pues ahora los días
que faltan son mucho menos que los que ya han pasado. Esta sensación
de límite impulsa al sujeto a buscar sacarle provecho
a lo que le resta de vida, y nace un nuevo ímpetu por
hacer mayores cambios en su vida. La evaluación a la que
se someten será crucial en cuanto una vida satisfactoria
propugna integridad y autoestima, y por el contrario la inconformidad
genera desesperanza, frustración y un sentimiento de vacuidad.
Percepción de la Muerte en los Ancianos.
La muerte puede sobrevenir en cualquier etapa de la vida, sin
embargo el orden natural supone que se produzca al final del
ciclo completo, cuando su cercanía forma ya parte de la
experiencia cotidiana. En esta edad casi la mayoría del
tiempo está destinada a la solución de asuntos
acerca de la muerte y están significativamente menos ansiosos
que los adultos intermedios con respecto a la muerte.
Es necesario considerar que el mundo frente al cual se enfrenta
el anciano es un mundo distinto, irreconocible, perturbador,
obviamente que nuestra es la responsabilidad de que no le sea
hostil. Antes su mundo estaba poblado por determinadas personas
que fueron muy significativas en su vida. Con el correr de los
años todo eso de alguna manera, por no decir literalmente,
ha desaparecido. Es probable que los problemas cotidianos de
hoy le resulten algo abrumadores e inexplicables. Ante esta situación
uno puede entender el por qué los abuelos están
cansados de la vida, y por qué es tan natural que muchas
veces los inunde la tristeza.
La gran tarea del anciano es reorganizar sus pensamientos y sentimientos
para aceptar su propia muerte. Los problemas físicos impiden
que el anciano vea las cosas de un modo alentador y placentero,
al contrario, esto se suma a la lista de estímulos que
lo abandonan a la muerte.
Cuando la persona ha construido un auto concepto estable y satisfactorio,
y cuando ha sido rodeada de amor logra concebir de manera más
tranquila su propia muerte, aceptando este final natural.
Enfrentar la Muerte.
La forma en que nos dispongamos frente a la muerte definirá
nuestro proceso de muerte, por que ¿qué es la muerte,
sino un nacer a otra cosa? como plantea la doctora E. Kübler-Ross;
quien dice que la muerte no es más que un pasaje hacia
otra forma de vida. Esta profesional de la salud supo comprender
el real significado del término "salud" y lo
aplicó a sus moribundos, esos tantos que lejos de ser
sustancias en desecho, son verdaderos maestros de la vida, por
que allí donde ésta se extingue aflora todo su
esplendor, al acompañar la muerte se nos regala la belleza
de la vida, cuando el último aliento adorna nuestras caras
con expresiones de felicidad por que algo se ha descubierto,
en nosotros mismos.
Volviendo a lo nuestro, Kübler-Ross después de
realizar una cantidad de estudios de campo inimaginable sobre
enfermos terminales, dio a conocer la existencia de 4 etapas
de la muerte y la agonía, las cuales serían:
1. Negación: cuando una persona se entera de que
sufre una enfermedad mortal su primera reacción es la
negación, aquel mecanismo de defensa que ante la evidencia
nos hace decir "no, no puede ser", esto constituye
una autosugestión que implica la no aceptación
de la condición, la persona se convence de que ha habido
errores en los resultados de laboratorios o radiografías
y cambiando de médico para obtener otra respuesta. La
negación es un mecanismo normal que nos ha acompañado
a lo largo de toda nuestra vida en relación al tema de
la muerte, y la negación parcial de ésta hasta
se hace necesaria para asumir algunos riesgos, pero ante la noticia
de una muerte inminente se hace total. La negación permite
una tregua entre la psiquis y la realidad, le otorga el tiempo
al individuo para pensar su muerte de manera más distanciada,
buscando la adaptación del evento que ha asaltado su psiquismo
de manera muy abrupta. La negación constituye un mecanismo
de amortiguación del efecto.
Es importante destacar que la negación, a su vez, no es
un fenómeno absolutamente individual, dado que nuestra
cultura poco a poco ha ido negando los eventos de la muerte,
no se habla de ella, los velatorios se trasladaron de la cama
de la propia casa donde se era acompañado por gran cantidad
de familiares y amigos, a una camilla de terapia intensiva, con
restricción de visitas y con la soledad que un lugar tan
descarnado como ese provoca.
