La casa de la música tenía miles de habitaciones que ocupaban blancos, negros, altos, bajos, flacos , gruesos, rubios, morenos, mujeres, hombres... pero todos, admirados por los que creemos que es la manifestación artística que llega a las gentes de una forma más directa. Eran otros tiempos. Los que hacían las canciones del pueblo buscaban contar la historia de una vida, la realidad de una ciudad, de un país, de un tiempo. Luchaban con letras y acordes contra la represión, la injusticia, contra todo lo que oprimía al pueblo. Ahora que todas las canciones quieren ocupar un lugar más vulgar en nuestra vida, un sitio en nuestro carro de la compra, ahora que a la música la han etiquetado, codificado, envasado y se le pone fecha de caducidad, vamos a repetir tantas veces esas canciones que tienen tanta calidad que no aparecen en los supermercados que nunca desaparecerán de nuestras vidas. Cuando hay poco que salvar de la revolución, vamos a intentar que, al menos, se quede con nosotros el buen gusto, los buenos sentimientos cuando suena una melodía.

La casa que mencionaba al inicio de este texto ahora es ocupada por chicos bronceados al sol, chicas diseñadas y moldeadas en piscinas de hoteles de 5 estrellas que intentan sonorizar la vida de los españolitos de a pie. Son las grandes multinacionales las que eligen, con criterios estrictamente económicos, las canciones que deben oír los habitantes de este país, han llevado este arte al más miserable estado vegetal. Yo me la imagino como una señora llena de dinero, de maquillaje, con unas joyas de más, que no sabe lo que es un beso y que ni se imagina que se va a morir, como todos.
Que grandes compositores pasen al olvido mientras hijos de... famosos hacen su agosto ganando en un año todo lo que pueden. Aprovechan con la ayuda de la telebasura y de los demás instrumentos de que se sirve la maquinaria empresarial que solo busca un objetivo, la mayor ganancia posible. Todos los que aportan su grano de arena para que esta situación cada vez sea más insostenible serán los responsables de una herida que se ha abierto en nuestra sociedad y que tendrá resultados escalofriantemente negativos, sobretodo en los próximos 10 años.

Hay una canción que escribió Pedro Guerra que resume la idea básica de este grupo. Su nombre es Pasa, basada a su vez en otra de Silvio Rodríguez llamada Monólogo, en las que hay un sentimiento común, las puertas abiertas para reunirse a charlar, a cantar, a ser escuchado. Este país está invadido de puertas cerradas, de gentes que no encuentran su sitio en ningún grupo.

Queremos abrir desde Almería una casa a todos los que quieran compartir con nosotros un buen rato de música. Esta web anunciará los conciertos que demos con unas semanas de antelación y ponemos a disposición de cualquier persona una serie de secciones que harán de éste un lugar divertido y al mismo tiempo seáis parte activa con vuestros e-mails y vuestras opiniones.

El objetivo es volver a cantar Ojalá juntos, reír un rato y volver a encontrar a la gente que la vida no nos permite ver reunida más que en situaciones excepcionales.

JOSÉ SALVADOR

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