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La Libertad
"La libertad no consiste
En hacer lo que se quiere,
Sino en hacer
Lo que se debe."
Ramón de Campoamor
"Todo hombre vive eligiendo, y al elegir, se construye
a sí mismo"
"La libertad, en su nivel más elevado, emerge cuando
la persona, sujeto de derechos inviolables, es reconocida como
tal. Los derechos del otro se convierten así en deberes
del sujeto y recíprocamente, los derechos del sujeto constituyen
deberes para el otro. En esta situación la libertad, como
simple libre albedrío se convierte en responsabilidad".
Decimos que el hombre se transforma en el ejercicio de la libertad.
En la actualidad el hombre tiene sed de autorrealización,
se siente más oprimido y alienado por el trabajo, que
en épocas anteriores; ya que todas las actividades que
realiza tienden al desarrollo socioeconómico más
que al logro personal.
Los llamados técnicos en educación utilizan el
juego y la comunicación humana para que la persona alcance
su autorrealización mediante la comprensión de
los otros, la tolerancia y la reflexión constante.
Al plantear el tema de la libertad surge la búsqueda acerca
de su significado, desde el básico diccionario a los textos
de antropología y educación; en un deseo de presentar
como un hilo conductor histórico el planteamiento de la
libertad por y para el hombre.
El presente trabajo se circunscribe a una sucinta revisión
bibliográfica de lo que es la libertad en la filosofía,
la antropología y la educación; planteando a la
educación como un ámbito adecuado para que la persona
encuentre un modo eficaz de servicio y entrega a sus semejantes.
Es en el ámbito educativo, desde la etapa primaria hasta
la terciaria; donde el hombre aprende a vivir su libertad, a
entender que su libertad termina donde empieza la del otro. Es
a partir de la educación donde empezamos a formar a esa
persona en minúsculas, por la tierna edad en que ingresa;
hasta sacarla a actuar en la sociedad, convertida ya en persona
con mayúsculas, por el tiempo transcurrido dentro de las
instituciones educativas junto a docentes y pares.
Es responsabilidad nuestra como docentes, como institución
educativa, responder a la llamada del otro, de la otra persona
que exige nuestra atención, respeto y poder vivir en plenitud.
El Concepto de Libertad
Desde la definición más simple tenemos:
"Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera
o de otra, y de no obrar". "Estado o condición
del que no es esclavo". "Estado del que no está
preso". "Facultad de hacer y decir cuanto no se oponga
a las leyes ni a las buenas costumbres".
Pasando por las diferentes clases de libertades encontramos:
...de conciencia, derecho de profesar cualquier religión,
sin ser inquietado por la autoridad pública.
...de cultos, derecho de practicar públicamente los actos
de la religión que cada uno profesa.
...del espíritu, dominio o señorío del ánimo
sobre las pasiones.
...de pensamiento, derecho que tiene cada uno de sostener o propagar
sus propias ideas.
...religiosa, derecho de cada individuo a profesar cualquier
creencia.
A la libertad en el área de la antropología filosófica
sería:
"...libertad es pertenecerse a sí mismo" - Romano
Guardini
"Estado de aquel que, tanto si obra bien como si obra mal,
se decide tras una reflexión, con conocimiento de causa.
Es el hombre que sabe lo que quiere y por qué lo quiere,
y que no obra más que en conformidad con las razones que
aprueba" - A. Lalande
"Tomás de Aquino distingue entre libertad de toda
violencia exterior y libertad frente a la necesidad interna;
que es la que constituye en exclusiva la esencia de la libertad
humana" - E. Coreth
"Spinoza entiende como "libre lo que existe únicamente
por necesidad de su naturaleza y sólo por ella se determina
a la acción, necesario, o por mejor decir, obligado; es
algo que está determinado de una manera segura y precisa
por otra cosa para ser y actuar" - E. Coreth
Considerando las diversas concepciones encontradas, me permito
hacer una breve revisión acerca del problema de la libertad
en la historia.