2. Ira: cuando el enfermo acepta por fin la realidad se
rebela contra ella, y nace la pregunta ¿por qué
yo? la envidia comienza a corroer el alma, que injusto es que
me haya tocado a mi morir, deseos de tener la vida de los demás,
su ira inunda todo a su alrededor, nada le parece bien, nada
le conforma. Todo lo que ve le produce un agudo dolor, recordar
su condición le inunda de odio y rencor, esta etapa se
caracteriza por la negación de dios, los insultos. Su
autoestima está atropellada por no ser él el elegido
para permanecer con vida. Los enfermos en esta etapa necesitan
expresar su rabia para librarse de ella.
3. Pacto o negociación: se asume la condición,
pero aparece una tentativa por negociar el tiempo, se intenta
hacer un trato, dado que en vida este recurso más de alguna
vez lo sacó de algún apuro, aunque la realidad
le indique que para eso es demasiado tarde, ejemplo: El eterno
fumador que cuando se entera que tiene cáncer promete
no fumar nunca más. Los adultos en estas circunstancias
se vuelven regresivos, pidiendo tiempo a cambio de buena conducta.
La gran mayoría de estos pactos son secretos y sólo
quienes los hacen tienen conciencia de ello.
4. Depresión: esta aparece cuando se tiene conciencia
de que todos los pasos anteriores fracasan ante el desarrollo
de la enfermedad que provoca gran invalidez, dolores u hospitalizaciones
continuas. Las consecuencias psicosociales que acarrea una enfermedad
catastrófica, entre ellas; decadencia física, imposibilidad
de trabajar o desempeñarse en tareas habituales, problemas
económicos y familiares, sensación de inutilidad
y de constituir una carga innecesaria, provocan en el enfermo
un estado natural de depresión. La depresión es
producto de lo ya perdido, pero también un proceso de
preparación ante la propia muerte. En esta etapa, es saludable
para el enfermo expresar la profundidad de su angustia en vez
de esconder su dolor.
5. Aceptación: requiere que la persona haya tenido
el tiempo necesario para superar las fases anteriores. La persona
ha trabajado con la muerte a través de la ansiedad y la
cólera, y ha resuelto sus asuntos incompletos. A esta
etapa se llega muy débil, cansado y en cierto sentido
anestesiado afectivamente. En su lucha por desprenderse del mundo
y de las personas prefiere estar solo, preparándose para
morir, durmiendo demasiado, a lo mejor en un proceso de evaluación
mnémica que es una experiencia privada y personal. El
paciente ha comenzado a morir, a renunciar a su vida en paz y
armonía, en esta etapa no hay ni felicidad ni dolor, solo
paz, el dolor está en quienes rodean al enfermo, éste
solo desea el silencio para terminar sus días con un sentimiento
de paz con sigo mismo y con el mundo.
Estas etapas no se dan rigurosamente como una secuencia invariable,
alguien puede morir enojado con el mundo, o sin jamás
aceptar la muerte por que su amor a la vida es más fuerte
que su paz interior, por lo general quien no desea morir llegando
su hora ha dejado algo pendiente, resolver sus asuntos de la
mejor forma puede ser un incentivo para el buen morir. Lo importante
es que a través de estas etapas Kübler-Ross supo
plasmar una anatomía psíquica de la muerte, acompañada
de todo su carácter emocional, ahora algo podemos entender
el proceso de la muerte, para poder aceptar su llegada de mejor
manera.
La Pena de Muerte y el Duelo.
Toda muerte exige un duelo, o sea una elaboración e integración
del acontecimiento de la muerte como parte de la vida de un sujeto,
se debe asimilar hasta el punto de reconstruir la vida sin el
ser amado, recordándole con amor y cariño, y comenzar
el desarrollo de una vida normal, cumpliendo con todas la exigencias
sociales.
La muerte es un hecho muy duro, tanto como para quien lo vive
como para los que lo rodean (sobrevivientes). Estos últimos
deben aceptar su aflicción, o sea el hecho objetivo de
la perdida y el cambio de su condición social de vida
en cuanto a la desaparición de la persona muerta. Así
una esposa debe asumir su condición de viuda, por ejemplo.
