LA FORMACIÓN EN ESTRATEGIAS DIDÁCTICAS Y ORGANIZATIVAS DEL PROFESOR DE SECUNDARIA: UNA EXIGENCIA PARA RESPONDER A LA DIVERSIDAD
Elena Hernández de la Torre
Dpto. Didáctica y O. Escolar y MIDE
Universidad de Sevilla
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RESUMEN Este artículo se plantea la necesidad de formación del profesor de secundaria en estrategias didácticas y organizativas como una alternativa eficaz para el manejo del curriculum en la escuela y, sobre todo, en el aula. En las aulas de secundaria los alumnos, cada vez con mayor frecuencia, presentan necesidades educativas a las que los profesores responder en relación al principio ético y social de “atender a la diversidad”, lo que supone la necesidad de utilizar diversas estrategias para que todos los alumnos, sea cual sea su situación escolar, puedan construir en el aula de trabajo su conocimiento conceptual, procedimental y actitudinal. La corta experiencia en este campo de trabajo demuestra que los profesores que emplean distintas estrategias para la mejora del desarrollo del curriculum en el aula obtienen grandes beneficios, convirtiéndose en herramientas prácticas y útiles para todos los profesionales que trabajan directamente con alumnos de secundaria.
This
paper is about the need to develop didactics and organizatives strategies who help teachers in the teaching profession and are essential to improve in the secondary school for all. Teachers must help students learn to teach and
need to use good teaching based in tools for teaching.
Teachers
need to think that strategies of teaching have great power for all
learners, special educational needs and learning
difficulties. In this article we provide a Guide of Didactics and Organizatives Strategies designed to support the secondary teachers to need the benefit from this course. The Guide tries to solve one of the most frecuent problems among the teachers to develop teaching. It is hoped that these teachers will discover other ways of teaching strategies in the classroom in the future. So, it´s essential to offer to the practician teachers the contents the strategies which permit to development succesfully their job into the classroom. As we conclude, it is important to remind that each strategies is an inquiry into learning and teaching: their is the basis for much of our practice Elena Hernández de la Torre es Profesora Titular del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y MIDE de la Universidad de Sevilla. La línea de investigación se centra en las dificultades en el aprendizaje escolar, la intervención psicopedagógica en dificultades de aprendizaje y las estrategias didácticas y organizativas deintervención en el aula. DIRECCIÓN: Elena Hernández de la Torre. Austral, 1, Mairena del Aljarafe Sevilla, C.P. 41927 e-mail: [email protected]
Elena
Hernández de la Torre Dpto.
Didáctica y O. Escolar y MIDE Universidad
de Sevilla RESUMEN Este artículo se plantea la necesidad de formación del profesor de secundaria en estrategias didácticas y organizativas como una alternativa eficaz para el manejo del curriculum en la escuela y, sobre todo, en el aula. En las aulas de secundaria los alumnos, cada vez con mayor frecuencia, presentan necesidades educativas a las que los profesores responder en relación al principio ético y social de “atender a la diversidad”, lo que supone la necesidad de utilizar diversas estrategias para que todos los alumnos, sea cual sea su situación escolar, puedan construir en el aula de trabajo su conocimiento conceptual, procedimental y actitudinal. La corta experiencia en este campo de trabajo demuestra que los profesores que emplean distintas estrategias para la mejora del desarrollo del curriculum en el aula obtienen grandes beneficios, convirtiéndose en herramientas prácticas y útiles para todos los profesionales que trabajan directamente con alumnos de secundaria. El objetivo de este artículo se basa en la necesaria formación en competencias didácticas y organizativas de los profesores de secundaria. Se trata de una formación específica basada en la práctica diaria en la que se trabajan los recursos y competencias relacionados con los agrupamientos, el tiempo y el espacio para mejorar el desarrollo de las competencias curriculares de cada uno de los alumnos del aula y las relaciones sociales, con lo que se propician a su vez el desarrollo de los valores además de potenciar la autonomía e independencia del profesor en el aula y de los alumnos. A través de este plan de formación el profesor deberá asimilar que cada alumno debe ser considerado uno más entre todos, no diferente de los demás. ABSTRACT This
paper is about the need to develop didactics and organizatives strategies who help teachers in the teaching profession and are essential to improve in the secondary school for all. Teachers must help students learn to teach and
need to use good teaching based in tools for teaching.
