EL ARZOBISPO OSCAR ROMERO
PROFETA Y MÁRTIR DE NUESTRO TIEMPO
por Luis R. Negrón Hernández
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sobre la Eucaristía
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El prelado Monseñor
Oscar Arnulfo Romero,
de El Salvador
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ACE 26 AÑOS, el arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero
hizo un llamado, a través de los medios de
comunicación, a las fuerzas armadas para
que detuvieran inmediatamente las masacres
que a diario cometían contra la población
indígena y pobre de su país.
"¡Por el amor de Dios!", rogó a
los soldados para que no obedecieran las
órdenes de sus superiores cuando les instruyeran
matar a inocentes. Y pidió al gobierno del
presidente norteamericano Ronald Reagan que
parara de suplir armas y equipos a la maquinaria
militar de su país, cuya "ayuda"
ascendía a más de 30 billones de dólares.
Los altos oficiales eran entrenados en la
Escuela de las Américas, en el estado de
Georgia de los Estados Unidos.
Jóvenes aparecían descuartizados semanalmente
en las calles, muchachas eran ultrajadas
y luego asesinadas por fuerzas paramilitares
en las villas, poblaciones civiles eran bombardeadas,
sacerdotes, monjas y catequistas eran tiroteados.
Agentes de la CIA, del Departamento de Estado
y grupos especiales de combate de los Estados
Unidos salían y entraban de los cuarteles
de los altos oficiales del ejército.
Las instituciones universitarias
y medios
de comunicación que se
atrevieron a denunciar la represión del gobierno y sus
partidiarios comenzaron a ser objeto de la
represión brutal. Ante el ataque dinamitero
de la radioemisora YSAX, -La Voz Panamericana,
que transmitía sus homilías dominicales-
y los cometidos contra la Universidad Centroamericana
José Santos Simeón (UCA), el obispo Romero
levantó de nuevo su voz de indignación y
denunció sin titubeos públicamente:
[Foto: el arzobispo Romero en una barriada
de la Capital].
"Este hecho de haber dinamitado la YSAX
es todo un
símbolo. ¿Qué significa?
La oligarquía, al
ver que existe
el peligro de que
pierda el completo
dominio
que tiene
sobre el control
de la inversión,
de la agroexportación,
y sobre el casi monopolio
de la tierra, está
defendiendo
sus egoístas intereses,
no con razones, no
con apoyo
popular, sino con
lo único que tiene,
dinero
que le permite
comprar armas y pagar
mercenarios que están
masacrando al pueblo
y ahogando toda legítima
expresión
que clama justicia
y libertad. Por eso
estallan
todas las
bombas manejadas
bajo ese signo, la
de la
UCA. Por ello
también han asesinado
a tantos campesinos,
estudiantes,
maestros, obreros
y demás personas
organizadas". |
Monseñor Romero recorría las calles y presenciaba
las horribles matanzas. Cada día las voces
de denuncia eran apagadas con la intimidación.
Pero su predicación no cesaba; era clara,
defendía la vida humana y buscaba la reconciliación:
"Este es el pensamiento fundamental
de mi
predicación. Nada
me importa tanto
como la
vida humana. Es algo
tan serio y tan profundo,
más que la violación
de cualquier otro
derecho
humano, porque es
vida de los hijos
de Dios
y porque esa sangre
no hace sino negar
el
amor,
despertar nuevos
odios, hacer imposible
la
reconciliación y
la paz".
[Foto: tres cruces en memoria de los
jesuitas asesinados
en El Salvador]. |
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Como en muchos de los países del Tercer Mundo,
sólo un puñado de familias sumamente ricas
acaparaban el total de las tierras, mientras
el resto del pueblo vivía en condiciones
de extrema pobreza. El 16 de marzo de 1980,
le dijo a su pueblo:
"En este momento en que la tierra de
El Salvador es objeto
de conflictos, no
olvidemos que la
tierra
está muy ligada a
las bendiciones y
a las promesas de
Dios.