Una cultura debe estar dispuesta a resolver el problema del dolor
de sus miembros por medio de rituales y ceremonias, y en resumen
por medio de espacios para elaborar la pérdida con un
gran soporte social. Por ello sus condiciones de luto serán
primordiales para lo que a salud mental se refiere. Esta acción
eminentemente cultural permite abordar la muerte desde una mirada
social de reconocimiento de sus miembros, como una pérdida
total de la cultura y no una difusión particular sin importancia.
Las culturas deben estructurar el dolor por medio de tradiciones
y ritos que ayuden a sobrellevar el dolor.
La forma en que sentimos la pérdida como algo muy doloroso
tiene gran importancia. La persona afligida debe aceptar la dolorosa
realidad, para ello debe dejar el vínculo con la persona
fallecida, organizar la vida sin esa persona y desarrollar nuevos
intereses y relaciones. Para poder describir una pena normal
debemos mencionar las etapas que subyacen en ella:
-Fase inicial: (varias semanas) la muerte se vive como
algo impactante e increíble, los sobrevivientes se sienten
muy abrumados, aturdidos y confundidos. Estas condiciones constituyen
en algún aspecto una defensa de los dolientes para protegerse
de sus reacciones intensas. Todo este periodo está acompañado
de un fuerte correlato fisiológico, emocional y psicológico
que vulnerabiliza en demasía al individuo. Tiene accesos
de nauseas y un profundo sentimiento de vacuidad por la impotencia
ante la vida.
-2º fase: (6 meses o más) persiste la preocupación
por la persona fallecida. Realiza un gran esfuerzo por entender
la muerte sin lograrlo debido a que no es capaz de aceptarla,
en esta etapa hay mucho llanto, insomnio, fatiga, pérdida
de apetito, etc. este periodo de crisis es necesario, pues en
medio de este dolor se evalúa emocionalmente la relación
que en vida tuvo con el fallecido. Para elaborar la muerte esto
es esencial, dado que en este periodo se rescata la intensidad
de las emociones compartidas y se tiñen los recuerdos
para revivirlos hasta la eternidad.
-Fase final: el tiempo es muy variable, esta es el periodo
de la resolución, la persona reanuda el interés
por sus actividades diarias, recordando al muerto con cariño
y tristeza en vez de dolor y nostalgia. Se asume la idea de que
la vida continúa y de que existen otros motivos por los
cuales luchar.
Cuando deformamos el dolor que sentimos por el fallecido nos
arriesgamos a vivir una pena patológica, es muy probable
que a la base de ésta exista un desorden de la personalidad
o una relación altamente dependiente u hostil con el fallecido.
Muchas veces se vivencia la pena de esta manera debido a las
circunstancias traumáticas en que pudo ocurrir el episodio
de muerte y la prestancia social de apoyo deficiente que pudo
sufrirse. Esta forma distorsionada de elaborar la pérdida
puede traer con sigo la presencia de hiperactividad compulsiva,
identificación patológica con la persona muerta,
deterioro físico, depresión, culpa, ira, etc.
El Significado de la Muerte.
El sentido de la muerte se encuentra en la vida misma, en cuanto
sabemos que vamos a morir, dirigimos nuestros esfuerzos hacia
la vida intensamente vivida, el morir nos enseña a amar,
querer, recordar. La muerte postergada hacia la eternidad no
puede sino constituir el mas absurdo de los absurdos. En cuanto
ésta dejaría de ser fuente de vida, vivir en el
más acá, requiere la certeza de la finitud. La
muerte es un espejo en el cual contemplamos nuestra vida entera,
la historia personal se perfila hacia un proyecto común
de todos los hombres, de los que están y los que vendrán,
el dialogo del espíritu con el corazón, resuelven
su acuerdo de vida en un instante, el corazón ofrece energía
para la acción, y el espíritu ofrece un viaje hacia
el crecimiento. Entender esto, significa entender que la vida
misma no es más que un periodo pequeño de nuestra
existencia.
