VIAJE A LOS CAMPAMENTOS - FEBRERO2003

Hace tiempo, el nombre de Tinduf era desconocido para mí. Tinduf es una triste ciudad en el suroeste de Argelia, asentada en el inmenso desierto como una gota de agua en medio del océano. Desde que conozco a los saharauis, Tinduf se convierte en un lugar cercano, conocido, hasta el punto de oír su nombre me pone contenta. Porque para ir hasta ellos tienes que ir a Tinduf.....
Llegamos la tarde del sábado 15 de febrero después de ¿dormir?, bien, mejor dicho descansar en Argel, pues cuando voy a los campamentos, hay dentro de mi un mecanismo que hace que el sueño me abandone, supongo que soy consciente que el tiempo es infinito para los saharauis, pero no para mí, por eso devoro el tiempo que estoy con ellos sin dar tregua al sueño.
Al aterrizar por cuarta vez ya, pierdes los miedos de la primera y te sitúas en el camino de la aduana con una confianza que sólo se da gracias a la alegría de saber en donde te encuentras. Es allí donde desde algún rincón de la terminal, surge una voz desconocida pero familiar al mismo tiempo que pronuncia el saludo que tantas ganas teníamos de oír: Salam Alekom, alekom as salam, yek le bes, yek el jer, yek slama, hamdula, mashallah, y así hasta el final. Aún nos queda camino pero ¡hemos llegado!.
Dajla me espera a 140 Km.de tortuoso camino .Pero primero iremos a Rabuni, donde somos recibidos los extranjeros, a dejar el material que hemos traído. Después nos pondremos en camino hacia el Aaiun junto con Ahmed, Nuenna y sus hijos Lab y Abdu. No los había visto nunca, pero al conocerlos, supe que los recordaría el resto de mi vida. Ellos son la familia de mis amigas, y al ver como se abrazaban al reencontrarse no pude dejar de pensar en como sería el reencuentro con los míos. Y al llegar a la casa de Ahmed en BuCraa lo supe: los ojos de la amiga que espera, los brazos que se abren y cierran alrededor, te hacen sentir que estás con los tuyos. Aicha no dijo nada, yo no pude hablar, pero después de diez meses, mi amiga estaba conmigo.
Después de hacer el trabajo que tenia encomendado en el Aaiun, dejaría a las viajeras con los suyos y nos fuimos a Dajla en un Land Rover que parecía sacado de la película "Mad Max", pero un vehículo al fin y al cabo. Como me diría Brahim días más tarde cuando yo intentaba infructuosamente encajar la puerta de su coche en el chasis:"La puerta no se cerrará más, es un coche en el Sahara".
Cuando se va a Dajla es importante ir cerca de otro vehículo y así lo hicimos. Los saharauis saben que en este recorrido pueden surgir mil imprevistos, más no fuimos nosotros quienes los tuvimos, sino el otro coche con el cual acordamos ir juntos: pinchó y no llevaba rueda de recambio. Y fue allí, en la llamada Ard ef Gamar o Tierra de la Luna en donde nosotros dejamos de tener rueda de recambio. Me encomendé a Allah para no pinchar. Y no pasó.
Empiezo a sentir cómo la arena me va penetrando por todos los rincones, me sorprendo a mi misma contestando a una pregunta de Aicha con un afirmativo "EHE", empiezo a reconocer lugares recordados, queridos, conocidos y cuando parece que el cuerpo no puede con más desierto se aparece delante de nosotros un farolillo rojo en medio de la oscuridad: es el control de Dajla; detrás, las primeras casas y corrales de Chrefia, Argub y después Umdraiga, mas allá Bojador, Gleibat Fula para acabar en AinBeida y Bin Nzaran.
Será en Gleibat donde bajaré del coche para abrazar a Abida. "Bienvenida hija", me dirá, lo mismo que a su hija Aicha. Quisieras parar el tiempo para darte cuenta de quien te abraza y a quien abrazas. Están todos los que vi la última vez, además de Buzeid, quien no me abraza ni me dice nada. Buzeid tiene tres meses y me sonríe. Y será entonces cuando Tueitu (Fatimetu) me cogerá de la mano y ya no la dejará. Será una noche de luna llena en Dajla, muy llena.
