CIENCIA, TECNOLOGÍA Y COMUNICACIÓN

 

 

Desde los avances en la tecnología y las ciencia, hasta los choques ideológicos, el Siglo XX cambió el ritmo de la historia de la humanidad. El siglo de las guerras, de la revolución tecnológica, de la geopolítica, del comercio, de las telecomunicaciones y la informática; el siglo que cambia lo analógico por lo digital, introduciendo serios y preocupantes cambios en las formas que el hombre contemporáneo ha venido utilizando para vivir, conocer, pensar y comunicarse.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación designan al conjunto de tecnologías que permiten la adquisición, producción, almacenamiento, tratamiento, comunicación, registro y presentación de informaciones contenidas en señales de naturaleza acústica (sonidos), óptica (imágenes) o electromagnética (datos alfanuméricos). Los componentes de las telecomunicaciones son: Hardware, Software e infraestructuras de telecomunicaciones, tales como el satélite, el cable, la fibra óptica. La información puede ser analógica o digital.

La revolución electrónica iniciada en la década de los años 70 constituye el punto de partida para el desarrollo creciente de la Era Digital. Pero, las investigaciones desarrolladas al principio de los años 80 han permitido la convergencia de la electrónica, la informática y las telecomunicaciones posibilitando la interconexión entre redes. Si hacemos un recorrido rápido y muy simplificado veremos que hemos pasado del texto a la imagen, de la imagen  al audiovisual, del audiovisual al multimedia, de este al hipermedia y por fin al espacio virtual y al ciberespacio.

De lo que no cabe ninguna duda es de que estamos presenciando cambios trascendentales en los sistemas de comunicación, como lo fue en su momento la creación de la escritura, luego la incorporación de la imprenta, y en este siglo, el ordenador. Aunque las nuevas tecnologías de la información sean un componente vital, en última instancia son una parte de la "producción social" ( Williams ), que es la que está sufriendo una gran transformación. Ningún adelanto tecnológico existe por sí mismo, sino que lo hace en función de las circunstancias en las que se encuentra inmerso. Se puede agregar que la tecnología, como materia que "atiende a la información en su camino difusor, ha sido propulsora de los cambios tecnológicos que se han producido en la historia de la humanidad, al proporcionar la posibilidad de transferir ideas de unas personas a otras, con el consiguiente beneficio para todas" (Alcoba). En este sentido, podemos considerarla una consecuencia de los diferentes adelantos que el hombre fue descubriendo a lo largo de la historia, es decir, desde los adelantos manuales, mecánicos, electrónicos, y hoy los cibernéticos, utilizados para trasladar la comunicación a través de soportes y canales.

 Hoy en día las fuentes de información en línea y el poder acceder a una gran cantidad de datos, está favoreciendo trabajo, investigaciones  y resultados obtenidos. Desde hace casi una década se viene diferenciando entre fuentes clásicas, fundamentalmente libros y revistas, ya que seguimos alimentándonos de la cultura impresa y fuentes electrónicas, online o fuentes actualizadas en tiempo real, es decir, los mismos conceptos, pero utilizando soportes multimedia, en los que el texto está acompañado de imágenes, sonido, gráficos, animación, vídeo, y otros.

Sin duda, la conclusión a la que han llegado la mayoría de los científicos que han observado con detenimiento el paso del hombre sobre la tierra, desde su etapa más primitiva y pastoril, pasando por la condición de sujeto activo de los grandes imperios (Babilonia, Asiría, Media, Persia, Egipto, Roma), hasta su estado actual, es que el ser humano siempre se ha movido dentro de un plano multicultural y multilingüístico; tal vez no exista estadio en la historia de la humanidad en el cual se pueda desconocer este postulado.  Las nuevas tecnologías deberían conducir al hombre a encontrar las respuestas a sus propias inquietudes, como una herramienta de desarrollo personal y colectivo.

Desde el inicio de la globalización, las nuevas tecnologías unen, acercan y facilitan el cambio y el flujo de la información entre sociedades que aún mantienen sus propios principios y valores. De hecho, comprobamos en nuestro diario vivir que según los distintos estados de los que se trate, existen diferentes grados de cultura y civilización. Precisamente allí es donde reside la riqueza propia de la humanidad, en la diversidad.

La tecnología permite de alguna manera acercar lo diverso, llevar lo desconocido hacia tierras lejanas, resolver situaciones insalvables en el pasado, descubrir caminos inimaginables siglos atrás. Penetra en el corazón de cada sociedad, impregna sus sistemas, sus modos de organizarse, su cultura, sus valores, donde puede llegar a trastocar alcances presentes en una sociedad.