Libertad de Razonar
La filosofía moderna intentó forjar una nueva concepción
del mundo y de la sociedad y, aunque inicialmente no prescindió
absolutamente de la influencia religiosa, postuló la resolución
de los problemas mediante la libertad de razonamiento. Abandonó
así progresivamente las verdades absolutas o reveladas,
intentando sustituir lo sobrenatural por lo natural, lo divino
por lo humano, lo celeste por lo terrenal, resolviendo zanjar
definitivamente la polémica entre la fe y la razón
a favor de esta última.
La Libertad Negada
La libertad ha quedado negada o eliminada por decisiones filosóficas
previas, en las concepciones positivista - materialista, así
como en el pensamiento idealista y panteísta.
El materialismo considera únicamente la existencia de
los seres y acontecimientos materiales, estando el hombre sujeto
a la determinación causal propia de los procesos materiales
de la naturaleza; con lo cual la libertad no existe.
En el panteísmo se tiene un determinismo del acontecer.
Todo se circunscribe a un único principio, absoluto y
divino. Siendo Dios la única sustancia que abarca todo
cuanto es. Dios es el sumo Ser; es una sustancia absolutamente
infinita.
Para los idealistas como Hegel, toda realidad es absolutamente
cognoscible. La realidad es la auto creación de Dios,
es Dios en devenir. De esta forma el hombre individual no es
más que un elemento del proceso absoluto del espíritu.
En los idealistas se reproducen aún los rasgos panteísticos.
La Libertad en Spinoza
Spinoza es el prototipo del pensador panteísta, quien
como tal defiende una rígida y absoluta determinación.
Desarrolló la idea cartesiana que consideraba a Dios como
sustancia infinita. Así, Dios es la única sustancia
que abarca todo cuanto es. Dios es el sumo ser; es una sustancia
absolutamente infinita.
Al tratar el tema de la libertad, Spinoza señala: "...
se dice libre la cosa que existe por la sola necesidad de su
naturaleza y que se determina a obrar por sí misma"...
En lo que se refiere a la libertad humana, Spinoza concluyo de
modo determinante que el hombre no es libre porque "no se
puede considerar un imperio dentro de otro imperio". Considerando
que la libertad es exclusiva de Dios. Sólo Dios es libre.
De esta tesis puede deducirse que, mientras Dios exista, el hombre
nunca podría ser libre. Es decir, en el plano de la libertad
la afirmación divina es la negación humana. Dos
siglos más tarde, Nietzsche, afirmó que la libertad
humana solamente puede alcanzarse con la "destrucción
de Dios".
Según Spinoza, el hombre, pues, no es libre, ni el mundo
tiene por que tener una finalidad que cumplir. Cree que la vida
es necesaria y que está causalmente determinada. Contraria
a la afirmación hecha por Albert Camus, ya en el siglo
XX, de que la vida es innecesaria por su reducción al
absurdo; señala que el hombre es una paradoja: un esclavo
porque se cree libre y está dominado y condicionado por
la necesidad.
Sin embargo, no cerró completamente las puertas de la
esperanza, dejando el resquicio de la libertad humana para conocer,
tesis que explica del siguiente modo: "En este plano sólo
es libre el hombre que se conoce a sí mismo, pues tiene
conciencia de que no es libre y, por lo tanto, no se siente obligado
o coaccionado, sino que acepta el determinismo que le condiciona.
Por tanto, la libertad humana es sólo relativa, y un hombre
será tanto más libre cuanta mayor conciencia posea
de esa relatividad".
En contra de lo que pudiera creerse, según Spinoza, este
planteamiento no disminuye la dignidad humana, pues la no-libertad
es un precio muy bajo, ya que la compensación es el privilegio
ontológico de ser considerado como una parte de Dios.
La Libertad en el Existencialismo
En el existencialismo se investigan conceptualmente los principales
problemas que se le plantean al hombre durante su existencia
concreta, perdiendo importancia todos los temas tradicionales
de la especulación.
Fueron precursores en el siglo XIX, Nietzsche y Kierkegaard y
en el siglo XX, los principales filósofos de esta corriente
fueron Heidegger, Merleau-Ponty, Sartre y Camus, entre otros.
