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Por
su carácter constitutivo y al estar frecuentemente expuestos a
factores y mecanismos de alteración, los documentos en soporte de
papel sufren constantes cambios en su composición física y funcional,
lo cual pone en peligro la información consignada en ellos.
La
determinación ambiental de hongos puede ser un parámetro para evaluar la calidad
del medio ambiente. Las esporas fúngicas se consideran componentes ambientales
de las bibliotecas y archivos, muchas de ellas son responsables de causar
bíodeterioro de libros, documentos o material audiovisual.
Las fibras del
papel con frecuencia son deterioradas por hongos microscópicos. Personas
dedicadas a la conservación del papel, desde lejano tiempo atrás, han invertido
considerable tiempo y esfuerzo, para elaborar técnicas de conservación efectivas
en la preservación contra el ataque microbiológico.
El papel, como material constituido a base de fibras
vegetales, es susceptible a la degradación por hongos, este daño es progresivo e
irreversible. hoy en día las técnicas disponibles son limitadas en sus
posibilidades; realmente es poco lo que se puede hacer para dar solución a los
problemas de deterioro que involucran a miembros del reino Fúngico. En el
pasado, para fabricar papel se utilizaba algodón, lino o seda, materiales que
garantizan un porcentaje de 98 ó 99 por ciento de celulosa. En el siglo XVIII se
comienza a utilizar pulpa de madera, que aporta 50 a 60% de celulosa. El 40%
restante en su mayoría son impurezas.
La problemática
del deterioro de materiales de biblioteca y archivo es particularmente relevante
en climas cálidos y húmedos, donde a lo largo del tiempo se han perdido
importantes registros escritos por causa de biodeterioro.
En el estudio
de la mayoría de las bibliotecas y archivos se observan limpiezas inadecuada,
hecho este que favorece la presencia de hongos y el deterioro de libros y otros
materiales; ya que el polvo proporciona un medio nutritivo adecuado para el
desarrollo de estos microorganismos, por lo tanto se recomienda una buena
limpieza e inclusive, aspirado del polvo ubicado en los libros y realizar
fumigaciones periódicas.
Los parámetros
ambientales, como son luz, temperatura, agua, ph, salinidad, entre otros, actúan
en general como factores limitantes de una población fúngica, es decir, son
medidas que condicionan su aparición y su crecimiento.
Los
procesos alergénicos en personal que trabajan en bibliotecas o archivos pueden
tener relación con la presencia de hongos en el ambiente de laboral, ya que
dentro de las afecciones producidas por estos, las de mayor frecuencia son asma,
rinitis, sinusitis, y enfermedades dermatológicas. Es importante destacar, que
la determinación ambiental de hongos puede ser utilizado como un parámetro
relevante dentro de la evaluación de la calidad del medio ambiente.
Finalmente, es necesario realizar estudios
sobre procesos fisiopatológicos de los usuarios frecuentes y del personal que
labora en las bibliotecas y archivos que puedan tener relación con la presencia
de hongos. Y cumplir con algunos procedimientos preventivos:
1. Un
microclima controlado con una humedad relativa, con una temperatura
que se mantenga de acuerdo al clima. Esto se puede lograr mediante
sistemas de aire acondicionado con extracción de humedad. Sin embargo,
el mejor sistema es la ventilación natural que esté renovando el aire
dentro del área de depósito, con lo cual se controla la aparición de
agentes biológicos (hongos, bacterias, insectos).
2.
Utilizar iluminación apropiada. La luz fluorescente, pese a emitir
poco calor, transmite rayos ultravioleta que provoca alteraciones
químicas en el documento (fragilidad y desintegración), en tanto que
la luz incandescente, siendo que provoca más calor, emite rayos
infrarrojos que afectan la composición física del papel
(amarillamiento). Se sugiere usar la luz fluorescente, pero con
filtros difusores de rayos ultravioleta.
3. No
adosar la estantería a las paredes para evitar condensación. Separarla
del suelo al menos 6 centímetros.
4.
Evitar la exposición de documentos originales. Utilizar técnicas de
reprografía (microfilmación, por ejemplo) para disminuir su uso y
deterioro.
5.
Cubrir con filtros las ventanas de depósito para evitar la irradiación
solar directa.
6.
Utilizar estantería metálica, preferiblemente tipo mecano de acabado
liso y pintada en polvo al horno a altas temperaturas.
7.
Girar instrucciones claras y específicas a los usuarios sobre la
manera correcta de manipular los documentos.
8.
Implantar planes de contingencia para el salvamento de documentos
esenciales.
9.
Mantener cerradas las ventanas o colocarles filtros para evitar en
ingreso de partículas atmosféricas contaminantes (ácido sulfúrico, por
ejemplo, polvo, humo, vapores, sales, gases, etc.).
10.
Eliminar el uso de prensas metálicas, clips, grapas y sostenedores en
los documentos, así como materiales adhesivos inestables (cinta
adhesiva) que emigran al documento deteriorándolo.
11.
Asegurar la limpieza del sudor y grasa de las manos de usuarios, así
como evitar el uso de saliva para manipular los documentos.
12.
Hacer visitas de inspección periódicas a las áreas de almacenamiento ,
con el objeto de detectar la presencia de elementos nocivos a la
conservación de los documentos y combatirlos a tiempo (suciedad,
roedores, insectos, niveles altos de humedad y temperatura, etc.).
13.
Mantener un programa permanente de limpieza de los pisos, paredes y
techo de los depósitos, utilizando paño húmedo y evitando el uso de
escobas. Preferiblemente APLICAR EL aspirado.
14.
No disponer basureros en el piso de los depósitos para no atraer
insectos y roedores.
15.
Tener un plan permanente de fumigaciones (desinsectación –insectos- y
desinfección–hongos y bacterias-).
16.
No colocar plantas dentro ni cerca del área de depósito.
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