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Líderes geopolíticos
como el presidente de Estados Unidos, George W. Bush y su vicepresidente, Dick
Cheney, saben perfectamente que el petróleo es el combustible que alimenta el
motor de la economía y, por lo tanto, que su escasez destrozaría el estilo de
vida americano. Estados Unidos, con 5% de la población mundial, consume 25% del
petróleo que se produce en el mundo, y del cual importa la mitad.
Aproximadamente, 62% del petróleo que queda en el mundo se localiza en el Medio
Oriente, siendo Arabia Saudita el país con las mayores reservas (262 mil
millones de barriles). Sin embargo, algunos expertos como Mathew R. Simmons,
consultor petrolero y autor del libro Crepúsculo en el desierto, el shock del
petróleo que viene y la economía mundial, consideran que ese título le
correspondería a Irak (115 mil millones de barriles) debido a que las reservas
Saudíes son en realidad mucho menores a las que reportan.
Estados Unidos posee petróleo suficiente para autoabastecerse, pero ha decidido
utilizar petróleo extranjero y ahorrar el propio para el día en que el crudo
escasee. Kuwait por otra parte produce un 10% del petróleo mundial. Por eso, la
invasión de Kuwait por Irak, otro gran productor de petróleo, amenaza lo que el
presidente Bush llamó, ya al día siguiente de la invasión de Kuwait, ''the
proteccion of our way of life,,: la seguridad de nuestro estilo de vida.
Se ha dicho, para tranquilizarnos, que después de esta guerra iba a surgir ''un
nuevo orden mundial,,. Sin embargo, los pasos dados hasta ahora, permiten
vaticinar que, del conflicto del Golfo, sólo puede surgir un ''orden,, basado en
la violencia y el reparto del planeta por los llamados grandes. Y ese no es un
nuevo orden, sino el viejo desorden de siempre, que mantiene las desigualdades
entre el Norte y el Sur y las ahonda con la división entre el mundo islámico y
el mundo occidental.
La mínima solidaridad que se nos exige a todos en estos momentos es la de no
trivializar el sufrimiento humano que supone la guerra. Por eso es preciso
alertar sobre la increíble frivolidad televisiva, que convierte la guerra en un
espectáculo de cine del que ya no somos responsables solidarios ni víctimas
potenciales, sino simples espectadores ajenos, y que se potencia con el desvío
de nuestro interés hacia la perfección de los funcionamientos tecnológicos, o
con comentarios irresponsables como el de que ''Bagdad parecía un árbol de
Navidad,,..., mientras se nos ocultan las informaciones verdaderamente
necesarias. Todo ello amenaza con desviar nuestra conciencia ciudadana de las
dimensiones reales de este conflicto, y hace más lábil nuestro posible
deslizamiento hacia una inhumanidad moral y hacia una calamidad material
difícilmente reparables.
El Golfo Pérsico ha sido y seguirá siendo una zona de interés prioritario para
la política exterior estadounidense porque allí se encuentra el principal
depósito mundial de petróleo no explotado. Según bp Amoco, los principales
proveedores del golfo poseen unos 675 mil millones de barriles de petróleo, es
decir, dos terceras partes de las reservas conocidas del planeta. Los países de
la zona son también los principales productores sobre una base diaria; en 1999
representaron en conjunto unos 21 mil millones de barriles, 30 por ciento de la
producción mundial de ese año. Y como el golfo representa tan alta proporción de
la producción global, son estos países los que determinan el precio global de
los productos petroleros.
Si bien Estados Unidos obtiene del Golfo Pérsico sólo 18 por ciento de sus
importaciones petroleras, tiene un significativo interés estratégico en la
estabilidad de la producción de la zona, porque sus principales aliados -en
particular Japón y las naciones de Europa occidental- se apoyan en las
importaciones de la región y porque el alto volumen de exportación del golfo ha
contribuido a mantener relativamente bajos los precios mundiales, lo cual
beneficia a la economía estadounidense. Además, al reducirse la producción
doméstica, Estados Unidos será cada vez más dependiente de las importaciones del
golfo. En consecuencia, el pne declara que esa región "seguirá siendo vital para
los intereses de Estados Unidos".