Son características de esta corriente:
En primer lugar, que se prescinde de la "filosofía
de las esencias", rechaza los mecanismos del pensamiento
abstracto, metafísico, físico, tomando como preocupación
básica la existencia humana, el Yo humano.
En segundo lugar, la existencia humana es la actualidad, el momento
presente, la realización de unas posibilidades que revelan
las cualidades del hombre. Consideran que la existencia precede
a la esencia, que el hombre cuando nace, no es nada; y que solamente
existe cuando va decidiendo libremente lo que es y lo que será.
En tercer lugar, el existencialismo considera la existencia como
una forma de ser específicamente humana: sólo el
hombre existe; las demás cosas son. La existencia es una
forma de ser consciente, libre y activa, que se define más
por su realidad, que por su posibilidad ("el hombre está
condenado a ser libre decía Sartre).
Libertad en la Educación
En el proceso de educar toman parte los profesores, los alumnos,
la familia, la institución educativa, la sociedad, etc.
Cada una de estas esferas debe posibilitar un clima de respeto
y tolerancia, de autonomía e independencia para la educación
en libertad.
El educador debe tener respeto a su ideología, a su persona,
a su concepción política, a sus iniciativas y al
ejercicio profesional.
El educando debe cumplir dos condiciones: respeto al docente
y autonomía propia. Debe ser tolerante con las opiniones
del profesor, siempre que éste no quebrante conscientemente
los derechos del alumno.
La institución escolar debe estar libre de opresiones
y manipulaciones, tanto de la política educativa de la
nación, como de presiones sociales, de intolerancia del
equipo docente, de intransigencias del alumnado o de los padres
de familia.
La sociedad en la que está inserta la institución
escolar favorece o dificulta también la educación
en libertad, ya que no es lo mismo un centro educativo en sociedades
totalitarias que en sociedades democráticas. La sociedad
proyecta en la escuela su cosmovisión y según sea
más o menos respetuosa con la dignidad de la persona humana,
resultará fácil o incómodo educar en libertad.
La educación es correcta, si es una educación de
la libertad de o de la libertad para. Con la expresión
"libertad de" se habla de la liberación de prejuicios,
estereotipos, esquemas mentales de los adultos, que es preciso
operar, como terapia, en la mente del educando y del educador.
Un docente no liberado es incapaz de educar en libertad a sus
alumnos. Sólo el profesor "libre de" puede producir
un tipo de educación semejante a la que él ha recibido
o se ha auto impuesto.
Al estar "libres de" el educando y el educador están
preparados para auto realizarse como libres para juzgar a los
demás entregarse sin prejuicios, dominar la naturaleza,
ejercer el mando y otras funciones necesarias en la vida personal
y social de los individuos.
El compromiso del maestro es doble: asistir y ayudar al alumno
a que corra su riesgo y arriesgarse él mismo ante sí
y ante el alumno. Este compromiso ha de ser liberador y no manipulador;
el docente ha de buscar la independencia de juicio y acción,
porque cuanto menos necesite el alumno su apoyo, a medida que
progresa cronológica y escolarmente, tanto mayor ha sido
el provecho obtenido en el proceso educativo.
Si el educador no respeta la libertad del educando y si no se
compromete en correr el mismo riesgo suyo, al elegir, suele responder
con rebeldía y contestación, sobre todo en la pubertad
y en la adolescencia.
Es bastante visto, en los últimos años, la agresividad
con que responde el alumno universitario ante la falta de compromiso
del equipo docente o de alguno de los profesores.
De aquí que educar en libertad sea educar en responsabilidad
y en compromiso; es arrancar de la tierra el ingente número
de los amorfos e indecisos, de los arribistas y de los aprovechados,
cuando otros se han quemado por el progreso.
Según Dürr se tienen tres clases de compromisos en
la educación: compromiso del espíritu, compromiso
social y compromiso pedagógico.
El compromiso del espíritu es el compromiso ante sí
mismo, consciente de la decisión tomada y de la doctrina
creada, que ya no nos permite reflexiones inútiles, sino
fidelidad a nosotros mismos. Es un acto positivo, no una mera
actitud hostil y contestataria, porque nada está produciendo,
más que una sistemática negación de cuanto
los demás hacen. Se llama espíritu de compromiso
a esta conducta, porque sólo en el espíritu radica
la libertad y el descubrimiento de la verdad, condiciones ambas
para esta clase de responsabilidad, en la cual se crea cotidianamente
el hombre, conquistando su propia imagen y autor realizándose.