La vida cobra sentido en cuanto se revela como un transito, morir
es cambiar de estado y el bien morir puede ser entendido en términos
de desprenderse finalmente de todo lo material que nos confina
a este mundo para facilitarnos el paso a la eternidad. El bien
morir es estar dispuesto con humildad a despedirse de la vida,
entregar la existencia que nos fue dada, sin rencores ni arrepentimientos,
sin culpa y sin dolor.
¿Por que vivir si sabemos que vamos a morir?
Por que en la vida encontramos el significado de la existencia
y en la muerte encontramos el significado de la vida, el convencimiento
de nuestra muerte nos impulsa a trabajar, a hacer, a producir,
sin posponer inútilmente nuestro destino. La presencia
de la muerte nos pone frente a nuestra responsabilidad, que es
la de hacer de la vida el sentido mismo de la existencia.
La Eutanasia
La eutanasia definida como una teoría o práctica
que defiende la licitud de acortar la vida de un enfermo incurable,
para poner fin a sus sufrimientos físicos y psicológicos.
A partir de las "ventajas" entregadas por la tecnología
podemos alargar la vida aún en condiciones de extremo
daño físico, sin embargo muchas personas defienden
la idea de la eutanasia pues asumen que es necesario que prevalezcan
los criterios de calidad de vida por sobre los de cantidad de
vida.
Sin embargo, al considerar la eutanasia como el derecho a bien
morir, asumimos el hecho de que nuestra vida nos pertenece en
nuestra corporalidad y el derecho penal defiende nuestra vida
de la acción de otros.
El problema que se suscita en la legislación de la eutanasia
es el responder a su cuestión ética ¿puede
un tercero intervenir en la muerte, aún siendo consentida
por el actor?, jurídicamente la respuesta es no. la muerte
consentida se puede extrapolar al asesinato consentido, o sea
al aprobar mi propia muerte cualquiera que yo desee puede matarme.
Por eso la eutanasia requiere un análisis contextual,
si la causa de la motivación a morir es una falta de cuidado,
o una carencia afectiva, la muerte no se puede permitir.
La eutanasia se enmarca en un plano multidimensional que toma
aspectos; emocionales, de conciencia, costumbres, valores, y
además es un problema eminentemente social por lo que
debe resolverse en esta esfera. El cómo resolver estos
problemas asumiendo que engloba aspectos que van mucho más
allá del individuo, pasa por el otorgar la importancia
que le corresponde a la emoción en la toma de decisiones
a este respecto.
El ámbito de los derechos humanos apunta a los derechos
a la vida, buscando reafirmar la condición humana, en
este sentido la ética se plantea en dirección a
la calidad de la vida, el derecho a morir como se ha vivido.
Aunque esto signifique el cese de la vida, se reafirma el derecho
a vivir y morir bajo nuestras propias convicciones.
Desde la religión se plantea que el hombre está
constituido a imagen y semejanza de Dios, es más somos
parte de dios. La muerte es un evento natural, es la voluntad
de Dios, tenemos acaso el derecho supremo de contradecir los
dictados del señor.
El valor de la vida humana es el fundamento de la convivencia,
no se puede sujetar a consenso, por que no puede estar en manos
de nadie, sino sólo de Dios (lo que Dios creó,
solo Dios puede destruirlo).
El proferir la propia muerte niega el deber que tenemos para
con los demás, por que yo no solo vivo para mí.
La vida es un bien aquí en la tierra y es útil
en la relación entre nosotros los hermanos. El suicidio,
por que eutanasia yace en el límite entre el suicidio
y el asesinato, es el rechazo a la soberanía de Dios,
es la renuncia a lo humano, es la ruptura del compromiso para
con el otro y para con la sociedad.
Muchos creen que detrás de una decisión como la
eutanasia pueden existir intereses alternativos, es inevitable
pensar en el sufrimiento del que muere. Compartir su dolor es
comprenderlo, sí, es cierto su vida fue un regalo, pero
es igual de cierto que la vida sin libertad es una condena del
alma. La eutanasia se inscribe en la problemática social
y en tanto sea así, las opiniones siempre van a divergir,
es necesario considerar la vida particular de los individuos,
para tomar una decisión humana y razonable.
Continua...
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