Y tendré que esperar al día siguiente para volver a ver a Hadija llegar de la escuela corriendo porqué ha oído que he llegado, aún sin la melfa, aún una niña, la pequeña de la casa, aún demasiado pequeña para ir a Argel a estudiar, me dice Mkeyli, su madre. Y tampoco se despegará de la mano que tengo libre en los próximos días. Días en que compartirán conmigo lo poco que hay, lo poco que tienen, porqué no les he dado opción a prepararse. Llegar sin avisar es duro para ellos ¿qué van a ofrecerte? También es duro para mí ¿así es cada día en sus vidas?....Pero reaccionan rápido, has vuelto con ellos y eso es lo importante; y yo me repongo un poco porque vuelvo a estar con ellos y eso es lo que importa.
Y se acerca el momento de abrazar el trocito de mi corazón que late a casi 3.000 Km lejos de mi. No tengo más manos para que se pegue a ellas, pero que más da, el sabe que ese trocito de corazón es sólo suyo. Encuentro a Banahi en casa, no ha ido al colegio y sólo verme aparecer me dice: "estoy enfermo". Tiene fiebre y debe pensar que ve una visión. Y entonces se acerca y acurruca su cabeza bajo mi brazo y me pregunta: ¿cuantos días te quedarás?. La abuela Ama no tiene nada para hacer que la fiebre baje, y lo solucionamos rápidamente con un poquito de Paracetamol y a la 1/2 hora está bailando el "Aserejé" como si aún estuviéramos en la fiesta mayor del pueblo.
A partir de aquel momento el gigantesco reloj de arena empieza a correr, a veces despacio, a veces más rápido de lo que yo quisiera, y nos tomaremos infinidad de Tais con la infinidad de conocidos que encontraré, y conversaremos horas y horas, sobre lo bueno, y si yo lo deseo, sobre lo no tan bueno. Porque los saharauis son así, te dirán siempre que "están bien", pero yo sé que no es así, que las cosas "no están nada bien". Sus ojos lo dicen todo, y a veces, cuando el momento es propicio y las ganas de explicar cómo se sienten realmente pueden con su pragmatismo, se producen momentos irrepetibles, en los que no puedes articular palabra, y lo único que puedes hacer es escuchar y agradecer que te lo estén diciendo a ti, como si fueras una más de ellos.
Y jugaré interminables partidas de dominó, y al "Chanchaleta" y al Visi-Visi, y a cualquier juego ingenioso que ellos me enseñaran, porque saben muchos juegos, porque algo han de hacer en la Hammada, y jugar te mantiene vivo.
Y de pronto los días se diluyen como la Henna que me hicieron en el Aaiun, tan oscura el primer día y tan anaranjada ahora. Este viaje a la conciencia ha llegado a su fin y ellos se quedarán aquí. ¿Hasta cuando?.
Banahi me pregunta."¿Vendrás en el mes cuatro"?. Yo me pregunto:"¿Vendrás tú en verano?". Nadie lo sabe, pero yo te espero. Y tengo que aprender de él a tragarme las lágrimas, como hace él, que es un hombre y no llora.
Pero Hadi no sabe aguantar las lágrimas, como yo, y su madre la consuela cuando me voy. Mi desconsuelo no tiene solución porque la despedida es la de siempre: "¿volverás pronto?". Y volver significa que ellos aún siguen ahí.
Ahora me voy impregnada de una esencia que es la suya. Y ahora me toca explicarlo a todo el mundo.
Dejar Dajla a la espalda cuesta. El camino a la inversa se convierte en más tortuoso. Aicha no dice nada, no es necesario, tan sólo me coloca su mano encima de mi hombro y me deja en mi silencio. En Rabuni encontraré a las compañeras y allí quedarán el fantástico Land Rover y sus tres fantásticos tripulantes, pero Nuenna, Ahmed, Lab, Abdu y Aicha vendrán con nosotras hasta Tinduf. Al llegar el momento de pasar el control de pasaportes nos abrazamos todos, pero Aicha y yo lo retrasamos y nos cogemos de la mano hasta que sólo quedo yo por pasar. Y tiene que irse .Lo que nos dijimos no es importante, siempre quedan tantas cosas por decir.....¡Ah! Ahora lo recuerdo. Me dijo:"No me olvides".
Cómo podría.
Mercè

 




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