El compromiso social es una consecuencia pública y comunitaria
del compromiso del espíritu, dado el carácter social
de la vida humana, que no puede refugiarse en soledad ermitaña.
El compromiso social quiere decir que no se pueden quebrantar
los derechos del grupo, por salir adelante con los caprichos
personales, porque el grupo conquista su libertad basándose
en sacrificios y obsequiosas renuncias de los individuos. La
sociedad subsiste gracias al esfuerzo de sus miembros, que participan
en los propósitos e intereses comunes. Se compromete socialmente
el hombre que se identifica política, religiosa y científicamente.
La libertad como compromiso obliga a participar.
El compromiso pedagógico obliga al educador a metódicamente
indagar la verdad, someter a verificaciones sus hipótesis,
descartar sus sueños y atenerse a realidades, ser fiel
a sí mismo en la cátedra y los niveles consultivos
y decisorios del centro escolar. El compromiso pedagógico,
le hace al docente respetar la lenta separación que el
alumno va logrando respecto a los criterios y cosmovisión
del profesor y aceptar la personalidad de cada uno como la única
forma de autorrealización.
Etapas en la Educación para la Libertad
La educación contribuye para que el hombre conquiste,
poco a poco, su autonomía a través de una serie
de estadios, que marcan los niveles escolares.
La primera infancia (0-3 años) es un período significativo
en la educación para la libertad, gracias a la autoafirmación
de sí mismo mediante el pararse, el caminar y la primera
ligera oposición al final del primer año. Según
Spitz, psicoanalista, el primer "no" gesticulante del
niño es el origen de la iniciativa y de la personalidad.
El niño no acepta imposiciones y se rebela con el llanto
y las pataletas.
La segunda infancia (4-6 años) se caracteriza por la obstinación
e independencia, al comenzar el cuarto año de vida, dando
lugar a una fuerte crisis de independencia y de negativismo,
como única manera de afirmarse como sujeto y persona.
Los mayores han de aceptarle y él ha de ir comprobando
las limitaciones e inseguridades que le rodean y de las que es
portador.
La tercera infancia (7-11 años) no es una etapa en la
que pueda hablarse de una auténtica educación de
la libertad, sino de lo que se denomina "espontaneidad dirigida".
El niño no posee aún el pensamiento universalizador
y abstracto que le capacite para las elecciones maduras. Sin
embargo, es un período en el que puede hacerse una preeducación
de la libertad mediante la adquisición de hábitos
de orden, disciplina, regularidad, aceptación de la autoridad,
responsabilidad de sus propios actos, respeto de los demás...
El niño ejercita su iniciativa de múltiples maneras,
siendo una de las principales el juego, donde crea, se recrea
y autor realiza. La tensión de los juegos entre sus reglas
e iniciativas es un entrenamiento eficaz de las antinomias libertad
- autoridad, libertad - disciplina, espontaneidad - normatividad.
La pubertad (12-14 años) con sus cambios somáticos
y sexuales conlleva el sentimiento de disgusto e incomodidad
ante la disciplina, acatada únicamente con la condición
de que el educador haya ganado al púber afectivamente.
El púber confunde la libertad con el libertinaje e irresponsabilidad,
si no se aprovechan las circunstancias y se le hace profundizar
en la naturaleza de la libertad, a la que ha de llegarse basándose
en madurez y compromiso.
La adolescencia (15-18 años) es el periodo más
importante para educar la libertad. El adolescente rehuye toda
postura rígida, porque tamiza las órdenes en el
filtro de su propio pensamiento. La misión del educador
consistirá en convencerle de que la libertad es fruto
del carácter equilibrado y del hombre inteligente. Los
sentimientos sociales del adolescente brindan muchas oportunidades
para inculcar el respeto por la opinión ajena, a la vez
que para apelar a su responsabilidad y su compromiso con la comunidad.