El hecho es que Israel
ya tiene tierra propia.
Toda esta tierra
la daré, le había dicho Dios a los patriarcas; y
después del
cautiverio, conducidos
por Moisés y Josué,
aquí está la tierra.
Por eso se celebra
una gran liturgia
de acción
de gracias, la
primera Pascua de
Israel; que ya nos
llama
a nosotros a
celebrar con igual
gratitud, adoración,
reconocimiento,
al
Dios que nos salva,
que nos ha sacado
también
de las
esclavitudes. El
Dios en quien ponemos
nuestra
esperanza
para nuestras liberaciones
es el Dios de
Israel, que está
recibiendo este día
la celebración de
la
primera Pascua.
Hay un sentido teológico
-decía- entre la
reconciliación y
la
tierra. Y yo quiero
subrayar esta idea,
hermanos,
porque
me parece muy oportuna.
No tener tierra es
consecuencia
del pecado. Adán
saliendo del paraíso,
hombre
sin tierra,
es fruto del pecado.
Hoy Israel, perdonado
por Dios,
regresando a la tierra,
comiendo ya espigadas
de su tierra,
frutos de su tierra,
Dios que bendice
en
el signo de la tierra.
La tierra tiene mucho
de Dios, y por eso
gime cuando los
injustos la acaparan
y no dejan tierra
para
los demás. Las
reformas agrarias
son una necesidad
teológica;
no puede
estar la tierra de
un país en unas pocas
manos. Tiene que
darse a todos, y
que todos participen
de
las bendiciones
de Dios en esa tierra,
que cada país tiene
su tierra prometida
en el territorio
que la geografía
le señala.
Pero debíamos de
ver siempre -y no
olvidarlo
nunca esta
realidad teológica-,
de que la tierra
es
un signo de la justicia,
de la reconciliación.
No habrá verdadera
reconciliación de
nuestro pueblo con
Dios mientras no
haya
un justo
reparto, mientras
los bienes de la
tierra
de El Salvador
no lleguen a beneficiar
y hacer felices a
todos los
salvadoreños".
|
[Foto: a la extrema derecha el padre Rutilio
Grande junto a otros que fueron poco después
asesinados en El Salvador].
Pero para los que ostentaban el poder militar
y económico del país, ese llamado a la "justicia
social y cristiana" representaba el
fin de su dominio, una amenaza, una provocación.
El obispo Romero comenzó a recibir toda clase
de injurias y amenazas anónimas contra su
vida. Pero, en vez de despertar en su espíritu
perturbación, rogó por sus enemigos:
"Me da más lástima que cólera cuando
me ofenden y
me calumnian. Me
da lástima de esos
pobres
cieguitos
que no ven más allá
de la persona. Que
sepan
que no
guardo ningún rencor,
ningún resentimiento,
ni me ofende...
todos esos anónimos
que suelen llegar
con
tanta rabia
o que se pronuncian
por otros medios
o que
se viven en
el corazón. Y no
es una lástima de
superioridad;
es una
lástima de agradecimiento
a Dios y de súplica
a Dios:
Señor, ábreles los
ojos.
Señor, que se conviertan.
Señor, que en vez
de estar viviendo
esa amargura
de odio
que viven en su corazón,
vivan la alegría
de la
reconciliación contigo".
|
Sus denuncias y su obra en defensa de "los
más pequeños" no eran ajenas al mundo.
El 14 de febrero de 1978 había sido nombrado
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown (EE.UU.);
y en 1979 había sido nominado al Premio Nobel
de la Paz y en febrero de 1980 era investido
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina, de Bélgica.
También recibía el premio Paz de Acción Ecuménica de Suecia. El gobierno norteamericano, no
obstante, lo ve sólo como un obstáculo militar
y se queja al Vaticano. ¿Pero no lo entendían,
o no les convenía entenderlo? ¿En nombre
de qué reino político hablaba; de la izquierda;
en favor de los "comunistas"? Pero
si repetía una y otra vez lo que el 2 de
septiembre de 1979 les había aclarado:
"No nos pueden entender los que no entienden
la
trascendencia. Cuando hablamos de la injusticia
aquí abajo y la denunciamos, piensan que ya estamos
haciendo política.