Teachers
need to think that strategies of teaching have great power for all
learners, special educational needs and learning difficulties. Education,
at the level of secondary is comprehensive too in character, and teachers
need to develop the curriculum for all learners. In this article we provide a Guide of Didactics and Organizatives Strategies designed to support the secondary teachers to need the benefit from this course. The Guide tries to solve one of the most frecuent problems among the teachers to develop teaching. It is hoped that these teachers will discover other ways of teaching strategies in the classroom in the future. So, it´s essential to offer to the practician teachers the contents the strategies which permit to development succesfully their job into the classroom. As we conclude, it is important to remind that each strategies is an inquiry into learning and teaching: their is the basis for much of our practice. LA
FORMACIÓN EN ESTRATEGIAS DIDÁCTICAS Y ORGANIZATIVAS DEL PROFESOR DE SECUNDARIA: UNA
EXIGENCIA PARA RESPONDER A LA DIVERSIDAD Elena
Hernández de la Torre Dpto.
Didáctica y O. Escolar y MIDE Universidad
de Sevilla INTRODUCCIÓN En la actualidad se considera básica la idea de que la innovación educativa y el cambio en educación deben superar y buscar otros caminos que no sean los de la adquisición de conocimientos en función de las capacidades que presentan los alumnos, con lo que a mayor capacidad cognitiva de aprendizaje se garantizaría mejor la adquisición de los conocimientos establecidos, respondiendo de esta forma a la idea del recipiente lleno/vacío de la educación tradicional. Desde este punto de vista, el profesor no necesitaría disponer y utilizar estrategias para atender a “todos” los alumnos en el aula, sino que los más capaces saldrían adelante solo con las lecciones magistrales de cada día del profesor. En este momento y en el ámbito de la investigación educativa existe un amplio consenso en lo que se refiere a la consideración de la enseñanza y el aprendizaje como dos procesos inseparables e interdependientes. El profesor, en este caso, se convierte en el gestor y mediador del aprendizaje en el aula que requiere tomar decisiones sobre el proceso de enseñanza que sigue con cada uno de sus alumnos y con todos en general. Se convierte en un gestor que debe utilizar estrategias respecto a la forma de guiar el desarrollo y la construcción del conocimiento en sus alumnos. Sus competencias son en este momento dos: por un lado la de manejar con soltura los contenidos de aprendizaje propios de su especialidad y que Shulman ya denominó en 1986 “conocimiento base” para la enseñanza o “conocimiento del contenido”, y por otro, la de conocer y poner en marcha estrategias que le ayuden a la puesta en práctica de los contenidos que deben adquirir los alumnos. De la misma forma el profesor de secundaria más que ningún otro está viviendo lo que ya Elliot (1990) denominó la “velocidad del cambio social” en la sociedad contemporánea, lo que está creando “contextos inestables” para la práctica profesional. De ello se desprende que quizás este profesor es incapaz de desarrollar el nuevo “conocimiento profesional” que se requiere para resolver los problemas prácticos que se derivan de su trabajo cotidiano y que cada vez más adquiere una complejidad creciente. Todo ello nos llevaría a pensar en el desarrollo de una “cultura de estrategias” de complejidad creciente y que se derivarían asimismo de una “cultura organizativa”. En
este sentido Kemmis (1988) hace algunos años
analizó el contenido del conocimiento de la propia práctica de los
docentes e identificó hasta seis tipos de saberes distintos que utiliza el profesor en su
clase, estos son: los saberes de sentido común, el saber popular, las
destrezas de gestión, los saberes contextuales, el conocimiento
propiamente profesional, las teorías morales y sociales y los
planteamiento filosóficos generales. Todo ello nos da una idea de la
complejidad de la práctica profesional y la definición de profesión
docente en lo que se refiere al control del desarrollo del curriculum por
parte del profesor (Apple, 1989).