Libertad y Persona
Es difícil aceptar la libertad pues tenemos muchos y grandes
condicionamientos, obstáculos, impedimentos. Además,
como la libertad no es objetivable, no la podemos demostrar.
El hombre no sólo es sino que también se hace;
es fruto de sí mismo, de su libertad, de sus opciones
libres. Es hombre en búsqueda de verdad. Pero además,
jerarquiza y realiza los valores según su proyecto personal
de vida.
Es por ello que la sociedad y la comunidad deben dar al niño
que nace, las condiciones para que encuentre lo necesario para
realizarse como persona en vistas a una integral realización.
Para la Antropología, el hombre además de individuo
es persona, es sujeto, es uno, es único. El hombre se
manifiesta, se revela como persona en su relación con
los otros. Es un Yo en relación con un Tú. Existe
en el mundo con los demás para realizarse personal y comunitariamente.
Su perfeccionamiento como persona se realiza en relación
con el otro. El hombre es un ser responsable de otro. Esto supone
responder a la llamada del otro, de otra persona que exige tu
atención, respeto y poder vivir en plenitud. Todo esto
implica responsabilidad.
La Libertad Responsable
La cumbre de la libertad es la responsabilidad. La libertad responsable
surge cuando descubro al otro como sujeto de derechos, que tiene
una dignidad inviolable que yo debo respetar.
Uno vive en libertad cuando renuncia a sus propios intereses
para actuar en el ámbito de personas que tienen derechos
y que lo llaman, lo necesitan a uno.
La libertad no se juega sino cuando están en conflicto
mi tendencia espontánea egoísta y los derechos
de los demás. De ahí que si ante una situación
determinada debo elegir qué acción realizar, toma
parte la voluntad que tiene dominio sobre el intelecto, en forma
de una reflexión; pues soy responsable de la conciencia
que tengo.
El hombre se transforma al elegir, porque es más él
y menos los demás que le oprimen y la naturaleza que le
domina. Sólo cuando elige, es él mismo, el hombre,
con autonomía frente al mundo para construir y elaborar
su propio mundo.
"Es por ello que la libertad humana adquiere un carácter
de conquista personal y se traduce en tarea permanente; como
nos lo señala Juan Pablo II cuando concibe la función
del bien y le asigna por objeto el amor traducido en donación
y servicio desinteresado a los demás"..
A Manera de Conclusión
Es difícil hablar con propiedad de la libertad, sobre
todo considerando que todo el mundo habla de ella; libertad para
elegir, libertad para salir, libertad para volver, libertad para
comprar, libertad para comer, libertad para decir, libertad para
hacer, libertad para sentir, libertad para escribir, libertad
para leer, libertad para crecer, libertad para..., es difícil.
Más aún cuando estamos tan condicionados en nuestro
actuar, en nuestro hacer, decir y sentir; por la familia, la
sociedad social, la sociedad de consumo, los medios de comunicación,
etc.
Cuando planteamos la responsabilidad que tenemos de atender el
llamado del otro, del que está bien cerca nuestro o bien
apartado de uno pero que igual nos necesita; planteamos nuestra
necesidad de sentirnos útiles, de ser parte de otro u
otros que también atienden nuestro llamado.
Descubrir que soy con los demás en el mundo, que no puedo
circunscribirme a mi mundo egoísta, es asumir que puedo
darme a los demás sin pedir nada a cambio.
El docente que tiene a su cargo 40 o más niños,
que no posee materiales didácticos, el alumno que debe
recorrer varias "leguas" para poder aprender; nos impele
a reformular nuestra visión de docentes universitarios,
formadores de adultos profesionales, quizás futuros dirigentes
del país; nos impulsa a enfrentarnos a una revisión
del cómo estamos atendiendo a los derechos de esos alumnos,
cómo estamos preparando las clases a dictar, cómo
nos estamos preparando para responder a sus llamadas; creo que
en la medida en que seamos nosotros mismos, auténticos
y nos aceptemos como individuos dadores y no sólo espectadores,
podremos asumir la responsabilidad de dar al otro su "libertad"
(cualquiera sea la que el otro elija utilizar).
Continua...
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