Por supuesto, el país ha tenido un papel relevante en los asuntos del Golfo
Pérsico desde la Segunda Guerra Mundial. Cuando ese conflicto llegó a su fin, el
presidente Franklin D Roosevelt firmó un acuerdo con el rey de Arabia Saudita,
Abdul-Aziz ibn Saud, conforme al cual Estados Unidos se comprometía a proteger a
la familia real de sus enemigos internos y externos a cambio de acceso
privilegiado al petróleo saudita. En fechas posteriores, Estados Unidos también
acordó proporcionar apoyo en materia de seguridad al sha de Irán y a los
gobernantes de Kuwait, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos (eau). Estos
acuerdos han conducido a la entrega de grandes cantidades de armamento y
municiones estadounidenses a los países del Golfo Pérsico y, en algunos casos,
al destacamento de fuerzas estadounidenses de combate. (El vínculo de seguridad
entre Estados Unidos e Irán se rompió en 1980, cuando el sha fue depuesto por
fuerzas islámicas militantes.)
La política de Washington en cuanto a la protección de las reservas energéticas
del golfo es inequívoca: cuando surge una amenaza, Estados Unidos echa mano a
cualquier recurso, inclusive la fuerza militar, para garantizar el flujo
continuo de petróleo. El primer presidente que hizo explícito este principio fue
James Carter en enero de 1980, a raíz de la invasión soviética de Afganistán y
la caída del sha, y ha permanecido desde entonces como política del país.
Conforme a la doctrina Carter, Estados Unidos ha recurrido a la fuerza en varias
ocasiones: primero, en 1987-1988, para proteger los buques cisternas kuwaitíes
de los misiles y las embarcaciones artilladas iraníes durante la guerra
Irán-Irak, y luego, en 1990-1991, para expulsar de Kuwait a las fuerzas iraquíes
(la operación Tormenta del Desierto).
Asimismo Estados Unidos prosiguió sus ventas de armamento moderno por miles de
millones de dólares a sus regímenes aliados de la zona, entre ellos Kuwait,
Arabia Saudita y los eau. Como protección adicional contra una interrupción del
flujo petrolero, el presidente Bush advirtió al gobierno iraquí que habría
graves consecuencias si intentaba aprovecharse de cualquier situación de
inestabilidad en la zona que desembocara en acciones terroristas.
A estas alturas parece que las amenazas tanto de Al Qaeda como de Irak han
quedado circunscritas, y que las entregas de petróleo del Golfo Pérsico están
relativamente a salvo de perturbaciones. Pero, mirando hacia el futuro, los que
toman decisiones políticas en Estados Unidos enfrentan dos desafíos cruciales:
garantizar que Arabia Saudita y otros productores de la región incrementen la
producción en la proporción requerida por las crecientes demandas
estadounidenses (e internacionales), y proteger a Arabia Saudita de desórdenes
internos.
La necesidad de aumentar la producción saudita es particularmente aguda. Arabia
Saudita, que cuenta con la cuarta parte de las reservas mundiales conocidas de
petróleo (unos 265 mil millones de barriles), es el único país con capacidad
para satisfacer los requerimientos estadounidenses e internacionales.
Según el Departamento de Energía, la producción neta de petróleo saudita debe
duplicarse en los próximos 20 años, de 11,4 millones de barriles diarios a 23,1
millones, para satisfacer las demandas anticipadas del mundo. Sin embargo,
expandir esta capacidad en 11,7 millones de barriles diarios -equivalentes a la
producción total anual de Estados Unidos y Canadá- costará miles de millones de
dólares y creará enormes retos técnicos y logísticos. La mejor manera de lograr
este incremento, según analistas de Estados Unidos, es convencer a Arabia
Saudita de abrir su sector petrolero a inversiones sustanciales de las compañías
petroleras de aquel país. Y, conforme al plan energético del gobierno, eso es lo
que se propone hacer el presidente; sin embargo, todo esfuerzo de Washington por
presionar a Riad para que permita mayor inversión estadounidense en el reino
encontrará sin duda resistencia significativa de la familia real, que
nacionalizó todas las existencias estadounidenses de petróleo en el decenio de
1970.
Las dos guerras sucesivas entre EE.UU. y sus aliados contra Irak pueden ser
consideradas como episodios bélicos de un mismo conflicto aún no definitivamente
resuelto, con raíces profundas, y que incide en la situación geopolítica de las
regiones del Cercano y Mediano Oriente.
Es de interés, desde una perspectiva política y militar, comparar sucintamente
ambas guerras, en cuanto a su gestación, desarrollo general y consecuencias.
1. En la Guerra del Golfo de 1991.
Las relaciones exteriores de Irak conservaban aún resabios del período de la
Guerra Fría.