El profesor de Secundaria, por tanto, vive con incertidumbre el desarrollo de su papel como gestor del aula sin que en muchas ocasiones haya llegado a la conclusión de que quizás la clave de esta cuestión se sitúe en la necesaria formación en estrategias y competencias de manejo del aula para poder tomar decisiones respecto a una serie de cuestiones que se plantean diariamente los profesores y que le llevarían al desarrollo de una “cultura de estrategias” como las siguientes: *¿debo agrupar a los alumnos en clase para trabajar? *¿qué alumnos formaran parte de cada grupo? *¿debo utilizar un criterio único para agruparlos durante todo el curso escolar o debo cambiarlo?, si esto es así ¿cada cuánto tiempo? *¿debo utilizar la discusión en el aula como estrategia de aprendizaje? *¿debería utilizar la técnica del torbellino de ideas cada vez que comienzo un tema? *¿qué modelo didáctico debo utilizar para el desarrollo de cada tema después de explorar los conceptos previos?, ¿el de pensamiento inductivo o el de exploración de conceptos?, ¿con todos los alumnos el mismo? ¿cuántos rincones deberé diseñar para el desarrollo de esta actividad? ¿a qué hora deberé poner en marcha esta actividad y cuánto tiempo debe durar? El listado de preguntas de carácter competencial y estratégico de un profesor a lo largo del curso escolar sería interminable. Tres son las cuestiones que desarrollaremos a continuación de cara a plantear un Plan de Formación en competencias didácticas y organizativas y sus contenidos, lo que llevaría a convertir la función del profesor en la tan cacareada tarea de diseñador y coordinador del curriculum y que se relacionaría básicamente con el tiempo, la tarea y los agrupamientos con el fin de atender a todos los alumnos. Todo ello redundaría en la definición de la práctica profesional a través de la propia práctica de los docentes. ALGUNAS
REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN EN LA DIVERSIDAD
A
medida que el sistema educativo ha ido avanzando como organización
colectiva encargada de la socialización de los alumnos han ido aumentando
los problemas relacionados con la diversidad referidos a la práctica
educativa. El tratamiento de la escuela al problema de la diversidad ha
reflejado hasta ahora múltiples problemas y contradicciones, intentando
paliar las desigualdades a través de programas de integración y de
compensación de los problemas escolares. En Secundaria esto ha llevado a
desarrollar los Programas de Garantía Social y la diversificación del
curriculum. Todo
ello se basa en que la Reforma del Sistema Educativo en nuestro país ha
optado por un modelo de enseñanza comprensiva, no segregadora, basada en un núcleo de contenidos comunes
en el curriculum básico para todos los alumnos dentro de la escuela y del
aula (M.E.C.,1989a). Esto ha dado lugar al desarrollo del concepto de “comprensividad”, el cual pretende “adaptar” la
enseñanza a las necesidades de cada alumno, atendiéndole en su diversidad,
siendo este un principio fundamental de la LOGSE. Las
desigualdades existentes entre los alumnos debido a la enorme
heterogeneidad en los diferentes niveles de experiencias y en los
diferentes niveles culturales de sus familias, la diversidad cultural y la
desigualdad de oportunidades educativas han introducido la diversidad
curricular en la escuela, además de otros factores como son los valores
referidos a la educación, respeto, aceptación de las diferencias,
tolerancia, etc. La
educación progresista y la escuela progresista desde un concepto ético y
democrático tiene que hacer frente al problema de la desigualdad a través
una actuación integradora, igualadora y que sea respetuosa con las
diferencias. Por ello, la
educación en este momento se debe preocupar por entender de qué manera se
pueden modificar y adaptar las competencias que posee un sujeto a los
nuevos aprendizajes que se le ofrecen. Educar en la diversidad es educar
para todos, incluir a todos los sujetos en la educación, de forma que cada
uno desarrolle sus propios
procesos de aprendizaje y estilos cognitivos, sin caer en la
falacia del “igualitarismo”. Las
diferencias existen en la escuela, suponiendo en la mayoría de las veces
un indicio de desigualdad también. La pregunta que nos planteamos
básicamente en lo que se refiere a la formación del profesor de secundaria
partiendo de esta teoría de la diversidad es de qué forma, a partir de la
educación, se pueden promover las diferencias y la diversidad como fuente
de enriquecimiento en la comunidad educativa, una cuestión ya muy debatida
en este momento. Como afirma Gimeno (1996:16),
hablar de “diversidad” supone “correr el riesgo de canalizar y simplificar
indebidamente la realidad de un concepto que posee una gran complejidad y
amplitud de matices en íntima relación con sus múltiples