Es en nombre de ese Reino justo
de Dios que denunciamos
las injusticias de
la tierra
y en nombre de aquel premio eterno que les decimos
a los que todavía
trabajan en la tierra:
Trabajen, pongan al servicio de la patria
todo su esfuerzo,
sus capacidades técnicas, profesionales,
políticas,
para dar a El Salvador una patria que no
sea ya el producto
de tantos corazones, sino que sea de verdad
la política
santa, la profesión y la justicia tal como la debían
de hacer
los hijos de Dios manejando la política de la tierra". |
No era la prédica de Mao, del Che o de Marx.
Eran las enseñanzas de Cristo claramente
expresadas en el Evangelio. El arzobispo
Romero sólo veía en cada compatriota perseguido
y abusado al mismo Cristo. El estaba allí;
en cada masacre y cuarto de torturas:
"Dios en Cristo vive cerquita de nosotros.
Cristo nos ha dado
una pauta:
"Tuve hambre
y me diste de comer".
Donde haya un hambriento
allí está Cristo
muy cerca.
"Tuve sed y
me diste de beber".
Cuando alguien llega
a tu casa pidiéndote
agua, es Cristo
si tú miras con fe.
En el enfermo que
está deseando una
visita.
Cristo te dice:
"Estuve enfermo
y me viniste a visitar".
O en la cárcel. ¡Cuántos
se avergüenzan hoy
de dar su
testimonio a favor
del inocente!
¡Qué terror se ha
sembrado en nuestro
pueblo
que hasta
los amigos traicionan
al amigo cuando lo
ven en desgracia!
Si viéramos que es
Cristo el hombre
necesitado,
el hombre
torturado, el hombre
prisionero, el asesinado,
y en cada
figura de hombre,
botadas tan indígnamente
por nuestros
caminos, descubriéramos
a ese Cristo botado,
medalla
de oro que recogeríamos
con ternura y la
besaríamos y no
nos avergonzaríamos
de él.
¡Cuánto falta para
despertar en los
hombres
de hoy,
sobre todo en aquellos
que torturan y matan
y que prefieren
sus capitales al
hombre, retener en
cuenta
que de nada
sirve todo, los millones
de la tierra nada
valen por encima
del hombre.
El hombre es Cristo,
y en el hombre visto
con fe y tratado
con
fe miramos
a Cristo el Señor". |
Aquel profeta de Dios veía claramente que
su pueblo sufría una Cuaresma histórica.
Pero su espíritu estaba gozoso porque también
como cristiano sentía venir la esperanza
de la resurrección.
[Foto a la derecha: altar donde fue asesinado
el arzobispo Romero].
Dijo:
"Ya de por sí la Pascua es grito de
victoria, que nadie puede
apagar aquella vida
que Cristo resucitó
y
que ya la muerte
ni todos los signos
de muerte ni de odio
contra él ni contra
su Iglesia podrán
vencer. ¡El es el
victorioso!
Pero, que así como
florecerá en una
Pascua
de Resurrección
inacabable, es necesario
acompañarlo también
en una
cuaresma, en una
Semana Santa, que
es cruz,
sacrificio,
martirio. Y como
él decía: dichosos
los que
no se escandalizan
de su cruz.
La cuaresma, pues,
es un llamamiento
a celebrar
nuestra
redención en ese
difícil complejo
de cruz
y de victoria.
Nuestro pueblo actualmente
está muy capacitado;
todo su
ambiente nos predica
de cruz.
Pero los que tienen
fe y esperanza cristiana
saben que detrás
de este calvario
de El Salvador está
nuestra
Pascua,
nuestra resurrección.