Por lo tanto, es el hombre a quien hay que educar para el buen uso de los adelantos tecnológicos. El éxito del sector de las comunicaciones dentro de la alianza tecnológica ha sido el descubrimiento y perfeccionamiento de nuevos medios para la transmisión de elevados volúmenes de información como puede ser el caso de la fibra óptica.


No podemos de ninguna manera colocar sobre la tecnología ni un manto de oscuridad absoluta, ni un manto de piedad: ella misma está en manos del ser puesto en esta tierra como dueño y señor de la Creación. No debemos ignorar que en determinadas circunstancias la tecnología puede tomar rumbos que alcanzan inclusive a degradar la propia naturaleza del hombre, yendo en contra de sus principios. Está en él saber gobernar y gobernarse.


El hombre mismo es quien debe encargarse de la elección de los criterios con los cuales utilizar esta herramienta, abrir las diversas puertas y escoger los diferentes caminos a seguir, no debería olvidarse nunca de los principios inscriptos en su propia naturaleza: los “principios naturales”, aquellos que vienen con el hombre mismo, que no deberían ser descartados.

Con esto no se pretende sugerir que las tecnologías conducen necesariamente al hombre por caminos errados. Todo lo contrario: lo coloca frente a un abanico de posibilidades maravillosas, de cambios y logros impredecibles tiempo atrás. Claro que se encuentra en sus propias manos colocar las barreras, respetar las normas y los valores universales. El hombre ha trascendido la barrera espacial, ha llegado a la luna; se ha logrado establecer comunicación con cualquier lugar del planeta de forma inmediata. Los beneficios parecen ser incalculables. Pero, ¿cuál es el costo que debe afrontarse? Más allá de todas las maravillas propias de nuestro milenio recién estrenado, no debemos ignorar la cantidad de vidas que nuestra soberbia sacrificó. La humanidad padeció dos grandes guerras, que trajeron consigo los mayores crímenes de la humanidad y, con ellos, la posibilidad de conocer nuestras peores facetas. Todo científico no puede olvidar que, antes de pertenecer a la comunidad de los hombres de ciencia, es miembro de la raza humana. Ésa es la principal razón por la cual debería proceder con prudencia y ética. La barbarie y la avidez desfiguran a la ciencia, la desorientan por las vías de la beligerancia y de los desenlaces destructivos. Ante la problemática de la actividad científica y la tecnológica, sus principales impulsores deberían considerar de las clásicas enseñanzas griegas.

Incluimos en el concepto TIC los medios de comunicación de todo tipo: los medios de comunicación social ("mass media") y los medios de comunicación interpersonales tradicionales con soporte tecnológico como el teléfono, fax. siguiendo el ritmo de los continuos avances científicos y en un marco de globalización económica y cultural, contribuyen a la rápida obsolescencia de los conocimientos y a la emergencia de nuevos valores, provocando continuas transformaciones en nuestras estructuras económicas, sociales y culturales, e incidiendo en casi todos los aspectos de nuestra vida: el acceso al mercado de trabajo, la sanidad, la gestión burocrática, la gestión económica, el diseño industrial y artístico, el ocio, la comunicación, la información, la manera de percibir la realidad y de pensar, la organización de las empresas e instituciones, sus métodos y actividades, la forma de comunicación interpersonal, la calidad de vida, la educación.

En conclusión, sabemos que hace 2.500 años, Heráclito de Éfeso declaró que: “nada perdura sino el cambio”. Esta lección, todavía válida en la actualidad, nos conduce a efectuar las siguientes reflexiones: el uso de las nuevas tecnología no son la solución de los problemas. Y tampoco es responsable del caos en el que vivimos hoy.  Las nuevas tecnologías imponen ciertos deberes a la actividad científica: el deber moral de los hombres de ciencia, la imputación de grados de responsabilidad de los científicos y la imperiosa necesidad de advertirles su condición de miembros de la raza humana, la prudencia en el accionar, a fin de evitar males mayores, la ética como única posibilidad de actuación, el bien común de la humanidad como valor y objetivo a tener en cuenta.
El cambio de actitud por parte de la sociedad, con el objetivo de preservar las futuras generaciones, nuestro planeta, y con ello nuestra existencia.
El buen uso de las nuevas tecnologías, para el desarrollo y beneficio del hombre.
El recuerdo de las experiencias sufridas en el siglo XX, para que basados en nuestro pasado común, la humanidad toda se torne más madura y mejor.

 

 

 


 

 "Al finalizar el siglo, hemos descubierto que somos arte de un inmenso sistema  o conjunto de sistemas que va de las plantas y los animales a las células, las moléculas, ­ los átomos y las estrellas. Somos un eslabón de la "cadena del ser" como llamaban los antiguos filósofos al universo"

Octavio Paz. ( Premio Nóbel )

 

 


 

 

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