implicaciones”. Cuando se aborda la educación en la diversidad es
necesario discernir y saber que las diferencias existen y cómo
canalizarlas. La educación en la diversidad
debería llevar al profesor a ayudar y apoyar para “preparar a todos los niños para una
vida participativa completa en una sociedad culturalmente diversa”
(Gundara, 1993:30). El primer problema de la educación en la
diversidad, para Gimeno (1996:19), son los
principios. Así nos hemos de
situar ante una perspectiva en la que demos prioridad a la diferencia o,
por el contrario, conviene y merece la pena pensar y hacer educación en
función de todo lo que nos une, que es exáctamente el planteamos que defendemos. Todo ello
daría lugar a dos tipos de proyectos educativos: ·
uno
de ellos, el primero,
configuraría un proyecto global de educación, seleccionando un curriculum
acorde con ello y estimulando determinado tipo de
prácticas, ·
el
segundo, configurando y
estimulando un proyecto de vida en común y de acuerdo con la aspiración a
la igualdad democrática. En
este segundo proyecto nos planteamos los problemas que presentan los
docentes a la hora de educar en la diversidad, y que se situarían
exactamente en el manejo del aula. Sin embargo un proyecto “conjunto”
nunca podrá olvidar una realidad: “que las diferencias son un hecho y
que la singularidad es también un valor”
(Gimeno,1996:19). Uno
de los riesgos de “educar en la diversidad” para Muñoz (1995:65) es la
posible confusión entre los conceptos “diversidad” y “desigualdad”, lo
cual se muestra en el debate y en la práctica didáctica y organizativa de la educación en la diversidad. Es
necesario tener cuidado de no reproducir las desigualdades sociales, ya
que desde este punto de vista “educar en la diversidad sería
sinónimo de dar cada uno lo que necesita para seguir estando donde está en
la jerarquía social y cultural”. Todo ello representa un problema al
abordar el principio de la “educación para la diversidad”, ya que hay que
aclarar cómo concebimos los conceptos relacionados con ésta, es decir, la
diferencia, la diversidad, siendo el binomio educación-diversidad el que hace que tengamos que
detenernos a pensar en una enseñanza adecuada. Así “educar en la
diversidad” debería basarse en identificar, potenciar y compartir las
posibilidades de cada alumno, trabajando en promover retos y proyectos,
más que en recuperar, reforzar y repetir (Muñoz, 1995:67), esto es, ayudar
al alumno a reconocer sus posibilidades, sus dificultades y las acciones a
realizar para mejorar. LOS
PROFESORES:
EJE CLAVE DE LA MEJORA EN LA PRÁCTICA
El
profesor es la figura clave en cualquier proceso de cambio y mejora que se
intente llevar a cabo en la escuela. Los profesores forman el eje central
de nuestra Reforma Educativa, la cual ha levantado nuevos aires en el
desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje,
sobre todo en lo que se refiere al desempeño de sus tareas, su trabajo
diario, su formación, etc. El profesor en este planteamiento educativo que
venimos desarrollando deberá valorar sus expectativas y estilo de
enseñanza, en forma autorreflexiva, así como las
actitudes entre los alumnos con necesidades educativas con la finalidad de
conocer en qué medida ellos mismos están condicionando las respuestas de
los alumnos y alumnas con dificultades dentro del grupo clase. Como señala
Fernández Morante (1996:13), los cambios que se
están produciendo en la sociedad y que están afectando al sistema
educativo y a los profesionales de la enseñanza demandan un análisis del
docente, profesor o maestro como “un profesional que sabe hacer y dar
razón de lo que hace, que asume su responsabilidad en la tarea de
construir conocimiento educativo y que además concibe su tarea como una
práctica con una clara
dimensión social y cooperativa ...” (Fernández Morante,1996:13)
Es necesario, por tanto, hacer una referencia obligada a los
profesores en cuanto instrumentos que vehiculan
el aprendizaje. El profesor, desde el eje vertebrador del aprendizaje del alumno, debe analizar
y reflexionar acerca de las decisiones que debe tomar a lo largo de su
enseñanza, sobre todo en la planificación. Para Coll (1995), estas decisiones se centran en los
criterios para comparar materiales curriculares, en los criterios para
elaborar instrumentos de evaluación coherentes con lo que se enseña,
criterios para elaborar unidades didácticas, agrupar a los alumnos, etc.
Este concepto de profesor se centra en el profesional considerado
como “práctico” de la enseñanza (Schön, 1983; Trillo, 1994:70s), un
concepto ya muy investigado en el terreno educativo. Es el profesor el que
contempla la Ley de Reforma de la Enseñanza (MEC,
1989b:105) y que ésta describe de la siguiente forma: “Un profesional capaz de analizar el