Y esa es la esperanza
del pueblo cristiano." |
Mas, ¿fue aquel peligroso Por amor de Dios que dirigió a las tropas para que desobedecieran
las órdenes de asesinar dadas por sus superiores
lo que colmó la copa de los generales? Al
día siguiente de este llamado dramático,
un 24 de marzo de 1979, el obispo Romero
fue ultimado de un tiro que le traspasó el
corazón en la capilla del hospital para cancerosos
La Divina Providencia. Estaba celebrando
la Eucaristía, consagrando el pan y el vino.
Y, sin duda, por fin vio la Resurreción prometida.
[Foto: el arzobispo Romero cae sin vida junto
al altar].
Poco después, varios sacerdotes jesuitas
profesores universitarios fueron ultimados a
tiros en horas de la noche por escuadrones
de la muerte del gobierno. Pasados varios
días, el tan ahora "elogiado" general
Colin Powell voló a El Salvador, visitó
a la alta jerarquía del ejército y felicitó
a las fuerzas armadas por "su gran labor
en defensa de la democracia". Ante la
indignación internacional, el líder de los
escuadrones de la muerte mayor Roberto D'Aubuisson,
ex miembro de la sangrienta Guardia Nacional
del dictador Somoza, junto a otros entrenados
y graduados de la escuela militar de Fort
Benning, Georgia, fue detenido acusado de
ordenar el asesinato del padre Romero, mas
fue luego puesto en libertad con el beneplácito
del ministro de Defensa. D'Aubuisson murió de cáncer en la lengua, en febrero
de 1992.
Oscar Romero es hoy considerado por muchos el mártir
de los pobres en todas Las Américas. La causa
para la beatificación del Siervo de Dios se sigue en el Vaticano por los sacerdotes
postuladores Rafael Urrutia y Jesús Delgado.
Estos hechos fueron representados en la dramática película "Romero ", interpretando al obispo nuestro actor puertorriqueño Raúl Juliá.
[Aquellos interesados en conocer más sobre
la vida del padre Oscar Arnulfo, vean: libros y película de Romero].
La sangre de los mártires
continúa reafirmando
la comunión de los Santos
en nuestra iglesia.
El 24 de mayo de 1993 fue ametrallado por
narcotraficantes en el aeropuerto de Guadalajara,
México, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. El 26 de abril
de 1998, fue asesinado en Guatemala el obispo
Juan José Gerardi quien denunciaba a la junta
militar de perpetrar abusos a los derechos
humanos contra la población indígena. Dos
días antes, había presidido en la Catedral
Metropolitana, junto con otros obispos de
la Conferencia Episcopal de su país, la entrega
pública del informe "Nunca Más",
que documenta y analiza decenas de miles
de casos de violaciones de derechos humanos
cometidas durante tres décadas de guerra
civil en ese país. Y en estos días de Cuaresma,
el 16 de marzo del 2002 -esta vez en Cali,
Colombia- fue ultimado a balazos el arzobispo
Isaías Duarte Cancino, junto a su iglesia
"El Buen Pastor" en el vecindario
pobre donde trabajaba. Duarte era un enérgico
defensor de la vida humana, y criticaba abiertamente
a los enemigos de la paz: los paramilitares,
la guerrilla y los políticos apoyados por
narcotraficantes colombianos.
A estos obispos católicos, se unen en latinoamérica
decenas de sacerdotes, laicos y hermanas
religiosas que han dado sus vidas por reclamar
los derechos de los pobres, a quienes pertenece
el Reino de los cielos (Lucas 6, 20).
Nota: el 3 de septiembre
del 2004, el juez
federal Oliver Wanger,
de Fresno, California,
encontró culpable al capitán
de la fuerza
aérea salvadoreña, Álvaro
Rafael Saravia,
de ser el responsable de
la organización
del asesinato del arzobispo
Romero. Un asesinato
que, según dijo el juez,
constituye un crimen
contra la humanidad, ya
que fue parte de
un ataque "sistemático
y extendido para
aterrorizar a la población
civil" de
El Salvador.
* Lea la nueva encíclica
Iglesia de Eucaristía.
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