En 1972 había celebrado con la Unión Soviética un Tratado de Cooperación y
Amistad. Así, cuando en 1980 las Fuerzas Armadas iraquíes iniciaron la guerra
contra Irán, el régimen Baath era considerado por el gobierno de EE.UU. como uno
de los más fieles aliados de la superpotencia oponente. Bagdad se manifestó
contrario a los Acuerdos de Campa David entre Egipto e Israel en 1978 y
pretendió aislar a El Cairo. Esta nueva realidad indujo a los estadounidenses a
adoptar una posición favorable a Irak, considerándolo como importante factor de
estabilización y de poder en la región; según manifestara con fecha 12 de
febrero de 1990 el Subsecretario para el Cercano Oriente, John Kelly, a un
Saddam Hussein
Los aumentos de las cuotas de producción de petróleo acordadas por la
Organización de Estados Productores de Petróleo (OPEP), inmediatamente después
del término de la guerra de Irán, a instancias de Kuwait, y que provocaron una
caída de precios que deterioró adicionalmente la economía de Irak (cuyo 90 % de
ingresos provenía del petróleo), constituyeron otro motivo de tensión entre
ambos países. Contribuyeron a intensificar la crisis acusaciones iraquíes de que
Kuwait estaba extrayendo petróleo del enorme yacimiento fronterizo de Rumala.
2. En la Invasión de Irak de 2003.
"El Consejo de Seguridad de la ONU, a través de la Resolución 687 de 3 de abril
de 1991, fijó las condiciones del alto al fuego en la Guerra del Golfo,
obligando entre otros aspectos a Irak a destruir, bajo supervisión de la ONU, su
armamento químico, biológico y nuclear, al pago de reparaciones de guerra y a
limitaciones en ciertos armamentos como cohetes y misiles".
El período entre ambas guerras se caracterizó por una sucesión de crisis y
mutuas amenaza, en que invariablemente EE.UU. impuso su voluntad.
El fin del conflicto armado no significó un mejoramiento de las relaciones de
Irak con EE.UU. ni con Gran Bretaña. Desde 1991 el gobierno de Hussein recibió
"numerosas presiones, acción de embargo económico, de exigencias de control de
su armamento, de limitación de su soberanía territorial e incluso de bombardeos
punitivos periódicos de las Fuerzas Aéreas norteamericana y británica."
Evidentemente, la aspiración iraquí de acceder a una posición dominante en el
Golfo terminó definitivamente con su derrota militar en 1991.
PRESUNTOS OBJETIVOS POLÍTICOS DE GUERRA.
Para plantear estos objetivos se analizaron probables metas que habrían inducido
a los beligerantes a decidir una solución bélica del conflicto. Tales objetivos
no siempre coinciden con los formulados oficialmente por las partes, normalmente
con fines comunicacionales.
1. En la Guerra del Golfo de 1991.
a. EE.UU.
- Liberar a Kuwait de la ocupación iraquí yy proteger la integridad territorial
de Arabia Saudita y demás Estados de la Provincia Arábiga; para fortalecer la
presencia política y militar estadounidense en la región.
- Asegurar las fuentes y vías de abastecimiiento de petróleo para Occidente,
teniendo presente que el "45% de las reservas de petróleo mundial se encuentran
en Irak, Arabia Saudita y Kuwait". 14
- Evitar la posesión y el desarrollo por Irrak de armas de destrucción masiva,
que pudieran amenazar a EE.UU. y a Israel.
b. Irak.
- Anexar Kuwait al Estado iraquí, para acceeder directamente al Golfo Pérsico y
aumentar la cuota de reservas de petróleo bajo su control; potenciado así la
capacidad de negociación con la OPEP para sanear su situación financiera.
- "Mantener y acrecentar un rol de carracterísticas rectoras en el mundo árabe en
general y en el Medio Oriente en particular" 15; con el propósito de enfrentar a
Israel en la solución del problema palestino.
2. En la Invasión de Irak de 2003.
a. EE.UU.
- Alcanzar una posición política y militar hegemónica en la región, a través de
la instauración de un gobierno proclive a EE.UU. en Irak y de la instalación de
bases militares en su territorio; con el fin de garantizar el abastecimiento de
petróleo hacia Occidente y proteger al Estado de Israel.
b. Irak.
- Mantener la supervivencia del Estado Naciión, su integridad territorial y su
capacidad de autodeterminación
- Sostener el régimen de gobierno del partiido Baath, encabezado por Saddam
Hussein.
- Eliminar o restringir las limitaciones a su soberanía subsistentes desde la
Guerra del Golfo de 1991.
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