contexto en que se desarrolla su actividad y de planificarla; de combinar
la comprensividad de una enseñanza para todos
con las exigencias individuales, venciendo las desigualdades, pero
fomentando la diversidad latente en los sujetos; y capaz de saber trabajar
integrado en un equipo dentro de un Proyecto de Centro” (MEC,
1989b:105). El
profesor se reconoce como figura clave en el proceso de desarrollo del
curriculum, ya que lo va a redefinir en función
de las condiciones con las que se encuentra y la función que se desempeña,
adaptándolo a las necesidades que sus alumnos puedan presentar. Es, por
tanto un profesional activo, capaz de reflexionar sobre su propia
práctica, facilitador, centrado en los procesos,
colaborador, y, sobre todo, abordando la problemática del curriculum desde
una racionalidad práctica para la mejora de la enseñanza. Trillo (1994:71)
lo describe de la siguiente forma: “El profesor práctico está firmemente
convencido de que la calidad de la enseñanza se resuelve en lo que ocurre
en las aulas: en las tareas y actividades de enseñanza que propone y en
los aprendizajes que con ellas promueve en sus alumnos. Sabe también que
para saber enseñar no basta con saber la asignatura... Asume en
consecuencia un reto formativo que se preocupa... de la forma como va a
aprender: procurar que los alumnos aprendan a aprender...” (Trillo,
1994:71). Esta
forma de considerar la enseñanza, asimismo, aporta criterios para
comprender lo que ocurre en el aula, por qué los alumnos no aprenden, por
qué las explicaciones e indicaciones del profesor no funcionan, por qué
los resultados de las evaluaciones no responden al nivel de aprendizaje de
los alumnos, en definitiva, por qué el alumno presenta necesidades
educativas a lo largo de su aprendizaje escolar cuando éstas no se derivan
de las necesidades educativas especiales vinculadas a problemas de visión,
audición, problemas mentales,
etc. Este
fundamento de la enseñanza tiene, pues, su utilidad a nivel reflexivo por
parte de los profesores y en el propio proceso de desarrollo de la
enseñanza, a nivel de toma de decisiones. Pero no es aquí donde termina
este proceso, sino que se continúa con la forma de trabajo y la
colaboración de todos los miembros del equipo de un centro, ya que el
trabajo se centra en la escuela y debe existir un acuerdo consensuado en relación con lo que se enseña, cómo se
enseña, cuándo se enseña y qué se evalúa. Sin embargo, aunque
es interesante este análisis que venimos realizando, para una
transformación de la enseñanza en el sentido que la LOGSE nos indica, es necesario potenciar una serie de
dimensiones relacionadas con la formación de los profesores en los
siguientes aspectos (Caturla, 1995:31s): 1.
El
profesor como diseñador del curriculum.
El profesor debe pasar de un curriculum cerrado a otro semicerrado o semiabierto,
lo que significa que debe haber una interacción entre el diseño y el
desarrollo curricular. Todo ello implica un estudio del contexto de
aprendizaje, de las características de los alumnos, de sus ideas previas,
etc. 2.
El
profesor como evaluador de resultados, procesos
y sistemas.
Se trata de un control y seguimiento de los procesos de aprendizaje,
valoración de los diseños curriculares y didácticos, el trabajo del
profesor, el funcionamiento de la institución educativa, etc. Todo ello
está relacionado con una toma de decisiones para mejorar resultados y
procesos. 3.
El
profesor como investigador.
Relacionado con la creación y aplicación de innovaciones destinadas a
mejorar los procesos y los resultados en el aprendizaje del alumno,
creando un marco de lo haga posible y lo facilite. 4.
El
profesor debe enseñar a pensar y enseñar a aprender a sus
alumnos. Todo ello se agrupa bajo en
concepto de “contenidos procedimentales” que son
los que llevan al alumno a “enseñar a pensar”, es decir, la utilización de
estrategias de aprendizaje, técnicas y procedimientos, la reflexión y el
análisis. 5.
El
profesor como orientador/tutor. El profesor debe orientar a sus
alumnos y darles criterios para que puedan tomar las decisiones necesarias
para fijar su curriculum, así como debe orientarles en las dificultades
que se presentan en su proceso de aprendizaje 6.
El
profesor y la interacción con los alumnos.
En este sentido debe utilizar la enseñanza expositiva y el aprendizaje por
recepción, el estudio dirigido, el aprendizaje por descubrimiento guiado y
el aprendizaje autónomo. Se debe combinar el trabajo individual de los
alumnos en pequeños y grandes grupos, la reflexión individual con los
debates, etc. 7.
El
profesor como transmisor de valores.
Los valores los transmite el profesor a través de su manera de ser, de
razonar, de plantear los problemas, sus criterios para solucionar los
conflictos y su manera de vivir. 8.
El
profesor como miembro de un equipo.
El funcionamiento en equipo es enriquecedor para sus miembros y operativo
para los centros, esto es, el trabajo en común, el intercambio de
conocimientos y experiencias, la reflexión conjunta y sistemática y la
investigación. Este
es el perfil del profesor que dibuja la Reforma en sus reflexiones acerca
del papel de los profesores y de su trabajo, lo que implica una mejora de
la profesión y de la reforma en nuestras escuelas y en nuestros
institutos. En este sentido (Bartolomé, 1995:112s) algunas de las
estrategias que los profesores necesitan aprender para manejar el aula son
las siguientes -
Construir
ambientes escolares de aprendizaje favorables a la interculturalidad -
Desarrollar
dinámicas de educación en valores comunes (solidaridad, democracia,
responsabilidad social, etc.) dentro de una sociedad pluralista, así como
tipos de disciplina que favorezcan estos valores y eviten situaciones
encubiertas de discriminación -
Conocer
de forma práctica técnicas de aprendizaje cooperativo para fomentar las
relaciones interculturales constructivas -
Saber
establecer procesos comunicativos interactivos y no unidireccionales en los procesos de enseñanza-aprendizaje -
Poder
contar con recursos específicos para el desarrollo de la enseñanza de la
lengua a extranjeros -
Familiarizarse
con programas de acción tutorial que faciliten
la construcción de la identidad étnico-cultural
de sus alumnos a través del desarrollo de su autoestima -
Trabajar
de forma práctica estrategias que permitan detectar el etnocentrismo de
los recursos didácticos y los brotes de racismo dentro del aula y de la
comunidad educativa -
Utilizar
estrategias organizativas que no etiqueten a los
alumnos de minorías, situándolos en grupos de bajo rendimiento que puedan
dificultar su promoción posterior. Estas
estrategias se orientan a un cambio de modelo educativo dentro del aula
que favorezca a todos los alumnos y no sólo los pertenecientes a minorías.
Para ello los profesores necesitan captar las necesidades específicas del
alumnado. LA
FORMACIÓN DE LOS PROFESORES EN UNA ESCUELA ABIERTA A LA
DIVERSIDAD:
PLAN DE FORMACIÓN
Es
lógico pensar que es necesaria la formación del profesor que trabaja en la
escuela de la diversidad, sobre todo
en lo que se refiere en la actualidad a su capacidad de diseñar
situaciones de aprendizaje, adaptar el curriculum, trabajar en equipo,
valorar la situación educativa en la que se encuentra el alumno para su
aprendizaje, etc. De una adecuada formación del profesor tutor va a
depender el que la atención a la diversidad en el aula se lleve con éxito
en lo que se denomina la “escuela inclusiva” y la “escuela para todos”. En este
momento actual se analiza la figura de un “nuevo profesor”, como señalábamos
en el epígrafe anterior, que atiende a todos los alumnos y que se
compromete en el trabajo con los demás compañeros. Esta
formación, tal como planteaban Zabalza y
Parrilla en 1990 a raíz del dilema surgido en relación a la
especialización del profesor tutor, debería dar lugar en la actualidad a
una formación polivalente que capacite a todos los profesores para
trabajar en y para la diversidad, una formación basada en la atención a
todos los alumnos. Parrilla
(1992:45s) en una revisión realizada en 1992 señala que los distintos
países siguen ofreciendo un modelo formativo que denomina “dicotomizado” y
que no parece ajustarse a las demandas de la integración. Este modelo
perpetúa la doble formación “especialista/generalista”, la cual servía
para dar respuesta a las demandas educativas de un sistema educativo doble
cuando en la actualidad se tiende a contar con un único sistema educativo
en el que quepan todos los alumnos y todos los profesores, este es el
sentido de esta nueva formación. Asimismo
señala Parrilla (1992:46) que el enfoque que se ha utilizado hasta el
momento en la formación de los profesores de cara a la integración es el
“tradicional”, referido a la especialización y cuyo principal objetivo
radica en “incorporar los
contenidos tradicionales de la educación especial en los currícula de formación de los profesores ordinarios”
(Pugach, 1988; en Parrilla, 1992:46). Este
enfoque también se conoce como “categórico”, el cual “orienta la formación para capacitar
al profesor para dar respuesta a las necesidades instructivas de los
alumnos con un determinado déficit. Se asume como premisa la existencia de
características homogéneas en los alumnos adscritos a una misma categoría
deficitaria y, por tanto, la formación gira en torno a la tecnificación del profesor según dichas categorías”
(Semmel, 1987:781s). Otra
orientación actual, por otra parte, es la que se denomina “terapéutica” (Semmel,
1987:781s) la cual parte de
la base de que la intervención sistemática puede suprimir las causas, o
las manifestaciones de un determinado déficit, caracterizándose por un
alto nivel de individualización y especificidad.
Zabalza (1994:65s) señala que no existe
un modelo claro de formación del profesor que atienda a las necesidades
educativas en el aula, sino que este profesional debe responder a lo
siguiente: "
-No existe un perfil de este profesional, sino que se trata del mismo
perfil del profesor general con aquellos matices que le permitan una
especial adaptación a las necesidades de los
sujetos, -Nunca es suficiente un perfil basado únicamente en la
adquisición de conocimientos y habilidades, en este sentido cualquier
profesional de la Educación Especial precisa un cierto nivel de
sensibilidad y una cierta capacidad de autocontrol." Respecto
a ello, Cuomo (1991:23) señala que la formación
diferenciada de los profesores carece de fundamento en la escuela de la
diversidad, ya que ésta debe ser valorada también en la formación que
reciben los profesores para la atención de los alumnos en la escuela
inclusiva, lo que expresa de la siguiente forma: “La “pedagogía especial” ... con todas
las estructuras institucionales especiales, que proponían y siguen
proponiendo la realización de itinerarios formativos diferenciados,
separados, carecen de todo fundamento si partimos del supuesto de que cada
uno de nosotros es diferente, original, auténtico y que tal diversidad ha
de ser respetada y valorada”. La
formación de los profesores de cara a la integración se centra en dos
modelos tradicionales: la formación
inicial y la formación
permanente. La formación
inicial se refiere fundamentalmente a la especialización del futuro
profesor en las materias del curriculum diseñadas ad hoc para el desempeño de esta
tarea. Este tipo de formación especializada estaría en contradicción con
los principios de la escuela integradora o escuela para todos, ya que
volvería sobre el terreno del etiquetaje de los
alumnos en los profesores por medio de la titulación específica para un
tipo de niños “diferentes”. Este profesional formado en la especialización
debería atender y trabajar en y para la diversidad y en la escuela para
todos y no para “unos pocos” alumnos. Este
profesional que atiende a la diversidad (Parrilla, 1987) ha de hacer, con
su formación, frente a muy
variadas situaciones singulares e individuales, habrá de plantear un tipo
de formación orientada a la práctica que le proporcione los instrumentos y
actitudes que necesita para responder ante la innovación educativa. Los
objetivos que ha de proponerse serán, entre otros, conseguir que sea capaz
de reflexionar sobre su
práctica y estimular la apertura hacia el desarrollo profesional,
potenciando la capacidad de generar más que de aplicar
conocimientos. La
formación inicial de los profesores, por tanto, debería considerarse bajo
el prisma de la diversidad y de la atención a las necesidades educativas
como la base principal de su preparación. La atención a todos los alumnos
en la escuela de diversidad exige una unificación de la formación en
educación general, y “no la adición
o incremento de determinados conocimientos y destrezas del curriculum
formativo de la educación especial a la general ... su propuesta formativa
serían la readaptación de los servicios de apoyo a la escuela, lo que
significaría la formación del profesorado en destrezas y estrategias colaborativas, el énfasis en la metodología (para la
diversidad) frente a métodos específicos para grupos de alumnos, y el
aprendizaje del desarrollo y adaptación de planificaciones en base al
curriculum ordinario” (Parrilla, 1992:54). En
lo que se refiere a la formación
permanente del profesor,
ésta se refiere a las propuestas de perfeccionamiento del profesor
en servicio en la escuela a través de cursos, seminarios, grupos de
formación, etc. En un reciente estudio realizado por Balbás (1994:315) se señala que la formación
permanente del profesorado “puede
ser vista como un espacio amplísimo y diverso, en el seno del cual se
desarrollan estilos y modelos formativos de muy diferente valor y
utilidad”. De la revisión efectuada en este estudio puede concluirse
que la formación permanente del profesorado se diversifica en las
modalidades de seminarios, cursillos, cursos, talleres y jornadas, así
como aquellos otros modelos
centrados en la escuela y
basados en la colaboración y el apoyo entre colegas. La
formación permanente del profesorado se constituye así, en un factor
fundamental para determinar el éxito de cualquier Reforma educativa como
procedimiento eficaz para prevenir o tratar las dificultades de
aprendizaje escolar de los alumnos, lo que redunda en una mayor calidad de
la enseñanza. Todo ello implica que los profesores deben estar inmersos en
una continua actualización de su formación en la que participen ellos mismos para propiciar el
apoyo a la diversidad y su reflexión acerca de ello. La
Junta de Andalucía a través del II Plan Andaluz del Formación del
profesorado (2002) afirma que para conseguir una eficacia en los diseños
curriculares, la formación permanente debe caracterizarse por la
consecución de los siguientes objetivos: 1.
Mejorar
las prácticas educativas orientadas a la mayor calidad del aprendizaje del
alumno 2.
Promover
la conciencia profesional docente y el desarrollo autónomo del
profesorado 3.
Producir
mayor conocimiento educativo favoreciendo y valorando la diversidad, la
innovación, la experimentación y el compromiso con la
mejora 4.
Construir
comunidad de aprendizaje y educación
Es necesario señalar que debemos sopesar en cada momento qué tipo
de estrategias debemos y podemos aplicar o utilizar, ya que en función de
los recursos disponibles y las necesidades educativas que nos encontremos
así serán llevadas a cabo en el aula ordinaria. De igual forma queremos
señalar que estas estrategias pueden ser utilizadas con otras formas de
atender individualmente a un alumno o grupo de alumnos para comprender
ciertas desigualdades debidas a diferencias personales, culturales o
sociales. El
Plan de Formación que proponemos se basa en lo que se denomina la “formación modular” (Balbás, 1994)
y consiste en cursos de corta duración que organizan en base a módulos
formativos. La característica común de esta formación modular es que los profesores completan un número
de unidades didácticas a su propio ritmo y según sus posibilidades y
preferencias. Los
módulos de formación que proponemos se encontrarían en una Guía de Formación en Recursos
Didácticos y Organizativos del Profesor de
Secundaria, que contendría además de algunas indicaciones acerca
de el contenido teórico,
actividades para el entrenamiento en la mejora del manejo del aula.
Estos serían los siguientes: MÓDULO
1: El análisis de las condiciones del aula -
Las diferencias existentes en el aula entre
compañeros -
Las actitudes respecto a las diferencias: clima social y aprendizaje de
valores -
Tipos de necesidades que se plantean en el aula en función de la
diversidad MÓDULO
2: Los recursos didácticos
como instrumentos de apoyo -
Los métodos de enseñanza como instrumentos de aprendizaje: la exploración
de conceptos, el método inductivo -
Los métodos cooperativos para el aprendizaje social MÓDULO
3: La estructura organizativa del aula para
trabajar mejor -Agrupamientos -Distribución del espacio -Empleo del tiempo El
reto más importante que existe en este momento es que el éxito de la
Reforma Educativa emprendida hace ya más de 10 años depende en gran medida
de la preparación de los profesionales encargados de llevarla a cabo. La
atención a la diversidad en la escuela requiere profesionales bien
preparados con programas de formación inicial y permanente actualizados en
sus principios. Todos ello requiere un cambio de actitudes en todos los
profesionales para conseguir un cambio y una mejora de la escuela para
todos. De esta forma los profesionales de la enseñanza deben estar
implicados en el desarrollo
de su propia formación. Este proceso de formación en la actualidad
se entiende como un proceso de “colaboración” entre todos los
profesionales implicados y vinculados a la realidad del contexto educativo
en el que se encuentran. La solución parece
estar en un esfuerzo de colaboración por parte de todos y de trabajo en
equipo, teniendo en cuenta que la formación para la atención a las
necesidades educativas en el aula y en el centro escolar debe abarcar no
solo a los profesores, sino también a los padres, administración encargado
de atender a esta formación y a todos los miembros de la comunidad
educativa que puedan participar. Algunas conclusiones se pueden extraer respecto a este planteamiento actual en formación modular en lo que se refiere a la necesidad de preparación de los profesores dede la respuesta a la diversidad del alumnado y son las siguientes: ·
En
primer lugar nos referimos a una formación del profesorado que atienda a
la diversidad, tanto a nivel teórico como práctico. Este aspecto se
refiere sobre todo a la necesidad de adaptación del curriculum para
responder a las demandas educativas de “todos” los
alumnos. ·
En
segundo lugar destacamos la preparación en una “nueva” organización del aula que demanda
la atención a todos los alumnos, de forma que para atender al desarrollo
del curriculum en un nuevo concepto del proceso de enseñanza-aprendizaje es necesario modificar y adaptar
el espacio donde se desarrolla, los programas, los tiempos y diseñar con
sumo cuidado los agrupamientos. ·
En
tercer lugar es necesario trabajar siempre desde el curriculum ordinario para
adaptarlo a los alumnos que lo necesiten, esto es, elaborar las
adaptaciones curriculares individualizadas pero con el conocimiento de
estrategias de mejora. Es necesario crear, a través del curriculum
ordinario, estrategias de formación en los alumnos para conseguir
desarrollar en éstos asimismo una formación integral para su posterior
adaptación social. ·
En
tercer lugar favorecer el apoyo a
las dificultades en el aprendizaje escolar, resaltando la importancia
de una necesaria coordinación entre los profesores tutores y los
profesores de apoyo a las necesidades educativas e intentando establecer
como lugar de trabajo el aula ordinaria en la que se insertan todos los
alumnos, lo que implica realizar un análisis del contexto de la misma para
potenciar el aprendizaje de todos.
Todas estas conclusiones nos llevan a pensar que la utilización de
estrategias didácticas en el aula facilitaría que los alumnos trabajasen
junto con los profesores de una forma más significativa, ya que si
logramos atender y hacer participar a todos los alumnos, teniendo en cuenta su
diversidad de intereses, motivaciones y capacidades, estaremos
definitivamente atendiendo a la diversidad de la que tanto habblamos y deseamos. BIBLIOGRAFÍA APPLE,
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